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Calma tensa en Líbano

2014 febrero 25
Cuartel militar Miguel de Cervantes en Líbano. / Antonio Armero

Cuartel militar Miguel de Cervantes en Líbano. / Antonio Armero

El episodio no tiene mayor importancia, pero ayuda a comprender en qué contexto se mueven los militares extremeños que están en Líbano. Hay en la zona de actuación de la Brigada Mecanizada Extremadura XI una carretera perfecta para tomar fotografías de las patrullas conjuntas que realizan los militares de Naciones Unidas y las LAF (el Ejército libanés).

Son dos kilómetros, uno de cuesta arriba, y otro de cuesta abajo, y desde los puntos más altos, la perspectiva es bonita. Los militares, armados, caminan delante de los vehículos blindados. Y los fotógrafos, desde una zona alta, esperan a que se acerquen. En ese escenario, aparece un Mercedes 320 verde olivo, de los años ochenta pero con buen aspecto. Se detiene junto a los vehículos blancos con las siglas UN bien visibles. Sus dos ocupantes intercambian unas palabras con uno de los militares españoles y acto seguido, mueven el coche unos metros y se detienen.

Se quedan allí, parados, hasta que termina la patrulla conjunta. En esa media hora, los dos ocupantes del vehículo hacen varias llamadas telefónicas y tiran fotos con sus móviles. Los militares españoles no les quitan el ojo de encima, y llaman a la base Miguel de Cervantes para dar la matrícula del Mercedes y tratar de obtener información sobre el vehículo y sus ocupantes. “No hay que preocuparse, esto es más o menos habitual”, dice sobre el terreno un militar extremeño.

Pero ahí está el Mercedes, parado durante media hora y con dos hombres dentro que no se mueven más que para tirar fotos y llamar por teléfono. Finiquitado el episidio, otro de los militares españoles aporta las claves necesarias para comprender lo que ha ocurrido. “Están vigilándonos, nada más, no vana hacer nada, les manda Hezbolá“, dice. ‘

El partido de Dios’, traducción de Hezbolá, está representado en el Parlamento libanés, y según la catalogación de los organismos internacionales, es también un grupo terrorista, bien armado y especialmente asentado y respetado en el sur de Líbano, principalmente porque han sido los únicos capaces de ganar una guerra -si es que se puede hablar en estos términos- a Israel, uno de los ejércitos mejor preparados del mundo.

En cualquier pueblo hay banderas amarillas, el color de Hezbolá, con su símbolo, que incluye un arma. Y algunas carreteras están salpicadas de carteles con fotos de mártires, es decir, gente del lugar que ha muerto en actividades hostiles. Muchas de esas caras que salen en los carteles corresponden a jóvenes, veinteañeros o treintañeros con camisas de cuadros y patillas.

Y los militares extremeños en el sur de Líbano se mueven en este escenario de calma tensa, de paz latente, tensión contenida, o de de “estabilidad muy inestable” en palabras del general jefe de la Brigada Extremadura XI, que también asegura que “ahora mismo, Hezbolá tiene instrucciones claras de colaborar con nosotros”.

A la BRIMZ Extremadura XI le queda en Líbano menos de la mitad de lo que ya lleva. Volverán los militares en varios vuelos, de forma escalonada, entre el 15 y el 24 de mayo, si bien las fechas concretas de los viajes aún no están confirmadas. A los que suban al avión el día 15 les restan en la base Miguel de Cervantes 78 días.

A los que se vuelvan el 24 les quedan 87 días. Y a este blog no le queda ninguno. Hasta aquí llegó. Se titula ‘7 días en Líbano’ pero han sido seis. Hasta otra. Ha sido un placer. Ya queda menos.

El día más triste en Líbano

2014 febrero 24
Soldados durante el funeral. / A. Armero

Soldados durante el funeral. / A. Armero

No me gusta escribir en primera persona, pero hoy lo voy a hacer.

Tampoco me gusta cubrir como periodista un funeral, pero en esto no creo ser diferente a los demás.

Frente al folio en blanco, no me resulta sencillo alcanzar el equilibrio entre contar lo que ves y no resultar lacrimógeno, sensiblero. Me ha tocado otras veces, y me lleva más tiempo de lo habitual.

Por ejemplo, he preferido no incluir en la crónica publicada en el periódico (en el digital y en el de papel) que entre los militares que portaban el féretro de Abel García Zambrano, los que le subieron a hombros para meter el ataúd en el hangar del helipuerto, había uno que hacía esfuerzos para no llorar. Se le notaba mucho. Un par de veces cerró los ojos con fuerza un segundo y los volvió a abrir, tragaba saliva, contraía la mandíbula. Le vi bien porque estaba mirándole con la cámara de fotos. Quizás había más, al otro lado del féretro, en una tesitura parecida. No lo sé.

Y en la primera fila, a dos pasos de los periodistas, había una chica llorando cada vez que el cura pronunciaba el nombre de Abel. Llevaba gafas, y también hacía esfuerzos para no llorar, pero no lo conseguía. A su derecha, un joven alto y fuerte, con barba, tenía la mejilla cruzada por el reguero de una lágrima. De varias lágrimas, seguramente.

La mancha empezaba en su ojo derecho y no se veía el final. No le vi llevarse las manos a la cara para limpiarse. Bien, contar esto, escribirlo, es sólo retratar la realidad. Pero seguramente, resulta lacrimógeno. Quizás a muchos no le guste leerlo. Y les comprendo. A mí tampoco me gusta escribirlo.

