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Etiqueta: convivencia
A Miguel Ángel Blanco, en el recuerdo
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Juan Domingo Fernández | 06-07-2017 | 17:37 |0

La semana que viene se cumplen 20 años del asesinato de Miguel Ángel Blanco a manos de ETA. Yo recuerdo muy bien aquellos momentos del sábado 12 de julio de 1997 porque ese fin de semana estaba trabajando y cuando el joven concejal de Ermua se encontraba todavía entre la vida y la muerte me puse a teclear un artículo para la sección que durante años firmé con el seudónimo de Tristán Buendía en las páginas de HOY de Cáceres. En aquel artículo, titulado «Cabezazos contra el muro de la historia», no solo defendía el valor de la palabra para el progreso humano frente al señuelo de la violencia que consagra la sentencia de Marx: «La violencia es la partera de la historia»; en aquel artículo contaba precisamente cómo la gente de bien de la ciudad al conocerse por la tarde la barbarie de ETA era capaz de sobreponerse a la indignación y al ‘natural’ instinto de venganza, conscientes de que sucumbir a la tentación de una respuesta ‘impulsiva’ sería volver atrás y otra forma de hacerles el juego a los terroristas.
El secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco se producía apenas una semana después de que la Guardia Civil liberase al funcionario de

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¿Vuelve el dilema de ruptura o reforma?
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Juan Domingo Fernández | 25-12-2015 | 10:25 |0

Estos días de aceleradas pugnas políticas me hacen rejuvenecer. No sé a qué dirigente acabo de oírle hablar del «búnker» para (des)calificar a los representantes de otra formación adversaria. La verdad es que el vocablo en ese contexto me sonó a pura antigualla, como las expresiones ‘estraperlo’, ‘gasógeno’, ‘cartilla de racionamiento’, ‘niño litri’…, que solo se oyen en la película ‘Canciones para después de una guerra’ o en las novelas realistas de la llamada ‘generación de la berza’. Más antiguo que los balcones de palo, que decimos en Extremadura.
Eso del ‘búnker’ creo que pertenece a la fraseología de la etapa predemocrática, cuando se discutía si «ruptura» o «reforma» y aún no nos habíamos desperezado de la posguerra y una dictadura de cuatro décadas más la barbarie de un terrorismo ignominioso que puso muertos encima de la mesa un día sí y otro también…
Así que la palabra «búnker» en boca de un político, y con el sentido de dardo que se lanza para dañar, me transporta a los años predemocráticos, cuando aún no había rendido sus frutos la Transición. Y quizás no sea casual ni gratuito que alguien

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Charlie y la libertad
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Juan Domingo Fernández | 09-01-2015 | 12:12 |0

EL terrorismo es por principio la expresión de un fracaso. Apostar por el terror jamás fue una salida de futuro, al contrario, sólo es una vía de escape que conduce a la derrota. Nada más perecedero ni estéril que una victoria a través del terror. Ni siquiera pan para hoy y hambre para mañana, directamente hambre y muerte a la vez. La historia está llena de ejemplos. Y lo digo porque la etiqueta de ‘terrorista’ ha conocido infinidad de modelos en función de quiénes hayan sido las víctimas, quiénes los verdugos y quiénes los que escriban la historia. Los españoles tenemos recientes recuerdos por los que todavía sangra la memoria.
El terrorista no es únicamente un bárbaro, un salvaje, alguien que comete un crimen contra la humanidad. El terrorista es igual de iluso que aquel que pretende edificar sobre arenas movedizas. Sin cimientos. Casi al azar. Yo entiendo que todas estas palabras pueden sonar a retórica cuando aún nos conmueve el asesinato de trece personas en París por terroristas yihadistas. Pero mantienen la validez. Los terroristas ganarán batallas, sembrarán el pánico y el dolor pero nunca han ganado una guerra. Las agujas del reloj de la

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Antifábula de la granja
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Juan Domingo Fernández | 31-10-2014 | 20:12 |0

Durante décadas de progreso, en aquel viejo país la gente vivió alegre y confiada. En todas las aldeas y en todos los pueblos, cada familia tenía su gallinero y recogía los huevos que ponían las gallinas. Había temporadas en que el gallinero producía regular y generosamente y otras en que bajaba algo la producción, pero sin excesivos dientes de sierra. Podemos decir que en el viejo país, donde el gallinero era la principal fuente de producción, la vida transcurría en orden y sin especiales sobresaltos.
Cada familia centraba sus esfuerzos en criar y educar a los hijos, en convivir civilizadamente y en buscar oportunidades de futuro, siempre con observancia de las leyes y respeto al bien común. Gracias al producto que se obtenía de los gallineros, los ciudadanos podían, en mejores o peores condiciones, llevar a sus hijos a la universidad, rehabilitar sus viviendas, adquirir productos de consumo, contribuir a la creación de infraestructuras y bienes sociales, a la dotación de mejores escuelas, hospitales, residencias para ancianos, guarderías, centros de ocio…
La sociedad se desarrollaba sin otros contratiempos que los propios de la naturaleza; es decir,

