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Julio López Hernández

NADA más enterarme de la muerte del escultor Julio López Hernández, fallecido el martes en Madrid, decidí rendirle el que me parece mejor homenaje que puede tributarse a un artista: admirar otra vez alguna de las obras que le vinculan estrechamente a Extremadura. Así que durante un buen rato disfruté ayer en silencio con la belleza de su escultura ‘Esperanza y ella en el libro’, un bronce con el que obtuvo el Premio Cáceres 1980 de escultura que convocaba la Diputación Provincial de Cáceres y que ahora pertenece a los fondos de la Sección de Bellas Artes del Museo ubicados en la antigua Casa de los Caballos.

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La pieza, que representa el torso de una mujer en posición horizontal mientras sostiene en sus manos un libro abierto en cuyas páginas se perfila la silueta de su rostro, enseguida capta la atención del visitante, pues además del realismo minucioso de las manos y del libro, transmite una expresividad poética y misteriosa. Acaso la metáfora de la lectura, la imagen de la placidez.
Aunque muchos extremeños no sepan que esa escultura de Julio López Hernández –escoltada nada menos que por cuadros de Eduardo Arroyo, Equipo Crónica, Saura, Genovés, Millares, Palazuelo, Canogar… y esculturas de Oteiza, Martín Chirino, Pablo Serrano, Baltasar Lobo, Alberto Sánchez…– está accesible en un espacio público como el Museo de Cáceres, no puede decirse que la obra y la figura de Julio López Hernández sean desconocidas o ajenas en nuestra tierra. Ya en 1979, por ejemplo, su escultura ‘Úrsula’ fue expuesta en Badajoz en una muestra organizada por la entonces Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Badajoz con obras procedentes de la Colección de Arte Español Contemporáneo de la Fundación Juan March.
Una década después, en 1990, esculturas de Julio López Hernández pudieron admirarse también en Cáceres, en los claustros del Complejo Cultural San Francisco junto con otras obras de grandes maestros de la escultura española del siglo XX pertenecientes a la colección privada de Eduardo Capa, veterano fundidor, discípulo y amigo del extremeño Pérez Comendador.
En 2004, con motivo del XXVI Salón de Otoño de Pintura y el impulso y mezenazgo de Caja de Extremadura, Antonio López (pintura) y Julio López (escultura) imparten en Plasencia durante una semana un taller de artes plásticas para 50 jóvenes artistas llegados de toda España. Dos años más tarde, en 2006, Julio López Hernández era designado presidente del jurado del I Premio Internacional de Escultura que convocó la Obra Social de la Caja de Extremadura, la misma que en 2008 organizó y patrocinó la magna exposición ‘Realidades de la realidad’, que pudo verse en Badajoz y en Cáceres, y que reunió piezas tan conocidas de Julio López Hernández como ‘Marcela y su luz’ o la estatua de Federico García Lorca, aparte, claro está, de pinturas de Eduardo Naranjo, Antonio López, María Moreno, Carmen Laffon, Isabel Quintanilla, Cristóbal Toral, José Hernández, Amalia Avia y esculturas de Francisco López (hermano de Julio) autor precisamente de las dos figuras femeninas que coronan la fachada de la Asamblea de Extremadura en Mérida.

Temas

arte, Badajoz, cáceres, escultor, extremadura, Julio López Hernández, Museo de Cáceres

Juan Domingo Fernández

Sobre el autor

Blog personal del periodista Juan Domingo Fernández

mayo 2018
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