Hoy
img
Autor: JDF8453
Gramsci y el ratón
img
Juan Domingo Fernández | 11-02-2016 | 10:53| 0

Lo que importa es el tiempo, el ritmo de los acontecimientos, el discurrir de la vida. Antonio Gramsci lo resumió con menos palabras: «El tiempo es lo más importante: es un simple sinónimo de la vida misma». He recordado esas palabras del filósofo y político italiano al hilo del inteligente artículo que firma el economista y periodista Ignacio Muro en el digital ‘bez’, donde analiza la particular «encrucijada» en que se encuentra Podemos ante el dilema histórico de pactar o no con un PSOE que con toda probabilidad también lo hará a su vez con Ciudadanos.
Al margen de aspectos como el itinerario político y electoral que se abren a la principal formación de izquierda y a los movimientos emergentes, el trabajo de Muro repara en una circunstancia que para mí es clave y determinante: la imperiosa necesidad de ganar tiempo que acucia al PSOE y a Podemos. Una situación según Muro que exige «inteligencia y paciencia y, sobre todo, equipos cohesionados y liderazgos claros capaces de generar confianza. Ninguno de los dos puede desgastarse en luchas estériles. Los dos necesitan ganar tiempo mientras colaboran. Pedro Sánchez debe consolidarse como secretario general del PSOE pero también Podemos debe cohesionar mucho más sus equipos y espacios de influencia, algo que necesita tiempo y energías».
De ahí que ambos ‘desaconsejen’ la celebración de nuevas elecciones no con la boca chica sino quizás como consecuencia lógica de que el platillo de la incertidumbre de hoy pesa más en la balanza que el de las expectativas de mañana. O dicho al estilo humorístico con que se vaticina en México: «Lo más seguro es que quién sabe».
Aunque a corto plazo podría ‘tener razón’ Gramsci y ser el tiempo el factor más relevante para consolidar estrategias comunes y acuerdos entre PSOE y Podemos, yo estoy convencido como los griegos clásicos que el destino es el carácter, y el carácter es lo único que perdura en el hombre. ¿El paso de los días contribuirá a que Pedro Sánchez se acabe revelando como un líder firme, capaz? La tenacidad es una condición necesaria pero no suficiente. La sentencia de Marx (Groucho) aguarda a la vuelta de la esquina: «Surgiendo de la nada hemos alcanzado las más altas cimas de la miseria». Los partidos políticos reclaman –me parece que casi por principio– liderazgos fuertes, que no quiere decir ‘autoritarios’. Al líder se le exige la suficiente mano izquierda para conmover y la suficiente mano derecha para usar la firmeza aunque sea dentro de un guante de seda.
Seguramente Pedro Sánchez no va a examinarse en su particular reválida con Mariano Rajoy (contra el que corre el reloj y la imagen de un partido agujereado por los casos de corrupción) sino con Pablo Iglesias, un ejercitado ‘populista’, ducho en las puestas en escena de la ‘nueva política’. En este punto es cuando me acuerdo de Pedro Sánchez y de lo que decía Graham Greene: «Nunca convencerás a un ratón de que un gato negro trae buena suerte». Y yo sospecho quién es el gato.