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Edimburgo en la mirada
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Juan Domingo Fernández | 19-09-2014 | 09:14 |0

Edimburgo, la capital de Escocia, es una de las ciudades europeas más bellas. En su centro histórico los guías de turismo se entusiasman con historias de rivalidad en las que Inglaterra y sus reyes encarnan, invariablemente, a los malvados del cuento. La verdad, sin embargo, es que Edimburgo está salpicada de estatuas de personajes y de enclaves que trascienden con mucho ese pasado de afrentas. Quienes recorren la Royal Mile y alrededores podrán disfrutar con recreaciones de episodios truculentos en pasadizos (los famosos ‘closes’), casas embrujadas, cementerios o edificios cubiertos de años y horrores, pero satisfecha esa parcela de anécdotas –incluida la de Bobby, el perrillo que permaneció casi 15 años junto a la tumba de su dueño– lo cierto es que en Edimburgo los turistas se fotografían también junto al monumento a sir Walter Scott, al lado de las estatuas de Adam Smith y de Sherlock Holmes, o delante de la cafetería, ya reformada, donde J.K. Rowling se refugiaba para escribir las primeras aventuras de Harry Potter. Una ciudad en la que pueden rastrearse los ecos de Robert Louis Stevenson, de Arthur Conan Doyle, de Irvine Welsh, el exitoso autor de

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Vaya usted con Dios
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Juan Domingo Fernández | 06-09-2013 | 19:00 |0

LA primera vez que viajé a Madrid, siendo un niño, hubo tres cosas que me llamaron la atención especialmente: el Museo del Prado, la gran velocidad a que circulaban los vehículos por el Paseo de la Castellana y la ‘mala educación’ de toda aquella gente que se cruzaba en la escalera o en el portal de casa y ni siquiera se saludaban con un «buenos días» o un «hasta luego».
Hace pocos días, en una de esas poblaciones andaluzas que conservan aún la atmósfera y la calidez del pueblo sencillo, caminaba yo por una calle solitaria y peatonal cuando vi que se aproximaba un hombre que avanzaba en dirección contraria. Al cruzarnos, el hombre me sorprendió con un «con Dios» al que respondí de inmediato y cordialmente pero con las décimas de segundo de retraso propias de quien, desprevenido, no espera tal gesto de un extraño en una calle solitaria y en una ciudad que no es la suya. Comportamientos de otras épocas.
En ‘Juan Belmonte, matador de toros’, cuenta Chaves Nogales la anécdota de uno de esos sevillanos para los que no hay nada en el mundo como su Sevilla. Después de mantenerlo a cuerpo de rey en Madrid sin otra ocupación que ver «dónde se vendía

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Hombre razonable
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Juan Domingo Fernández | 25-01-2013 | 20:15 |0

Hace años el periodista Carlos Luis Álvarez, ‘Cándido’, escribió en ‘ABC’ una preciosa columna titulada ‘El elefante y el ratón’. Concebida a modo de fábula, se preguntaba qué ocurriría si un elefante y un ratón discutiesen en el zoo respecto a la jaula que debiera corresponderle a cada uno. Su idea es que seguramente no llegarían a un acuerdo, pero argumentaba que si el ratón se diese cuenta de que el elefante era mucho mayor y el elefante a su vez fuese consciente de que la movilidad del ratón era superior a la suya, la coexistencia entre ambos es posible que fuera un hecho.
Nos recuerda también las diferencias sustanciales entre el corazón del elefante y el ritmo de sus latidos (25 a 28 veces por minuto) y el corazón del ratón y su ritmo cardiaco, bastante más vertiginoso: de 520 a 780 pulsaciones. A partir de ahí el lector entiende que esos dos animales son únicamente el símil que desemboca en el mundo de la política, según el columnista, en el «abismo que separa a las derechas de las izquierdas», aún más distanciadas de lo que podrían estar, por razones biológicas y orgánicas, el ratón y el elefante.
«El elefante opera con

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Sobre el autor Juan Domingo Fernández
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