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Orígenes, el ‘procés’ y la energía nuclear
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Juan Domingo Fernández | 09-09-2017 | 19:30

Uno de los equívocos públicos más hilarantes de los que tengo noticia se lo oí contar hace años a su protagonista, el escritor Fernando Sánchez Dragó. Resulta que el autor de ‘Gárgoris y Habidis. Una Historia Mágica de España’, acababa de dar una conferencia y una periodista le solicitó un breve resumen de la charla. El escritor había ensalzado el ejemplo paradigmático del viejo filósofo Orígenes, del que se dice que decidió castrarse para tener menos ‘distracciones’ en su afán diario. En resumen, un modelo de compromiso para cualquier autor insobornablemente implicado con la tarea creativa. La periodista no debió entender muy bien a quién se refería porque al día siguiente el titular de la entrevista, a varias columnas, dejó patidifuso al escritor: «Fernando Sánchez-Dragó: ‘A los escritores había que castrarlos como aborígenes’».
Otro equívoco formidable es el que relata Rafael Chávarri, de Onda Cero Madrid, en el libro ‘Historias de la canalla’ que coordinaron los periodistas extremeños Max Bernáldez y Alonso Carretero. Aquel día en la emisora tenían como invitado en el programa ‘Lo que hay que oír’ a un técnico asesor en materia nuclear que estaba hablando de centrales nucleares y energía atómica cuando se dio paso a un oyente que se dirigió a él y le dice:
«–Oiga, le quiero preguntar porque tengo un problema en el pene, y eso que acaba usted de explicar es lo que me pasa a mí…».
Cuenta Chávarri que «a medida que el oyente desarrollaba su pregunta, el técnico en seguridad nuclear ponía cara de asombro y un ataque de risa generalizado empezó a desatarse en el estudio». Como en los trucos de magia, la solución del enredo resulta más prosaica que el artificio de la ilusión: a la misma hora se emitía desde Tenerife un programa donde también participaban los oyentes y el invitado era un urólogo. En vez de llamar a Tenerife, el del ‘problema en el pene’ llamó a Madrid y la lió parda.
Más o menos igual que lo que está sucediendo estos días en Cataluña con Puigdemont y cía. Visto con perspectiva, imagino que el disparate del ‘procés’ y el coqueteo inconsciente con la sinrazón que se vivió ayer en el Parlamento de Cataluña nos parecerán escenas sacadas de una comedia de equívocos donde se confunde al filósofo Orígenes con ‘aborígenes’ y por un descarrachante equívoco se acaba pidiendo consejo sobre problemas en el pene a un técnico en materia nuclear.
Nunca tan pocos hicieron tanto daño a tantos. Aunque más sangrante que el latrocinio que intentan ‘camuflar’ algunos con la bandera del separatismo es el ‘robo’ descarado y tramposo de siglos de convivencia y de un futuro en común que se pretende anular con odio y mentiras. Confío en que al final se imponga la razón y alguien –aunque no sé quién– pueda reconducir todos estos episodios disparatados y esperpénticos. No solo por el bien de España en su conjunto sino por el de Cataluña en particular.

Sobre el autor Juan Domingo Fernández
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