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Fecha: diciembre, 2015
¿SE PUEDE DESHEREDAR A LOS HIJOS?
Fernando Luna 28-12-2015 | 9:51 | 0

 

Desde hace tiempo, reputados juristas reivindican una reforma del Código Civil para ‘liberalizar’ (digámoslo así) la sucesión hereditaria cuando se ha otorgado testamento, sin que se haya llevado a cabo.

Dicho esto, antes de entrar en harinas hereditarias, conviene aclarar algunos términos, aunque sea sucintamente. En primer lugar, el fallecido puede haber otorgado o no testamento. Para saberlo, es preciso solicitar un certificado de actos de última voluntad al Ministerio de Justicia, al que se anexará un certificado de defunción. Si no ha otorgado testamento, ha de acudirse a un notario para realizar la declaración de herederos; si lo ha otorgado, habrá de estarse al contenido del testamento para la distribución de la herencia, cuyas dos terceras partes deben ir destinadas a los herederos forzosos.

Esto nos lleva, inevitablemente, a constatar quiénes son los herederos forzosos o legitimarios. Pues bien: en lo que ahora interesa, lo son los hijos y descendientes sin que haya discriminación por sexo, edad o filiación, ni entre naturales y adoptados, ni, en fin, entre matrimoniales y no matrimoniales, puesto que todos tienen los mismos derechos hereditarios. Los nasciturus, o hijos que aún no han nacido porque la viuda está embarazada, también son herederos forzosos. En este caso, el reparto de la herencia se pospone hasta que se produzca el alumbramiento.

Los hijos y descendientes heredan necesariamente dos tercios del haber hereditario: un tercio de la herencia (la legítima estricta) se divide por partes iguales entre los hijos, y otro tercio (el de mejora) puede ir destinado a alguno, algunos o todos de los herederos forzosos en la proporción que decida el causante. El tercio restante (el de libre disposición) es de libre adjudicación por parte del testador.

Respecto de los hijos (y demás descendientes) la ley prevé una serie de supuestos en los que estos pueden ser desheredados:

-Haber sido condenado en un juicio por haber atentado contra la vida del testador, de su cónyuge, descendientes o ascendientes.

-Acusar al testador de un delito de presidio o prisión mayor, cuando la acusación sea calumniosa.

-Obligar al testador a hacer testamento o a cambiarlo, mediante amenaza, fraude o violencia.

-El que con amenaza, fraude o violencia, impida a otro hacer testamento, o revocar el que tenga hecho, o suplante, oculte o altere otro posterior.

-Haber negado, sin motivo legítimo, los alimentos al padre o ascendiente que le deshereda.

-Haber maltratado de obra o injuriado gravemente de palabra al padre o ascendiente que le deshereda.

El derecho no se halla en un compartimento estanco, sino que evoluciona fundamentalmente a través de la doctrina que emana de los tribunales. En este sentido, respecto de la última causa enunciada, la doctrina jurisprudencial ha establecido que el maltrato psicológico, como acción que determina un menoscabo o lesión de la salud mental de la víctima, debe considerarse comprendido en la expresión o dinamismo conceptual que encierra el maltrato de obra, sin que sea preciso haber interpuesto una denuncia, sino que se deduzca de los hechos, como por ejemplo, no haber prodigado al difunto los cuidados necesarios en su última enfermedad estando en disposición de prestarlos.

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LAS IMÁGENES DE MENORES EN LAS REDES SOCIALES
Fernando Luna 05-12-2015 | 6:58 | 0

El uso o tratamiento de la imagen de las personas en internet y las redes sociales ha traspasado la línea roja, por lo que se hace necesario hacer algunas reflexiones en general sobre esa convivencia tan estrecha que mantenemos con la red y, particularmente, sobre esta materia tan delicada.

En primer lugar, debemos preguntarnos cuántos menores tienen perfil en redes sociales sin conocer la trascendencia que tiene para la privacidad de la persona; y muchas veces desconociéndolo los propios padres. Inculcar a los hijos una cultura de protección de los datos personales evitará situaciones conflictivas que redundan en perjuicio del menor, y no solo me estoy refiriendo al derecho a su intimidad o a su propia imagen; baste, a estos efectos, una somera lectura de la prensa: coacciones de otros menores, bullying, redes de pederastas, etc. Pensemos, además, que nuestros hijos merecen también construir en un futuro su propio perfil, y no encontrarse con una “biografía” ya realizada por los padres.

Una fotografía digital es un archivo que puede contener información adicional a la propia imagen, como fecha de captura, ubicación, cámara o terminal móvil empleado, identidad de la persona que ha creado el archivo… Esta información se obtiene al leer los metadatos simplemente al buscar en las propiedades del archivo.

Pues bien: hablemos del responsable del tratamiento de una fotografía cuando es colgarla en Facebook, por ejemplo.

De acuerdo con la normativa de protección de datos, el responsable del tratamiento es la persona que decide sobre el uso, contenido o tratamiento en este caso de la imagen o fotografía, y deberá obtener el consentimiento del interesado para el tratamiento de esta salvo que la ley disponga otra cosa.

Si las fotos son usadas por uno de los padres deberá estar de acuerdo el otro progenitor y, en caso de desavenencia, la decisión debe adoptarla un juez. Este criterio subsiste en los casos de separación o divorcio. Sin embargo, si son mayores de catorce años, pueden ellos mismos subir sus propias fotografías u otorgar su consentimiento a otro para que lo haga. De ser menores de 14 años, tal consentimiento deberá ser otorgado por los representantes legales del menor.

La prudencia debe extremarse cuando usamos fotos de menores que no son nuestros hijos. En tal caso debemos preguntarnos si restringimos el ámbito de publicación de  las fotografías a nuestro círculo de amigos y familiares; y si contamos con el consentimiento de los progenitores de los menores que aparecen en las imágenes. Si a alguna de estas preguntas contestamos negativamente, recomiendo echar un vistazo a las guías que publica la Agencia de Protección de Datos relacionadas con las redes sociales e internet. Y no me extrañaría que alguno fuera, como mínimo, apercibido en un procedimiento sancionador incoado por la Agencia de Protección de Datos o interpelado judicialmente por el tercero que no ha prestado su consentimiento en defensa de la intimidad y la propia imagen del menor.

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Sobre el autor Fernando Luna
Licenciado en Derecho por la Universidad Complutense. Abogado especialista en derecho civil, mercantil, penal y agrario, así como en mediación familiar judicial y extrajudicial. En este blog pretende explicar con un lenguaje claro la actualidad jurídica y judicial tanto extremeña como nacional e internacional. Puede enviar sus sugerencias a blogdefernandoluna@gmail.com o a través de la siguiente web: www.luna-ferrezuelo.com