Hoy
img
Fecha: diciembre, 2017
Cataluña y Tabarnia tras el espejo
Juan Domingo Fernández 28-12-2017 | 8:01 | 0

Ha bastado la humorada formidable de Tabarnia para catapultar a las huestes independentistas al diván del psiquiatra. Menuda inocentada, ya que la prensa seria no las incluye en sus páginas el 28 de diciembre… El descoloque lo resumen las redes sociales con un par de imágenes y una metáfora: «donde las dan, las toman», «probar de su misma medicina» y «Tabarnia es un despiadado espejo para nacionalistas, es el reflejo de su insolidaridad y de su pesadez. Pero también es el coste, muy real, que pagarán quienes promuevan un referéndum de autodeterminación. En Quebec fue mano de santo», que es el tuit que puso el dirigente de Cs Girauta el martes 26 en su página oficial.
¿Qué es Tabarnia? El neologismo surgido de contraer las palabras Tarragona y Barcelona, dado que en las comarcas costeras de esas dos provincias se concentra la mayoría de los votantes constitucionalistas, contrarios a las veleidades del ‘procés’. Tabarnia, que posee ya su bandera, está dispuesta a un futuro referéndum para que ellos puedan constituir una comunidad autónoma ajena a Cataluña pero vinculada de pleno derecho a España y a la Unión Europea… Ellos creen que ‘el resto de Cataluña’ (puesto que son contribuyentes netos, no como las regiones interiores de Lérida y Gerona, con menos renta y desarrollo) ‘les roba’ y también tienen «derecho a decidir».
Tabarnia es un espejo, claro está. Una hipótesis. La posibilidad de ‘otra’ organización política donde quedan patentes todas las contradicciones del nacionalismo independentista, esa carcunda añeja cebada con tópicos de cartón piedra y supremacismo. Ha bastado que alguien reactivara en las redes sociales la iniciativa de impulsar una Tabarnia libre («¡Free Tabarnia!», «¡Tabarnia is not Catalonia!») para que surja la carcajada general y el mosqueo cambie de bando. Para que frunzan el ceño quienes llevan tiempo dando la tabarra y desviando el argumento cuando se les hace ver, como en el cuento, que el emperador está desnudo…
Tampoco cabe esperar mucho más que unas sonrisas. Aunque a los acérrimos separatistas Tabarnia les anticipe los peligros del aprendiz de brujo y las consecuencias de ser tratado con la propia medicina, me temo que ellos seguirán contumaces en el error e inasequibles al desaliento. Firmes en el pasado…
Pero resulta reconfortante la explosión de ingenio y buen humor que han suscitado en las redes sociales los episodios acerca de Tabarnia. Y al son de las bromas los hay que sueltan la pullita: «nada de Oteguis en Tabarnia» o referencias a que no admitirán tractores por la Diagonal… Este renacer no le quita gravedad al ‘problema catalán’ pero al menos –entre veras y burlas– abre un paréntesis por el que se cuelan las sonrisas. Como las de la cuenta de Twitter de un tal Kim-Junq-ueras @norcatalan que dice: ‘Yo estoy fastidiado con lo de #Tabarnia, pero lo mío no es nada al lado de Pedro Sánchez intentando decir «nación de naciones de naciones» sin trabucarse’. Para que luego digan.

Ver Post >
La Fundéu, el destripe y el Balón de Oro
Juan Domingo Fernández 21-12-2017 | 7:16 | 0

