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Fecha: septiembre, 2017
Savater, las putas y los intelectuales
Juan Domingo Fernández 28-09-2017 | 6:15 | 0

Profeso admiración por Fernando Savater desde el momento en que descubrí su deslumbrante libro ‘La infancia recuperada’, una de esas obras ‘nutricias’ que constituyen un antes y un después en la formación sentimental de cualquier lector; y más aún si, como era mi caso, se trataba de un lector joven, recién exiliado de la adolescencia…
Los pequeños ensayos de aquel libro me enseñaron a mirar la literatura sin prejuicios ante algunos géneros ‘proscritos’ (entre otros la novela policiaca desde Allan Poe a Agatha Cristie, la ciencia ficción, las llamadas ‘novelas de aventuras’) y también a distinguir lo que la literatura conlleva de mirada moral, de espejo del hombre. Lecciones sobre el papel del héroe en los cuentos clásicos o indagaciones en torno al genio literario de Borges, Shakespeare o Robert Louis Stevenson.
Fernando Savater suma a la claridad de ideas el compromiso, la coherencia cívica y una valentía que le han llevado a levantar la voz incluso frente a la mordaza del terrorismo y la barbarie sectaria. Savater ha sido un testigo incómodo para los variados matones y voceros del fanatismo ideológico y político durante las últimas cuatro décadas en España. Por eso me alegro del premio que acaba de entregarle la Asociación de Editores de Madrid y de algunas de sus afirmaciones tras recibir el galardón. Por ejemplo, disentir de los ataques al Gobierno de Rajoy por su «inmovilismo». «Como si la ley tuviera que moverse», apostilló. Y otros comentarios relativos a la situación catalana: «Algunos personajillos deberían llevar una temporada en la cárcel, que tiene también una función educativa».
A mí lo que me parece más relevante de las declaraciones de Savater es la crítica abierta a los intelectuales respecto a la coyuntura que se vive en Cataluña. «Nadie quiere dejar de gustarle a una mayoría», «hay una cobardía generalizada en España, también entre los intelectuales», «la cuestión es que los intelectuales somos como las putas, vivimos de gustar, y queremos gustar, aunque sea arrinconando otros valores», «esa es la enfermedad que los intelectuales han desarrollado en este país».
¿Se trata de juicios excesivos, de opiniones extemporáneas del filósofo? Basta reparar en las lindezas que han tenido que escuchar estos días personajes como Serrat, Marsé o Boadella por mostrarse contrarios al referéndum convocado para el 1-O…
Al autor de ‘La tarea del héroe’ hay que agradecerle también su veterano desdén por los nacionalismos excluyentes (todos los son) y su insistencia en el carácter ‘cultural’ (no político) del concepto nación catalana frente al de ciudadanía. «Si ligáramos otra vez la ciudadanía con la tierra, volveríamos a la época medieval».
En resumen, el viejo enfrentamiento entre lo ‘sentimental-mitológico’ y lo ‘racional-democrático’ que tan rentablemente llevan mezclando ciertos dirigentes políticos en Cataluña para beneficio propio.

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Pla, Cataluña y los puntos suspensivos
Juan Domingo Fernández 21-09-2017 | 6:17 | 0

