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Autor: JDF8453
Los impuestos y el ‘selfi del mono’
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Juan Domingo Fernández | 14-09-2017 | 7:27| 0

LA oenegé FACUA-Consumidores ha denunciado abusos detectados en bares y restaurantes como cobrar por los cubiertos, por el hielo para un café, por el mantel de la mesa, usar el servicio y otras arbitrariedades por el estilo. Entre picos, palas y azadones, mil millones… La lista de conceptos susceptibles de ser rentabilizados vía impuestos debe de ser tan larga como el afán escrutador del ministro Montoro.
Así de golpe, los intentos de convertir en mero paganini a quien solo busca comer en el restaurante o tomarse algo en el bar pueden parecernos atrabiliarios o desvergonzados, pero bien pensado no es una práctica tan extraña. Basta compararla por ejemplo con la interminable serie de conceptos por los que una entidad financiera, sin ir más lejos, puede cobrarnos comisiones. Yo recuerdo todavía el escándalo que supuso permitir legalmente a la banca que penalizara a los clientes por la devolución anticipada de los créditos. O las ahora famosas ‘cláusulas suelo’. O el oneroso rescate con la excusa de que dejar caer a la banca sería incurrir en ‘riesgo sistémico’… Al lado de semejantes enjuagues, cobrar por el cubierto en la mesa se queda solo en pillería infantil.
La fijación de impuestos suele ir unida al reconocimiento de un derecho. Un tribunal estadounidense decidió el pasado lunes que los derechos del famoso ‘selfi del mono’ que se hizo en Indonesia el macaco Naruto al apoderarse de la cámara del fotógrafo David Slater no pertenecen al mono (en realidad hembra de macaco negra con cresta) sino al dueño de la cámara, aunque el fotógrafo deberá donar el 25% de los ingresos que obtenga en el futuro por el «selfi del mono» a organizaciones dedicadas a proteger y mejorar el hábitat de Naruto y de los macacos negros de Indonesia.
¿Pagar impuestos por los robots? Bill Gates, fundador de Microsoft, cree que sería una buena medida a medio plazo para luchar contra los puestos de trabajo que destruirá la la progresiva automatización y el uso masivo de la inteligencia artificial. El secretario general de UGT, Pepe Álvarez, también defiende la posibilidad de que coticen los robots si esas máquinas sustituyen a trabajadores.
¿Debe incluirse entre los paganinis de impuestos a quienes se pasan el día pidendo a Siri o a su correspondiente asistente virtual que les resuelvan tales o cuales cuestiones? ¿Dónde fijar los límites? Y sobre todo, ¿quién se encargará de hacerlo? ¿La ONU?
La periodista y abogada Ángela Murillo planteaba ayer tarde en Facebook una cuestión que ella misma intuye polémica: «A riesgo de que me linchen, opino que los 25.000 perros que viven en Badajoz deberían pagar un impuesto. En otras ciudades los dueños ya pagan una cantidad simbólica por el uso y abuso de la vía pública». Era el breve comentario a una noticia de HOY que enlazaba en su muro: «El parque canino de Badajoz tendrá 7.000 metros cuadrados junto al Puente Real». En fin, que los carguen en la cuenta de Naruto, o en las de los blindados ante el ‘riesgo sistémico’.

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Orígenes, el ‘procés’ y la energía nuclear
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Juan Domingo Fernández | 07-09-2017 | 7:35| 0