Ver Post >
Y viva el vino
img
Juan Domingo Fernández | 04-02-2016 | 10:07| 0

Decía Rabelais que hay más borrachos viejos que médicos viejos. Estos días triunfa en las redes sociales la noticia de un simpático hombre de Vigo que ha muerto a los 107 años tras una vida bebiendo únicamente vino, según sus familiares. Bueno, vino tinto y aguardiente destilado por él mismo, sin conservante alguno. Entre los comentarios que ha generado la noticia los hay para todos los gustos. Una compañera del periódico dice que la información es «una apología de la cirrosis» y alguien escribe que «si no hubiera bebido vino ni aguardiente llega a los 115 años». Mariano Rajoy y José María Aznar habrán exclamado simplemente «¡Viva el vino!»
A mí lo que me parece más prodigioso no es que este señor que se llamaba Antonio Docampo y cuya historia dio a conocer ‘La Voz de Galicia’ haya vivido más de cien años bebiendo únicamente vino tinto, sino que además de no probar el agua fuera capaz de echarse al coleto más de un litro y medio de tinto en cada comida. Que ya son ganas de beber. Según cuentan sus familiares, durante el desayuno tomaba un chupito de aguardiente «para despertarse con energía» y la prueba incuestionable de su envidiable salud es que le recetaron por primera vez un antibiótico a la provecta edad de 103 años… Poco gasto en farmacia.
Esta misma semana Diego Algaba nos recuerda en su columna de HOY y en su blog ‘Migas Canas’ que un «buen cliente nunca se emborracha. Al bar no se entra para beber sin control sino para relacionarse» y que «los jóvenes prefieren beber a la intemperie todo en una noche». Tiene razón Diego porque me parece además que los jóvenes no se emborrachan con vino, ‘comunitariamente’, desde hace décadas sino que conquistan incluso el coma etílico durante el ‘botellón’ con alcohol destilado y no precisamente en una destilería privada como Antonio Docampo.
El vino y los bebedores han dado páginas gloriosas a la literatura. Está hasta en los salmos bíblicos: «El vino alegra el corazón del hombre». En la descripción que Francis Bacon hace del confort y de lo apetecible no falta naturalmente el vino: «Vieja madera para arder, viejo vino para beber, viejos amigos en quien confiar, y viejos autores para leer». Ni en los ambientes donde se mueven ciertos personajes de Mike Harding: «Ese tipo hizo una vez que le amputaran los dedos de los pies para poder estar más cerca de la barra del bar».
Yo creo que el vino hay que tomarlo con moderación, por muy bien que le haya ido en la feria de la vida a Antonio Docampo. Para ser preciso y haciendo patria chica, confieso mi debilidad por La Macera, un ‘coupage’ con uva graciano, garnacha tintorera, shyraz y cabernet sauvignon procedentes de cultivos ecológicos de pequeños productores de Extremadura que además se vende a un precio que ronda los 13 euros.
Así que el vino, en la comida y con los amigos. O dicho al modo de Franklin: «Toma consejo del vino, pero decide después con agua».

Ver Post >
Palabras, negociación y respeto
img
Juan Domingo Fernández | 28-01-2016 | 9:50| 0

«Hablar, tienen que hablar». Ese es, resumido, el argumento central de la política española desde hace más de un mes. El mantra del universo opinante. Que hablen los de derechas y los de izquierdas, los de centro y los nacionalistas. Los que defienden la unidad de España y los que están decididos a desunirla mediante procesos de ‘desconexión’. Que hablen los que no están dispuestos a que todo siga igual y los que están dispuestos a que todo cambie. Que hablen quienes van a poner coto de una vez a la corrupción y los que además de poner coto van a exigir que se devuelva lo robado. Que hablen los que han visto cómo sus hijos se han tenido que ir ya al extranjero para buscarse la vida y los que confían en que sus hijos no tendrán que hacerlo. Que hablen quienes creen en Merkel, en la troika y en la UE actual y quienes creen que hay modelos más aconsejables en países con regímenes personalistas que encima son grandes productores de petróleo. Que hablen quienes saben cómo puede instaurarse la sanidad universal y la educación gratuita sin necesidad de instaurar una dictadura y los que aspiran realmente a una sociedad más igualitaria y más justa. Que hablen los que confían en un Estado moderno que garantice la justicia distributiva y los que sueñan con mantener derechos que solo se justifican en una ‘casa común’, es decir, en un país solidario y una Europa comprometida con los derechos humanos.
Que los diputados/as hablen ahora y traten de conciliar el resultado de las urnas con sentido de la responsabilidad y a ser posible sin demasiadas sobreactuaciones, tan dañinas en la percepción del hombre de la calle a la hora de determinar lo que debe considerarse relevante en política y lo que es mera puesta en escena, pura filfa y postureo.
Es necesario hablar. Con buenas palabras se puede negociar, pero para alcanzar resultados hace falta además de palabras, buenas obras. La pedagogía del ejemplo. Con buenas palabras se puede negociar, pero para engrandecerse se requieren buenas obras. Decía Albertine Necker de Saussure que «las palabras ofenden más que las acciones, el tono más que las palabras y el aire más que el tono».
Basta con rememorar algunos episodios vividos estos días en el Congreso de los Diputados, como la escacharrante presentación de ministros ‘avant la lettre’ –más propia de una comedia de enredos que de una iniciativa política responsable–, para comprender lo significativo que son aparte de las palabras, el tono y el aire con que se dicen. No caben más desencuentros. Aquí no puede aplicarse la estrategia de aquel cura del chiste que en su controversia con un fiel discrepante le abrumó desde el púlpito con exabruptos tan abultados que requirieron la intervención del obispo para pacificarlos. El cura justificaba su actitud como lo más natural: «Él me insulta, yo me cago en sus muertos y ya está el lío armado, señor obispo».

