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LOGAN. “No te vayas, Shane”
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Alejandro Pachón Ramírez | 04-03-2017 | 11:58| 0

Para los de mi generación, Logan, interpretado por Michael York, era el protagonista de una de ciencia ficción, “La fuga de Logan”, que luego se convirtió en serie de televisión. Para los amantes del universo Marvel, Logan es Lobezno, el personaje más carismático, humano y tridimensional de todos los X-Men. Acentuando esa vertiente dramática, la acción nos sitúa en un futuro próximo en el que Lobezno está perdiendo sus poderes, está cojo y usa gafas para leer. Los mutantes prácticamente han sido exterminados y nuestro protagonista tendrá que emprender una operación de rescate y huída, cuidando al ya decrépito profesor Xavier y a una niña mutante.

Una extraña familia en peligro, un largo camino por recorrer y el desencanto y la soledad como compañía de los que antaño fueron héroes de cómic. En fín, un western crepuscular que puede recordarnos el “Sin perdón” de Clint Eastwood, pero cuyo mensaje emocional queda patente en el homenaje que se le hace a otro western clásico : “Raíces profundas”, tanto en la banda sonora como con la inclusión de imágenes de la película protagonizada por Alan Ladd y, sobre todo, en una secuencia final que podría haber rozado lo sentimentaloide, pero que se convierte en una hermosa despedida y en un emotivo gesto icónico.

Normalmente un guión como éste, con héroe en decadencia, anciano inválido y niña, suele caer en lo blandengue, en el estilo Spielberg para entendernos, pero aquí, gracias al carisma y el escepticismo de los personajes, las insuperables escenas de acción – algunas recuerdan a Mad Max-  y la importante presencia de esos territorios desérticos de Nuevo México donde transcurre gran parte de la trama, nos sumergen en un acertado híbrido entre western, película de la Marvel y distopía crítica.

No olvidemos que muchos héroes de acción como Van Damme, Stallone, Willis o Schwarzenegger han intentado desencasillar sus carreras en algún momento recurriendo a tramas similares a la que nos ocupa, sea protegiendo a la viuda con niño a la que le quieren expropiar las tierras, ayudando a una familia a escapar de complots gubernamentales o incluso, como en el caso de Arnold, tratando de salvar a su hija zombi. Todos han fracasado en el intento de aunar sentimientos con acción

James Mangold sin embargo lo ha conseguido. Y, lo más importante, ha hecho que los espectadores menos aficionados al cine clásico sepan de la existencia de “Raices profundas” e incluso quizás la busquen para verla,  para entender las palabras finales de la niña y su profundo enraizamiento con la cultura norteamericana del western y la frontera.

Al final todos nos quedamos a ver los créditos mientras Johnny Cash canta una balada, esperando esa minisecuencia que suele haber al final de las películas Marvel. Pero aquí no hay epílogos ni anuncios de secuelas. Ni los necesita, porque creo que es la mejor y más seria película producida por Marvel hasta la fecha.

 

 

 

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Summertime Blues
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Alejandro Pachón Ramírez | 25-08-2016 | 10:24| 0

 

El título de la vieja canción de Eddie Cochran, luego popularizada por The Who, no es más que un eufemismo anglosajón para definir las diarreas estivales. Y es que este verano, que esperemos esté en fase final, con sus altas temperaturas y su triste cartelera, ha sido un largo y viscoso “blues” interpretado por una guitarra desafinada.

Los que ya hemos cumplido los sesenta recordamos que cuando éramos niños prácticamente no existía el cine infantil. Si acaso las puntuales reposiciones de “Blancanieves”, “Pinocho” o “Bambi”, los “festivales” compuestos por cortos de Tom y Jerry, Popeye o el Pájaro Loco y poco más. Las series de televisión tipo “Viaje al fondo del mar” o los dibujos de Hanna Barbera nos cogieron haciendo ya la reválida de cuarto. Sin embargo el otro día conté no menos de ocho películas de animación en pantalla y algunas otras de acción que, como “Tarzán” o “Escuadrón suicida”, van dirigidas a preadolescentes.

Los niños y jóvenes son los que mandan a la hora de elegir película e ir acompañados de sus padres y estos títulos copan la programación de tal manera que impiden el paso de producciones más adultas o minoritarias. Así que de todo lo que se ha pasado este verano por las  salas comerciales me quedo con dos títulos:

“Jason Bourne”: que aunque no sea muy original con respecto a anteriores entregas de la saga, sigue manteniendo un más que aceptable ritmo de acción e interés dramático. Me sigue llamando la atención cómo son capaces de rodar esas secuencias en espacios públicos muy concurridos; cómo consiguen adiestrar a los figurantes y a los actores principales para que todo parezca casi documental. En esta última aventura del personaje interpretado por Matt Damon hay una persecución en medio de una violenta manifestación en Atenas a causa de los recientes episodios políticos, que te deja con la boca abierta: cócteles molotovs, cargas policiales y, entre el caos, el protagonista huyendo de un asesino a sueldo a pié, en coche o en moto. Esa es la marca de la serie Bourne: personajes huyendo y matándose en medio de multitudes y lugares emblemáticos de todo el mundo. Y si además está Alicia Vikander, mejor que mejor.

