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Autor: JDF8453
Más Zidanes que Pavones
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Juan Domingo Fernández | 17-11-2016 | 8:55| 0

Dice el escritor John Irving que un mal escritor es alguien cuya vida resulta más interesante que su obra. Si trasladamos el postulado al universo de la política lo más probable es que el fotomatón dispense al minuto el retrato robot de Pedro Sánchez…, o el de algún político similar, de esos en quienes cuenta más la gestualidad que el programa, de los que son percibidos con más carga anecdótica que enjundia.
En tal sentido se expresa Felipe González en la entrevista que publica la revista francesa ‘Politique Internationale’. El veterano líder socialista carga de forma sucinta y demoledora contra Pedro Sánchez: «Dudo que pueda hablar más de media hora sobre España». Quizás sea una maldad, pero no una exageración. Repasando la trayectoria de Pedro Sánchez desde que decide obviar su condición de ‘interino’ en la secretaría general socialista, mi impresión personal es coincidente con la de Felipe González. De ahí que, según creo, lo mejor que le ha podido pasar al PSOE en estas calamitosas circunstancias sea desprenderse del ‘lastre’ de un secretario general como él, y no por motivos personales, sino políticos. Estoy seguro de que nunca más en la historia del Partido Socialista podrá encaramarse hasta el cargo de máxima responsabilidad un dirigente con el ‘perfil’ político de Pedro Sánchez. Lección aprendida y tras la que el viejo partido fundado por Pablo Iglesias está pagando (y seguirá haciéndolo bastante tiempo) un precio altísimo, quizás excesivo incluso para el país. En tiempos de ‘calma chicha’ política y de estabilidad duradera, la irrupción de un cargo directivo como Sánchez hubiera sido metabolizada por el sistema sin mayores contratiempos. Pero en las circunstancias en que se encuentra España y buena parte de la política del occidente democrático, solo hay cabida para auténticos líderes, para eso que en la calle se denomina «animales políticos» y enfrentan, con capacidad y solvencia, los retos de una cancha de juego donde solo sobreviven las estrellas. Una encrucijada –por decirlo con jerga futbolera– en que se precisan más Zidanes que Pavones. Aunque nadie sobre en el equipo.
Empecinarse en análisis con base más sentimental que racional es la manera más directa de cebar la catástrofe. Nadie sana, o sea, nadie progresa, si el diagnóstico es erróneo, se trate de una persona, de una formación política, de una institución o de un país.
Respecto a Felipe González, me parece que se puede discrepar de la trayectoria que ha mantenido desde su etapa previa a la muerte de Franco, durante su etapa al frente de los gobiernos socialistas o tras su paso por la Moncloa. Pero cuestionar el peso específico de sus juicios políticos me parece que solo cabe en quien se ha familiarizado en exceso con las anteojeras ideológicas o con la negación de la evidencia. Basta leer unas pocas líneas de la entrevista en ‘Politique Internationale’ sobre los movimientos populistas para percibir que estamos ante opiniones contundentes y veraces.

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De la pasión y las obras nutricias
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Juan Domingo Fernández | 11-11-2016 | 11:59| 0