Vuelvo a la relectura de ‘El cuaderno gris’, de Josep Pla, que me reconcilia con una Cataluña bastante distinta de la del ‘procès’. Me adentro en sus páginas con el ánimo de encontrar precisamente el contrapunto a la tragicomedia del separatismo. En Pla me divierte su inclinación al sentido práctico: alguien anuncia que él y sus amigos recibirán cuatro pesetas y enseguida lo traduce: «dieciséis cafés por barba». Recrea escenas populares que tienen más de costumbrismo que de apunte sociológico. «Un pescador de Calella, aficionado a cantar, me dice:
—Me gustaría más saber tocar la guitarra que tener panteón…». Regala al lector el hallazgo del ingenio. Hay un ejemplo fulgurante de ironía que resume al mejor Pla de ‘El cuaderno gris’. Cuenta cómo Eugeni d’Ors habla ante su peña del Ateneo y dice:
«—Los hombres son de dos clases: los que sirven para la Filosofía y los que no sirven para nada…
—Sí, claro –ha dicho Pujols–, pero siempre se exagera…».
Le basta contraponer tal respuesta rematada por puntos suspensivos para subrayar la potencia irónica del descreimiento ante la exageración sentenciosa de d’Ors.
Pla huye casi siempre de la retórica, de la grandilocuencia, pero no del juicio contundente. Hablando de Baroja señala: «Sus novelas apenas tienen argumento y las personas que las leen buscando el interés, la emoción de los trucos dramáticos, quedan decepcionados. Pero en estas novelas, la vida española de su tiempo está admirablemente retratada. En este sentido, su obra, en la cual la gente hormiguea, es la comedia de un determinando momento». (…) «El defecto de Baroja», añade Pla, «es que es un hombre de adjetivo ligero. A veces juzga, adjetiva, ligeramente –los lanza como los burros los pedos».
Hoy me gustaría leer a Pla y conocer su opinión acerca de unos acontecimientos graves y trascendentes, acaso tan relevantes como los que recogió en su crónica sobre el advenimiento de II la República.
La voz de Pla en este libro no es la del frío notario que registra una sucesión de hechos y de días, es la del cronista que aventura también un juicio sobre los grandes creadores de nuestra cultura, y lo hace con perspicacia, humor y humanidad. Un escritor, como dijo de él Valentí Puig, que «supo ser perfectamente inteligente, estratégicamente huraño, secretamente generoso y brutalmente sentimental».
Levanto la mirada de ‘El cuaderno gris’ ante los últimos acontecimientos de Cataluña y me dan ganas de salir corriendo. No solo echo de menos a Pla sino a referentes como Vázquez Montalbán. ¿Qué hubiera dicho el autor de ‘Crónica sentimental de España’ ante el pandemónium catalán? Tal vez la ‘tropa’ separatista anhelaba que el Estado les conminara con tanques… pero me parece que no se esperaban a los ‘cobradores del frac’ (o sea, la Ley y los mandamientos judiciales) escoltados por la Guardia Civil.

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Los impuestos y el ‘selfi del mono’
Juan Domingo Fernández 14-09-2017 | 7:27 | 0

LA oenegé FACUA-Consumidores ha denunciado abusos detectados en bares y restaurantes como cobrar por los cubiertos, por el hielo para un café, por el mantel de la mesa, usar el servicio y otras arbitrariedades por el estilo. Entre picos, palas y azadones, mil millones… La lista de conceptos susceptibles de ser rentabilizados vía impuestos debe de ser tan larga como el afán escrutador del ministro Montoro.
Así de golpe, los intentos de convertir en mero paganini a quien solo busca comer en el restaurante o tomarse algo en el bar pueden parecernos atrabiliarios o desvergonzados, pero bien pensado no es una práctica tan extraña. Basta compararla por ejemplo con la interminable serie de conceptos por los que una entidad financiera, sin ir más lejos, puede cobrarnos comisiones. Yo recuerdo todavía el escándalo que supuso permitir legalmente a la banca que penalizara a los clientes por la devolución anticipada de los créditos. O las ahora famosas ‘cláusulas suelo’. O el oneroso rescate con la excusa de que dejar caer a la banca sería incurrir en ‘riesgo sistémico’… Al lado de semejantes enjuagues, cobrar por el cubierto en la mesa se queda solo en pillería infantil.
La fijación de impuestos suele ir unida al reconocimiento de un derecho. Un tribunal estadounidense decidió el pasado lunes que los derechos del famoso ‘selfi del mono’ que se hizo en Indonesia el macaco Naruto al apoderarse de la cámara del fotógrafo David Slater no pertenecen al mono (en realidad hembra de macaco negra con cresta) sino al dueño de la cámara, aunque el fotógrafo deberá donar el 25% de los ingresos que obtenga en el futuro por el «selfi del mono» a organizaciones dedicadas a proteger y mejorar el hábitat de Naruto y de los macacos negros de Indonesia.
¿Pagar impuestos por los robots? Bill Gates, fundador de Microsoft, cree que sería una buena medida a medio plazo para luchar contra los puestos de trabajo que destruirá la la progresiva automatización y el uso masivo de la inteligencia artificial. El secretario general de UGT, Pepe Álvarez, también defiende la posibilidad de que coticen los robots si esas máquinas sustituyen a trabajadores.
¿Debe incluirse entre los paganinis de impuestos a quienes se pasan el día pidendo a Siri o a su correspondiente asistente virtual que les resuelvan tales o cuales cuestiones? ¿Dónde fijar los límites? Y sobre todo, ¿quién se encargará de hacerlo? ¿La ONU?
La periodista y abogada Ángela Murillo planteaba ayer tarde en Facebook una cuestión que ella misma intuye polémica: «A riesgo de que me linchen, opino que los 25.000 perros que viven en Badajoz deberían pagar un impuesto. En otras ciudades los dueños ya pagan una cantidad simbólica por el uso y abuso de la vía pública». Era el breve comentario a una noticia de HOY que enlazaba en su muro: «El parque canino de Badajoz tendrá 7.000 metros cuadrados junto al Puente Real». En fin, que los carguen en la cuenta de Naruto, o en las de los blindados ante el ‘riesgo sistémico’.

