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Fecha: diciembre, 2016
ASSASSIN’S CREED: Una Andalucía virtual.
Alejandro Pachón Ramírez 26-12-2016 | 12:17 | 0

Se suele decir mucho eso de “el libro me gustó más que la película” e incluso al contrario, pero no conozco ningún caso en el que se diga que gustó más la película que el videojuego.

El libro de Lluís Anyó titulado “El jugador implicado” (Laertes, 2016), trata de una nueva línea de investigación en el terreno de la comunicación llamada la “ludología” y de cómo el lenguaje de los videojuegos tiene poco que ver con el del cine. Resumiendo, que hay otras categorías espaciales y temporales y, sobre todo, factores de interactividad y aleatoriedad que no son los mismos que experimenta el espectador de cine o el lector de cómics o novelas.

Assassin’s creed” es, para mí, una de las mejores saga de juegos de la historia, junto con las de “Age of empires”, “Call of Duty” y “Total War”, cada una en su época.  A excepción del título que nos ocupa, ninguno de los otros tiene posible adaptación. El primero de los citados, por el desarrollo de líneas históricas paralelas y cronológicamente incompatibles ya que pueden competir culturas neolíticas con civilizaciones modernas, el segundo porque es una antología de acciones sacadas de conocidas secuencias de películas bélicas y “Total War” porque es Historia pura y dura, rigurosa y didáctica, con la única salvedad de que, si eres hábil, Napoleón puede vencer a Wellington en Waterloo.

 

 

La saga de “Assassin’s”, que he jugado hasta que mi ordenador se ha quedado corto para soportar los requisitos técnicos de las  últimas entregas, además de la trama principal -la lucha entre Templarios y Asesinos- ofrece una detallada ambientación en lugares históricos como la Florencia de los Médicis, el Estambul de Soleimán o el Boston de la Guerra de Independencia americana. Los edificios más conocidos, el vestuario, etc, incluyen enlaces enciclopédicos que pueden animar a los usuarios a adentrarse en la Historia Universal y del Arte y comprobar el rigor de los escenarios diseñados por los de Ubisoft.

Lo malo es que ese rigor falta en la película, que transcurre en un escenario que no había salido en los juegos: la Andalucía de 1492. Anacronismos como la celebración del Auto de Fe del cuadro de Rizzi, que tuvo lugar en el Madrid del siglo XVII, y no  junto a un puerto mediterráneo del siglo XV y que creo que es Malta, con figurantes ataviados al estilo Conan el Bárbaro, seguido de una cabalgada por el desierto de Tabernas al más puro estilo Indiana Jones o a una persecución por los tejados de Sevilla en medio de cúpulas y fachadas barrocas.  Rodada en España – también salen la Alhambra y la catedral de Sevilla- y con la presencia de unos casi (afortunadamente) irreconocibles Javier Bardem y Javier Gutiérrez, la alternancia entre las secuencias del presente en el complejo científico que alberga el “Animus”, en un supuesto Madrid a lo Blade Runner, quedan inconexas con las del pasado y, lo que en el juego sirve de unión entre escenas de acción, esos trozos en los que el jugador no puede intervenir, aquí se convierten en un tedioso “standby” donde se echan de menos los mandos del ordenador para hacer tú mismo un  “salto de fe” o apuñalar a unos pocos con las dagas ocultas. Esta falta de coherencia narrativa y visual hace que, ni aun siendo jugador de la saga, te enteres muy bien de qué va el asunto.

El caso es que el director, autor de una magnífica versión de Macbeth con los dos mismos grandes actores que aquí, Michael Fassbender y Marion Cotillard, tiene un excelente gusto visual y se le notan ganas de que esto sea el inicio de una saga cinematográfica, pero lo veo difícil. Yo por mi parte voy a intentar cambiar de ordenador en cuanto pueda – soy de los de PC de toda la vida- para poder seguir la lucha a través de la Historia entre Templarios y Asesinos, que creo que en la próxima entrega tendrá lugar nada menos que durante la I Guerra Mundial. Lo malo es que cada vez que me envicio con uno de estos juegos, mis cervicales se resienten más, como si yo mismo hubiera luchado contra los soldados de la Inquisición en los tejados de Sevilla y saltado por las almenas de Jerusalén.