Ver Post >
Arquímedes, la rana y el escorpión
img
Juan Domingo Fernández | 21-01-2016 | 9:31| 0

Se cuenta que Arquímedes dijo para explicar la ley de la palanca: «Denme un punto de apoyo y moveré el mundo». Tal vez sea una leyenda. Lo que sí afirmó en relación a esa ley es que «las magnitudes están en equilibrio a distancias recíprocamente proporcionales a sus pesos». Como en el Congreso de los Diputados.
Sucede que las palancas estrictamente ‘ideológicas’ pueden variar los equilibrios sin que se respete la proporcionalidad del peso. Y no sé bien si puede alcanzarse la estabilidad sobre criterios estrictamente ideológicos, pero no aritméticos, o a la inversa: si podríamos confiar en un equilibrio fundado en simples razones aritméticas y no ideológicas. Ustedes me entienden.
¿Debe abstenerse el PSOE, sin más subterfugios y dejar gobernar al partido que ganó el 20 D aunque lo hiciera sin mayoría absoluta, o debe aprovechar la severa derrota para hacer de la necesidad virtud y procurarse aliados entre todos las formaciones salvo en el Partido Popular? Mi opinión personal es que lo menos dañino para el PSOE (al menos para un PSOE encabezado por Pedro Sánchez) sería permitir la investidura de un dirigente del partido que ganó las elecciones y afrontar la jefatura de la oposición durante la próxima legislatura con rigor, eficacia y trabajo. Con ideas y generosidad. Ejercitando al PSOE en la adversidad y en la travesía de un desierto del que
–si sobrevive–, saldría reforzado y legitimado por la trayectoria moral.
Por el ejemplo.
Elegir otra salida del laberinto y aliarse con fuerzas ideológica y aritméticamente muy heterogéneas podrían convertir a Pedro Sánchez en uno de los personajes de la fábula ‘La rana y el escorpión’. Para cruzar la charca, el escorpión le pide a la rana que le lleve sobre su espalda. La rana se niega aduciendo que entonces le iba a picar. El escorpión contesta que no hará eso, pues ambos se hundirían y morirían. Finalmente la rana acepta y cuando van a mitad de trayecto le clava el aguijón y ella pregunta sorprendida: «¿Por qué lo has hecho? Ahora moriremos los dos». El escorpión responde: «No he podido evitarlo, picar está en mi naturaleza».
La vieja fábula de la rana y el escorpión se ha citado mucho durante las últimas semanas, siempre atribuyendo a Pedro Sánchez el papel de rana y a Podemos y a los nacionalistas el de escorpión. ¿Acaso cabe otro elenco? La percepción mayoritaria según las últimas encuestas es que el PSOE de Pedro Sánchez resultaría ‘fagocitado’ por Podemos si se repiten las elecciones o si él se aviene a un pacto con la formación morada para poder ser investido presidente. Resumido al modo popular: te pongas como te pongas, te pilla el toro. ¿Pero qué ocurriría si en este caso también las apariencias engañan y el reparto de papeles en la fábula de la rana y el escorpión no es el correcto? ¿Qué ocurriría si el actual líder del PSOE es investido y los acontecimientos demuestran al final que en vez de rana él era el escorpión? ¿Picaría?

