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Autor: JDF8453
Doña Celia y la jubilación del albañil
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Juan Domingo Fernández | 18-01-2018 | 8:21| 0

A cuenta de la jubilación y del futuro de las pensiones, Celia Villalobos, veterana diputada del PP y presidenta de la Comisión de Seguimiento del Pacto de Toledo, ha vuelto a encender la polémica con unas declaraciones que alimentan a la vez la indignación y el desasosiego. «Hay que favorecer que los trabajadores tengan una mochila que se llevan a la empresa donde van con un fondo privado, que no necesariamente tiene que ser de un banco sino un fondo de la empresa donde tú puedes meter dinero», aconseja ante la previsible necesidad de ‘reforzar’ sus pensiones los empleados que ronden los 45 años…
Ocurre que oír en el mismo discurso los términos «pensiones» y «fondos privados» es para ponerse a temblar. Y más si quien habla preside precisamente la Comisión de Seguimiento del Pacto de Toledo. Dice Hermann Hesse que «cuando se teme a alguien es porque a ese alguien le hemos concedido poder sobre nosotros». En este caso el poder es nada menos que el del partido en el Gobierno. La declaración de Celia Villalobos que más alboroto ha causado ha sido otra, sin embargo: «Hay ya un número importante de pensionistas que está más tiempo en pasivo, es decir, cobrando la pensión, que en activo, trabajando», que es un ‘reproche’ descomunal al que quiso quitar hierro apostillando que es debido «gracias a Dios, y eso es una gran noticia», a que «nos morimos cada vez más viejos y cada vez mejor». ¿Qué decir? Tal vez la mejor respuesta se la ha dado en las redes sociales Julio Pérez, periodista de ‘El Faro de Vigo’ con un texto mínimo pero demoledor, que ayer había sido retuiteado en cerca de 10.000 ocasiones: «Mi padre, albañil, tiene 64 años. Lleva 47 cotizando. Con sus manos deformadas por el esfuerzo, el frío y el calor, no podría jugar al Candy Crush. No le queda otra que esperar a los 65 para evitar una pensión miserable. Lecciones, señora Celia Villalobos (6.000 €/mes), a otros».
En este problema me temo que no caben las simplificaciones. No se puede cambiar el reglamento a mitad de partido. Ni se puede ‘generalizar’ respecto al tiempo trabajado y las expectativas de vida porque aunque estas últimas es obvio que aumentan año tras año, no lo hace el primer factor, es decir: la vida laboral de millones de españoles, a duras penas sorteando aún los vericuetos de una crisis económica y financiera de la que únicamente han sido víctimas, no responsables.
Así que lo inquietante de las declaraciones de Celia Villalobos no es tanto la música (lo relativo al tiempo que se ‘disfruta’ la pensión) sino la letra: las alusiones explícitas a los planes de pensiones y a los fondos privados. Lagarto, lagarto. Cuando no te fías del uso que puede hacerse del dinero público desde el poder es cuando me entran los temblores y me acuerdo de la frase de Hermann Hesse que he citado más arriba. La pensión máxima en España (ahora) son 2.570 euros. Con lo que ella cobra como diputada por supuesto que querrá trabajar hasta los 80. Yo en su lugar tampoco lo dudaría.

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Nuccio Ordine y sus ‘Clásicos para la vida’
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Juan Domingo Fernández | 11-01-2018 | 8:33| 0