 

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EL CINE BELICO Y JUAN MANUEL DE PRADA
Alejandro Pachón Ramírez 10-12-2016 | 12:10 | 0

 

“Cuando ya parecía muerto y enterrado, vuelve Mel Gibson a la dirección con “Hasta el último hombre”, una película que mientras escribo estas líneas aún no he visto; pero ni siquiera necesito verla para intuir (¡para saber!) que será grandiosa…Mel Gibson está inspirado por Diós, alumbrado y calcinado por Diós…” La semana pasada aparecía este texto del novelista De Prada en su sección en XL Semanal, en un tono apocalíptico muy divertido, a la par que beligerante, y que vale la pena leer completo en este enlace.

Yo sí he visto “Hasta el último hombre” y no me ha parecido grandiosa, pero sí muy buena. Para mí sus virtudes no residen en el discurso acerca de la voluntad de ayudar a la patria incluso sin armas, como es el caso real del objetor de conciencia que aquí se cuenta, ni del poder resolutivo de las creencias religiosas, sino en las habilidades de Mel Gibson como director que se conoce al dedillo todos los ritmos narrativos, los recursos emocionales y la filmación de la acción típicos de los grandes clásicos; la épica de John Ford y Spielberg, la narración lineal y sin fisuras y los mensajes directos y sin ambigüedades son sus armas como gran realizador. De esta manera, nos conduce desde esa América profunda que se inspira en sus iconografías en los cuadros de Norman Rockwell a un infierno prácticamente en grís ( el del humo y la tierra calcinada) y rojo (el de la sangre y el fuego de los lanzallamas) durante una de las batallas por la toma de la isla de Okinawa. Ese largo tramo final de guerra brutal y sin concesiones, pasará a la historia del cine bélico sin lugar a dudas. Aunque para muchos lo más valioso de la película sea su mensaje moral y patriótico, ese mensaje que ya estaba presente en “El sargento York”.

En la otra cara de la moneda tenemos también a Juan Manuel de Prada cuya excelente novela “Morir bajo tu cielo” aborda el tema de otra guerra, ésta en su vertiente más crítica y antibelicista, la que se refleja en la película española “1898: Los últimos de Filipinas. Aquí estamos lejos de esas guerras justas de Ford, Spielberg o Gibson. Es la absurda resistencia de los héroes del Baler, ignorando tozudamente las noticias que les enviaban los rebeldes de que la guerra había terminado, lindando con la locura y el suicidio y olvidados por esa generación de incompetentes altos mandos militares y políticos de finales del siglo XIX que dieron al traste con nuestro imperio colonial. El episodio fue utilizado y glorIficado durante el franquismo en la película del mismo título dirigida por Antonio Román en 1945 como símbolo de la resistencia aguerrida de los soldados españoles contra lo que fuera, aunque no tuviera sentido.

La nueva versión que ahora está en pantalla tiene el mismo tono de escepticismo, de decadencia y de ¿qué narices pintamos aquí? que las películas que se hicieron sobre Vietnam. El plano inicial en el que los soldados vadean un río en medio de la selva nos introduce de lleno en ese ambiente tropical sobre el que tanto cine antibelicista hicieron los americanos en la era Nixon.

“1898: Los últimos de Filipinas” no es tan buena como la Mel Gibson ni de lejos, de hecho tiene una parte intermedia un tanto pesada y reiterativa, pero el rigor de los combates, la excelente fotografía y el reparto de actores, así como la afortunada interpretación histórica de los acontecimientos, la convierten en una de las películas españolas que hay que ver este año. Para los nostálgicos hay que añadir que se mantiene la famosa canción de la versión antigua, “Yo te diré”, interpretada en esta ocasión por Carmen París.

En cualquier caso coinciden en pantalla los dos extremos más significativos del extenso género bélico, demostrando que la Historia Militar y la de sus protagonistas puede ser reflejada e interpretada  desde prismas ideológicos múltiples y contradictorios.

 

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Soy director en Historia del Arte, especializado en Música de Cine, crítico de cine, y director del Festival Ibérico de Cine de Badajoz. Retomo este blog con la intención de ofrecer de forma amena mi experiencia como historiador y crítico de cine y televisión, tanto en lo que respecta a la actualidad audiovisual reciente y futura, como al montón de vivencias relacionadas con el tema que en la segunda mitad del siglo pasado vivimos los de mi generación. No olvidaré aspectos periféricos e inseparables del cine comercial y las series de televisión como los video juegos o los cómics. En resumen, todo ese universo iconográfico que llena nuestros ocios e inquietudes, convirtiéndonos en “fans”, “freaks” o, sencillamente, en espectadores.