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De Gibraltar a Torrente
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Juan Domingo Fernández | 06-04-2017 | 17:52

Parafraseando al Borges que elogiaba a Quevedo cabe decir que Gibraltar es menos un género noticioso que una dilatada y compleja literatura. Un clásico de los contenciosos enquistados, el paradigma de nuestros nudos gordianos. Durante los primeros años del franquismo el grito «¡Gibraltar español!» resumía el santo y seña del espíritu patrio. El heredero natural del viejo «¡Santiago y cierra España». A veces –supongo que cuando convenía al régimen– asomaba cual serpiente de verano por el horizonte político con la disimulada intención de distraer al personal de otras reivindicaciones más acuciantes…
Es famosa la anécdota de los estudiantes falangistas que se manifestaban en los años cuarenta del pasado siglo ante la embajada británica en Madrid. Ante los amenazantes insultos y gritos reclamando la soberanía de Gibraltar para España, el embajador llamó a Ramón Serrano Suñer para protestar por la actitud de los manifestantes. Serrano preguntó al diplomático si quería que le mandase más policías para proteger la embajada. «No, quiero que me mande menos manifestantes», respondió el británico.
Los tiras y aflojas sobre Gibraltar ocupan miles de páginas de nuestra historia. La controversia se remonta al minuto uno, es decir, a 1713. A partir de entonces se han abordado prácticamente todas las estrategias posibles para acabar con el ‘nudo gordiano’: desde acciones artilleras, referendos, cierre de la verja, apertura de la verja, actitudes colaboradoras, protestas enérgicas, protestas morigeradas, acciones diplomáticas en la ONU, rifirrafes con los pescadores en la bahía de Algeciras…
Hasta anteayer y el inesperado ‘brexit’, recibido en España como una ocasión de oro para modificar el estatus del Peñón y reactivar la tesis de un periodo transitorio de soberanía compartida.
Si en una guerra la primera víctima siempre es la verdad, en este conflicto
–antes incluso de enfrentamiento alguno– la primera víctima es el sentido común. ¡Cuánto se ha disparatado en los últimos días!, sobre todo desde el Reino Unido. Más que asombro, las salidas de tono invitan a la sonrisa: con ese exministro y miembro de la Cámara de los Lores, Norman Tebbit, que propone apoyar la independencia de Cataluña para presionar a España; con el antiguo líder del Partido Conservador, Michael Howard, insinuando que Theresa May llegado el caso se comportaría igual que Margaret Thatcher cuando la guerra de las Malvinas…
Por no hablar de periódicos de un amarillismo rabioso como ‘The Sun’, en cuyas páginas se alude a los españoles como «follaburros» (¡!) y se sugieren entre otras medidas de presión ‘decir adiós’ a los 125.000 españoles que trabajan en Reino Unido, poner un impuesto al vino de Rioja o cerrar el espacio aéreo a los vuelos españoles… «La roca no se toca».
Yo creo que lo mejor que los diplomáticos de España pueden hacer ahora es regalar a los exaltados ‘british’ una copia de la película ‘ Torrente 2’, esa en la que el héroe creado por Santiago Segura dirige un misil al Peñón mientras exclama: «Ya que estamos, Gibraltar español o ‘pa’ nadie». Y que se mueran de risa.

Sobre el autor Juan Domingo Fernández
Blog personal del periodista Juan Domingo Fernández

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