Hoy
img
Y viva el vino
img
Juan Domingo Fernández | 04-02-2016 | 21:07| 0

Decía Rabelais que hay más borrachos viejos que médicos viejos. Estos días triunfa en las redes sociales la noticia de un simpático hombre de Vigo que ha muerto a los 107 años tras una vida bebiendo únicamente vino, según sus familiares. Bueno, vino tinto y aguardiente destilado por él mismo, sin conservante alguno. Entre los comentarios que ha generado la noticia los hay para todos los gustos. Una compañera del periódico dice que la información es «una apología de la cirrosis» y alguien escribe que «si no hubiera bebido vino ni aguardiente llega a los 115 años». Mariano Rajoy y José María Aznar habrán exclamado simplemente «¡Viva el vino!»
A mí lo que me parece más prodigioso no es que este señor que se llamaba Antonio Docampo y cuya historia dio a conocer ‘La Voz de Galicia’ haya vivido más de cien años bebiendo únicamente vino tinto, sino que además de no probar el agua fuera capaz de echarse al coleto más de un litro y medio de tinto en cada comida. Que ya son ganas de beber. Según cuentan sus familiares, durante el desayuno tomaba un chupito de aguardiente «para despertarse con energía» y la prueba incuestionable de su envidiable salud es que le recetaron por primera vez un antibiótico a la provecta edad de 103 años… Poco gasto en farmacia.
Esta misma semana Diego Algaba nos recuerda en su columna de HOY y en su blog ‘Migas Canas’ que un «buen cliente nunca se emborracha. Al bar no se entra para beber sin control sino para relacionarse» y que «los jóvenes prefieren beber a la intemperie todo en una noche». Tiene razón Diego porque me parece además que los jóvenes no se emborrachan con vino, ‘comunitariamente’, desde hace décadas sino que conquistan incluso el coma etílico durante el ‘botellón’ con alcohol destilado y no precisamente en una destilería privada como Antonio Docampo.
El vino y los bebedores han dado páginas gloriosas a la literatura. Está hasta en los salmos bíblicos: «El vino alegra el corazón del hombre». En la descripción que Francis Bacon hace del confort y de lo apetecible no falta naturalmente el vino: «Vieja madera para arder, viejo vino para beber, viejos amigos en quien confiar, y viejos autores para leer». Ni en los ambientes donde se mueven ciertos personajes de Mike Harding: «Ese tipo hizo una vez que le amputaran los dedos de los pies para poder estar más cerca de la barra del bar».
Yo creo que el vino hay que tomarlo con moderación, por muy bien que le haya ido en la feria de la vida a Antonio Docampo. Para ser preciso y haciendo patria chica, confieso mi debilidad por La Macera, un ‘coupage’ con uva graciano, garnacha tintorera, shyraz y cabernet sauvignon procedentes de cultivos ecológicos de pequeños productores de Extremadura que además se vende a un precio que ronda los 13 euros.
Así que el vino, en la comida y con los amigos. O dicho al modo de Franklin: «Toma consejo del vino, pero decide después con agua».

Ver Post >
Palabras, negociación y respeto
img
Juan Domingo Fernández | 28-01-2016 | 20:50| 0