El segundo título es “Star Trek: más allá, última aventura de la nave Enterprise y que está a la altura de las dos anteriores, aunque en esta ocasión aproximándose más al espíritu de la célebre serie de televisión. Creo que la saga “Star Trek” supera a las últimas películas de superhéroes y, que me perdonen los fans, a la decepcionante última entrega de “Star Wars”. El capitán Kirk y su tripulación tienen más sentido del humor, menos pretensiones filosóficas y más variedad de caracteres que los personajes planos que se nos han propuesto en la resurrección de la Guerra de las Galaxias y no hablemos de cómo Michael Giacchino sigue creando magníficos leitmotivs musicales sin perder de vista materiales procedentes de anteriores entregas.

O sea, que esto funciona a base de sagas, secuelas, remakes y  animalitos de animación que se parecen todos demasiado. También he visto grandes películas este verano, en versión subtitulada, pero en mi casa y, sin citar su procedencia.

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FESTIVAL IBERICO DE CINEMA. Haciendo balance.
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Alejandro Pachón Ramírez | 26-07-2017 | 10:29| 0
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Más que nada a nivel informativo y tratando de evitar el autobombo al ser uno de los responsables del Festival, comentaré aspectos de esta actividad vista desde dentro.

En primer lugar, destacar el hecho de que el público de Badajoz está encantado de ir al cine a la Terraza del López de Ayala, ya sea a ver nuestros cortos y/o las proyecciones de largometrajes comerciales que se suceden a lo largo del verano. Cada año me saludan conocidos que nunca habían asistido a una sesión de cortos y que salen encantados, y me consta que sus apreciaciones positivas no son por compromiso. Es un público que va creciendo desde hace 23 años. No sólo en edad, sino también en número y cuyos gustos es lo primero que tenemos en cuenta a la hora de seleccionar los trabajos a competición. También miramos con el ojo crítico hacia los posibles premios del Jurado Oficial, pero aquí hay un problema: cuando estamos seleccionando (este año hemos visto 450 cortos aproximadamente), aún no sabemos quíenes formarán parte de dicho Jurado, con lo cuál no podemos establecer un perfil determinado. Esto redunda en beneficio de la claridad del proceso, pero hace que nos equivoquemos a menudo en nuestras predicciones acerca de qué películas tienen más posibilidades. Yo rara vez acierto y en muchas ocasiones daría el primer premio a otra, sin que esto signifique un menosprecio hacia las ganadoras oficiales, ya que todos los cortos tienen una cosa en común: su elevada calidad técnica y artística.

Cada año me sorprende más el premio del Jurado Joven, que suele tender hacia lo más vanguardista. El premio CEXECI del Jurado Joven de este año ha sido para un trabajo portugués de animación multipremiado en otros festivales, pero de un corte bastante innovador: “Estilhacos”, de J.M. Ribeiro.

En cuanto a los premios del público también suelen ser bastante imprevisibles. Se tiende a pensar que el premio se lo va a llevar una comedia, pero no es así. El ejemplo lo tenemos en que el premio del público en San Vicente de Alcántara – con una asistencia media de 150 espectadores, una cifra mayoritaria impensable en muchas poblaciones- ha sido para un drama relacionado con los desahucios: “Ainhoa”.

En medio de cortos, de cursos y talleres, de foros profesionales y de publicaciones y homenajes, este año he tenido la mejor recompensa que podría esperar un “freak” de las bandas sonoras: el concierto de Fernando Velázquez con la Orquesta Sinfónica y Coros de Extremadura y el coro cordobés Zhiryab. He ido a muchos conciertos de música de cine a lo largo de mi vida, pero recordaré éste como uno de los grandes, junto a los de Jerry Goldsmith o Ennio Morricone en el Teatro de la Maestranza. Y es  por la simpatía y el didactismo del autor de “Un monstruo viene a verme”, por la diversidad del repertorio elegido y por la potencia y precisión de la Orquesta de Extremadura, que ha entrado arrolladoramente en el mundo de las bandas sonoras, de manera que Velázquez grabará con ellos su próxima película. Creo que nuestro entendimiento con esta formación musical ha significado una subida de prestigio para nosotros, que esperamos continúe en el futuro.

El momento más relajado del Festival suele ser la comida que nos ofrece Cafés Delta en Campomaior. Allí, asombrados por el bacalao dorado y la sericaia, los invitados y profesionales se sueltan y cuentan jugosas  anécdotas que algún día habría que publicar. Esa comida es el preludio a la entrega de premios de por la noche, los nervios a flor de piel, suavizados por la presencia de algún reconocido humorista/presentador, tal como ha sido este año la divertida intervención de Goyo Jiménez.

Durante mi intervención no tuve más remedio que agradecer a los invitados su presencia en Badajoz, pese a las dificultades para llegar a un sitio en el que prácticamente no existe el tren ni ningún transporte público cómodo y económico. Aun aislados en este Oeste ibérico fronterizo, como si fuéramos indígenas encerrados tras un muro invisible, la intención es seguir luchando contra hándicaps de éste tipo y seguir ofreciendo uno de los grandes festivales de la Península Ibérica. El día que nos pongan tren, la liamos.

