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Etiqueta: humor
¿Mentiras?, poca broma
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Juan Domingo Fernández | 12-10-2017 | 18:19 |0

Cuando un diplomático dice «sí» quiere decir «quizá»; cuando dice «quizá» quiere decir «no», y si dice «no» no es diplomático. Ese viejo dicho confirma mi buen Yorick que esta patulea de dirigentes políticos, ahora por desgracia en la mente de todos, son ajenos al cuerpo diplomático y por descontado, incompatibles con las mínimas normas de la decencia democrática y legal.
«Si me engañas una vez, tuya es la culpa. Si me engañas dos, la culpa es mía», dejó escrito el filósofo griego Anaxágoras.
A un país como España, experimentado en sufrir durante años ‘treguas trampas’ del terrorismo y otras iniquidades, las argucias de «sí, pero no» le causan forzosamente antes que indignación, vergüenza e hilaridad. Para comprobarlo basta entrar en las redes sociales y carcajearse con los abundantísimos ‘memes’ y parodias que suscitan los últimos episodios del innombrable y poco honorable protagonista.
Como en la vieja fábula, el parto de los montes fue un ridículo ratón. O si acaso, el par de cigüeñas que anida –en uno de los montajes humorísticos– sobre el pelucón del sujeto. O el camarote de los hermanos Marx simulando su salón de

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Pla, Cataluña y los puntos suspensivos
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Juan Domingo Fernández | 21-09-2017 | 17:36 |0

Vuelvo a la relectura de ‘El cuaderno gris’, de Josep Pla, que me reconcilia con una Cataluña bastante distinta de la del ‘procès’. Me adentro en sus páginas con el ánimo de encontrar precisamente el contrapunto a la tragicomedia del separatismo. En Pla me divierte su inclinación al sentido práctico: alguien anuncia que él y sus amigos recibirán cuatro pesetas y enseguida lo traduce: «dieciséis cafés por barba». Recrea escenas populares que tienen más de costumbrismo que de apunte sociológico. «Un pescador de Calella, aficionado a cantar, me dice:
—Me gustaría más saber tocar la guitarra que tener panteón…». Regala al lector el hallazgo del ingenio. Hay un ejemplo fulgurante de ironía que resume al mejor Pla de ‘El cuaderno gris’. Cuenta cómo Eugeni d’Ors habla ante su peña del Ateneo y dice:
«—Los hombres son de dos clases: los que sirven para la Filosofía y los que no sirven para nada…
—Sí, claro –ha dicho Pujols–, pero siempre se exagera…».
Le basta contraponer tal respuesta rematada por puntos suspensivos para subrayar la potencia irónica del descreimiento ante la exageración sentenciosa de d’Ors.
Pla huye

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Del cónsul burlón y ozú con el Facebook
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Juan Domingo Fernández | 03-08-2017 | 20:07 |0

La destitución fulminante del cónsul español en Washington por mofarse del acento andaluz y de Susana Díaz me recuerda aquella humorada de «no me importa que fume si a usted no le importa que le vomite encima». La justicia poética de la reciprocidad.
Ya saben la historia: con motivo de la visita de la Reina a Málaga el pasado 20 de julio el diplomático puso en su Facebook (solo para sus amigos) un post ridiculizando el habla andaluza y a la presidenta de la Junta de Andalucía: «Hay q ver q ozadia y mar gusto la de la susi, mira que ponerse igual que letirzia, cmo se ve ke n sabe na de protoculo ella tan der pueblo y de izquieida. Nos ha hecho quedar fatá a los andaluse dimicion ya».
Pocas horas después y tras haber exigido la Junta la reprobación por el comentario en la red social, el ministro de Exteriores, Alfonso Dastis, destituyó de inmediato a Enrique Sardá Valls como cónsul en Washington. Donde las dan las toman.
Reniego del falaz argumento de que el ya excónsul tiene derecho a título personal de mofarse de quien quiera aunque no le asista ese derecho cuando lo hace en su condición de responsable público. A mí me parece que lo alarmante de verdad

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Mendoza y Trueba
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Juan Domingo Fernández | 01-12-2016 | 19:11 |0