«Hablar, tienen que hablar». Ese es, resumido, el argumento central de la política española desde hace más de un mes. El mantra del universo opinante. Que hablen los de derechas y los de izquierdas, los de centro y los nacionalistas. Los que defienden la unidad de España y los que están decididos a desunirla mediante procesos de ‘desconexión’. Que hablen los que no están dispuestos a que todo siga igual y los que están dispuestos a que todo cambie. Que hablen quienes van a poner coto de una vez a la corrupción y los que además de poner coto van a exigir que se devuelva lo robado. Que hablen los que han visto cómo sus hijos se han tenido que ir ya al extranjero para buscarse la vida y los que confían en que sus hijos no tendrán que hacerlo. Que hablen quienes creen en Merkel, en la troika y en la UE actual y quienes creen que hay modelos más aconsejables en países con regímenes personalistas que encima son grandes productores de petróleo. Que hablen quienes saben cómo puede instaurarse la sanidad universal y la educación gratuita sin necesidad de instaurar una dictadura y los que aspiran realmente a una sociedad más igualitaria y más justa. Que hablen los que confían en un Estado moderno que garantice la justicia distributiva y los que sueñan con mantener derechos que solo se justifican en una ‘casa común’, es decir, en un país solidario y una Europa comprometida con los derechos humanos.
Que los diputados/as hablen ahora y traten de conciliar el resultado de las urnas con sentido de la responsabilidad y a ser posible sin demasiadas sobreactuaciones, tan dañinas en la percepción del hombre de la calle a la hora de determinar lo que debe considerarse relevante en política y lo que es mera puesta en escena, pura filfa y postureo.
Es necesario hablar. Con buenas palabras se puede negociar, pero para alcanzar resultados hace falta además de palabras, buenas obras. La pedagogía del ejemplo. Con buenas palabras se puede negociar, pero para engrandecerse se requieren buenas obras. Decía Albertine Necker de Saussure que «las palabras ofenden más que las acciones, el tono más que las palabras y el aire más que el tono».
Basta con rememorar algunos episodios vividos estos días en el Congreso de los Diputados, como la escacharrante presentación de ministros ‘avant la lettre’ –más propia de una comedia de enredos que de una iniciativa política responsable–, para comprender lo significativo que son aparte de las palabras, el tono y el aire con que se dicen. No caben más desencuentros. Aquí no puede aplicarse la estrategia de aquel cura del chiste que en su controversia con un fiel discrepante le abrumó desde el púlpito con exabruptos tan abultados que requirieron la intervención del obispo para pacificarlos. El cura justificaba su actitud como lo más natural: «Él me insulta, yo me cago en sus muertos y ya está el lío armado, señor obispo».

Ver Post >
Arquímedes, la rana y el escorpión
img
Juan Domingo Fernández | 21-01-2016 | 20:31| 0

Se cuenta que Arquímedes dijo para explicar la ley de la palanca: «Denme un punto de apoyo y moveré el mundo». Tal vez sea una leyenda. Lo que sí afirmó en relación a esa ley es que «las magnitudes están en equilibrio a distancias recíprocamente proporcionales a sus pesos». Como en el Congreso de los Diputados.
Sucede que las palancas estrictamente ‘ideológicas’ pueden variar los equilibrios sin que se respete la proporcionalidad del peso. Y no sé bien si puede alcanzarse la estabilidad sobre criterios estrictamente ideológicos, pero no aritméticos, o a la inversa: si podríamos confiar en un equilibrio fundado en simples razones aritméticas y no ideológicas. Ustedes me entienden.
¿Debe abstenerse el PSOE, sin más subterfugios y dejar gobernar al partido que ganó el 20 D aunque lo hiciera sin mayoría absoluta, o debe aprovechar la severa derrota para hacer de la necesidad virtud y procurarse aliados entre todos las formaciones salvo en el Partido Popular? Mi opinión personal es que lo menos dañino para el PSOE (al menos para un PSOE encabezado por Pedro Sánchez) sería permitir la investidura de un dirigente del partido que ganó las elecciones y afrontar la jefatura de la oposición durante la próxima legislatura con rigor, eficacia y trabajo. Con ideas y generosidad. Ejercitando al PSOE en la adversidad y en la travesía de un desierto del que
–si sobrevive–, saldría reforzado y legitimado por la trayectoria moral.
Por el ejemplo.
Elegir otra salida del laberinto y aliarse con fuerzas ideológica y aritméticamente muy heterogéneas podrían convertir a Pedro Sánchez en uno de los personajes de la fábula ‘La rana y el escorpión’. Para cruzar la charca, el escorpión le pide a la rana que le lleve sobre su espalda. La rana se niega aduciendo que entonces le iba a picar. El escorpión contesta que no hará eso, pues ambos se hundirían y morirían. Finalmente la rana acepta y cuando van a mitad de trayecto le clava el aguijón y ella pregunta sorprendida: «¿Por qué lo has hecho? Ahora moriremos los dos». El escorpión responde: «No he podido evitarlo, picar está en mi naturaleza».
La vieja fábula de la rana y el escorpión se ha citado mucho durante las últimas semanas, siempre atribuyendo a Pedro Sánchez el papel de rana y a Podemos y a los nacionalistas el de escorpión. ¿Acaso cabe otro elenco? La percepción mayoritaria según las últimas encuestas es que el PSOE de Pedro Sánchez resultaría ‘fagocitado’ por Podemos si se repiten las elecciones o si él se aviene a un pacto con la formación morada para poder ser investido presidente. Resumido al modo popular: te pongas como te pongas, te pilla el toro. ¿Pero qué ocurriría si en este caso también las apariencias engañan y el reparto de papeles en la fábula de la rana y el escorpión no es el correcto? ¿Qué ocurriría si el actual líder del PSOE es investido y los acontecimientos demuestran al final que en vez de rana él era el escorpión? ¿Picaría?