 

 

 

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CANCIONES Y DISPAROS
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Alejandro Pachón Ramírez | 11-07-2017 | 09:05| 0

 

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Es una agradable casualidad que coincidan en cartel dos películas de atracos cuya esencia y personalidad se basa en el uso de canciones. La primera es la reposición de la cinta de culto “Pulp Fiction” en la que Tarantino reafirmó su voluntad de concebir la banda sonora como un elemento dramático y escénico importante dentro de la trama. La tendencia creada por el director de “Reservoir Dogs” o “Jackie Brown”, ambas con una potente selección de canciones ya escritas, ha sido seguida por muchos realizadores con diversa fortuna, siendo quizás Guy Ritchie (“Snatch: Cerdos y diamantes”) el más reconocido dentro de esta moda.

Pero héte aquí que aparece Edgar Wright, con una filmografía no muy abundante y se deja caer con uno de los más deslumbrantes e intensos impactos audiovisuales de esta temporada: “Baby Driver”.

Una historia mil veces contada , la del conductor de atracos que quiere dejarlo y se ve obligado a dar el último golpe, pero que, gracias al enfoque sonoro, se nos muestra como algo original y brillante. El truco consiste en que el protagonista, el joven y experto conductor, sufre de acúfenos, de ruidos en los oídos, y los amortigua oyendo música mp3 a todas horas, eligiendo la “play list” más adecuada para cada momento. Esto hace que las canciones actúen libremente como piezas diegéticas (de la acción) o incidentales (de acompañamiento externo); que a veces los ruidos de los acúfenos se mezclen con la banda sonora o que la música suene por uno u otro canal cuando el chico presta uno de sus auriculares a su acompañante. Si a esto unimos unas persecuciones tremendamente realistas y unos personajes bien definidos, como los que interpretan los televisivos Kevin Spacey (“House of Card”) o Josh Hamm (“Mad Men”) tendremos una experiencia cinematográfica altamente entretenida.

En cuanto a las canciones, qué les voy a contar. El título de la película es el de un tema de Simon y Garfunkel, hay cosas de Queen, de Dave Brubeck y un potente arreglo rapero del “Shaft” de Isaac Hayes, entre otras joyas de distintos estilos y épocas. Una selección cuidada y adecuada a cada momento que convierten a “Baby driver” casi en un musical de acción incesante.

Evidentemente es una película que hay que ver en cine, porque dudo que en las versiones domésticas se consigan los matices sonoros de una buena sala y , sobre todo, porque no creo que en tu casa te dejen poner la música al poderoso volumen que exige esta pequeña joya.

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UN CORTOMETRAJE CON RECORD GUINNES
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Alejandro Pachón Ramírez | 01-07-2017 | 16:54| 0
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Con motivo del estreno de “Despido procedente”, de Lucas Figueroa, con Imanol Arias, Darío Grandinetti y Hugo Silva, se ha divulgado en casi todos los medios que un trabajo anterior de este director, “Porque hay cosas que nunca se olvidan”, es el cortometraje más premiado en la historia (casi 300 premios nacionales e internacionales), según considera el libro Guinness de los récords.

Pese a ese aval, la película recién estrenada de Figueroa no responde a las expectativas. Probablemente le hará gracia al público asiduo a los chistes fáciles relacionados con los equívocos y los contrastes de los acentos hispanos y otros tópicos, pero como escribí en otra ocasión, ese tipo de comedia me resulta falsa y populachera. En cuanto a la trama en general, queda enrevesada y poco coherente, sin que en ningún momento me haya sentido enganchado a la pantalla, pese a algún personaje acertado como el interpretado por Darío Grandinetti.

Pero lo que me interesa es el asunto del cortometraje más premiado. He de decir que compitió en el Festival Ibérico de Cine de Badajoz y que estaba rodado en Italia, en un pueblo en el que unos niños juegan al fútbol en la calle y molestan constantemente a una vecina con sus balonazos en la pared y en las macetas. Es una comedia con cierto aire felliniano, cuyo mayor gancho comercial (probablemente de ahí los Premios del Público en los festivales) era que hacía un pequeño papel un famoso futbolista llamado Cannevaro.

El corto estaba bién, resultaba simpático…pero aquí en Badajoz no se llevó ningún premio. Fué en la edición 14, en el 2008, que inauguramos con  la película extremeña “Un novio para Yasmina”. El Jurado Oficial, formado por Javier Estrada (redactor especialista en cine del diario El Mundo), Jesús García de Dueñas (Director e historiador del cine), Rubén González (cortometrajista extremeño), Ana Rayo (actriz) y Manuel Velasco (Director de fotografía y profesor de la ECAM) decidió dar el premio Onofre a la mejor película al conocido director Daniel Sánchez Arévalo, que ya había hecho su mejor largometraje, “Azul oscuro, casi negro”, por el corto “Traumalogía”, que también se llevó el premio a la mejor banda sonora compuesta por Pascal Gaigné. Era una comedia negra en la que durante una boda se muere el padre del novio.

Esto demuestra varias cosas. Una de ellas es  la cantidad de festivales de cortometrajes que hay en todo el mundo y el esfuerzo de mantenerse entre los más reputados, respetando un estilo propio, tal cuál es el caso, aunque me esté mal el decirlo, del Festival De Badajoz, que este año llega a su edición 23. Para llegar a tal número de festivales con una producción, es necesaria una estrategia de distribución coordinada e informada. Una parte del engranaje muy importante en la industria audiovisual.