CUENTA Nuccio Ordine, filósofo y profesor de Literatura italiana en la Universidad de Calabria, que durante quince años todos los lunes en el primer semestre leía a sus alumnos breves citas de escritores, filósofos, artistas o científicos a los que luego dedicaba media hora de comentarios y debate. A esas clases se sumaban además de sus alumnos habituales, muchos estudiantes matriculados en otros departamentos humanísticos y científicos, «o incluso», añade Ordine, «amigos de los asistentes, atraídos simplemente por la curiosidad de escuchar la palabra de un poeta o un novelista».
Esos textos los fue transformando en una columna semanal para el prestigioso suplemento del ‘Corriere della Sera’ e integran ahora la compilación reunida en el libro ‘Clásicos para la vida. Una pequeña biblioteca ideal’ (Acantilado), del que G. Steiner ha escrito: «Pocos libros sobre la relación entre el arte, la literatura y la historia de las ideas resultan tan apasionantes y luminosas como el de Nuccio Ordine».
De alguna forma este libro es una vuelta de tuerca a su ensayo ‘La utilidad de lo inútil’, donde cargaba lúcidamente contra lo que denomina «la dictadura del provecho», el sentido mercantilista de la universidad y vindicaba una vuelta a las humanidades como el mejor antídoto contra la barbarie. Una vuelta a las humanidades y a los clásicos.
Por aquí desfilan la experiencia vital de Albert Camus y su conmovedora carta al señor Germain, su maestro en la escuela; el ejemplo de Cavafis y el simbolismo del poema ‘Ítaca’ (lo que importa es el viaje, no la meta) hasta las hondas lecciones de Nietzsche acerca del ‘bálsamo’ que constituye en cualquier aprendizaje la lentitud y la filología.
Ordine nos incita a profundizar en las obras de Hipócrates, Platón, Thomas Mann, Maquiavelo, Marguerite Yourcenar, Goethe, Stefan Zweig, Borges, Giordano Bruno, Rilke, Dickens, Primo Levi, Cervantes, Boccacio, Daniel Defoe, Gracián, Ariosto, Rabelais, Saint-Exupéry, Montaigne, Swift, Molière, Ben Jonson, García Márquez, Montale, Plauto, Homero, Balzac, Guy de Maupassant, Flaubert, Italo Calvino, Czeslaw Milosz, Rostand, Montesquieu, John Donne, Pessoa, Estuart Mill, Albert Einstein…
Creo que el mérito de Ordine no consiste solo en la selección de obras y autores, sino en la jerarquización (por decirlo así) de su mirada. Cuando habla de Saint-Exupéry, por ejemplo, glosa este fragmento de su obra inacabada ‘Ciudadela’: «No confundas el amor con el delirio de la posesión, que causa los peores sufrimientos. Porque al contrario de lo que suele pensarse, el amor no hace sufrir. Lo que hace sufrir es el instinto de la propiedad, que es lo contrario del amor». ¿Alguien desvela con más acierto la clave de la violencia machista actual? A mí me parece este libro un festín de sabiduría y lucidez. Y de compromiso con Europa, el Hombre (con mayúscula) y la cultura. Ordine rehuye lo moralizante y estetizante, pero nunca lo moral. Y nos regala el testimonio de clásicos, –entre otros el Thomas Mann de ‘Los Buddenbrook’– con las contradicciones del capitalismo, la conciencia y los negocios.

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Álvaro Valverde
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Juan Domingo Fernández | 04-01-2018 | 6:46| 0

Para mí los Reyes Magos se han adelantado este año con la pequeña antología poética de Álvaro Valverde ilustrada por Esteban Navarro que acaba de publicar la Editora Regional de Extremadura en su colección ‘El Pirata’. Pero no temas, mi buen Yorick, no voy a incurrir en la osadía de ensayar aquí ninguna crítica o reseña profesional entre otras razones porque ya lo ha hecho, –lúcidamente como acostumbra– el crítico y profesor Simón Viola en su blog de literatura ‘Notas al margen’. Tampoco incurro en exageración si digo que Álvaro Valverde es uno de los ‘grandes’ de la poesía española contemporánea, y me acojo, para revalidar mis palabras, al juicio de críticos literarios y antólogos tales como José Luis García Martín, Miguel García Posada, Luis Antonio de Villena, Juan Cano Ballesta, Andrés Soria Olmedo, Ángel Luis Prieto de Paula, José Enrique Martínez…; me acojo a la bibliografía selecta incluida en este pequeño volumen o mejor aún: al imperturbable testimonio de las hemerotecas desde hace treinta años.