Ver Post >
Lemas, leyes y actos verosímiles
img
Juan Domingo Fernández | 14-01-2016 | 19:35| 0

Dice un proverbio alemán que no hay ley sin agujero para quien sabe encontrarlo. Respecto a la justicia, es sabido que una cosa es la ley, o el derecho, y otra su intrepretación. Quienes no estamos muy familiarizados con los vericuetos de la justicia y el derecho solemos sorprendernos cada equis tiempo con noticias como esa de que no hubo ensañamiento en el caso del hombre que asestó 70 puñaladas a una mujer o en el de aquel que asestó 49 puñaladas a otro hombre sin que en opinión del tribunal se hubiera producido tampoco ensañamiento alguno. La jurisprudencia está repleta de decisiones en apariencia contradictorias que obedecen sin embargo a desarrollos argumentales fundamentados. Abundan los caminos inescrutables.
Dios me libre de juzgar y decidir si la infanta Cristina ha cometido un delito fiscal y debe ser condenada también en el ‘caso Nóos’. Allá los jueces. Lo que no me parece de recibo es la salida por la tangente de la Abogada del Estado jefe en Baleares cuando aseguró que ‘Hacienda somos todos’ no es más que un lema publicitario, buscando así desligitimar la acusación contra la hermana del Rey. Ya se sabe que la frase no pertenece a ningún corpus de derecho tributario, pero probablemente ha enraizado en un estrato superior: el de la moral pública que todos damos por asumido y con un valor menos perecedero que los artículos de una ley. La prueba de que se trata de un argumento ‘sofista’, endeble, es el monumental escándalo que ha suscitado no solo entre profesionales del ámbito jurídico, incluido el juez Castro, sino entre la ciudadanía en general, acaso lega en materia jurídica pero sobrada de sentido común y de saber empírico como ‘paganini’ de hecho, que es una vía de conocimiento muy digna, muy generosa y de verdad muy patriota. Apostar por ese impermeable del lema para proteger a la infanta me parece que es como intentar que reparemos en el dedo y no en la luna.
Con tal argumentación, en vez de recurrir a su defensa se ha extendido en el imaginario público la percepción de que la infanta es una persona que podría ser objeto de trato preferente, y eso en un país donde el lema «del rey abajo, ninguno» está muy enraizado sobre todo en las últimos tiempos, opera en contra de ella y no a favor. Una cosa es el trato protocolario y otra el respeto fiscal.
Sé de sobra que el pronunciamiento de cualquier tribunal de justicia debe sustentarse en hechos probados y no en consideraciones acerca de lo verosímil o no que pueda parecer el comportamiento de una esposa respecto a las cuentas familiares. Nunca está de más sin embargo que la mujer del césar además de ser honrada lo parezca. Y que la ejemplaridad obligue a todos. A más nivel, más ejemplaridad. La frasecita sobre «el lema publicitario» no ha funcionado como blindaje sino como una patada en mitad del hormiguero. Me recuerda lo que dicen los mexicanos cuando en vez de ayuda presienten que se les agigantarán los males: «No me defiendas, compadre».