Otra es la especificidad y los públicos y jurados diversos que dan su perfil a dichos festivales. Películas multipremiadas en muchos casos, no son ni siquiera seleccionadas en otros. Este año en el comité de selección del Festival de Badajoz hemos visto más de 400 cortos y puede que algunos de los que no entran en la selección oficial, sean premiados en otros festivales. Esto depende básicamente de cómo los programadores del festival, después de tantos años, intuyen lo que más interesa a su público, dentro de unos elevados estándares de calidad técnica.

Es lo bonito de este formato y de su exhibición. Que cada sitio tiene un festival y un público distinto y eso da la oportunidad a los realizadores de encontrar su “target”, ya sea en un pueblo andaluz, en Montreal … o en Badajoz.

En cualquier caso está bien para nuestro mundillo que un largometraje se publicite básicamente porque su director entró en los récords Guinness gracias a un corto…y pese a no haber ganado ningún premio en Badajoz

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LA COMEDIA ESPAÑOLA : EL TIEMPO REDENTOR
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Alejandro Pachón Ramírez | 16-06-2017 | 09:58| 0

Ultimamente me ha dado por ver comedias españolas de los setenta, las de la “apertura”, el “landismo” y la transición. Películas a las que, cuando se estrenaron en su momento, no me hubiera acercado ni a mirar las carteleras. En aquella época, estudiante en la universidad de Sevilla, no ví “No desearás al vecino del quinto”, “Lo verde empieza en los Pirineos” ni   “Zorrita Martínez”. Ahora, con la efemérides del 40 aniversario de la democracia en  nuestro país, cobran un nuevo significado, el de observarlas como documento, no sólo de unos comportamientos sociales y morales que hoy en día están muy mal vistos, sino sobre todo en lo relativo a dirección de arte en cosas como vestuarios y peinados delirantes, cambios en las ciudades y las costumbres, músicas, etc…

El histrionismo de los personajes, sus tics habituales y su galería de recursos cómicos han cobrado un nuevo significado documental. El tiempo ha redimido lo que en su momento valorábamos como fruto de la represión sexual y política y dota a estos productos que en su momento dieron tanto juego en taquilla, de un piadoso barniz histórico que nos traslada a aquella época en la que llevábamos patillas largas y pelucón y éramos despreciados por aquellos señores con bigote “fila de hormigas” que luego crearon el sistema democrático, aunque para ello hubiera que aflojarse la corbata. Algo parecido a lo que hicieron con sus carreras, dando un giro de timón hacia personajes dramáticos, actores como López Vázquez o Landa. Un tiempo en el que la revista “Fotogramas” ponía como máximo gancho comercial a alguna de nuestras estrellas patrias en “top less”, sin operar por supuesto, y en el que se formaban colas en el cine San Mateo de Elvas para ver algo tan intelectual como “El último tango en París”, aunque la gente no iba precisamente por la visión existencialista de Bernardo Bertolucci, sino por la escena de la mantequilla.

El tiempo lo cura todo, aunque hubo una gloriosa etapa en la comedia española que no necesita de ese bálsamo para ser genial entonces y ahora: la que va de los años cincuenta a mediados de los sesenta. La época de Berlanga o Forqué. Películas como “Los tramposos”, “Atraco a las tres”, “Plácido” e incluso “Las chicas de la Cruz Roja”.

 

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Desde entonces todo ha ido a peor en dicho género. Hay comedias españolas actuales que, viendo sólo el tráiler, me echan para atrás. Sucesión de chistes de bar, de tópicos mal hilvanados y de actores que hacen siempre el mismo papel. He llegado a ver incluso “Ocho apellidos vascos” y no me hizo gracia. Todo está impregnado del espíritu pobretón y casposo de las teleseries, del guión apresurado, de la cultura del “wattsap”, la de esas personas que, sin pedirte permiso, te piden que veas en su móvil alguna ordinariez presuntamente graciosa.

Lo que pasa con esa mala comedia que se está haciendo ahora, en mi caso y habida cuenta de mi edad, es que va a ser muy difícil que pueda comprobar dentro de cuarenta años si cosas como “Los amantes pasajeros”, “Señor, dame paciencia” o “Patrulla de élite” han adquirido con el paso del tiempo esa redención histórica que vemos ahora en los títulos de la época de la transición.

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UNA DE PIRATAS
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Alejandro Pachón Ramírez | 30-05-2017 | 09:42| 0
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Definitivamente  la saga “Piratas del Caribe”, cuya continuación “La venganza de Salazar” está ahora en pantalla, ha abandonado sus orígenes genéricos de cine de piratas para transformarse en fantástico y de acción. El entorno histórico casi ha desaparecido y los espectros y la mitología se adueñan de una trama suavizada por  la presencia histriónica y humorista de Johnny Deep

Como el espectador español medio le tiene tanta tirria a Javier Bardem, que interpreta, y muy bien por cierto, de Salazar, el antagonista, no creo que esta entrega vaya a funcionar tan bien como las anteriores, pero no hay que negarle  el atractivo de las secuencias de acción y unos diseños visuales muy originales y dinámicos  como el del navío fantasma o la presentación de animales y piratas fantasmas. La magnífica música de los créditos finales nos conduce a un epílogo en el que se promete una nueva entrega.