En el mundo hay libros y autores nutricios y autores y libros infecundos; juzgados, claro está, de manera personal, no con pretensión generalizadora. Para mí han sido fértiles y estimulantes por ejemplo los libros de Borges, de Monterroso, de Cervantes, de Laurence Sterne… entre otros muchos. Pero imagino que cada lector puede elaborar una lista de obras que le despertaron el afán creativo o la necesidad de acudir a nuevas historias para enriquecer su universo literario. Un fenómeno que no se limita únicamente a las creaciones de ficción sino que abarca cualquier fruto del espíritu humano, desde los tratados de filosofía y de historia hasta los manuales de ciencias humanas y las enciclopedias de arte. Desde la exposición o el cuadro que nos abre la puerta a estéticas insospechadas hasta la película o la música que literalmente nos traslada a un universo fértil, abonado al trabajo creativo.
Esa efervescencia y vitalidad que se adivina en la exposición ‘Los fauves. La pasión por el color’ que la Fundación Mapfre mantendrá abierta en Madrid hasta el 29 de enero de 2017. Una muestra donde se comprueba cómo la pasión por los colores puros y la intensidad en la pincelada condujo a un grupo de artistas entre los que estaban Matisse, Derain, Maurice de Vlaminck y Braque a romper con ciertos planteamientos estéticos periclitados, anhelantes de cambios para avanzar en nuevas formas de mirar la vida y plasmar las emociones.
Supongo que un cataclismo similar al de los ‘fauves’ debió sentir Elías Canetti cuando profundizó en el ‘Leviathan’ de Hobbes, al que considera –entre los pensadores no atados por ninguna religión– como el más importante y el que más le impresiona por la radicalidad de su pensamiento. Canetti, premio Nobel de Literatura de 1981, admira en Hobbes el hecho de que no esconde el poder bajo un velo pero tampoco lo glorifica, «lo deja simplemente como está». Dice de él que supo lo que es el miedo y que vivió «el primer período de la Historia Moderna, el siglo XVII», de «un modo consciente y reflexivo». «Desde que existe Hobbes, ocuparse de Maquiavelo tiene sólo sentido histórico», añade en su libro ‘La provincia del hombre. Carnet de notas 1942-1972’, obra deslumbrante y lúcida donde Elías Canetti se refiere fervorosamente a ‘Leviathan’ como uno de esos libros «que le aguzan a uno el ingenio, no libros que le paralizan por estar ya exprimidos y agotados desde hace tiempo». Fuentes nutricias.
De igual estirpe debe de ser la pasión que impulsó a Stefan Zweig a trazar los perfiles biográficos de Balzac, Nietzsche, Dickens, Stendhal, Tolstoi, Dostoiesvski… y a Fernando Savater a escribir su ameno y divulgativo ‘Aquí viven leones’, ocho viajes sentimentales a los lugares clave y a la obra de otros tantos maestros de la literatura universal: Shakespeare, Valle-Inclán, Allan Poe, Leopardi, A. Christie, Alfonso Reyes, Flaubert y Stefan Zweig. Libros y autores nutricios al cuadrado.

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De Eugenio D'Ors a Mark Zuckeberg
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Juan Domingo Fernández | 03-11-2016 | 9:55| 0

Un principio considerado valioso en nuestra sociedad es la aspiración a lo que Eugenio D’Ors resumía como «la obra bien hecha». Por encima de vanidades momentáneas o satisfacciones pasajeras, al final en la vida de cualquier persona lo que cuenta según el juicio dorsiano es la obra bien hecha. Lo que trasciende de cada hombre, lo que permanecerá en la memoria es la nota obtenida al intentar «la obra bien hecha». En el trabajo, en la profesión, en la vida. El de «la obra bien hecha» es un concepto recurrente en los homenajes de jubilación y en la glosa profesional a quien anda ya con un pie en el estribo… Y del mismo modo que en la reunión de cualquier empresa aparece antes o después la palabra ‘sinergia’, no hay elogio de una vida laboral más o menos intensa en que no se acuda al paradigma dorsiano de «la obra bien hecha».
Las cosas no obstante creo que están cambiando. Eugenio D’Ors formuló esa idea pedagógicamente tan fructífera en una conferencia pronunciada en la Residencia de Estudiantes de Madrid en 1915. Hace más de un siglo. Ha llovido desde entonces. Por medio mundo se han desarrollado –quizás desde mucho antes, tal vez desde siempre– valores y principios en clara contradicción con el ideal de D’Ors. Frente a dicho precepto no es que haya triunfado el paradigma de la chapuza, de lo liviano, de lo intrascendente o sin enjundia, pero es evidente que han prosperado objetivos incompatibles con él: las prisas (desde la comida basura hasta la cocina rápida, por ejemplo), lo perecedero (desde la obsolescencia programada hasta las malas copias) incluyendo millones de productos de serie ajenos al trato primoroso, personal, artesano.
Durante años conservé entre mis papeles la fotografía de una pieza tallada de marfil con un título revelador: ‘Bola que dura una vida’. Aquel objeto me transportaba hacia el concepto de arte excepcional, único, prodigioso. Contemplar aquella bola de marfil tallada con unas formas y geometrías imposibles constituía en sí mismo una aventura y me suscitaba imágenes y preguntas acerca de cómo sería el hombre que la talló, con qué instrumentos, durante cuánto tiempo, con qué finalidad… Tenía algo de astrolabio esférico y de miniatura china. La obra bien hecha. Más aún, la perfección.
Pero la aspiración a la excelencia ya no es referente en los mismos términos en que lo formuló D’Ors. Al menos en el ámbito de las nuevas tecnologías y de la sociedad de la información. Se atribuye a Mark Zuckeberg, creador y dueño de Facebook esta frase: «’Hecho’ es mejor que ‘perfecto’». No comparto ese principio. A esa frase no le daría el «me gusta» de Facebook. ‘Hecho’ es peor que ‘perfecto’. Sobre todo a la larga. La perfección, como la objetividad en periodismo, no existe en términos absolutos, por eso debe ser siempre una aspiración, pero renunciar a dicha meta equivale a cosechar antes de tiempo, sin el fruto granado. Dimitir de ese objetivo, de ese anhelo, es apostar por la provisionalidad y lo liviano. Puro humo, aunque rentable.