Ver Post >
«Un muerto de hambre, de asco y de tristeza»
img
Juan Domingo Fernández | 07-01-2016 | 22:38| 0

España tiene una deuda con Cervantes y temo que no se saldará en este 2016 en que se cumplen 400 años de su muerte. En un país donde la factura con ‘El Quijote’ encabeza desde hace siglos la montaña de impagados el compromiso con su autor es aún más grande pues su figura permanece sepultada entre la proyección universal de sus personajes y el contumaz olvido de sus compatriotas. Si ‘El Quijote’ fue traducido y recibido con aplausos desde el primer momento en Inglaterra –de ahí la nutrida lista de seguidores, admiradores y epígonos– en España no ocurrió lo mismo hasta casi dos siglos después, es decir, hasta que sus méritos nos llegaron agigantados por el prestigio ganado fuera de su tierra.

Según el barómetro del CIS, solo uno de cada cinco españoles confiesa haber completado la lectura de ‘El Quijote’ y entre ellos, más de la mitad, el 54,1% reconoce que lo hizo «por motivos de estudio». En fin, como en las películas americanas: «no hay más preguntas, señoría».

En ‘El cuaderno gris’ cuenta Josep Pla la sorpresa que le causó la lectura en enero de 1919 de ‘Vida de Don Quijote y Sancho’, donde Unamuno presenta a Cervantes como «un pícaro» mientras que Xènius (Eugenio d’Ors) sostenía que Cervantes es un ‘pícaro’ «que se convierte, en la segunda parte de la obra, en un irónico trémolo de blando sentimentalismo». A mí lo que me llama la atención sin embargo es la interrogación que abre unas líneas más abajo el propio Pla: «Me pregunto por qué razón no se habla nunca de Cervantes tal como realmente fue: un hombre muerto de hambre, de asco y de tristeza. Es la impresión que da permanentemente a cualquier persona normal que lo lea».

Desde hace años conservo un facsímil del memorial que Cervantes dirigió en mayo de 1590 al Presidente del Consejo de Indias solicitando que se le concediera algún puesto en América en compensación por sus muchos servicios prestados a Su Majestad tras haber combatido en Italia, haber sido herido en la batalla naval de Lepanto, su paso por Túnez y Orán, sus años de cautivo en Argel después de ser capturado en la galera Sol, hasta sus servicios en Portugal o en Sevilla. De ese texto, de casi la misma extensión que una de nuestras Carta al Director, lo que me asombra es la capacidad para resumir en pocas líneas una vida tan densa como la de Miguel Cervantes a sus 43 años de edad, y sobre todo la respuesta que obtiene del Consejo de Indias, la fría y escueta anotación al margen de la instancia en la que se resuelve la negativa únicamente con nueve palabras: «Busque por acá en que se le haga merced». Es decir, llame a otra puerta para ver si le atienden.

Con años y días internacionales para todo, ¿cómo no un año Cervantes? Desde luego que sí. Porque la mejor forma de homenajear a un autor es leyendo su obra, en especial ‘El Quijote’, ese libro genial que de niño hace reír, de joven hace pensar y de viejo hace llorar.