Pensando en la iconografía típica del pirata de película: pañuelo en la cabeza  y aros en las orejas, averigüé que ese aro significaba que dicho personaje había cruzado el temible cabo de Hornos, lugar de unión de los océanos Atlántico y Pacífico. Ese pasaje es quizás la secuencia fundamental del cine de largas travesías marítimas. Recordemos  su imponente presencia en las diversas versiones de “Rebelión a bordo”: vientos huracanados, olas capaces de arrancar el palo mayor de la Bounty y marinos tratando de sujetar aparejos antes de ser tragados por el mar.

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Convendría citar también un par de títulos más en los que aparece dicha zona: “Hawai” , en la que un barco de Nueva Inglaterra que transporta predicadores luteranos para evangelizar las islas del título se ve azotado por las inclemencias en el estrecho, mientras que Max Von Sydow, interpretando a un religioso radical e intolerante, eleva su voz a Diós para cruzar sin peligro.

El caso de “Master and Commander” es aún mejor, ya que el desafío del buque de guerra británico “Surprise” consiste en perseguir al enemigo francés, el “Acheron”, superior en envergadura y armamento, también a través de ese abismo de viento y mar en el cono Sur. Lástima que, aún siendo ésta una de las mejores películas de barcos de la historia, no haya tenido continuación, habida cuenta de la larga serie de novelas que Patrick O’Brien escribió sobre el capitán Aubrey el doctor Maturin.

Lo habitual es que en el cine de piratas la verosimilitud histórica brille por su ausencia. En Hollywood se conformaron con poner a los españoles como los malos de la película e ignoraron  las falacias británicas para impedir el libre tráfico de convoyes entre América y España.

También se olvidaron en Hollywood de que los piratas y corsarios del Caribe eran una minucia, en número de individuos y de estragos, comparados con los asiáticos. En el mar de China pululaban auténticos ejércitos navales imparables, como el de la mujer pirata Ching Shih, que en los últimos años de su imperio llegó a comandar unas 1000 naves y que inspiró a uno de los personajes de la saga “Piratas del Caribe”, por no hablar de los piratas berberiscos que asolaron el Mediterráneo durante casi toda la Edad Moderna.

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Pero toda la emoción de la travesía suicida, de las maderas crujiendo bajo la tempestad y las rocas azotadas por la espuma, se viene abajo con la tecnología actual. Un francés llamado Frank Cammas cruzó sin problemas el Cabo de Hornos en 2015 a bordo de un catamarán dotado de hidroalas.

La única forma de recuperar la emoción de la aventura marina es ponerse a jugar a “Assassin’s Creed: Bandera negra”, donde podemos interactuar con todos esos lugares, acciones y personajes que conocimos por primera vez, hace ya tantos años, a través de Robert Luis Stevenson y su isla del tesoro.

 

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LA “ALIENACION” DE RIDLEY SCOTT
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Alejandro Pachón Ramírez | 16-05-2017 | 16:40| 0
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Me van a permitir el juego de palabras porque viene al pelo con respecto a “Alien: Covenant”, o el intento del maestro británico  por encarrilar algo que se le había ido de las manos. Da la sensación de que, más que reconducir la saga, lo que ha hecho en esta última entrega es demostrar que hasta los genios como él corren el peligro de caer en la cabezonería y obsesionarse con mejorar algo que ya estaba perdido tras la fallida “Prometheus”.

La película que nos ocupa contiene ingredientes de “sus aliens”, pero no de los de Cameron, Fincher o Jeunet, que optaron por otros caminos más originales y respetuosos con el arco argumental inicial. Lo malo es que en “Covenant” vuelve a aparecer esa civilización de superhumanoides marmóreos, que ahora se nos explica que tratan de emular al David de Miguel Angel, y que nos dejó un tanto perplejos. El intento de convertir la saga -terror y acción espacial a fín de cuentas- en una mitología evolutiva, era lo peor de la citada “Prometheus”, agobiada por un trascendentalismo megalómano. Ahora introduce algunos elementos más de ese morboso universo genético y nuevas escenas de terror, pero no es suficiente. Ni siquiera el carisma de Michael Fassbender, interpretando dos papeles de androide y disfrazado a veces de Assassins Creed logra elevar un reparto indefinido y soso, de manera que todas las malas críticas de este empecinamiento de Scott por rivalizar con los ilustres continuadores de su historia, se queda de nuevo corta e indecisa.

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Pero también hay que romper varias lanzas a favor del maestro. Escribía Carlos Boyero en su crítica de “Covenant” que el mérito de Scott residía en haber realizado tres obras maestras: “Los duelistas”, “Alien” y “Blade Runner”. Totalmente de acuerdo, pero creo que eso es quedarse muy corto. Permítanme, de paso, recomendarles que vean o vuelvan a ver “Los duelistas” y comprueben uno de los mejores proyectos que se han filmado acerca de las relaciones entre cine, pintura y literatura. Primer largometraje y primera obra maestra.