Uno de los equívocos públicos más hilarantes de los que tengo noticia se lo oí contar hace años a su protagonista, el escritor Fernando Sánchez Dragó. Resulta que el autor de ‘Gárgoris y Habidis. Una Historia Mágica de España’, acababa de dar una conferencia y una periodista le solicitó un breve resumen de la charla. El escritor había ensalzado el ejemplo paradigmático del viejo filósofo Orígenes, del que se dice que decidió castrarse para tener menos ‘distracciones’ en su afán diario. En resumen, un modelo de compromiso para cualquier autor insobornablemente implicado con la tarea creativa. La periodista no debió entender muy bien a quién se refería porque al día siguiente el titular de la entrevista, a varias columnas, dejó patidifuso al escritor: «Fernando Sánchez-Dragó: ‘A los escritores había que castrarlos como aborígenes’».
Otro equívoco formidable es el que relata Rafael Chávarri, de Onda Cero Madrid, en el libro ‘Historias de la canalla’ que coordinaron los periodistas extremeños Max Bernáldez y Alonso Carretero. Aquel día en la emisora tenían como invitado en el programa ‘Lo que hay que oír’ a un técnico asesor en materia nuclear que estaba hablando de centrales nucleares y energía atómica cuando se dio paso a un oyente que se dirigió a él y le dice:
«–Oiga, le quiero preguntar porque tengo un problema en el pene, y eso que acaba usted de explicar es lo que me pasa a mí…».
Cuenta Chávarri que «a medida que el oyente desarrollaba su pregunta, el técnico en seguridad nuclear ponía cara de asombro y un ataque de risa generalizado empezó a desatarse en el estudio». Como en los trucos de magia, la solución del enredo resulta más prosaica que el artificio de la ilusión: a la misma hora se emitía desde Tenerife un programa donde también participaban los oyentes y el invitado era un urólogo. En vez de llamar a Tenerife, el del ‘problema en el pene’ llamó a Madrid y la lió parda.
Más o menos igual que lo que está sucediendo estos días en Cataluña con Puigdemont y cía. Visto con perspectiva, imagino que el disparate del ‘procés’ y el coqueteo inconsciente con la sinrazón que se vivió ayer en el Parlamento de Cataluña nos parecerán escenas sacadas de una comedia de equívocos donde se confunde al filósofo Orígenes con ‘aborígenes’ y por un descarrachante equívoco se acaba pidiendo consejo sobre problemas en el pene a un técnico en materia nuclear.
Nunca tan pocos hicieron tanto daño a tantos. Aunque más sangrante que el latrocinio que intentan ‘camuflar’ algunos con la bandera del separatismo es el ‘robo’ descarado y tramposo de siglos de convivencia y de un futuro en común que se pretende anular con odio y mentiras. Confío en que al final se imponga la razón y alguien –aunque no sé quién– pueda reconducir todos estos episodios disparatados y esperpénticos. No solo por el bien de España en su conjunto sino por el de Cataluña en particular.

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La felicidad y el futuro
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Juan Domingo Fernández | 10-08-2017 | 11:49| 0

Dice el psiquiatra Luis Rojas Marcos en una entrevista que le hace Íñigo Domínguez en ‘El País’ que el ser humano está programado para el optimismo y que esa es la mejor herramienta para afrontar el discurso del miedo tan vigente en nuestro tiempo. Poco días antes, en otra entrevista de Víctor M. Amela en ‘La Vanguardia’, Chökyi Nyima Rimpoché, monje y maestro de budismo tibetano en Nepal afirmaba que la bondad es la base de la felicidad y la salud. Y descendía a los detalles: «La única política justa será la basada en la bondad. Un político bondadoso, que ame al otro, jamás será injusto ni corrupto». Es decir, la felicidad como un estado al que se llega cuando sabes apreciar lo que tienes, a través de la calma y la ‘bondad plena’ que equivalen a «querer lo mejor para el otro, regocijarte de sus éxitos y felicidad».

Reconozco que no siento particular inclinación por la literatura de autoayuda ni por esas filosofías multirremedios de manual. Pero es curioso, Rojas Marcos no se limita a enunciar una frase bonita, relaciona por ejemplo la importancia que tiene en Estados Unidos esa condición optimista frente a Europa, –más proclives a la «cultura de la queja»– en las tasas de suicidios: mientras en Europa siempre se sitúan entre un 8 o un 9 por 100.000, en los ‘optimistas’ y ‘felices’ USA esas tasas no aumentan. El valor antropológico de la felicidad.