Ver Post >
Acariciándose las cicatrices
img
Juan Domingo Fernández | 31-12-2015 | 12:06| 0

Acaba el año y por estas fechas las columnas de los periódicos se llenan de balances y de citas de poemas de Jaime Gil de Biedma, entre otros el oportuno ‘Píos deseos para empezar el año’ o el ya popularísimo ‘De vita beata’. Es una tradición.
Una tradición a la que se atuvo el periodista Carlos Luis Álvarez (‘Cándido’) quien publicó un artículo titulado ‘El balance’ el 31 de diciembre de 1975
–hace hoy justo 40 años– con el que ganó el Premio Mariano de Cavia. Yo no quiero hablar ahora de ese artículo de ‘Cándido’ sino de otro que publicó meses más tarde titulado ‘El Renacimiento’, en el que mezcla con lúcida ironía estampas de siglos pasados con expresiones y escenas del momento político de España, entonces en plena transición a la democracia. «El último día de la Edad Media oscureció a la misma hora de siempre», arrancaba el artículo. Y al instante, un niño que corría «alegremente hacia la cama de su padre, gritando: ‘¡Papá, papá, el Renacimiento!’». La historía va enriqueciéndose con referencias a predicadores de las cruzadas, ángeles en actitud hierática, «jóvenes que gritaban ‘Se siente, se siente, Fra Angélico está presente’», una pancarta que proclama: «Sin libertad no hay Renacimiento»; provocadores conducidos a las mazmorras; con los «de la Mesta» nada dispuestos «a echar la Edad Media por la ventana» y una referencia a los poderes reales de los años setenta resuelta en cuatro líneas, –cuando todavía había que leer entre líneas– y para cuya interpretación no era precisa demasiada imaginación: «‘El Renacimiento ha venido, nadie sabe cómo ha sido’, decían los más ingenuos. ‘Como que no ha venido’, contestaban los viejos de la localidad, acariciándose las cicatrices».
Acariciándose las cicatrices. Sólo con tal expresión a esa altura del artículo el lector sabía ya de qué pugna entre poderes, de qué lucha de épocas, le estaban hablando. Ahí podía haber terminado la columna, pero incluía la revolera final: «No les faltaba razón. Pasaría mucho tiempo y aún se vería a un hombre gigantesco recitar de rodillas la más dolorosa abjuración que se ha oído nunca: ‘Yo, Galileo Galilei…’. Acaso el Renacimiento no ha llegado todavía», sentenciaba ‘Cándido’.
Muchos años después miro a mi alrededor y trato de adivinar qué hubiera escrito en este final de diciembre Carlos Luis Álvarez a la vista del país sumido en una encrucijada política y social que no llega tras décadas de dictadura sino tras un periodo de libertades políticas y de significativos avances, –aunque con claroscuros– en materia económica, de sanidad, educación… ¿Seguimos en nuestra particular Edad Media? ¿Acaso perviven ‘galileos galileis’ dispuestos a desmentir de manera tajante la llegada del Renacimiento?
Albergo más dudas que certezas. Desconfío de todos los comisionistas del paraíso, y acaso más que ninguno de quien intenta fundar su mérito sobre nuestro descontento pero sin acariciarse cicatriz alguna.

Ver Post >
¿Vuelve el dilema de ruptura o reforma?
img
Juan Domingo Fernández | 25-12-2015 | 10:25| 0