Dejando a un lado el poderío de las otras dos producciones, le voy a imponer a Scott, al menos, otros dos galardones :

-Recuperador  del cine épico de romanos, con la astucia de hacerlo a través de un oculto “remake” del último gran péplum: “La caída del imperio romano”, producida por Samuel Bronston y dirigida por Anthony Mann en nuestro país y cuya historia, la de la descendencia del emperador Marco Aurelio, retoma Scott casi 30 años después en “Gladiator”, lo que supuso una resurrección del género, la ascensión del músico Hans Zimmer al Olimpo de las bandas sonoras y un nuevo concepto en los efectos digitales para films históricos.

– Reinventor del cine bélico en la insuperable “Black Hawk derribado”, en la que los conceptos de gloria, honor y patria, típicos del género, son substituidos por los de supervivencia, compañerismo y despiste ideológico y táctico. A partir de este título vendrán un montón de películas y series ambientadas en guerras contemporáneas, en las que se usan los mismos “softwares” realistas de explosiones, disparos y otros recursos.

De acuerdo en que el maestro tiene cosas infumables como “La teniente O´’Neill”, “Un buen año” o ese “Robin Hood” en el que hay una especie de desembarco de Normandía en plena Edad Media y al revés (franceses invadiendo a ingleses). Pero también tiene una magnífica recreación de las Cruzadas en “El reino de los cielos” o la estimulante versión de la tercera novela sobre Hannibal Lecter.

Sólo por producir una de las mejores series que se han hecho sobre la historia de la CIA y de la Guerra Fría en general, “The company”, podría pasar a ese Olimpo en el que se ha empeñado en ser un Prometeo desterrado. Esperando que su nueva y esperada aproximación a “Blade Runner” sea más adecuada, recordemos también la importancia de su malogrado hermano Tony Scott.

 

 

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FEUD: La venganza de la televisión
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Alejandro Pachón Ramírez | 06-05-2017 | 17:59| 0

 

“Feud”, el título de la serie a la que me refiero, se puede traducir como “enemistad”. Hace alusión a la rivalidad entre Bette Davis y Joan Crawford durante el rodaje de “¿Qué fue de Baby Jane?”, también de los  antecedentes y de sus consecuencias, así como del papel desempeñado en aquellos años  por Robert Aldrich (director), Jack Warner (productor) y  la vitriólica periodista Hedda Hooper .

Uno de los conceptos de FEUD es reivindicar la ascensión de las series de televisión en la industria del audiovisual desde los años sesenta. El gran miedo de todos los personajes de esta historia real es tener que acabar trabajando para la tele por culpa de un fracaso en taquilla. Bob Aldrich, porque ya había pasado por ello y no le gustaba el sistema de producción y las limitaciones técnicas de entonces. Crawford y Davis, porque lo consideraban algo degradante y falto de glamour, caer en lo más bajo, acabar en la pantalla del comedor de una familia de paletos de Minnesota. Para sobrevivir económicamente durante los últimos momentos de su madurez, Crawford tuvo que hacer secuelas de Baby Jane  y una serie B de la Hammer (“Trogg”). La Davis pasó por el aro e hizo algún episodio piloto y papeles secundarios en algunas series

Este es el arco argumental con el que juegan los creadores de FEUD para hacer historia del cine…vista desde la tele. El lenguaje es el de las grandes series actuales: localizaciones perfectas y diálogos ingeniosos en los que se conjugan viperinas frases históricas a lo George Cukor con otras propias de unos excelentes guionistas . Por ejemplo, Bette Davis le dice a su futuro y antipático yerno: “No me impresionas por ser un inglés con estudios. Yo he sido la reina Isabel dos veces.”

En el apartado de caracterización de personajes- aparecen un montón de actores y actrices del  cine de los sesenta- lo que menos importa es la fidelidad física, sino el gesto y la simbiósis interpretativa que aportan  en los papeles principales Jessica Lange y Susan Sarandon.  Es un duelo artístico entre dos estrellas maduras del presente a través de sus alter egos  en el viejo “star system”. Esa subterránea referencia al cine de ayer y el audiovisual digital  de ahora es lo que hace que FEUD sea un hiperrealista documental de ficción sobre tres momentos histórico-sentimentales: el del Hollywoood glamouroso, el del cambio cultural de la segunda mitad de los sesenta y el de la decadencia y sustitución de los modelos antiguos.

Si no sabemos quíen fue Robert Aldrich y su carrera posterior a “Doce del patíbulo”, ignoramos las competencias y el poder de productores como Jack Warner o la película en la que Faye Dunaway hizo  de Joan Crawford, vamos a disfrutar menos de la serie, pero creo que aún así funciona. La  Davis y su maquillaje blanco en Baby Jane y la Crawford y su hacha en “El caso de Lucy Harbin”  crearon, en su ocaso, el terror “grand guignol” , un género cuya clase venía dada por la dirección artística, la fotografía y las actrices, siendo secundarios los personajes masculinos .

Para completar este capítulo de la historia del “star system” hay que ver también el documental “El último adiós de Bette Davis”, de Pedro González, centrado en la estancia de la actriz en 1989  en San Sebastián para recibir un premio honorífico, su última aparición en público.

