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El precio de la historia

En un formidable artículo aparecido en la revista ‘Claves’ con el título ‘España: epistemología y moral’ dice María Elvira Roca Barea –la autora del exitoso ensayo ‘Imperiofobia y leyenda negra’– que «El español no se defiende. Se limita a resistir», y a mí me ha recordado enseguida aquella otra frase tan certera de Max Aub: «Al español no le importa perder o ganar sino quedar como Dios». Pero mientras en el caso de este último la reflexión ponderaba lo ‘desprendido’ del espíritu patrio, en el otro alude a esa ‘baja moral’ con la que los españoles toleramos el victimismo de lo que Roca Barea denomina «señores feudales» o más recientemente «señoritos regionales». Es decir, la aceptación no solo del relato de nacionalistas y separatistas, por delirante y mendaz que resulte, sino el poco ánimo y la falta de determinación con que nos enfrentamos a quienes tratan de imponer y rentabilizar desde la política y desde la economía la imagen negativa de una España «invasora y destructiva».

En su artículo, María Elvira Roca Barea proporciona un dato que resulta asombroso y que explica también la «colosal laguna historiográfica» del siglo XVIII en España: «Entre la ‘Historia general de España’ de Juan de Mariana, que vio la luz en castellano en 1601, y la de Modesto Lafuente, que fue apareciendo entre 1850 y 1867, median dos siglos y medio». En otros países sin embargo no hubo tal desidia y además de escribir su historia, escribían la de España. Nos escriben el relato. Los historiadores españoles perdieron el concurso, dice Roca Barea, «por incomparecencia».

Esta misma semana en que se habla de los planes del Ministerio del Interior para acercar a presos etarras a cárceles del País Vasco y de Navarra sigue viva en la calle la controversia sobre la ‘naturaleza’ de ese enfrentamiento (“del conflicto”, en la terminología habitual del nacionalismo) como si se tratase de una guerra entre un territorio dominador y otro dominado… Ese relato victimista resulta ‘doblemente’ sangriento en el caso vasco. El periodista Luis R. Aizpeolea reproducía ayer en ‘El País’ las palabras del catedrático Antonio Rivera, coordinador del estudio ‘Naturaleza muerta’: «Si nos limitamos a decir, como algunas instituciones y partidos, que todos hemos sufrido, víctimas y victimarios, y no se explica por qué los victimarios convirtieron a personas en víctimas, no se entenderá nada. Si no formulamos un reproche moral y político al uso de la violencia para lograr metas políticas, si no desmontamos los mitos que matan, quién nos dice que en próximas generaciones unos jóvenes no repitan que Euskadi agoniza y, atribuyéndose un papel histórico, recurran a la violencia como ETA en 1959. No se trata de que haya vencedores y vencidos sino de explicar que unos reafirmaban las vías pacíficas y democráticas y otros buscaban imponer un proyecto totalitario por la violencia».

Mientras, en Cataluña, Torra amenaza a Pedro Sánchez con la vía unilateral, con promover un nuevo 1-Octubre y seguir abriendo embajadas. El Tribunal Supremo acaba de confirmar que se produjo «un alzamiento», pero allí erre que erre con el rentable victimismo. ¿Impondrán su relato? ¿A costa de quién?

Temas

Antonio Rivera, cataluña, democracia, españa, Luis R. Aizpeolea, María Elvira Roca Barea, Max Aub, separatismo, Torra, victimismo

Juan Domingo Fernández

Sobre el autor

Blog personal del periodista Juan Domingo Fernández

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