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Orígenes, el ‘procés’ y la energía nuclear
Juan Domingo Fernández 07-09-2017 | 7:35 | 0

Uno de los equívocos públicos más hilarantes de los que tengo noticia se lo oí contar hace años a su protagonista, el escritor Fernando Sánchez Dragó. Resulta que el autor de ‘Gárgoris y Habidis. Una Historia Mágica de España’, acababa de dar una conferencia y una periodista le solicitó un breve resumen de la charla. El escritor había ensalzado el ejemplo paradigmático del viejo filósofo Orígenes, del que se dice que decidió castrarse para tener menos ‘distracciones’ en su afán diario. En resumen, un modelo de compromiso para cualquier autor insobornablemente implicado con la tarea creativa. La periodista no debió entender muy bien a quién se refería porque al día siguiente el titular de la entrevista, a varias columnas, dejó patidifuso al escritor: «Fernando Sánchez-Dragó: ‘A los escritores había que castrarlos como aborígenes’».
Otro equívoco formidable es el que relata Rafael Chávarri, de Onda Cero Madrid, en el libro ‘Historias de la canalla’ que coordinaron los periodistas extremeños Max Bernáldez y Alonso Carretero. Aquel día en la emisora tenían como invitado en el programa ‘Lo que hay que oír’ a un técnico asesor en materia nuclear que estaba hablando de centrales nucleares y energía atómica cuando se dio paso a un oyente que se dirigió a él y le dice:
«–Oiga, le quiero preguntar porque tengo un problema en el pene, y eso que acaba usted de explicar es lo que me pasa a mí…».
Cuenta Chávarri que «a medida que el oyente desarrollaba su pregunta, el técnico en seguridad nuclear ponía cara de asombro y un ataque de risa generalizado empezó a desatarse en el estudio». Como en los trucos de magia, la solución del enredo resulta más prosaica que el artificio de la ilusión: a la misma hora se emitía desde Tenerife un programa donde también participaban los oyentes y el invitado era un urólogo. En vez de llamar a Tenerife, el del ‘problema en el pene’ llamó a Madrid y la lió parda.
Más o menos igual que lo que está sucediendo estos días en Cataluña con Puigdemont y cía. Visto con perspectiva, imagino que el disparate del ‘procés’ y el coqueteo inconsciente con la sinrazón que se vivió ayer en el Parlamento de Cataluña nos parecerán escenas sacadas de una comedia de equívocos donde se confunde al filósofo Orígenes con ‘aborígenes’ y por un descarrachante equívoco se acaba pidiendo consejo sobre problemas en el pene a un técnico en materia nuclear.
Nunca tan pocos hicieron tanto daño a tantos. Aunque más sangrante que el latrocinio que intentan ‘camuflar’ algunos con la bandera del separatismo es el ‘robo’ descarado y tramposo de siglos de convivencia y de un futuro en común que se pretende anular con odio y mentiras. Confío en que al final se imponga la razón y alguien –aunque no sé quién– pueda reconducir todos estos episodios disparatados y esperpénticos. No solo por el bien de España en su conjunto sino por el de Cataluña en particular.

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Sobre el autor Juan Domingo Fernández
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