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Fecha: agosto 3, 2017
Del cónsul burlón y ozú con el Facebook
Juan Domingo Fernández 03-08-2017 | 9:02 | 0

La destitución fulminante del cónsul español en Washington por mofarse del acento andaluz y de Susana Díaz me recuerda aquella humorada de «no me importa que fume si a usted no le importa que le vomite encima». La justicia poética de la reciprocidad.
Ya saben la historia: con motivo de la visita de la Reina a Málaga el pasado 20 de julio el diplomático puso en su Facebook (solo para sus amigos) un post ridiculizando el habla andaluza y a la presidenta de la Junta de Andalucía: «Hay q ver q ozadia y mar gusto la de la susi, mira que ponerse igual que letirzia, cmo se ve ke n sabe na de protoculo ella tan der pueblo y de izquieida. Nos ha hecho quedar fatá a los andaluse dimicion ya».
Pocas horas después y tras haber exigido la Junta la reprobación por el comentario en la red social, el ministro de Exteriores, Alfonso Dastis, destituyó de inmediato a Enrique Sardá Valls como cónsul en Washington. Donde las dan las toman.
Reniego del falaz argumento de que el ya excónsul tiene derecho a título personal de mofarse de quien quiera aunque no le asista ese derecho cuando lo hace en su condición de responsable público. A mí me parece que lo alarmante de verdad no es que la mofa y el escarnio la cometan un albañil, un taxista o un diplomático; lo alarmante no es que la perpetre fulanito de tal o menganito de cual sino que se efectúe a través de las redes sociales. Aquí el medio también es el mensaje. Y la condición de responsable público un mero agravante.
Así que la pregunta no es ¿dónde hemos llegado que hasta los servidores públicos se mofan de forma improcedente de las autoridades o representantes del Estado? La pregunta sería ¿dónde hemos llegado que hasta los servidores públicos utilizan las redes sociales para burlarse en público?
Mi buen Yorick convendrá conmigo que tras el ejemplo de Donald Trump en lo relativo a redes sociales, la parodia supuestamente desenfadada del excónsul en Washington se queda casi en travesura infantil. Sin embargo lo alarmante sería aceptar como referencia o precedente válido ese tipo de exabruptos, tales comportamientos indebidos en las redes sociales. Ya se sabe que las redes son un albañal, una cloaca, pero han llegado para quedarse. Por esa razón especialmente, porque han venido para quedarse y no constituyen un fenómeno efímero es preciso conocer sus posibilidades y sus peligros.
Se ha repetido mil veces: las redes son un instrumento, una herramienta, y como tales no cabe juzgarlas ‘malas’ o ‘buenas’ en sí; depende del uso que hagamos de ellas. Una pared de la calle puede servirnos para fijar anuncios útiles o hacer pintadas insultantes. Con las cuentas de Facebook y Twitter ocurre igual. Tal vez sea cuestión de tiempo. Visto así, la destitución fulminante del cónsul contribuya a diluir la fatal sensación de impunidad en Internet. Quien la hace la paga.

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