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Paradoja futurista

Me han regalado una de esas agendas que enriquecen sus páginas con frases de gente célebre. La correspondiente a hoy es de Víctor Hugo: «No son las locomotoras, sino las ideas, las que llevan y arrastran el mundo», pero me resisto a seguir por esa vía porque resulta sarcástico con los desastres del tren en Extremadura. Hablar de locomotoras aquí es como nombrar la soga en casa del ahorcado. Funesta metáfora. Es obvio que el mundo cambia y son las ideas nuevas las que lo mueven. A veces con progresos rectilíneos y continuos; en ocasiones, zigzagueando, con dos pasos adelante y uno atrás.

Antes de la globalización y del ‘capitalismo sin fronteras’ –a lomos, principalmente, de las nuevas tecnologías y los avances en las comunicaciones– resultaban inconcebibles problemas como los que plantean estos días el colectivo de taxistas frente a las empresas VTC (vehículo turismo con conductor) tales como Uber y Cabify, al margen de que buena parte de esas empresas sean propiedad de fondos de inversión internacionales y contribuyan, de hecho, a ‘precarizar’ los salarios y las condiciones laborales de sus trabajadores. Eso sí, a precarizarlos en la misma proporción y desde los mismos planteamientos que lo hacen infinidad de empresas de infinidad de sectores productivos, desde la industria al comercio, desde la agricultura a la hostelería; desde la banca al ocio y a los propios medios de comunicación. Quien esté libre de ajustes, que levante la mano.

No todos los cambios, sin embargo, son inexorables. Hace unas pocas décadas, el Ayuntamiento de cualquier ciudad española se encargaba directamente de los servicios municipales básicos: el abastecimiento de agua, la recogida de basura y limpieza viaria, el mantenimiento de parques y jardines, el parque de bomberos, el autobús urbano… Ahora suele ser al revés: en vez de estar municipalizados, tales servicios se contratan a través de empresas concesionarias. Aunque el debate sobre la conveniencia o no de privatizar servicios públicos existirá siempre. Quiero decir que no cabe una solución definitiva, tajante, incuestionable, como ocurre, por ejemplo, con la necesidad de vacunas en la población infantil. Una sociedad puede decidir en determinado momento que le interesa ‘privatizar’ tal o cual sector porque esté justificado socialmente, no solo desde el punto de vista de la rentabilidad económica. Y a la inversa: decidir que hay cuestiones en las que solo cabe decir lo que Manuel Vicent en su famoso artículo: «No pongas tus sucias manos sobre Mozart».

No sé si las razones de los taxistas resultan ‘sostenibles’ frente a la amenaza que representa para ellos las VTC. Pero parece claro que a través de acciones violentas y descontroladas lo que consigan será como escribir en el agua. El sector debe ser regulado a nivel nacional. No puede convertirse en una selva, sometida a la ley del más fuerte. En las redes sociales circula una vieja imagen que resume, con ironía, cómo perciben algunos ciudadanos el conflicto. Se ve a un hombre con boina y una cartera en bandolera que pregunta: «¿Para cuándo se prohíbe el correo electrónico? Los carteros nos estamos quedando sin trabajo y nos tememos lo peor».

Juan Domingo Fernández

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Blog personal del periodista Juan Domingo Fernández


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