Hay días en que reina la unanimidad en el panorama cultural español, signifique eso, como diría Millás, lo que signifique. Ayer fue una de esas jornadas. La concesión del Premio Cervantes a Eduardo Mendoza –un escritor precisamente de estirpe cervantina– es una de las alegrías que consienten la justicia poética, la del jurado y antes que ninguna la justicia de los lectores.
Mientras que muchos novelistas con gran número de seguidores se sienten estigmatizados por la ‘naturaleza’ que se atribuye a sus obras, en el caso de Eduardo Mendoza el éxito nunca cuestionó que la suya es literatura de calidad, nada de best seller para consumo rápido o novelas de leer y tirar.
Con otro valor añadido: el sentido del humor y la ironía recorren buena parte de su obra y ponderan el descreimiento como un camino certero para mirar y acercarse a la realidad. Incluida, por supuesto, la realidad de la ficción. Recordaba ayer con un amigo la sorpresa y el regocijo que sentí al leer a finales de los años setenta ‘El misterio de la cripta embrujada’, con aquellos personajes y situaciones primos hermanos del teatro del absurdo y perfilados con humor

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Pintadas e Internet
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Juan Domingo Fernández | 03-12-2015 | 20:27 |0

Las pintadas han desaparecido de la paredes, aunque algunas sobreviven como okupas en las redes sociales. Con menos riesgos y tal vez con más repercusión. La pintada siempre ha representado un ejercicio de rebeldía, conserva algo de clandestino, el brochazo apresurado de los proscritos del poder. De cualquier poder.
Con el combustible de la transgresión, quien deja su mensaje incendiario en los muros o en las puertas de los servicios públicos está satisfaciendo antes que una reivindicación, esa necesidad tan primaria de proclamar: «Fulanito de tal estuvo aquí». No quiero decir que las antiguas pintadas no tuvieran una clara intencionalidad política, poética, sindical, humorística…, sino que en la naturaleza del impulso primaba acaso el carácter testimonial sobre el reivindicativo.
Alguna vez he contado la impresión que me produjo en los años previos a la transición democrática la pintada que leí en el lavabo de una cafetería salmantina. Alguien había escrito con rotulador negro: «Lee a Marx». Y en otra línea: «Lee a Marcuse». Pasados unos días apareció, escrito en rotulador rojo y como tercer renglón: «Lee Van Cleef». (Para los más jóvenes

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Distancia y humor
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administrador | 08-05-2015 | 21:14 |0

El humor es una medicina que debe dispensarse sin receta. Y más en ciertas situaciones. El humor puede utilizarse como un filtro que deja pasar la luz pero sin dañarnos ni deslumbrarnos. La realidad observada con sentido del humor resulta menos inhóspita y más tolerable. Por eso nadie habla en contra del humor ni nos previene de sus perjuicios.
De adolescente tuve un compañero de instituto que en cuanto alguien le contaba quejumbroso el desengaño sufrido por algún amor contrariado, siempre le respondía lo mismo: «Pues ahora tú imagínate a X, (la chica de turno) recién levantada dentro del baño…», y proseguía la descripción de la escena con tales detalles escatológicos o subidos de tono que el ‘compungido’ o se echaba a reír o renunciaba de inmediato a buscar consuelo y se alejaba horrorizado por el panorama que le estaban pintando…
Las expresiones de mi compañero de instituto eran bastante indecorosas –yo diría que hasta muy soeces–, pero su proceder sin embargo siempre lo consideramos bienintencionado. Digno de aplauso. En el fondo él recurría al humor como una terapia, lo utilizaba para desprenderle la venda de los ojos a alguien

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Preferible reírse
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Juan Domingo Fernández | 10-04-2015 | 20:39 |0

Al poder no le gusta el humor. Ni andarse con risas. Lo sabían bien los bufones, maestros en el arte de la dosificación y de la supervivencia… Desde los clásicos grecolatinos hasta Boadella. La risa siempre fue más corrosiva que la herrumbre. «El fanatismo y el humor se llevan muy mal porque el primero esconde las contradicciones mientras el segundo las busca», señala un aforismo de Jorge Wagensberg publicado esta misma semana en ‘El País’.
Supongo que por esa razón hasta en las épocas más oscuras y en las circunstancias más adversas el hombre de la calle se las ingenia para que la risa y el descreimiento se transformen en antídotos contra las supercherías –siempre interesadas– del poder. Y que por idéntica razón a los dueños de la risa y del talento no les gusta hipotecar su libertad prestando el ingenio al servicio de quien les paga. Si no les queda otro remedio supongo que lo harán tapándose la nariz y levantando el distanciamiento sanitario de la ironía, igual que aquel cínico autor obligado a ‘sobrevivir’ entre las veleidades del poderoso de turno: «Yo no vendo mi pluma, solo la alquilo».
Así se comprende que el libro ‘El