La Fundéu, ese benemérito organismo en pro del buen uso del español en los medios de comunicación ha desvelado cuáles son los doce vocablos candidatos a convertirse en palabra del año 2017. En 2013 el término elegido fue ‘escrache’, al que siguieron ‘selfi’ (2014), ‘refugiado’ (2015) y ‘populismo’ (2016).
Las doce seleccionadas en esta edición han sido: ‘aporofobia’, ‘aprendibilidad’, ‘bitcóin’, ‘destripe’, ‘machoexplicación’, ‘noticias falsas’, ‘odiador’, ‘soñadores’, ‘superbacteria’, ‘trans’,‘ turismofobia’ y ‘uberización’.
El trabajo diario de la Fundéu, –quizás un comando operativo más cercano y menos encopetado que la Real Academia– prueba esa verdad incontrovertible de que los auténticos dueños de una lengua, de un idioma, son sus hablantes.
Hay palabras y expresiones que gozan de una presencia muy viva durante cierto tiempo pero su vuelo finalmente resulta alicorto; términos y vocablos más efímeros que esas ‘palabras moribundas’ que selecciona y comenta desde hace años el programa de RNE ‘No es un día cualquiera’. Como en las colecciones de moda o en el universo de los inventos, algunos hallazgos surgen vigorosos, perduran y consiguen incluso fundar una estirpe mientras otros con menor fortuna solo llegan a flor de un día y nunca acarician la gloria del registro en el Diccionario.
De las palabras finalistas este año, la ganadora se dará a conocer el viernes 29 de diciembre. A mí me parece que bastantes de las escogidas tienen que ver con la desquiciada realidad que ha generado el ‘procés’ en Cataluña y en el resto de España. Por ejemplo las expresiones ‘odiador’, ‘aporofobia’, ‘noticias falsas’, ‘turismofobia’…, todas ellas vinculadas a la burbuja de ‘fantasía emocional’ y tergiversación histórica que viene alimentando caprichosamente la carcundia separatista en sus variadas modalidades y siglas.
Sin embargo, presiento que al final triunfarán vocablos como ‘destripe’ (en lugar del horroroso ‘spoiler’) o ‘uberización’, relacionadas con el mundo de las nuevas tecnologías, de la economía colaborativa y también con aquella ‘cultura mosaico’ formulada por Abraham Moles que anticipa nuestro tiempo y nos envuelve.
Se admiten apuestas, aunque parece indiscutible que la Fundéu está tocada por el instinto del acierto. En la edición del año 2016 triunfó ‘populismo’ pero también competían ‘cuñadismo’, ‘vendehúmos’, ‘posverdad’ o ‘videoarbitraje’, términos desde luego nada efímeros ni moribundos. No conozco la mecánica interna para la selección de la palabra ganadora, pero como en el caso del ‘Balón de Oro’, que hay año que repite Messi y otros Cristiano Ronaldo, yo propongo que pueda repetir un vocablo ganador si consta su abultada presencia en los medios y el uso generalizado entre los hablantes. De aceptarse la norma quizás comprobaríamos que, por su condición galáctica, las palabras ‘populismo’, ‘posverdad’, ‘destripe’… podrían alzarse año sí y año también con el ‘balón de oro’ del ámbito hispanoablante
–incluido Cataluña, aunque haya a quien le pese.

Ver Post >
Los libros y la biblioteca ideal
Juan Domingo Fernández 14-12-2017 | 8:12 | 0

LAS luces navideñas son para mí la señal anunciadora de que han llegado los libros al Paseo de Cánovas. Del variado mercadillo que se forma en estas fechas, los puestos de libros –nuevos y viejos– constituyen la mayor atracción, el principal imán de mi interés. Busco y me entretengo repasando las colecciones de títulos de aventuras, las cajas con volúmenes sueltos descatalogados, las viejas series de obras clásicas en ediciones populares… Me gusta el olor de esos libros de papel algo ajado y amarillento que el librero despliega ante nuestros ojos como si fueran cautivos del enésimo embalaje a la espera de su oportunidad. Hay libros en los que percibo la misma dignidad que la de un sabio sometido al silencio y que anhela lectores a quienes desvelar la elocuencia del tesoro, el universo fantástico y deslumbrante de sus páginas.
«Quizás no hay días de nuestra niñez vividos más plenamente que aquellos que creemos que dejamos pasar sin vivirlos del todo: esos días que dedicamos a la lectura de nuestros libros preferidos», escribió Marcel Proust. Una buena manera de blindarme contra el riesgo de tal incertidumbre son las visitas a los puestos de libros callejeros. De esta forma no solo me reconcilio con viejos amigos que leí en la infancia y en la juventud, sino que además trato de buscar aquel ejemplar que presté y nunca volvió, o aquel otro que sucumbió a los sucesivos traslados o sencillamente fue pasto del olvido.
Recorrer las baldas de estos puestos de libros tiene algo de liberador y de terapéutico. Me desahogo conmigo mismo y atenúo mi desapego sobrevenido al toparme por ejemplo con aquel libro que pensé que nunca olvidaría y ahora reencuentro sin evocar muchos detalles de su historia. La misma sensación que te embarga cuando vuelves a vivir un pasaje del ayer y ahora compruebas que apenas se perfila como una estampa sepia y devastada por el tiempo.
Los libros nos permiten vivir infinidad de vidas. Y pueden obsequiarnos con vidas más vivas que la vida misma. «Nuestra vida está hecha más por los libros que leemos que por la gente que conocemos», decía Graham Greene, un escritor que transitó con sus obras por algunos de los laberintos morales de la condición humana, y del que se puede asegurar que sabía bien de lo que hablaba.
Así que para mí la feria del libro también es la Navidad. Todo el año. Confieso no obstante que el cúmulo de libros sin leer me provoca ‘estados carenciales’ que procuro sobrellevar de la mejor manera posible. Necesitaría una vida ‘borgeana’ para leer los volúmenes de la mínima biblioteca ideal.
Dado que es más determinante releer que leer y teniendo en cuenta que el hombre puede leer con provecho –Borges dixit– unos dos centenares de libros más o menos en esta vida, la clave está en seleccionarlos bien para acertar. ¿Alguien lo garantiza? Por supuesto que no. Descreo de los ‘cánones’ y de las listas universales. La tarea es que cada lector elabore su propia relación de obras imprescindibles y habite esa biblioteca ideal. Una vida da para mucho.