Estos días de aceleradas pugnas políticas me hacen rejuvenecer. No sé a qué dirigente acabo de oírle hablar del «búnker» para (des)calificar a los representantes de otra formación adversaria. La verdad es que el vocablo en ese contexto me sonó a pura antigualla, como las expresiones ‘estraperlo’, ‘gasógeno’, ‘cartilla de racionamiento’, ‘niño litri’…, que solo se oyen en la película ‘Canciones para después de una guerra’ o en las novelas realistas de la llamada ‘generación de la berza’. Más antiguo que los balcones de palo, que decimos en Extremadura.
Eso del ‘búnker’ creo que pertenece a la fraseología de la etapa predemocrática, cuando se discutía si «ruptura» o «reforma» y aún no nos habíamos desperezado de la posguerra y una dictadura de cuatro décadas más la barbarie de un terrorismo ignominioso que puso muertos encima de la mesa un día sí y otro también…
Así que la palabra «búnker» en boca de un político, y con el sentido de dardo que se lanza para dañar, me transporta a los años predemocráticos, cuando aún no había rendido sus frutos la Transición. Y quizás no sea casual ni gratuito que alguien opte por ese término. El lenguaje nunca es inocente. Y más si es lenguaje connotativo.
Vivimos la apoteosis de la etiqueta; la orgía del reduccionismo; la revolución de la consigna, del mensaje corto e incluso del chascarrillo. Pasados por la batidora de las redes sociales, los padres del discurso consiguen que cristalice en el imaginario colectivo cualquier ‘ocurrencia’ con vocación de idea, aunque su relación con una verdad objetiva, racional, verificable, sea inexistente. El caldo de cultivo ideal para el eslogan y la propaganda, como conocen muy bien quienes se mueven de forma habitual con estructuras y en sistemas populistas.
Si es cierto como sostenía el escritor inglés Bulwer-Lytton que «una reforma es una corrección de abusos y una revolución una transferencia de poder», en España estamos a punto de penetrar en el túnel del tiempo y remontarnos a la etapa predemocrática, cuando la porfía central era ruptura o reforma. Es decir, borrón y cuenta nueva o convivencia sobre la base de una legalidad que no cabía improvisar (y sobre todo, que no cabía ‘obviar’) de la noche a la mañana…
La guinda de aquel pastel fue la Constitución de 1978, es decir, el mayor periodo de desarrollo y convivencia en paz de los españoles durante muchos siglos. Yo creo sin embargo que tienen razón quienes consideran necesario remozar y actualizar la Carta Magna. Otra cosa es sugerir lecturas equivocadas de la realidad hasta el extremo de contabilizar como apoyo incondicional a su barricada los ataques de nuestro Don Quijote contra los molinos de viento. Me parece legítimo e incluso imprescindible que se proceda, según la formula Bulwer-Lytton, a la «corrección de abusos», pero para «transferencias de poder», nada sin el visto bueno del pueblo soberano.

Ver Post >
El amigo invisible
img
Juan Domingo Fernández | 17-12-2015 | 21:02| 0

En tiempo de encuestas y sondeos como los actuales a mí me gustaría saber si es cierto que la Navidad tiene tantos partidarios como detractores. Y no me refiero a esa polémica entre quienes se niegan a hablar de Navidad y lo hacen del solsticio de invierno. No, a mí lo que me gustaría saber es si crece el número de personas a las que la Navidad le resulta empalagosa, consumista y hasta ficticia… Yo creo que la Navidad es una fiesta para los niños, pero a medida que crecemos y aumentan inexorablemente las ausencias de los seres queridos, el pulso contra el tintineo de las luces y de los villancicos lo acaba ganando la melancolía y la nostalgia de un tiempo que nunca ha de volver.
Como corresponde a una sociedad de libre mercado donde la ley más sagrada es la ley de la oferta y la demanda, los primeros que ofrecieron un remedio a esa atmósfera de melancolía y descreimiento fueron las agencias de viaje con paquetes especiales para pasar esos días vacacionales disfrutando de la playa, de rutas por el extranjero o en un crucero exótico.
Tengo algún conocido a quien la avalancha de arbolitos, bolas, lucecitas, felicitaciones por wasap y otras muestras azucaradas de amor y bendiciones al son de ‘Jingel bells’ le producen urticaria y le empujan de forma irrefrenable a quitarse del medio durante estas fechas. Se pierde por ahí y desconecta hasta el móvil.
Yo creo que desde que la Navidad se ha ido mercantilizando ha evolucionado hacia una celebración consumista en la que el espíritu religioso inicial ha devenido en simple excusa, en un motivo oportuno sobre el que edificar, año tras año, la celebración.
En este caso me parece que se ha cumplido, paradójicamente, aquella humorada que se atribuye a Cela: «Media España cree en Dios y la otra media en la lotería». Pero mientras el espíritu navideño y la vivencia religiosa pasa muchas veces a segundo plano ante el predominio del aspecto comercial, en el caso de la lotería de Navidad se ha convertido en una verdadera ‘religión’, a lo que han contribuido sin duda las emotivas campañas publicitarias en las que se presenta el sorteo no tanto como un mero ejercicio de consumo sino como una invitación a probar que nos anima el deseo de compartir incluso los sueños de la riqueza. El premio gordo.
Supongo que al mismo ecosistema sentimental pertenece otra de las nuevas supersticiones de la sociedad consumista: la del ‘amigo invisible’, tan de actualidad estos días de comidas y cenas de empresa. Confieso que sobrellevo los ceremoniales del amigo invisible con entusiasta resignación. Porque sé que ayuda a socializarnos y nos permite echar unas risas. Lo que peor llevo, sin embargo, no son los aciertos o las decepciones en los regalos –que de todo hay– sino el empalago de esas frases que he visto (por suerte nunca en mi caso) junto al detalle elegido. Busquen en Google y me comprenderán.
¡Ah!, se me olvidaba, este diciembre además de Navidad, lotería y amigo invisible tenemos elecciones generales. Daría para hablar asimismo de supersticiones, de creencias y de fortuna, pero ya ven que he consumido el espacio. El domingo me limitaré a votar. Será mi premio.

