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Fecha: septiembre, 2017
IT O EL PARQUE DE ATRACCIONES DE STEPHEN KING
Alejandro Pachón Ramírez 12-09-2017 | 12:19 | 0

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Stephen King es uno de los escritores que, a partir de los ochenta, más me han interesado. Los profanos piensan que sólo escribe terror, pero los que conocen su bibliografía saben que no es así. Creo que he leído todo lo que ha publicado y me ha hecho pasar momentos intensos, embebido en sus libros más gordos, sin poder soltarlos. Concretamente recuerdo que gran parte de “It”, la voluminosa novela en la que se basa la película que tratamos , la leí en una habitación de hotel en Salamanca durante la asistencia a un congreso a la mayoría de cuyas sesiones no pude asistir a causa de una gripe. En ese estado entre febril y laxo viví las aventuras de la pandilla de los Perdedores y su reencuentro en la edad madura para volver a luchar contra el monstruo primigenio de las cloacas de Derry. Luego he leído cosas que me han gustado menos, especialmente aquellas que hace para ganar más dinero, si ello es posible, como por ejemplo la secuela de “El resplandor” titulada “Doctor Sueño” y que, cómo no, también va a ser llevada al cine.

En “It” King recurrió por primera vez al mismo artilugio de novela coral y del paso de la adolescencia a la madurez que luego usó en otras ocasiones, de cómo un suceso sobrenatural o macabro altera la vida de un grupo de amigos. Recordemos “El cuerpo” (la película es “Cuenta conmigo”) o “El cazador de sueños”. Lo malo del asunto es que se le ha copiado mucho y el mercado audiovisual está saturado con versiones de su obra desde bastante pésimas (un montón) a muy brillantes (“Mísery”, “Cadena perpetua”…)

Pero una cosa es vender derechos de novelas como churros y otra explotar la misma historia hasta la saciedad. El éxito de la serie televisiva “Stranger Things”, aunque no es suya, es debido  al revivalismo nostálgico a lo Spielberg. Así que ahora era el momento de que el esquema funcionara para dos generaciones: la llamada generación “Goonie” (los que ahora rondan los 40 años de edad) y la de los preadolescentes actuales. Lo que ya no es de recibo es que, además de una antigua miniserie de televisión, convierta It en dos películas, con lo que cobra tres por el precio de una. Y es que este It sólo cuenta la historia de los niños, no la del reencuentro. Ambas iban mezcladas en la novela y aquí se divide en dos partes. Ha ocurrido también con “La niebla” excelente película y ahora mediocre serie de televisión, al igual que otra penosa serie también reciente : “La cúpula”. Esperemos que no ocurra con Mister Mercedes, su magnífica trilogía policiaca protagonizada por el detective retirado Hodges.

En cuanto a la película que nos ocupa, no podemos decir que esté mal. Tiene una gran potencia visual-no olvidemos que el proyecto lo comenzó Cary Fukunaga, autor de una esteticista versión de Jane Eyre- y el guión puede funcionar para el que no haya leído la novela. Pero todo está basado en sustos con música y efectos de sonido, todo eso que convierte a una película en una atracción de feria. Diseñada para asustar a criaturas y homenajear a la generación Goonie, a mí me deja bastante frío esta historia muchas veces vista, copiada y reciclada desde la publicación de la novela. Pese a eso King sigue siendo mi escritor favorito (excepto en la farragosa y mitómana serie de “La Torre oscura”).

Dos apuntes adicionales : el director, Andrés Muschietti, que por entonces vivía en Barcelona, obtuvo premio en el Festival Ibérico de Cine de Badajoz por su corto “Mamá”, realizando luego un largo con el mismo título. También espero que la actriz que interprete a  Beverly de mayor, la única chica de la pandilla de los Perdedores, sea Amy Adams. Es clavadita a la adolescente que hace dicho papel en esta primera entrega.

 

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JOSAN: FIN DE UN CAPITULO DE LA HISTORIA DEL CINE EN MERIDA.
Alejandro Pachón Ramírez 04-09-2017 | 1:13 | 0

Jose María Sánchez, Josán, nos ha dejado. Se ha aludido en las redes sociales, cosa que agradezco, al libro que escribí sobre él, aunque más bién inspirado por su trabajo y lo que supuso en la formación cinéfila y sentimental de mi generación. Pero creo que es de justicia citar otra importante publicación, “Historia gráfica del cine en Mérida” (José Caballero Rodríguez. Editora Regional de Extremadura, 1999). Un libro con excelente documentación gráfica e histórica en el que se le alude junto a otro gran cartelista emeritense, Manuel Carvajo Domínguez, que firmaba como “Carvaj”. Curiosamente ambos personajes guardan relación con el reciente artículo en el que trataba sobre el cine y el tren en Extremadura y la importancia de RENFE en Mérida ya que, Carbajo era factor de circulación y el padre de Josán era inspector médico de RENFE. Hay otro dato que cierra el círculo de casualidades no tan casuales: todos vivíamos en la misma calle, la entonces denominada General Aranda y ahora Mariano José de Larra. Una calle también habitada por nombres posteriormente conocidos como Paco España (que luego fue mi compañero de Departamento en la Universidad), Paco Blanco (el de Adenex), el antiguo alcalde Antonio Vélez y tantos otros. La mayoría de familias ferroviarias.