En el caso del monje budista, su lección me resulta tan familiar como la gran recomendación cristiana: «ama a tu prójimo», o todas las tesis vinculadas a la felicidad (eterna) que se contienen en las bienaventuranzas.

Cuando releo una de las frases de Chökyi Nyima Rimpoché: «La única política justa será la basada en la bondad. Un político bondadoso, que ame al otro, jamás será injusto ni corrupto»…  confieso sin embargo que enseguida esbozo una sonrisa no tanto porque descrea de la tesis sino porque imagino a cualquier estratega electoral de España recetando a sus huestes la medicina de la bondad con el adversario. Y la sonrisa asciende a carcajada si busco mentalmente algún ejemplo que pruebe de forma empírica la recomendación del tibetano…

Probablemente la relación entre felicidad y optimismo y entre bondad y felicidad esté ya siendo reformulada por la ciencia a través de algún algoritmo que nos alegrará la existencia, sin necesidad de psiquiatras o de monjes budistas… Algún programa o alguna aplicación que nos redirija, como el GPS del espíritu, hacia modos de vida placenteros: un país pongamos por caso donde los jóvenes obligados a marcharse por la crisis puedan regresar sin sucumbir en los ‘trabajos basura’; un país donde el cambio climático no sea considerado una ‘posverdad’; donde los populismos tengan fecha de caducidad; donde no haya crisis de crecimiento; donde el futuro no lo escriban las grandes plataformas tecnológicas. Un futuro en el que Trump o el líder norcoreano solo quepa imaginarlos dentro de un cómic y donde se castiguen por ley, –y de una vez por todas– las llamadas durante la siesta para que cambiemos de compañía telefónica.

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Del cónsul burlón y ozú con el Facebook
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Juan Domingo Fernández | 03-08-2017 | 9:02| 0

La destitución fulminante del cónsul español en Washington por mofarse del acento andaluz y de Susana Díaz me recuerda aquella humorada de «no me importa que fume si a usted no le importa que le vomite encima». La justicia poética de la reciprocidad.
Ya saben la historia: con motivo de la visita de la Reina a Málaga el pasado 20 de julio el diplomático puso en su Facebook (solo para sus amigos) un post ridiculizando el habla andaluza y a la presidenta de la Junta de Andalucía: «Hay q ver q ozadia y mar gusto la de la susi, mira que ponerse igual que letirzia, cmo se ve ke n sabe na de protoculo ella tan der pueblo y de izquieida. Nos ha hecho quedar fatá a los andaluse dimicion ya».
Pocas horas después y tras haber exigido la Junta la reprobación por el comentario en la red social, el ministro de Exteriores, Alfonso Dastis, destituyó de inmediato a Enrique Sardá Valls como cónsul en Washington. Donde las dan las toman.
Reniego del falaz argumento de que el ya excónsul tiene derecho a título personal de mofarse de quien quiera aunque no le asista ese derecho cuando lo hace en su condición de responsable público. A mí me parece que lo alarmante de verdad no es que la mofa y el escarnio la cometan un albañil, un taxista o un diplomático; lo alarmante no es que la perpetre fulanito de tal o menganito de cual sino que se efectúe a través de las redes sociales. Aquí el medio también es el mensaje. Y la condición de responsable público un mero agravante.
Así que la pregunta no es ¿dónde hemos llegado que hasta los servidores públicos se mofan de forma improcedente de las autoridades o representantes del Estado? La pregunta sería ¿dónde hemos llegado que hasta los servidores públicos utilizan las redes sociales para burlarse en público?
Mi buen Yorick convendrá conmigo que tras el ejemplo de Donald Trump en lo relativo a redes sociales, la parodia supuestamente desenfadada del excónsul en Washington se queda casi en travesura infantil. Sin embargo lo alarmante sería aceptar como referencia o precedente válido ese tipo de exabruptos, tales comportamientos indebidos en las redes sociales. Ya se sabe que las redes son un albañal, una cloaca, pero han llegado para quedarse. Por esa razón especialmente, porque han venido para quedarse y no constituyen un fenómeno efímero es preciso conocer sus posibilidades y sus peligros.
Se ha repetido mil veces: las redes son un instrumento, una herramienta, y como tales no cabe juzgarlas ‘malas’ o ‘buenas’ en sí; depende del uso que hagamos de ellas. Una pared de la calle puede servirnos para fijar anuncios útiles o hacer pintadas insultantes. Con las cuentas de Facebook y Twitter ocurre igual. Tal vez sea cuestión de tiempo. Visto así, la destitución fulminante del cónsul contribuya a diluir la fatal sensación de impunidad en Internet. Quien la hace la paga.