 

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“…Hasta el apuntador”
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Alejandro Pachón Ramírez | 22-04-2017 | 10:22| 0

Con Keanu Reeves pasa algo parecido que con Colin Farrell, suelen caer mal, al menos a mí, así que no hubiera ido a ver “John Wick: Pacto de sangre” de no haber leído previamente que era la segunda entrega de una película de culto que ni siquiera se estrenó en cine en nuestro país. Los textos de expertos y aficionados me animaron y, efectivamente, valía la pena. Lo bueno de la película no son sólo sus barrocas secuencias de tiroteos y luchas, sus escenarios y su laconismo existencial, sino el entorno casi fantástico en el que se mueve : el de una super organización criminal, la Gran Mesa, que controla a todas las mafias del planeta, desde las italianas a las rusas y que tiene una cadena de hoteles por todo el mundo , en realidad cuarteles neutrales, donde los asesinos de élite se pertrechan de armas, documentos e incluso vestuario.  John Wick es uno de sus sicarios más letales.

Al aficionado al género lo que le gusta es que muera hasta el apuntador, como se decía antiguamente. La primera película que me impactó en este sentido -descartando cine histórico o bélico tipo “El Alamo”- fue “Grupo Salvaje” (Sam Peckinpah, 1969). La masacre final es la mejor y más intensa secuencia de muertos por disparos en la historia del cine, iniciada con el degollamiento de Angel, el joven mejicano, y culminando con la soledad de Robert Ryan entre carroñeros mientras suena la canción “La golondrina”.

Luego hemos visto muchos tiroteos inacabables e inverosímiles, especialmente porque a veces no se tiene en cuenta la capacidad de munición de los cargadores, ni la resistencia física a los disparos en partes no vitales. Esto el cine oriental lo ha justificado mediante el uso de armas de los enemigos abatidos y el de los chalecos anti balas, hallazgos que proceden del mundo del vídeo juego, otra forma de catarsis.

Efectivamente, ha sido en  China, Hong Kong, Corea y Japón donde más se ha desarrollado el género “Hasta el apuntador” con Takashi Miike, Takeshi Kitano, John Woo o Ringo Lam y títulos como “Violent Cop”, “Ichi the Killer” o “Una bala en la cabeza”.

Muchos, en forma de “remake” o de sus hallazgos en coreografías de violencia han pasado al cine occidental con mayor o menor fortuna, siendo el productor francés Luc Besson y su serie “Venganza”, con Liam Neeson, el que mejor ha sabido utilizar el género. Género en el que no incluiría las películas protagonizadas por Jason Statham y similares, cuya esencia son las artes marciales y la inutilización del enemigo, no su muerte rápida y certera.

También en series de televisión, aunque con menor intensidad, hemos visto algunas de estas secuencias de tiroteos salvajes, especialmente en “24” y en “Fargo”, pero porcentualmente no ocupan tanto tiempo de metraje como las más clásicas del género.

Ahora tendría que venir la polémica acerca de si la visión de la violencia desenfrenada y ficticia es catártica y evita que la practiquemos en la vida real o, por el contrario, estimula a los cerebros más débiles a seguirla. Sea como fuere, siempre que una película me deleite con secuencias como la de la muerte de la jefa mafiosa en las catacumbas y el tiroteo posterior en “John Wick”, prefiero no entrar a debatir aspectos morales. No olvidemos que en épocas pasadas el mejor espectáculo público era asistir a una ejecución y ahí si que no había efectos especiales ni balas de fogueo.

 

 

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LA ULTIMA CIENCIA FICCION: MATERIAL RECICLADO
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Alejandro Pachón Ramírez | 08-04-2017 | 09:34| 0

 

También podría haber titulado este texto como “La sombra de Ridley Scott”, a la vista de dos títulos del género que están ahora en cartelera, pero podemos ampliarlo a algunas otras obras recientes.

Los dos títulos a los que me refiero son “Ghost in the Shell” y “Life” que en ningún momento tratan de ocultar sus referentes: “Blade Runner” y “Alien”, respectivamente. Digamos que ese es el ingrediente principal. En “Ghost in the Shell” la androide protagonista que añora su pasado humano es una hermana de los “replicantes” de la película de Scott, por no hablar de las calles de la ciudad de Neo Tokyo, con esos anuncios holográficos. Los condimentos de este producto proceden del “manga” en que se basa y que incluye mayor acción que en su ilustre precedente y un concepto más liviano del tono metafísico que alimentaba la novela de Philip K. Dick, “Sueñan los androides con ovejas eléctricas”. El problema es que, entre peleas y saltos, no sabe uno si está viendo a Scarlett Johanson haciendo de La Viuda Negra de Los Vengadores o del robot “Lucy”.

En “Life”, la trama principal es la típica del monstruo extraterrestre, marciano por más señas, que se cuela en una estación espacial con las consecuencias que se pueden imaginar. El caso es que el asunto está bién llevado, si exceptuamos los momentos en los que los personajes hablan de sus vidas y añoranzas con textos bastante pueriles y “moñas”. Aquí al ingrediente principal de “Alien”, monstruo contra astronautas, hay que sumarle los hallazgos técnicos conseguidos en “Gravity” que es lo que le da empaque visual a una historia “déja vue”.

