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De Eugenio D'Ors a Mark Zuckeberg

Un principio considerado valioso en nuestra sociedad es la aspiración a lo que Eugenio D’Ors resumía como «la obra bien hecha». Por encima de vanidades momentáneas o satisfacciones pasajeras, al final en la vida de cualquier persona lo que cuenta según el juicio dorsiano es la obra bien hecha. Lo que trasciende de cada hombre, lo que permanecerá en la memoria es la nota obtenida al intentar «la obra bien hecha». En el trabajo, en la profesión, en la vida. El de «la obra bien hecha» es un concepto recurrente en los homenajes de jubilación y en la glosa profesional a quien anda ya con un pie en el estribo… Y del mismo modo que en la reunión de cualquier empresa aparece antes o después la palabra ‘sinergia’, no hay elogio de una vida laboral más o menos intensa en que no se acuda al paradigma dorsiano de «la obra bien hecha».
Las cosas no obstante creo que están cambiando. Eugenio D’Ors formuló esa idea pedagógicamente tan fructífera en una conferencia pronunciada en la Residencia de Estudiantes de Madrid en 1915. Hace más de un siglo. Ha llovido desde entonces. Por medio mundo se han desarrollado –quizás desde mucho antes, tal vez desde siempre– valores y principios en clara contradicción con el ideal de D’Ors. Frente a dicho precepto no es que haya triunfado el paradigma de la chapuza, de lo liviano, de lo intrascendente o sin enjundia, pero es evidente que han prosperado objetivos incompatibles con él: las prisas (desde la comida basura hasta la cocina rápida, por ejemplo), lo perecedero (desde la obsolescencia programada hasta las malas copias) incluyendo millones de productos de serie ajenos al trato primoroso, personal, artesano.
Durante años conservé entre mis papeles la fotografía de una pieza tallada de marfil con un título revelador: ‘Bola que dura una vida’. Aquel objeto me transportaba hacia el concepto de arte excepcional, único, prodigioso. Contemplar aquella bola de marfil tallada con unas formas y geometrías imposibles constituía en sí mismo una aventura y me suscitaba imágenes y preguntas acerca de cómo sería el hombre que la talló, con qué instrumentos, durante cuánto tiempo, con qué finalidad… Tenía algo de astrolabio esférico y de miniatura china. La obra bien hecha. Más aún, la perfección.
Pero la aspiración a la excelencia ya no es referente en los mismos términos en que lo formuló D’Ors. Al menos en el ámbito de las nuevas tecnologías y de la sociedad de la información. Se atribuye a Mark Zuckeberg, creador y dueño de Facebook esta frase: «’Hecho’ es mejor que ‘perfecto’». No comparto ese principio. A esa frase no le daría el «me gusta» de Facebook. ‘Hecho’ es peor que ‘perfecto’. Sobre todo a la larga. La perfección, como la objetividad en periodismo, no existe en términos absolutos, por eso debe ser siempre una aspiración, pero renunciar a dicha meta equivale a cosechar antes de tiempo, sin el fruto granado. Dimitir de ese objetivo, de ese anhelo, es apostar por la provisionalidad y lo liviano. Puro humo, aunque rentable.

Juan Domingo Fernández

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Blog personal del periodista Juan Domingo Fernández


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