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Del amor y otras variaciones

Crecer es cambiar. La idea del cambio está muy asentada en el imaginario colectivo quizás desde la noche de los tiempos, cuando la propia subsistencia exigía desplazarse continuamente en busca de alimentos, de abrigo, de protección ante las amenazas externas. Así que mucho antes de que Heráclito formulara aquello de “nadie se baña dos veces en el mismo río” aludiendo a que nada permanece y todo cambia, ese concepto ya lo habrían metabolizado nuestros antepasados.

El prestigio del cambio ha crecido imparable porque la historia siempre lo vincula a los avances, al progreso, a la renovación, al liderazgo… Cambiar es tomar decisiones: lo contrario del inmovilismo, de la omisión, de la inactividad. La vida es cambio. Y cada nueva generación, si no quiere fosilizarse, debe evolucionar y apostar por las transformaciones para progresar y dar un paso adelante.

Pero descarta mi buen Yorick cualquier intencionalidad política o partidista en las reflexiones precedentes. Ocurre que una de las mejores apologías sobre el cambio que he leído hace poco se enmarca en la esfera personal, más en concreto en el ámbito de los afectos de pareja. En una entrevista al escritor Paulo Coelho en el ‘XL Semanal’ la periodista pregunta al exitoso autor brasileño si lleva 40 años solo con la misma mujer. Y él responde: «No; 40 años, sí; pero no con la misma mujer, ni ella con el mismo hombre. Si ella fuese la misma mujer, seguiría vistiendo con minifalda y sería como las viejas con bótox. Ella no tenía disciplina y yo se la he enseñado. Yo no tenía compasión y me la ha enseñado ella a mí. Creo que durante este tiempo», añade Coelho, «he estado casado con cinco o seis mujeres diferentes, pero con la misma persona».

Tal vez parezca una ‘boutade’ o una salida ingeniosa pero yo creo que la respuesta del novelista sintetiza bastante bien la realidad y la experiencia de esos matrimonios que sobreviven durante décadas a los cataclismos de la vida y aún se reconocen en aquellos jóvenes que un día soñaron seguir juntos… toda la vida. Si nos detenemos un momento, enseguida acude a la memoria algún ejemplo que ilustra bien esas convivencias gobernadas por la ley de la compensación: ahí está quien aporta el realismo y allá quien se guía por el entusiasmo. Quienes se rigen por la templanza y a la vez por la tenacidad. Allá esa pareja que aprendió a dominar la vehemencia pero sin olvidar nunca la ternura. Quien cambió la indiferencia por la generosidad; la timidez por el coraje. Quien superó las tempestades del desamor o la rutina con la certeza de conocer el rumbo y el puerto de llegada. El caso de esas parejas que, por muchos contratiempos afrontados, jamás olvidan quiénes son y lo que aman. Esas parejas a quienes la convivencia nunca les ha impedido ser, como en el poema de Lorca, blandos con las espigas, duros con las espuelas. En fin, me parece que la vida, los boleros y la literatura son un universo cuajado de historias tan reales como las de Paulo Coelho y su mujer.

Temas

amor, convivencia, Heráclito, matrimonio, pareja, Paulo Coelho, transformación

Juan Domingo Fernández

Sobre el autor

Blog personal del periodista Juan Domingo Fernández

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