Pero no queda ahí la cosa. Títulos también recientes como “La llegada” o “Passengers” no son más que el pálido reflejo de “Encuentros en la tercera fase”, “2001: Una odisea espacial” o “Solaris”. Ni siquiera los más flamantes efectos especiales consiguen que  lleguen a la suela de los zapatos de las obras maestras antes citadas. De hecho, creo que algunos críticos han alabado “La llegada”  sólo “por ser vos quien soís”, es decir, por considerar a su director Denis Villeneuve como un autor de filmografía brillante que no puede permitirse hacer una cosa tan poco original y pretenciosa.

En cuanto a “Passengers” se trata de un intento fallido de mezclar una historia de amor con el mundo de Kubrick y Arthur C. Clarke, añadiendo unas gotas de mensaje ecologista a lo “Silent Running”.

Hay un montón de buenas novelas y relatos de Philip J. Farmer, Robert Heinlein o Isaac Asimov, por no hablar de autores más recientes, que están aún por filmar.  El problema reside en las oficinas de los ejecutivos de las grandes productoras, que sólo tienen en cuenta proyectos con referencias conocidas, secuelas, “remakes” y demás refritos, descartando cualquier riesgo causado por la originalidad.

Y, volviendo al maestro Ridley Scott, hay una escritora española que sí ha sabido llevar el mundo de “Blade Runner” a su terreno : Rosa Montero que en “Lágrimas en la lluvia” y “El peso del corazón” nos ofrece las andanzas detectivescas de una replicante, Bruna Husky, situándola en un Madrid futurista y con una excelente mezcla entre novela negra y reflexión existencial.

 

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EL BAR: TOCANDO FONDO
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Alejandro Pachón Ramírez | 25-03-2017 | 10:49| 0

El hecho de que los personajes de la última película de Alex de la Iglesia se pasen casi la mitad del metraje en el sótano de un bar y luego en las alcantarillas, tiene que ver con el encabezamiento de  este texto, aunque también alude a la decepción que he experimentado.

He sido un defensor y admirador del cine de este autor y siempre ha habido algo que me ha interesado en sus últimos títulos: la interpretación de Antonio de la Torre en “Balada triste de trompeta” y la música de Roque Baños; el señor de Badajoz y la apoteósis final con la gigantesca Venus de Willendorf de “Las brujas de Zugarramurdi” o el concepto “kistch” de los números musicales de “Mi gran noche”.

Pero esta vez me quedo sin nada a que aferrarme a causa de varios problemas de guión y de ritmo. En sus otras películas, el sentido del humor aportaba  el tono irónico a un entorno dramático; en “El bar”, pese a intentarlo, no logra ni hacerme sonreir. No funciona la “suspensión de la incredulidad” imprescindible para hacernos empatizar con una trama y un entorno muchas veces visto. Se pueden citar las referencias a “El angel exterminador” o “La niebla”, pero el arranque me recuerda más al de “El cazador de sueños”, también de Stephen King. El problema es que algunos de los personajes desaparecen antes de tiempo y, lo que podría haber sido una trama coral y claustrofóbica con un buen suspense se convierte en un típico producto de género que podrían haber llevado a buen puerto Jaume Balagueró y Paco Plaza (“Rec”), pero que Alex trata de convertir en una metáfora de la insolidaridad, el aislamiento y el egoísmo en la sociedad actual. Algo parecido a lo que contaba en “La comunidad”, sólo que con ingredientes más pobres.

Está muy bien, y no sólo físicamente, Blanca Suárez. Mario Casas se nos vuelve a presentar como un actor camaleónico, aunque su personaje no esté muy bien perfilado. Incluso sale un “freak” indigente que nos recuerda inevitablemente al “profeta” que vocea el apocalípsis por las  calles de Badajoz, aunque nuestro famoso “Piter Pa” del Casco Antiguo no bebe whisky Jameson ni ningún otro tipo de alcohol y está aseado.

Lo que ocurre es que “El bar” utiliza dos tonos diferentes que llegan a ser antagónicos. Un arranque prometedor cuyas posibilidades se cortan bruscamente cuando la acción baja al sótano y las cloacas que citaba al principio. Incluso el apartado de banda sonora, que normalmente es importante en la filmografía del director, queda aquí bastante relegado. Tanto por descuidar ese aspecto, como por alguna elipsis de acción quizás se adivine un presupuesto demasiado ajustado.

En fín, para volver a reconciliarnos con Alex de la Iglesia, basta con volver al principio de su filmografía y revisar (ahí tienen el enlace) el cortometraje “Mirindas asesinas”, también en un bar, aunque con bastante más gracia y mala uva.

 

 

 

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Soy director en Historia del Arte, especializado en Música de Cine, crítico de cine, y director del Festival Ibérico de Cine de Badajoz. Retomo este blog con la intención de ofrecer de forma amena mi experiencia como historiador y crítico de cine y televisión, tanto en lo que respecta a la actualidad audiovisual reciente y futura, como al montón de vivencias relacionadas con el tema que en la segunda mitad del siglo pasado vivimos los de mi generación. No olvidaré aspectos periféricos e inseparables del cine comercial y las series de televisión como los video juegos o los cómics. En resumen, todo ese universo iconográfico que llena nuestros ocios e inquietudes, convirtiéndonos en “fans”, “freaks” o, sencillamente, en espectadores.