Ver Post >
¿Matar al padre y robar el fuego?
img
Juan Domingo Fernández | 10-12-2015 | 20:38| 0

Observo el panorama político y creo que en estos momentos siento más curiosidad que inquietud. ¿Sobrevive el bipartismo? ¿Llega el tetrapartidismo? ¿Acabará la retroalimentación demoscópica torciéndole el brazo a la propia realidad; es decir, conformando encuesta a encuesta una realidad que dejará de ser ‘virtual’ para materializarse como real, como fruto verdadero pasado por las urnas? El sueño de la razón crea monstruos, pero también los sueños demoscópicos, que se lo digan si no a los venezolanos de la nomenclatura y del presidente Maduro.
Otra de las ideas recurrentes estos días de refriega política es el principio freudiano de «matar al padre», con un reparto habitual en el que Podemos hace el papel de adolescente rebelde obligado a madurar para convertirse en adulto y el PSOE el papel de progenitor. Quizás porque la historia se repite primero como tragedia y después como farsa o acaso por la barahúnda que se percibe en camerinos, a mí me parece que Pablo Iglesias-Podemos en vez de matar a su auténtico padre ‘freudiano’: a Pedro Sánchez-PSOE, se ha cargado a Izquierda Unida y ha relegado al bueno de Alberto Garzón al papel de epígono solitario. Casi anecdótico.
En esto de «matar al padre» Julio Cortázar advierte (él lo hace en referencia a las generaciones literarias) que «hay que matar al padre; es decir, al maestro, al modelo. Pero hay que matarlo en buena ley y no con golpes bajos». Te dejo la cita, mi buen Yorick, yo renuncio a la glosa.
Mi impresión es que en vez de «matar al padre» Podemos únicamente ha ‘navajeado’ (freudianamente, insisto) a varios parientes cercanos aunque sin consecuencias graves… La mayor incógnita ahora es saber si Pedro Sánchez-PSOE se aplicó para sí alguno de los famosos consejos que Polonio da a Laertes en ‘Hamlet’: «Debes ser afable, pero no vulgar en el trato. Une a tu alma con vínculos de acero aquellos amigos que adoptaste después de examinada su conducta; pero no acaricies con mano pródiga a los que acaban de salir del cascarón y aún están sin plumas. Huye siempre de mezclarte en disputas; pero una vez metido en ellas, obra de manera que tu adversario huya de ti».
¿Y en el caso de Albert Rivera-Ciudadanos se registra también un parricidio freudiano respecto a Rajoy-PP? En mi opinión, no. Rivera no sueña tanto con ‘cargarse’ a Rajoy, a quien me parece que políticamente considera más que ‘amortizado’, sino a convertirse en una especie de nuevo Prometeo que robe a los dioses el fuego del ‘centro político’ y se lo quede para su partido como marca de la casa…
¿Teatrapartidismo? En el conjunto de España, tal vez. En Extremadura me parece que seguirá triunfando una especie de bipartidismo ‘con modificaciones’ fruto de la sensatez y de ese viejo y previsor (y si se quiere realista y ‘extremeño’) sentido común que proclama: «Los experimentos, con gaseosa».