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¿Quién escribirá los nuevos esperpentos?
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Juan Domingo Fernández | 27-07-2017 | 8:13| 0

Sin ánimo de parecer frívolo, confieso que mi curiosidad mayor respecto al referéndum de octubre en Cataluña no se refiere tanto a cómo caerá la moneda (con perdón) sino a quién será el autor capaz de resumir para la posteridad esta época esperpéntica. Si Valle-Inclán inmortalizó en el primer tercio del siglo XX los disparates de una sociedad conquistada por sus propias caricaturas y Albert Boadella anticipó los excesos de Pujol and company en su genial ‘Ubu president’, lo que me gustaría conocer ya mismo es cuántos cuadernos de notas lleva emborronados el autor que inmortalizará los desvaríos del independentismo y el pandemónium del ‘procés’.
La vieja frase de Marx de que los grandes hechos y personajes de la historia se repiten primero como tragedia y luego como farsa se nos antoja también un calco profético de la situación catalana durante la II República (la fase trágica) y en estos últimos años del bucle soberanista (la fase cómica). Qué película ha perdido Berlanga.
La aparición sobre el escenario de la farsa de unas pocas figuras: Yoko Ono, Peter Gabriel o Hristo Stoichkov… –firmantes de la campaña soberanista «Dejad votar a los catalanes»– viene a poner la guinda foránea, la pincelada colorista en su afán por ‘internacionalizar’ el conflicto en busca de relevancia. Y es comprensible, pues la facción separatista procura así atenuar los rotundos rechazos cosechados en las instituciones europeas y en el resto del mundo democrático. Y me parece que persigue también contrarrestar las voces disidentes de nombres de prestigio como los de Juan Marsé, Eduardo Mendoza, Javier Cercas, Jordi Évole, Javier Sardá, Isabel Coixet y tantos otros, que muestran estos días su rechazo o distancimiento con el fondo y las formas del referéndum separatista.
Por eso, si abrimos el foco, la comparecencia ayer de Mariano Rajoy declarando como testigo en la Audiencia Nacional por el ‘caso Gurtel’ resulta desde luego bochornosa y poco edificante por tratarse de la cabeza visible de un gobierno democrático europeo. Pero más allá de esas paradojas temporales, de la jugarreta del calendario, no cabe oponer la posible ‘ilicitud’ de su comportamiento político y personal para justificar o ‘legitimar’ la estrategia y los procedimientos de Puigdemont y cía. Entre otras cosas porque aun siendo relevante el problema de la corrupción en el PPy en el conjunto de España, se trata de un problema coyuntural, episódico, mientras que el llamado ‘procés’ es un problema estructural, no circunstancial, fundado en un desafío a la lógica, a la historia y a la ley del que tan solo caben esperar repercusiones imprevisibles y desde luego catastróficas.
Así que con este panorama acaso la mejor salida sea incurrir doblemente en el marxismo (el de Karl y el de los hermanos de Groucho), confiando en que la farsa del ‘procés’ y del referéndum del 1-O se resuelva con risas y sin llantos. Y que la escriba un autor con futuro.

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Sobre el autor Juan Domingo Fernández
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