Hoy

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El bosque y la leña
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Juan Domingo Fernández | 21-04-2016 | 19:54

La llegada el 20D de nuevas fuerzas políticas al Congreso de los Diputados contribuyó en un primer momento a que la ciudadanía albergase expectativas de cambios quizás demasiado optimistas. La cruda realidad se encargó de pinchar el globo de las ilusiones y de golpearnos con los hechos en la cabeza… Es decir, a los pocos días la resaca de las elecciones ya había devuelto a la orilla los tres o cuatro restos visibles de la marejada: el vodevil del niño de Bescansa, la batallita del reparto de escaños entre los distintos grupos; el enredo de Iglesias y sus mariachis (incluido el exjemad) posando ante la Historia; el destino que sonreía a Sánchez…; la ‘declinación’ de Rajoy y el guiño-sonrisa por la ‘ocurrencia’; los ‘no es no’ de Sánchez al PP; las lagrimitas y los besos de Podemos con sus confluencias; los zascas de Albert Rivera a Pablo Iglesias; las buenas formas de Garzón a pesar de las humillaciones previas en las escenas del sofá…
Si añadimos fotogramas parecerá que asistimos a una película de Chaplin recreada por Hitchcock. Por la frecuencia con que asoma gente de Podemos quizás nos recuerde incluso a aquel motorista que Fellini hace brillar –cual fijo discontinuo– en ‘Amarcord’. Puro espectáculo.
En fin, que los españoles hemos vivido en estos cuatro meses un máster acelerado en desencanto cuando no en maldición, pues lo que en principio podía interpretarse como malestar y contrariedad por la insensatez probada de nuestros dirigentes, se ha convertido en una sensación generalizada de indignación y cabreo. Sencillamente porque alguien no ha hecho su trabajo.
Y ahora, al tiempo que cristaliza el sentimiento de que los políticos electos anteponen sus intereses partidistas y personales a los del bien común, aumenta la certidumbre de que todo consiste en hacer responsable a ‘otro’ del fracaso de las negociaciones y que sigamos después de cuatro meses con un gobierno en funciones. En ese sentido ha publicado hace pocos días un artículo bastante ilustrativo el consultor César Calderón, convencido de que la estrategia de intentar cargarle el muerto al rival no supone como se cree una garantía de éxito para las próximas elecciones: «¿Culpa? La culpa no lleva a nadie a las urnas. Si quieren ganar las elecciones, atrévanse a hablar de futuro».
En esas estamos. Con elecciones a las vista y el convencimiento general de que los partidos tradicionales y los emergentes han hecho un pan como unas tortas. Por decirlo a lo fino… ¿Qué ha entrado por aquel portillo de esperanza que supuestamente abrieron las fuerzas emergentes el 20D? En mi opinión, mucho postureo y bastante más zoquetería de la deseable en una formación sin experiencia práctica en la gestión y en la responsabilidad pública. Me ha recordado aquella frase que utilizaba mi abuela María para prevenirme contra la fatuidad juvenil: «¿Mundo, mundo, que te como! Y era el mundo el que se lo comía a él». Aunque el resumen más escueto quizás esté en el viejo proverbio ruso: «Hay quienes pasan por el bosque y solo ven leña para el fuego». ¿Votos para el ‘sorpasso’?

  • veintitresydoce

    El mío.

Sobre el autor Juan Domingo Fernández
Blog personal del periodista Juan Domingo Fernández

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