Ver Post >
Pintadas e Internet
img
Juan Domingo Fernández | 03-12-2015 | 20:27| 0

Las pintadas han desaparecido de la paredes, aunque algunas sobreviven como okupas en las redes sociales. Con menos riesgos y tal vez con más repercusión. La pintada siempre ha representado un ejercicio de rebeldía, conserva algo de clandestino, el brochazo apresurado de los proscritos del poder. De cualquier poder.
Con el combustible de la transgresión, quien deja su mensaje incendiario en los muros o en las puertas de los servicios públicos está satisfaciendo antes que una reivindicación, esa necesidad tan primaria de proclamar: «Fulanito de tal estuvo aquí». No quiero decir que las antiguas pintadas no tuvieran una clara intencionalidad política, poética, sindical, humorística…, sino que en la naturaleza del impulso primaba acaso el carácter testimonial sobre el reivindicativo.
Alguna vez he contado la impresión que me produjo en los años previos a la transición democrática la pintada que leí en el lavabo de una cafetería salmantina. Alguien había escrito con rotulador negro: «Lee a Marx». Y en otra línea: «Lee a Marcuse». Pasados unos días apareció, escrito en rotulador rojo y como tercer renglón: «Lee Van Cleef». (Para los más jóvenes aclararé que esa tercera recomendación no es ninguna sugerencia lectora sino el nombre de un actor –de ahí el quiebro– entonces muy famoso por películas de éxito como ‘La muerte tenía un precio’ o ‘El bueno, el feo y el malo’.
Años después, en 1978, leí un libro que todavía conservo y que me resultó una revelación: ‘La libertad en el W.C. Para una sociología del graffiti’, de Federico Gan Bustos. En el prólogo del libro Román Gubern escribe unas palabras que podrían aplicarse en estos momentos a algunos comentarios y mensajes en las redes sociales. «El graffiti es probablemente de todos los medios de expresión», señala Gubern, «el más libre y espontáneo, el que remite a un automatismo más puro, protegido como está por el anonimato y libre de toda censura externa. Con su caudal de confesiones, exabruptos o improperios, el grafiti ofrece elementos riquísimos para una sociología del submundo que yace bajo las apariencias y conductas sociales ‘respetables’, que son las que todos –o casi todos– adoptamos en la vida de intercomunicación cotidiana».
En ese libro pueden leerse auténticos disparates y verdaderas joyas de humor. Grafitis y pintadas de gente capaz de reírse de los nacionalismos, de la filosofía, de la represión sexual y por supuesto de la atmósfera política de la época: «La única pasión de mi vida ha sido el miedo (Hobbes) y comerme una rosca pero no lo he conseguido».
Yo sigo prefiriendo la contundencia comunicativa de la pintada, como en la película ‘El Sur’, cuando el jovencito Carioco escribe con tiza en la pared de su amada: «Te quiero» y lo acompaña a modo de firma con su autocaricatura. O esa pintada setentera que con la crisis nos resulta surrealista: «¡Libertad para mi padre, cuarenta años en una fábrica!». Y la última, recién aparecida en una carretera española: «Rajoy, rajao». Para que luego digan que ya todo es Internet.

Ver Post >
Sobre el autor Juan Domingo Fernández
Blog personal del periodista Juan Domingo Fernández

Otros Blogs de Autor