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Política real y de ficción
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Juan Domingo Fernández | 27-10-2016 | 9:16| 0

En España la filosofía política está más cerca de ‘Juego de Tronos’ que de Shakespeare o Isaiah Berlin. Y así nos va. Se percibe la realidad igual que si se tratara de episodios de una serie guionizada e interpretada por los principales líderes, que a ratos nos parecen personajes de los ‘Simpson’, de ‘Borgen’ o ‘Los Soprano’.
Así cristalizó la imagen de un Rajoy indolente cuya principal virtud sería sentarse a esperar y ver pasar el tiempo con la esperanza de que desfile también ante la puerta el cadáver de su enemigo… La consagración del viejo principio de Cela: «El que resiste, gana».
Decía el poeta chino Mei Yaochen que la condición invencible reside en la defensa, pero las oportunidades de victoria en el ataque. ¿Ha ganado Rajoy el primer asalto por su defensa? ¿Lo perdió el anterior secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, por no calcular bien ‘su’ ataque al pretender convertirse en secretario general permanente en vez de interino, ignorando quiénes eran y a qué agrupaciones ganadoras pertenecían los militantes que le habían puesto allí? «Lo que depende de mí puedo hacerlo; lo que depende del enemigo nunca está garantizado», concluye Mei Yaochen.
En nuestra realidad guionizada el líder de Podemos puede proclamar (reinterpretando a Marx) que el cielo no se toma por consenso sino por asalto, que la crisis terminará cuando el miedo cambie de bando o que hay que crear «poder popular» luchando en la calle antes que en el Parlamento. Pero no ha podido precipitar a un PSOE descabezado y dividido –a pesar de la hiperbólica campaña de reproches que mantiene activa desde hace meses– para que salte al vacío imprevisible de las terceras elecciones… Y Podemos seguirá siendo la tercera fuerza política, una concentración de siglas y corrientes sometidas por otra parte a potentísimas tensiones centrífugas cuya evolución es difícil de prever.
En nuestra política guionizada el ritmo de los acontecimientos puede ser vertiginoso. Pero a la misma velocidad que llegan los acontecimientos, se olvidan. ¿Quién recuerda ahora aquel famoso «No. Punto. No vamos a entrar en Podemos. Punto», de Tania Sánchez cuando pertenecía a la IU encabezada por Cayo Lara? ¿Quién recuerda la forma y las circunstancias en que fue fulminado nada menos que el secretario de Organización de Podemos Sergio Pascual? ¿‘Juego de Tronos’, ‘Borgen’ o ‘Los Soprano’». Da igual. Episodios que la actualidad consume y enseguida transforma en género perecedero, en mera anécdota.
La clave en el plano de la filosofía política y de nuestra propia realidad es diferenciar lo anecdótico de lo esencial, las voces de los ecos. Los movimientos puramente tácticos de los estratégicos. En todo el arco político. Las decisiones que conciernen a la mayoría constitucional del país, a los intereses de quienes representan más de dos tercios del Congreso de España. He citado otras veces la respuesta que me dio Savater cuando le pregunté por su definición de héroe: «Aquel que no olvida su destino, su misión». Espero que en la encrucijada actual los personajes de nuestra realidad política actúen como héroes o al menos estén a la altura del guión.