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Valores equivalentes
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Juan Domingo Fernández | 06-03-2015 | 13:35 |0

Hay un viejo chiste en que dos agentes cumplimentan un atestado en una carretera junto a los restos del accidente. El que redacta el informe repara en un fragmento que está en el suelo y le pregunta al compañero: «¿Cómo se escribe arcén, con hache o sin hache?», entonces el otro le pega una patada al objeto, que sale rodando y le dice al compañero: «pon cuneta». Santas pascuas. 
En la vida diaria ocurre lo mismo, hay quien no se anda con complicaciones. Ante la duda pegan un regate a la dificultad y se acabó la historia. La pieza a la cuneta. Igual ocho que ochenta. El recurso del chiste quizás pueda resultar aconsejable para los estudiantes obligados a sortear la falta de ortografía, sin embargo parece un principio de conducta poco edificante en otros ámbitos de actuación.
Hay circunstancias que son intercambiables, pero todas no, compadre. Por ejemplo, en el vídeo tan polémico estos días (perpetrado al parecer con la benéfica y ¡humorística! intención de echarse algo de incienso los gobernantes del PP de Extremadura) necesitaban la imagen de una Virgen y ¡hala!, para qué complicarse la vida, como al cabo teológicamente todas las Vírgenes son la

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Mejor reírse
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Juan Domingo Fernández | 20-02-2015 | 22:46 |0

Thackeray sostiene que el humor es una de las mejores prendas que se pueden vestir en sociedad. Yo estoy muy de acuerdo con él. Por eso en la historia me resultan más atractivas las miradas de los bufones, ¡ay, mi buen Yorick!, que las ocurrencias de los poderosos. Mejor la sabiduría destilada por quien tiene que sobrevivir a las arbitrariedades del tirano que la ampulosidad afectada del gobernante. Por eso en estos tiempos en que la política se adorna tanto de tramoya y afectación son mucho más elocuentes las intervenciones del caricaturista que las proclamas del caricaturizado. Por eso a la democracia le sienta tan bien el humor. Y por eso mismo los palmeros y turiferarios de cuota se rebrincan y hasta parecen bufar cuando nuestros Quevedo o Marcial o Séneca de ahora señalan la desnudez del emperador correspondiente y se ríen con desparpajo de sus necedades.
Siempre es bueno el humor. Nunca está de más. No hay asunto serio que no tenga su lado cómico, ni tema tan trascendente que no consienta unas risas. Quizás el humor sea el consuelo más certero que existe contra la grandilocuencia, la soberbia o las mentiras con que el poderoso trata de trepar en su

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El valor del humor
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Juan Domingo Fernández | 12-09-2014 | 19:20 |0

EL humor es uno de los remedios más eficaces contra la bobería. No conozco a ningún badulaque con los dos dedos de frente necesarios para pensar por sí mismo y reírse de uno mismo. La gente demasiado solemne que se pavonea y se ufana no me parece fiable y creo que resulta nefasta más pronto que tarde. Carecer de sentido del humor, no dar muestras de la humanidad tolerante que implica la risa, revela alguna tara esencial.
«Más vale reír en una choza que llorar en un palacio», sostiene el dicho popular, a pesar de que todos conocemos probablemente a algún espécimen que se ejercita a diario en el error de la amargura, en el estéril ejercicio del mal gratuito. Los médicos y los responsables de la salud pública deberían poder prescribir productos que nos garantizaran la risa, o al menos la sonrisa, y los gobiernos deberían también disponer de profesionales que nos alegraran la vida, no como empleados de un imaginario centro orwelliano con teles de entretenimiento, sino como esforzados facultativos de la cordialidad, del desinterés y la nobleza.
La verdad es que planteado así suena a utopía o a propuesta de ciencia ficción, pero mucho más utópicos resultan

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Sobre el autor Juan Domingo Fernández
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