Mucho antes de que yo escribiera el libro “Cine con los cinco sentidos. Las carteleras de Josán”, ya lo conocía desde niño. No sólo por esas grandes carteleras que alegraban el centro de la ciudad de manera efímera, sino porque vivíamos en el mismo bloque de pisos que daban a un trozo de acueducto y a la llamada Casa Patricia, en cuyas ruinas jugábamos. En los bajos tenía un taller al que nos dejaba asomarnos, ya que era muy amigo de mi padre. Lo recuerdo como alguien muy afectuoso que me llamaba Alejandrito y me saludaba mientras yo traía de una tienda que había al lado un trozo de barra de hielo, un sifón y una botella de gaseosa “La francesa”. También han venido a mi memoria las entrevistas que mantuve con él, muchos  años después, para preparar el libro. La mayor parte del material del que disponía, aparte de una serie de fotografías, eran unas cartulinas dibujadas con tinta china y que se colocaban en las vitrinas de los cines, junto a los ajados fotocromos. Aquellas fotografías que venían dentro de las sacas de las películas, con fotos de rodaje montadas sobre cartón, normalmente estaban muy deterioradas, ya que por entonces la vida comercial de una película era muy larga, de años de exhibición y, al igual que las copias, que acababan su carrera exhibidora con bastantes metros de menos que cuando se estrenaron, dichas fotos se habían pinchado en las carteleras de innumerables poblaciones. Las esquinas de las que se colgaban iban desapareciendo, y estaban llenas de desgarrones, humedades y las huellas de cientos de clavos que habían ido eliminando los bordes. Las cartulinas de Josán daban un toque de clase a las vitrinas paliando el vetusto efecto de dicho material de distribuidora un tanto sobado.

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La parte gráfica más importante del libro eran dichos dibujos, magníficamente seleccionados y maquetados por el artista Luís Costillo, al igual que la bonita portada y que es un fragmento del gran cartel de “Los cañones de Navarone” en el que Anthony Quinn apuñala el cuello de un soldado nazi.

Una vez decidido el material y el enfoque del mismo, faltaba el tono literario y el hilo conductor y ahí surgió “Cine con los cinco sentidos”: vista, oído, olfato, gusto y tacto, evocados por aquellas carteleras de “Los Diez Mandamientos” o de “La vuelta al mundo en 80 días”. Por esas páginas desfilan los olores de los cines, los sabores de las chucherías, los toqueteos en la “fila de los mancos”, los aplausos y silbidos de cuando llega la caballería y, sobre todo, el anticipo visual que significaban esas carteleras y que nos prometían los mejores placeres del domingo, junto con los programas de mano, también llamados folletines que repartía Falete por la calle Santa Eulalia.

Final de una época en la que no había “teasers”, “photocalls”, ni grandes “displays” propagandísticos en los vestíbulos de los cines. Esos colosalistas ensamblajes que anuncian las películas y que, para montarlos, hace falta seguir un curso de ingeniería, haciendo temblar a mis amigos trabajadores de los cines Conquistadores cada vez que les llegan esos grandes embalajes llenos de piezas. El trabajo de Josán y Carvaj era más difícil y artístico, pero al menos tenía más visibilidad.

No me resisto a poner aquí la cita con la que comenzaba mi libro y que describe el paso del tiempo:

“…Fue aquí, en el Tívoli, donde descubrí por primera vez el tiempo y el espacio, los saboreé como si fueran hibisco. Fue durante una reposición de “Río Rojo”…Mientras Montgomery Clift le cascaba a John Wayne en una pelea a puñetazos, una secuencia absurda, hice una marca en el brazo de mi butaca con la uña del dedo gordo. Dónde estará ese trozo de madera, me pregunté, dentro de veinte años, dentro de 543.” (Walker Percy. El cinéfilo. Alfaguara. 1990)

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Soy director en Historia del Arte, especializado en Música de Cine, crítico de cine, y director del Festival Ibérico de Cine de Badajoz. Retomo este blog con la intención de ofrecer de forma amena mi experiencia como historiador y crítico de cine y televisión, tanto en lo que respecta a la actualidad audiovisual reciente y futura, como al montón de vivencias relacionadas con el tema que en la segunda mitad del siglo pasado vivimos los de mi generación. No olvidaré aspectos periféricos e inseparables del cine comercial y las series de televisión como los video juegos o los cómics. En resumen, todo ese universo iconográfico que llena nuestros ocios e inquietudes, convirtiéndonos en “fans”, “freaks” o, sencillamente, en espectadores.