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El Planeta y los piratas
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Juan Domingo Fernández | 20-10-2016 | 8:36| 0

El pasado fin de semana asistí en Barcelona a la celebración del 65 aniversario del Premio Planeta de novela. Durante la conferencia de prensa previa al fallo uno de los miembros del jurado desveló con calculado ‘suspense’ los temas y líneas argumentales de las diez novelas finalistas. Entre la multitud de periodistas y blogueros convocados a la cita en el Recinto Modernista de San Pau, la puesta en escena resultaba sugerente y distendida. Sin embargo, hubo un capítulo que me resultó inquietante: el que dedicaron José Creuheras, presidente del Grupo Planeta y Jesús Badenes, director del Área de Libros, a denunciar la piratería cultural.
Creuheras se refirió a la piratería como «la gran amenaza», «un atentado a la cultura y un robo». «No es justo», dijo, «que no se premie la labor de los escritores». Más allá de algún dato esperanzador: el repunte de un 3% en las ventas durante 2016 gracias al crecimiento de libros de ficción y de literatura infantil y juvenil, el verdadero desafío para un grupo como Planeta, –el primero de lengua española y entre los diez primeros del mundo– es ensanchar el número de lectores en español, es decir, extender los límites de un mercado de 500 millones de personas.
Al día siguiente el jurado desveló que la ganadora del Premio Planeta era Dolores Redondo con la novela ‘Todo esto te daré’, una historia ambientada en la Ribeira Sacra y sin relación directa con las tramas y personajes de su popular ‘trilogía del Baztán’. Y el finalista, Marcos Chicot, con ‘El asesinato de Sócrates’, ambientada en la Grecia clásica.
Tras la gala de entrega Dolores Redondo explicaba ante los periodistas que ‘Todo esto te daré’ es «una novela sobre la codicia», «sobre las alianzas que se forjan alrededor de la codicia» y asimismo «un alegato contra la impunidad» y sobre la búsqueda de la verdad y la amistad de hombres adultos. Una obra con la que rinde homenaje a sus primeras lecturas: ‘El Padrino’, de Mario Puzzo o las novelas de Agatha Christie, que retrata la historia de una familia y de sus secretos en un territorio, la Ribeira Sacra gallega, donde desde hace siglos «la gente ha sometido un paisaje».
Marcos Chicot reconoció que ha buscado el equilibrio entre el rigor que exige la realidad histórica y el ritmo de una trama de ficción a fin de «entretener y ser interesante». ‘El asesinato de Sócrates’ es «una novela de personaje». Alguien le preguntó si en estos momentos Sócrates entraría en política y Chicot descartó esa posibilidad. «Sócrates no era capaz de no decir lo que pensaba».
Habrá que aguardar a su publicación pero creo que ambas novelas plantean –como suele ocurrir con las creaciones literarias relevantes– dilemas morales profundos; conflictos característicos de la condición humana, por encima de la anécdota o de lo episódico. Observándolo sin apasionamiento también parece relevante el dilema moral que plantea la enésima denuncia de los directivos de Planeta contra la piratería cultural. ¿Pero servirá de algo? ¿Se quedará solo en largo lamento? ¿Tendrá esa historia un final feliz?

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Sobre el autor Juan Domingo Fernández
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