Ver Post >
Lemas, leyes y actos verosímiles
img
Juan Domingo Fernández | 14-01-2016 | 8:35| 0

Dice un proverbio alemán que no hay ley sin agujero para quien sabe encontrarlo. Respecto a la justicia, es sabido que una cosa es la ley, o el derecho, y otra su intrepretación. Quienes no estamos muy familiarizados con los vericuetos de la justicia y el derecho solemos sorprendernos cada equis tiempo con noticias como esa de que no hubo ensañamiento en el caso del hombre que asestó 70 puñaladas a una mujer o en el de aquel que asestó 49 puñaladas a otro hombre sin que en opinión del tribunal se hubiera producido tampoco ensañamiento alguno. La jurisprudencia está repleta de decisiones en apariencia contradictorias que obedecen sin embargo a desarrollos argumentales fundamentados. Abundan los caminos inescrutables.
Dios me libre de juzgar y decidir si la infanta Cristina ha cometido un delito fiscal y debe ser condenada también en el ‘caso Nóos’. Allá los jueces. Lo que no me parece de recibo es la salida por la tangente de la Abogada del Estado jefe en Baleares cuando aseguró que ‘Hacienda somos todos’ no es más que un lema publicitario, buscando así desligitimar la acusación contra la hermana del Rey. Ya se sabe que la frase no pertenece a ningún corpus de derecho tributario, pero probablemente ha enraizado en un estrato superior: el de la moral pública que todos damos por asumido y con un valor menos perecedero que los artículos de una ley. La prueba de que se trata de un argumento ‘sofista’, endeble, es el monumental escándalo que ha suscitado no solo entre profesionales del ámbito jurídico, incluido el juez Castro, sino entre la ciudadanía en general, acaso lega en materia jurídica pero sobrada de sentido común y de saber empírico como ‘paganini’ de hecho, que es una vía de conocimiento muy digna, muy generosa y de verdad muy patriota. Apostar por ese impermeable del lema para proteger a la infanta me parece que es como intentar que reparemos en el dedo y no en la luna.
Con tal argumentación, en vez de recurrir a su defensa se ha extendido en el imaginario público la percepción de que la infanta es una persona que podría ser objeto de trato preferente, y eso en un país donde el lema «del rey abajo, ninguno» está muy enraizado sobre todo en las últimos tiempos, opera en contra de ella y no a favor. Una cosa es el trato protocolario y otra el respeto fiscal.
Sé de sobra que el pronunciamiento de cualquier tribunal de justicia debe sustentarse en hechos probados y no en consideraciones acerca de lo verosímil o no que pueda parecer el comportamiento de una esposa respecto a las cuentas familiares. Nunca está de más sin embargo que la mujer del césar además de ser honrada lo parezca. Y que la ejemplaridad obligue a todos. A más nivel, más ejemplaridad. La frasecita sobre «el lema publicitario» no ha funcionado como blindaje sino como una patada en mitad del hormiguero. Me recuerda lo que dicen los mexicanos cuando en vez de ayuda presienten que se les agigantarán los males: «No me defiendas, compadre».

Ver Post >
Sobre el autor Juan Domingo Fernández
Blog personal del periodista Juan Domingo Fernández

Otros Blogs de Autor