De ahí que encuentre digna de aplauso la publicación de este libro para difundir entre los más jóvenes la obra de un escritor que se queda deliberadamente en su tierra y funda un ‘territorio’ poético que trasciende sin embargo lo personal y nos abarca a todos y al mundo. Lo expresa mejor Jordi Doce en su introducción a Álvaro Valverde ‘Un centro fugitivo’, antología poética (1985-2010) publicada por La Isla de Siltolá. Ahí puede leerse: «Desde la publicación de ‘Territorios’ en 1985, esta poesía se ha esforzado por dar testimonio veraz del paso de un hombre por el mundo. Un pasar en el que la conciencia y los sentidos tratan de aprehender cuanto parece apartarse o escapar de su camino, esto es, el tiempo mismo con sus limos y sedimentos». (…) «El prodigio de la poesía radica precisamente en esto. Que solo el poeta dotado de una voz y un mundo personales, distintivos, es capaz de hablar en nuestro nombre, mostrar en qué radica nuestra vida».

Me parece también un acierto que la antología se abra con ese poema que seleccionó José Luis García Martín en ‘La generación de los 80’ y en el que Álvaro Valverde parece fijar los límites de su paraíso cuando habla de: «Hojas de acanto y rosas, / una vieja piedra de molino y enramadas, / el suelo tejido de una hiedra fresca. / (…) Aquí, en el huerto sombrío / donde las horas son luz tamizada / y del limón aroma./ Hagamos de este lugar un territorio». Y cuyo revés, a modo de eco, percibo en el poema ‘Estela’, de ‘Ensayando círculos’, texto en cuyos versos finales resuena la musicalidad de la ‘Canción a las ruinas de Itálica’, de Rodrigo Caro: «Viajero que ahora pasas, / ten presente / que estas ruinas fueron / andamios una vez, / hombres silbando». La vida misma.

Yo no quitaría, claro está, ninguno de los poemas seleccionados pero hubiera incluido el ‘Entonces la muerte’ (4) de su libro ‘Desde fuera’, al que Fernando Aramburu (el autor de ‘Patria’) dedicó en el Suplemento de cultura ‘Territorios’ una página iluminadora que yo creo que vale por toda una galería de reconocimientos y premios.

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Cataluña y Tabarnia tras el espejo
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Juan Domingo Fernández | 28-12-2017 | 8:01| 0

Ha bastado la humorada formidable de Tabarnia para catapultar a las huestes independentistas al diván del psiquiatra. Menuda inocentada, ya que la prensa seria no las incluye en sus páginas el 28 de diciembre… El descoloque lo resumen las redes sociales con un par de imágenes y una metáfora: «donde las dan, las toman», «probar de su misma medicina» y «Tabarnia es un despiadado espejo para nacionalistas, es el reflejo de su insolidaridad y de su pesadez. Pero también es el coste, muy real, que pagarán quienes promuevan un referéndum de autodeterminación. En Quebec fue mano de santo», que es el tuit que puso el dirigente de Cs Girauta el martes 26 en su página oficial.
¿Qué es Tabarnia? El neologismo surgido de contraer las palabras Tarragona y Barcelona, dado que en las comarcas costeras de esas dos provincias se concentra la mayoría de los votantes constitucionalistas, contrarios a las veleidades del ‘procés’. Tabarnia, que posee ya su bandera, está dispuesta a un futuro referéndum para que ellos puedan constituir una comunidad autónoma ajena a Cataluña pero vinculada de pleno derecho a España y a la Unión Europea… Ellos creen que ‘el resto de Cataluña’ (puesto que son contribuyentes netos, no como las regiones interiores de Lérida y Gerona, con menos renta y desarrollo) ‘les roba’ y también tienen «derecho a decidir».
Tabarnia es un espejo, claro está. Una hipótesis. La posibilidad de ‘otra’ organización política donde quedan patentes todas las contradicciones del nacionalismo independentista, esa carcunda añeja cebada con tópicos de cartón piedra y supremacismo. Ha bastado que alguien reactivara en las redes sociales la iniciativa de impulsar una Tabarnia libre («¡Free Tabarnia!», «¡Tabarnia is not Catalonia!») para que surja la carcajada general y el mosqueo cambie de bando. Para que frunzan el ceño quienes llevan tiempo dando la tabarra y desviando el argumento cuando se les hace ver, como en el cuento, que el emperador está desnudo…
Tampoco cabe esperar mucho más que unas sonrisas. Aunque a los acérrimos separatistas Tabarnia les anticipe los peligros del aprendiz de brujo y las consecuencias de ser tratado con la propia medicina, me temo que ellos seguirán contumaces en el error e inasequibles al desaliento. Firmes en el pasado…
Pero resulta reconfortante la explosión de ingenio y buen humor que han suscitado en las redes sociales los episodios acerca de Tabarnia. Y al son de las bromas los hay que sueltan la pullita: «nada de Oteguis en Tabarnia» o referencias a que no admitirán tractores por la Diagonal… Este renacer no le quita gravedad al ‘problema catalán’ pero al menos –entre veras y burlas– abre un paréntesis por el que se cuelan las sonrisas. Como las de la cuenta de Twitter de un tal Kim-Junq-ueras @norcatalan que dice: ‘Yo estoy fastidiado con lo de #Tabarnia, pero lo mío no es nada al lado de Pedro Sánchez intentando decir «nación de naciones de naciones» sin trabucarse’. Para que luego digan.

