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El derecho de picaporte y el ‘lobby’
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Juan Domingo Fernández | 18-05-2017 | 19:25

CUENTAN que nada más salir elegido, un presidente mexicano le preguntó al amigo con el que mantenía viejos compromisos qué cargo o responsabilidad deseaba que le concediese. El interesado respondió raudo: «Solo quiero que me concedas el derecho de picaporte». En México, donde se decía que cada sexenio presidencial terminaba con diez mil nuevos millonarios, se denomina «derecho de picaporte» al privilegio o prerrogativa que se concede a alguien para que no tenga que hacer antecámara o contactar sin cita previa. El «derecho de picaporte» no equivale solo al salvoconducto que allana el paso sino que se convierte en símbolo de poder, en instrumento utilísimo para que ‘los demás’ sepan que se posee influencia y recursos para abrir las puertas que deben abrirse incluso sin necesidad de llamar.
He recordado esta anécdota porque el martes por la tarde en Cáceres, durante la gala de los Premios del Deporte Extremeño que organiza Canal Extremadura, el presidente de la Junta Guillermo Fernández Vara desveló el propósito de promover un ‘lobby’ de extremeños en Madrid para defender los intereses de la región. Vara, que aprovechó la presencia de uno de los galardonados, el dombenitense Juan Ignacio Gallardo, director del diario ‘Marca’, aseguró que piensa contar también con otros ilustres paisanos como el presidente y vicepresidente de Mapfre, Antonio Huertas y Antonio Núñez, respectivamente.
A mí me parece encomiable la iniciativa de constituir un ‘lobby’ o grupo de presión extremeño en la capital de España; entre otras cosas porque, como en el chiste, el no ya lo tenemos.
Imagino que debemos entender ‘lobby’ como un conjunto de profesionales notables cuyos miembros se han hecho merecedores en sus diversos ámbitos de trabajo del «derecho de picaporte»; es decir, que cuentan con capacidad y poder suficientes para abrir las puertas oportunas y tocar las teclas adecuadas.
Desde la mera teoría no alimento ninguna duda respecto a lo potencialmente beneficioso de la iniciativa. A Extremadura no le sobra ninguna ayuda que pueda recibir, sobre todo en el terreno industrial, de infraestructuras, de empleo… Mi descreimiento crece sin embargo cuando pienso en la escasa ‘masa crítica’ que nos caracteriza en el concierto nacional, con factores que operan en contra: baja población y diseminada (pocos votos y por tanto pocos representantes y escaso peso político), niveles de desempleo juvenil muy altos, carencia de tejido industrial…
No quisiera pecar de derrotista. Según John Stuart Mill, «aunque las circunstancias influyen mucho sobre nuestro carácter, la voluntad puede modificar en nuestro favor las circunstancias», que es una versión anticipada del dictamen de Gramsci: frente al pesimismo de la inteligencia, el optimismo de la voluntad. Así que no sé si encomendarme al potencial de quienes harán certero uso del ‘derecho de picaporte’ o dejarme llevar por el senequismo de aquel paisano que cuando querían sacar al santo para las rogativas decía: «Por mí sacarlo, pero el tiempo no está ‘lloveor’…».

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