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Amor sin daño

Decía Platón que todo hombre es un poeta cuando está enamorado, pero resulta que ahora, si se trata de un joven que posee un teléfono móvil o utiliza las tecnologías de la información y las redes sociales aumenta considerablemente la posibilidad de que además de enviar poemas de amor se dedique también a controlar a la destinataria de los mensajes.
Esta semana nos hemos enterado a través de los estudios ‘El ciberacoso como forma de ejercer la violencia de género en la juventud’, elaborado por Cristóbal Torres, catedrático de Sociología de la Universidad Autónoma de Madrid; y ‘La evolución de la adolescencia española sobre la igualdad y la prevención de la violencia de género’, dirigido por la catedrática de Psicología de la Educación de la Universidad Complutense María José Díaz-Aguado, que más del cincuenta por ciento de las jóvenes adolescentes, (concretamente el 61%) ha recibido en alguna ocasión mensajes con insultos y un 36 por ciento de ellas mensajes que les han hecho «sentir miedo». Según esos estudios, obtenidos a partir de datos facilitados por más de 8.000 adolescentes con edades entre 13 y 19 años, el 14,7% de las chicas que padeció esta violencia machista ha recibido también mensajes invitándoles a participar en actividades de tipo sexual.
Con ser alarmantes todos esos porcentajes, quizás haya un resultado que a mí me inquieta de manera especial: el 73,3 por ciento de los adolescentes españoles, según el estudio de la catedrática María José Díaz-Aguado, han recibido de un adulto el mensaje de que «los celos son una expresión de amor». Combustible para el fuego.
Supongo que a una sociedad como la española, a la que tanto le ha costado sacudirse la presión de tradiciones que consagraban a la mujer sometida al varón (obligadas a pedir permiso al marido para tomar ciertas decisiones, alcanzaban más tarde que los hombres, por ejemplo, la mayoría de edad), este ‘machismo’ vía tecnológica constituye a todas luces un peligroso paso atrás, una siniestra rémora, pues tiende a reproducir relaciones de poder intolerables, disparatadas.
Aceptar el principio «los celos son una expresión de amor» es aceptar una propuesta diabólica, un contrato leonino, emocionalmente hablando, para quien está dispuesto a no soltar el látigo. Aceptar el chantaje de «te controlo porque te quiero» es darle carta blanca a tu secuestrador, acaso el primer síntoma del síndrome de Estocolmo.
Más allá de la madurez que se precisa para cualquier tipo de relación amorosa (y el estudio promovido por la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género advierte de otra tendencia alarmante: la edad de la primera relación de pareja ha pasado en España de los 13,5 años en 2010 a los 13,1 en 2013, ¡que ya es precocidad!), las nuevas tecnologías reclaman formación ciudadana y cívica. Los adolescentes deberán aprender a vivir y a defenderse en la selva de las redes sociales, pero no a cualquier precio. Tendrán que adiestrarse en los desafíos de la vida, incluidos los desafíos del amor, pero jamás bajo la ley del más fuerte.

Juan Domingo Fernández

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Blog personal del periodista Juan Domingo Fernández


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