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La Fundéu, el destripe y el Balón de Oro
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Juan Domingo Fernández | 21-12-2017 | 7:16| 0

La Fundéu, ese benemérito organismo en pro del buen uso del español en los medios de comunicación ha desvelado cuáles son los doce vocablos candidatos a convertirse en palabra del año 2017. En 2013 el término elegido fue ‘escrache’, al que siguieron ‘selfi’ (2014), ‘refugiado’ (2015) y ‘populismo’ (2016).
Las doce seleccionadas en esta edición han sido: ‘aporofobia’, ‘aprendibilidad’, ‘bitcóin’, ‘destripe’, ‘machoexplicación’, ‘noticias falsas’, ‘odiador’, ‘soñadores’, ‘superbacteria’, ‘trans’,‘ turismofobia’ y ‘uberización’.
El trabajo diario de la Fundéu, –quizás un comando operativo más cercano y menos encopetado que la Real Academia– prueba esa verdad incontrovertible de que los auténticos dueños de una lengua, de un idioma, son sus hablantes.
Hay palabras y expresiones que gozan de una presencia muy viva durante cierto tiempo pero su vuelo finalmente resulta alicorto; términos y vocablos más efímeros que esas ‘palabras moribundas’ que selecciona y comenta desde hace años el programa de RNE ‘No es un día cualquiera’. Como en las colecciones de moda o en el universo de los inventos, algunos hallazgos surgen vigorosos, perduran y consiguen incluso fundar una estirpe mientras otros con menor fortuna solo llegan a flor de un día y nunca acarician la gloria del registro en el Diccionario.
De las palabras finalistas este año, la ganadora se dará a conocer el viernes 29 de diciembre. A mí me parece que bastantes de las escogidas tienen que ver con la desquiciada realidad que ha generado el ‘procés’ en Cataluña y en el resto de España. Por ejemplo las expresiones ‘odiador’, ‘aporofobia’, ‘noticias falsas’, ‘turismofobia’…, todas ellas vinculadas a la burbuja de ‘fantasía emocional’ y tergiversación histórica que viene alimentando caprichosamente la carcundia separatista en sus variadas modalidades y siglas.
Sin embargo, presiento que al final triunfarán vocablos como ‘destripe’ (en lugar del horroroso ‘spoiler’) o ‘uberización’, relacionadas con el mundo de las nuevas tecnologías, de la economía colaborativa y también con aquella ‘cultura mosaico’ formulada por Abraham Moles que anticipa nuestro tiempo y nos envuelve.
Se admiten apuestas, aunque parece indiscutible que la Fundéu está tocada por el instinto del acierto. En la edición del año 2016 triunfó ‘populismo’ pero también competían ‘cuñadismo’, ‘vendehúmos’, ‘posverdad’ o ‘videoarbitraje’, términos desde luego nada efímeros ni moribundos. No conozco la mecánica interna para la selección de la palabra ganadora, pero como en el caso del ‘Balón de Oro’, que hay año que repite Messi y otros Cristiano Ronaldo, yo propongo que pueda repetir un vocablo ganador si consta su abultada presencia en los medios y el uso generalizado entre los hablantes. De aceptarse la norma quizás comprobaríamos que, por su condición galáctica, las palabras ‘populismo’, ‘posverdad’, ‘destripe’… podrían alzarse año sí y año también con el ‘balón de oro’ del ámbito hispanoablante
–incluido Cataluña, aunque haya a quien le pese.

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