Pero a una hora y media de subirme al autobús que nos llevará a Beirut, y de ahí volar hasta Badajoz, y así despedirme de mi experiencia libanesa un día antes de lo previsto, no se me ocurre otra cosa que escribir para resumir en dos párrafos cómo fue el día de ayer en Marjayoun.

Una pizzas y un bingo

2014 febrero 22

Los viernes noche, pizza y bingo. Esa es la rutina de la mayoría de los 425 militares extremeños destacados en Líbano. Ayer, a las nueve de la noche, la cantina de tropa estaba hasta los topes. “Y en las primeras semanas del reemplazo venía todavía más gente, no se cabía”, cuenta uno de los militares. En el centro de la sala, la soldado Cristina Serrano y el capitán Cebriano, de la UABA (Unidad de Apoyo a la Base) venden los cartones. A un euro la tirada en las primeras cuatro partidas y a dos euros en la última. Se venden unos 200 cartones por partida, y de esa recaudación, el 70 por ciento va para el premio (o sea, unos 140 euros por bingo cantado cuando el cartón cuesta un euro), el 20 por ciento para la línea (40 euros, más o menos) y el diez por ciento va para el capellán de la Brigada Mecanizada Extremadura XI, que gasta ese dinero en comprar artículos básicos que reparte entre la población de la zona. Por cierto, que el ‘pater’, como todos llaman al sacerdote, es un joven treintañero, con barba y planta de jugador de baloncesto.

El bingo se acompaña, en la mayoría de los casos, con pizzas compradas en el bar de la cantina (a entre 5 y 7 euros la generosa porción) y también con cervezas. Ayer brindaron con ellas en casi todas las mesas, entre ellas una especialmente larga y alegre, que incluía a una única mujer. Estaba ella sola pero era la reina del sarao. Era su cumpleaños. Se lo cantaron dos, tres, cuatro veces. Y le llevaron una tarta de chocolate con una pinta estupenda. El regalo colectivo de sus compañeros más cercanos fue eso: el viernes noche de pizzas y bingo. Desconozco si la chica cantó bingo.

Reportaje: 24 horas en la base Cervantes
No todos están en la base

Reportaje: Más de 400 extremeños vigilan la línea azul

Fotos: Así es un día en la base Cervantes

Una hamburguesa menos para volver a casa desde el Líbano

2014 febrero 21
Los miitares extremeños tienen que hacer ejercicio para compensar la abundante comida. / A. Armero

Los miitares extremeños tienen que hacer ejercicio para compensar la abundante comida. / A. Armero

A los militares extremeños destacados en Líbano les queda una hamburguesa menos para volver a casa. Ese fue el plato estrella de la cena de ayer, como todos los jueves desde hace años en la base Miguel de Cervantes, donde el tiempo no se cuenta tanto por días o semanas como por hamburguesas: Las que se han comido y las que quedan por comer. Leer más…

Segundo día en Líbano: Del Whatsapp al Skype

2014 febrero 20
Acceso al locutorio de la base militar Miguel de Cervantes en Líbano. / A. Armero

Acceso al locutorio de la base militar Miguel de Cervantes en Líbano. / A. Armero

Los locutorios telefónicos de la base militar Miguel de Cervantes, en Marjayoun (Líbano) son un dinosaurio romántico. No hay colas, ni jóvenes soldados apurando nerviosos el cigarrillo antes de llamar a la novia. Ni tipos de anchos hombros y botas altas con los cordones rodeando el tobillo que entren cabizbajos y salgan con el rostro pletórico, o al revés. A estas alturas de la era digital, todo eso es literatura.

Y la culpa es de Internet. Los locturios telefónicos son otra víctima de la Red, que ha revolucionado el modo en el que los miembros de la Brigada Mecanizada Extremadura XI se relacionan con sus familias. En la base hay red wifi. Un poco caprichosa y pesada, eso sí. Hay que conectarse a una red cuando uno está en la habitación, a otra en la cafetería, y meter usuario y contraseña cada vez, de manera que una mente sana acaba memorizando las claves al segundo día, a base de teclearlas diez veces cada tarde. Leer más…

El primer día en Líbano: La llegada al cuartel

2014 febrero 19
En Marjayoun amanece a las 6 (7 en España). A las 7, diana. Desayuno buffet que incluye donuts de sabores.

En Marjayoun amanece a las 6 (7 en España). A las 7, diana. Desayuno buffet que incluye donuts de sabores.

GALERÍA DE FOTOS: Qué hacen los militares extremeños en la base de Miguel de Cervantes en Líbano.

Se agradece bajarse de un avión Hércules -hay bicicletas sin sillín más cómodas- en el aeropuerto de Líbano, y que el BMR -digamos que una versión ultramoderna de los tanques de toda la vida, aunque probablemente en el ámbito militar esta definición pueda generar, no sin razón, o risas o indignación o las dos cosas- lo conduzca un tipo de Puebla de la Calzada.

Un chaval estupendo que lleva un chaleco que pesa un quintal, y que entretiene y enriquece el viaje de dos horas y media entre el aeropuerto de la capital libanesa y la base Miguel de Cervantes, en Marjayún. Trayecto suficiente para advertir que por aquí hay muchos que en España tendría cero puntos en el carné de conducir hace tiempo. Leer más…