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De diagnósticos y trenes que pasan
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Juan Domingo Fernández | 16-06-2017 | 19:53

Ahora que de casi todo hace ya veinte años, que decía Jaime Gil de Biedma, resulta que de las primeras elecciones libres de la etapa democrática no hace veinte sino cuarenta, que ya son años. La ruleta del calendario ha bordeado otra carambola: emparejar aquel 15-J iniciático e ilusionante con este 13-J terminal y previsible en que se representó la postrera moción de censura del Parlamento español.
En un artículo publicado en su sección de ‘ABC’ en mayo de 1977 el periodista Carlos Luis Álvarez escribe sobre la presentación que Rafael Alberti hizo de sus apuntes de ‘El Adefesio’, encuentro al que también acudieron Dámaso Alonso, Gerardo Diego «y mucha más crema de la intelectualidad». El periodista añade una anécdota deliciosa: «Mi amigo Manolo Vicent me contó en lo de Alberti que había visto a una joven ácrata rechazar ‘Mundo Obrero’ porque decía que era un periódico monárquico. ¿Cabe mayor indicativo de lo que es una situación moderada?», se preguntaba Carlos Luis Álvarez con la revolera de la ironía.
Vista con perspectiva, la moción de censura del 13-J me parece que es también la prueba de que vivimos una situación moderada, solo que en vez de jóvenes ácratas juzgando con desdén y displicencia a ‘Mundo Obrero, (entonces nada menos que el periódico del ‘partido’ por antonomasia durante el largo paréntesis franquista, es decir, el PCE, el Partido Comunista de España) por el tablero político se mueven fuerzas ‘antisistema’ o ‘independentistas’ más o menos conformes con la Constitución, aunque sea bajo la formalidad del «por imperativo legal».
No sé si debido a aquella «situación moderada» que se vivía en los primeros años de la Transición o debido al carácter cíclico de la historia, el caso es que la moción de censura del 13-J ha tenido algo de movimiento en bucle y tránsito por el túnel del tiempo. O eso me ha parecido a mí.
Oyendo a Pablo Iglesias (y sobre todo a Irene Montero) creo que no hemos regresado al 15-J de 1977 sino al 15-M de 2011; es decir, al movimiento de los indignados. Supongo que nadie con dos dedos de frente y algo de corazón negará lo acertado que resulta el diagnóstico que hicieron acerca de la corrupción y el capitalismo de las ‘élites extractivas’ consustancial a la ‘casta’. Pero compartir el diagnóstico no quiere decir que se compartan las soluciones. Al contrario. Buena parte de los ciudadanos se solidarizan con las protestas pero discrepan, y mucho, respecto a los remedios para que aparte de acabar con las prácticas corruptas se arbitren expectativas de progreso razonables. No puede ser, como sostiene el adagio popular, que acabe costando más el collar que el perro…
La moción de censura creo que ha aportado escasas novedades. Si en la vida hay trenes que solo pasan una vez, acaso la principal constatación que habrá hecho ya Pablo Iglesias es que tuvo la oportunidad de subirse a ese tren –aliándose con el PSOE y Ciudadanos– pero prefirió dejarlo pasar y él sabrá las razones.

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