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El milagro sueco

2008 octubre 8
por Javier Salguero Bodes

Suecia es uno de esos países que aunque no hayamos visitado nos lleva a pensar en magnífico orden, economía saneada y sin problemas, seguridad ciudadana altísima, etc. Ya en la generación de mis padres se conocía este país por las visitantes veraniegas (no todas son rubias!), ABBA y ese pianista “clavao” a Santiago Segura y por ser una especia de paraíso. La gente de mi generación la asocia también con empresas de éxito, sobre todo IKEA. He estado en Suecia hace unos días. La vez anterior fue cuando atravesamos el país en pos del Cabo Norte, viaje que nos llevó un tiempo desde Madrid, pero muy recomendable para cualquier aventurero. Lamentablemente el precio del combustible es bastante mayor ahora que en 2004.

Estando en Suecia, me preguntaba por qué este país es diferente y por qué se sigue asociando con la bonanza económica, aunque se supone que también está en crisis, la seguridad, etc. Es un milagro?, como el milagro económico español de la década pasada, o es algo más terrenal? Si vas a cualquier espacio público en Suecia, como hace bastante frío, te encuentras en la entrada un guardarropa abierto, sin vigilancia, con infinitas perchas donde puedes dejar todos tus enseres personales, abrigo, mochila, etc. Y a nadie se le ocurre llevarse lo que no es suyo. Los billetes del transporte público, como en otros países, no son revisados frecuentemente, pero los suecos los compran sin pararse a pensar que podrían hacer la pequeña trampa de subirse al tren sin billete y “hacerse el sueco”. La gente usa la bicicleta casi todo el año, a pesar de los rigores del clima.

En los años ’60 comenzaron a abrir las fronteras y en las principales ciudades hay un porcentaje no despreciable de inmigrantes, muchos de ellos exiliados por motivos políticos. Muchos chilenos llegaron tras el golpe de Pinochet y en los últimos años, están llegando muchos kurdos. Los inmigrantes se empecinaron en prosperar y según las estadísticas, la primera generación de inmigrantes, por las dificultades idiomáticas y el tipo de trabajo, suele tener una renta menor que la de los suecos. Sin embargo ocurre lo contrario con la segunda generación, acostumbrada a ver a sus progenitores trabajar de sol a sol (o de luna a luna) y, con una educación pública excelente, se ha instalado en una clase muy emprendedora en este país. Los beneficios sociales de sanidad, educación y vivienda son inmensos, eso sí, tras dejar más de la mitad del sueldo en impuestos. Me comentan un chileno que lleva allí 20 años y nuestro compañero de trabajo Stefan (cuando vamos con él le coreamos lo de “sueco, sueco, sueco,…” de la película “El sargento de hierro”), que unos pocos inmigrantes, sin embargo, se están aprovechando de las medidas sociales sin querer aportar lo suficiente. Sin embargo, la alcaldesa de Uppsala, en la clausura del Congreso al que asistía (los congresos de veterinarios son mucho más familiares que los de médicos y se libran de las agresivas campañas de las compañías farmacéuticas), nos dijo que estaba orgullosa de contar con un 20% de la población no nacida allí por haber llevado sangre nueva a la ciudad. Yo soy inmigrante aquí en Reino Unido y supongo que creamos opiniones muy dispares según la persona a quien preguntes.

De cualquier forma, si dejas caer la cartera con algún billete de 500 coronas asomando, seguramente te la devuelven “ipso facto”.