Ver Post >
De la creatividad
Juan Domingo Fernández 07-12-2017 | 7:22 | 0

El diario El Correo publicaba hace poco un documentado reportaje y dos entrevistas de Luisa Idoate acerca de esta cuestión: «¿Tiene edad la creatividad?». Dos subtítulos adelantaban algunas posibles respuestas: «Miguel Ángel esculpió ‘La Piedad’ con 24 años y Picasso pintó un autorretrato de mirada feroz con 91. Juventud y vejez son territorios fértiles para los genios volcados en el trabajo». «A cada talento, su momento. Algunos artistas firman su obra cumbre en la juventud, otros en la madurez y los elegidos, durante toda su vida».
A esos ejemplos cabe añadir otros muchos: cuando el veinteañero Leonardo da Vinci pinta ‘La Anunciación’ ya era famoso y más aún cuando inicia, con 55 años de edad, su obra más conocida, ‘La Gioconda, que seguiría retocando hasta los 67 años. El adolescente Pablo Ruiz Picasso (Málaga, 1881-Mougins, 1973) vio cómo su cuadro ‘Ciencia y Caridad’ era premiado en un concurso nacional cuando solo tenía 16 años. Pero poco antes de morir seguía creando y ya había revolucionado casi un siglo del universo plástico. Salvador Dalí (Figueras, 1904-1989) pinta sus mejores obras a los 25 y 26 años (’El gran masturbador’ y ‘La persistencia de la memoria’), pero tras su rentable paso por Estados Unidos y su regreso a España demuestra que le quedan talento y fuerzas para asombrar con cuadros como ‘Madonna de Port Lligat’ (1950), ‘Crucifixión’ (1954) y ‘La última cena’ (1955).
Qué decir de Mozart, al que le bastaron 35 años de vida para dejar un patrimonio genial; o de Verdi, que compuso su última ópera con 80 años. Luisa Idoate recuerda también la trayectoria de grandes arquitectos. Entre ellos Walter Gropius, fundador de la Escuela Bauhaus, quien brilló a los 28 años con el revolucionario diseño de la fábrica Fagus y décadas después, tras enseñar en Harvard, aún firma proyectos como la sede de la Pan Am en Nueva York (1963), con 80 años, cuatro antes de su muerte. Genios de la arquitectura como Mies van der Rohe, que concibe su obra maestra con 43 años (el Pabellón de Alemania de la Expo Universal de 1929 en Barcelona) y alguno de los más famosos rascacielos de vidrio y metal cuando había cumplido los 82. O el caso de Le Corbusier, que construye su primera casa con 17 años y 18 años después proyecta –aunque nunca se construye– su ciudad ideal. Y el ejemplo de Frank Lloyd Right, con su Casa Kaufmann o Casa de la Cascada, ya sexagenario, y casi una década después el Museo Guggenheim de Nueva York cuando rebasa los 74 años…
En literatura la lista sería interminable. Cervantes finaliza la segunda parte del Quijote con 69 años, el mismo de su muerte; Faulkner, triunfa a los 32 con ‘El ruido y la furia’; Rimbaud, deja de escribir a los 19 años tras ‘Una temporada en el infierno’ e ‘Iluminaciones’…
La clave quizás haya que buscarla en la frase atribuida a Picasso: «Cuando llegue la inspiración que me encuentre trabajando». El éxito suele ser una larga constancia. Y nadie es genial en todos los ámbitos de la vida. El psiquiatra Juan José Martínez Jambrina se lo dice a Luisa Idoate con otras palabras: «El genio se hace, la creatividad se aprende. El talento se desarrolla y fomenta». Para mí hay una frase muy sabia de Henry Ford acerca de la creatividad y la innovación: «Si le hubiera preguntado a la gente qué querían, me habrían dicho que un caballo más rápido».

Ver Post >
Sobre el autor Juan Domingo Fernández
Blog personal del periodista Juan Domingo Fernández

Otros Blogs de Autor