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Juego de adivinaciones

Si algo caracteriza a las ‘sociedades líquidas’ y en constante transformación son el carácter volátil, la velocidad de los cambios y la incertidumbre de los resultados. Resultan tan profundas y numerosas las variaciones que, ante los nuevos conflictos, se devalúa lo que la experiencia aconseja: estudiar el ayer para predecir el mañana. Porque mirar hacia atrás y ver cómo se solventó determinado problema, puede que en la actualidad, más que orientarnos, nos despiste. Por ejemplo, ¿a qué modelo acudir para vislumbrar una posible resolución del conflicto entre el Podemos de Pablo Iglesias e Irene Montero frente a la opción de Íñigo Errejón y la candidatura de Más Madrid? ¿Hay que remontarse al cerco de alianzas de Stalin contra Trotksy o, como apuntan otros, lo acertado es repasar las estrategias de los Lannister en ‘Juego de Tronos’, la serie de ficción que el líder de Podemos regaló al rey Felipe VI para que «le dé las claves sobre la crisis política de España»? Quizás Pablo Iglesias descree del viejo proverbio ajedrecístico: «Una vez terminada la partida, el rey y el peón vuelven a la misma caja». Acaso supone que él forma parte de un juego al que le corresponde un destino más confortable que a las otras piezas del tablero.

Cómo acabará la crisis en la Venezuela de Maduro, a quien Pedro Sánchez acaba de llamar tirano en su viaje a Puerto Rico: «Somos socialistas porque defendemos la libertad. Quien responde con balas y prisiones a las ansias de libertad y democracia no es un socialista, es un tirano». Nada de indirectas. ¿Será suficiente con reconocer a Guaidó como presidente para evitar el enfrentamiento civil y el baño de sangre? «El poder está siempre en manos de quienes tienen el ejército», advirtió Tolstoy un siglo antes de que nos envolviera la neblina líquida de la globalización.

¿Cuándo se resolverá el conflicto de los taxistas en Madrid? ¿Resulta efectivo estudiar el pasado para predecir el futuro? ¿Hay que refrescar la memoria colectiva respecto a lo que supuso la revolución industrial, cuando las luchas se planteaban por la mano de obra y de jornales que destruían la mecanización y los avances de la ciencia? ¿Cuántos se han enterado ahora de la ‘guerra’ económica que enfrentó hace cien años a los primeros taxis con quienes guiaban precisamente los coches de caballos? Un servicio que se extinguió… ¿Cuántos ciudadanos ‘maldicen’ a diario las gigantescas transformaciones (con bajas incentivadas, prejubilaciones, expedientes de regulación de empleo o despidos) que acarrean las nuevas tecnologías digitales en el sector financiero, en el sector del automóvil o en miles de empresas de comunicación en todo el mundo? ¿Cuántos deploramos que en la banca, por ejemplo, además de clientes, las empresas nos hayan convertido a la vez en sus ‘propios’ trabajadores, previo adelgazamiento de las plantillas a niveles raquíticos?

Así que en tiempos volátiles y de incertidumbre, volver la vista al pasado no anticipa de por sí predicciones correctas del futuro. Al contrario, sospecho que deberemos acatar el pesimismo lúcido de Aldous Huxley: «Quizá la mayor lección de la Historia es que nadie aprendió las lecciones de la Historia».

Juan Domingo Fernández

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Blog personal del periodista Juan Domingo Fernández


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