Hoy

img
La Edad del Bronce y el Gordo
img
Juan Domingo Fernández | 22-12-2016 | 18:00

Mientras Cela alumbraba aquello de «media España cree en Dios y la otra media en la lotería», Julio Camba se pasó la vida escribiendo cada Navidad su artículo sobre la superstición del Gordo y las pedreas. Camba confesó incluso la necesidad que sentía de escribir sobre el tema nada más acercarse las Pascuas. Y razonaba con ironía galaica sobre el carácter de los españoles en relación a los juegos de azar. «Que trabajen los pueblos de poca fe, pero no aquellos que creen en la Providencia. Al pueblo español ningún negocio le parece tan saneado como el de comprar un billete del sorteo de Navidad y ganar en unas horas quince millones de pesetas sin arriesgar más que dos mil».
Aunque saneado de verdad el negocio resulta para Hacienda, que como la banca en el casino nunca arriesga y siempre gana. A mí lo que más me sorprende no es la parte económica del negocio, si puede decirse así, sino la espiritual. Ayer, 21 de diciembre, asistimos al espectáculo que supone la entrada de los primeros rayos de luz que marcan el solsticio de invierno en el corredor y el sepulcro prehistóricos de la Huerta Montero, en Almendralejo, una construcción que se remonta a la Edad del Bronce y en la que nuestros antepasados, como bien explica Israel J. Espino en HOY, rezaron y celebraron ritos funerarios desde hace más de 4500 años y al menos durante un milenio.
Vistas con los ojos y la perspectiva de nuestra época, habrá quien piense que tales celebraciones van unidas de forma indisoluble a la mentalidad prehistórica. Pero yo creo que no es así. Basta repasar algunas de las supersticiones a que se aferran precisamente los jugadores de la lotería de Navidad para descartar la hipótesis de inmediato. Según cuenta la web especializada en venta de lotería Ventura24.es, entre las manías y ritos de los compradores españoles figuran extravagancias que van desde pasar el décimo por la barriga de una embarazada, la cabeza de un calvo, la espalda de un jorobado, hasta situarlo junto a una herradura, la figura de un santo o caminar antes del sorteo con una moneda de oro en el bolsillo, un alfiler en la chaqueta…
Creo que muchas personas conservan rarezas, hábitos inconscientes, tics…, que les emparentan si no con supersticiones en sentido estricto, sí con alguna forma de manía difícil de encajar en un propósito estrictamente racional. De modo que no hay que dejarse llevar por inercias invisibles, entre otros motivos porque como avisa Umberto Eco, la superstición trae mala suerte. En resumen, ¿quiénes eran más supersticiosos, los antepasados que habitaban en la zona del yacimiento de Huerta Montero hace miles de años o quienes idean modos y maneras inimaginables para atraerse la suerte del Gordo en la lotería de Navidad?
Yo no sé la respuesta. Pero si viviera Julio Camba seguro que su tesis en el fondo –al margen de humoradas– sería la que sostuvo siempre: en España se juega a la lotería mientras no se juega en algunos otros países sencillamente porque aquí se organizan sorteos y en otros países no. Cosa diferente es que por estos pagos seamos más superticiosos que el gato de Curro Romero.

Sobre el autor Juan Domingo Fernández
Blog personal del periodista Juan Domingo Fernández

Categorías

Otros Blogs de Autor