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ORO: UN TROPEZON EN LA MISMA PIEDRA
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Alejandro Pachón Ramírez | 12-11-2017 | 11:41

Teaser trailer de Oro La Película De nuevo Agustín Diaz Yanez vuelve a adaptar a Pérez Reverte, dando la sensación de que no ve sus propias películas y que ignora las justas críticas recibidas por “Alatriste”.

“Oro” tiene algunas buenas secuencias y mejores intenciones ideológicas. Nos cuenta el trayecto por la selva de un grupo de soldados españoles en busca de una de esas legendarias “ciudades de oro” americanas que animaban a los conquistadores. De hecho lo único que no ponen en duda los esforzados aventureros es la existencia de ese oro. Lo demás: la fé cristiana, el deber hacia el emperador o los mandos superiores e incluso el compañerismo, van perdiendo valor conforme avanza la acción. Una acción que es una sucesión de ejecuciones sumarias, asesinatos, luchas contra indígenas y contra un caimán que no se ve, aunque al final salen unos pajaritos rojos muy bonitos.

La idea que subyace debajo de una trama no muy hilvanada es la típica metáfora histórica de Pérez Reverte acerca del “cainismo” de los pueblos españoles: extremeños, aragoneses, vascos y andaluces enfrentados entre sí y contra el mando. “Extremadura: mala tierra, pero buenas gentes”, se dice en la película. Menos mal que no hay catalanes en la expedición, porque entonces  la extrapolación histórica hubiera venido al pelo.

Una extrapolación en la que hay tomas que, al igual que en “1898. Los últimos de Filipinas”, no deja de intentar recordarnos el cine sobre Vietnam y el paralelismo entre la decadencia del imperio español y la derrota yanqui en Asia. El problema cronológico es que la acción transcurre un siglo antes, durante el reinado del emperador Carlos, de la primera caída del imperio colonial hispano.

Otro problema es que todo está contado de una forma mal hilvanada e incluso apresurada; unidimensional en cuanto a los personajes y tomando referencias de películas del mismo género. El personaje interpretado por Juan Diego es similar al que compuso en “Cabeza de Vaca”, un olvidado título acerca del citado explorador y, obviamente, muchas de las tomas y composiciones están inspiradas en la mejor película que se ha rodado sobre el tema : “Aguirre. La cólera de Diós”, de Werner Herzog.

Hay también algunos elementos inaceptables, como la conversación entre las dos únicas mujeres de la expedición en una tienda, y cuyo lenguaje y tono contemporáneo están fuera de lugar. La estupenda actriz Barbara Lennie hace lo que puede por sacar adelante un papel bastante inverosímil ya que, aunque hubo mujeres en estas expediciones, aquí únicamente está para crear tensiones pasionales entre los hombres.

Los actores también se esfuerzan, así como los elementos de vestuario y efectos de acción pero, llegamos a lo más grave: la banda sonora. Después del error cometido en “Alatriste” de poner un tema de banda municipal de Semana Santa en la secuencia final, ignorando la excelente partitura de Roque Baños, ahora se recurre directamente a Javier Limón, un productor y arreglista, fundamentalmente de flamenco, que hace tres cosas: copiar las primeras notas del tema principal de “La misión”, hacer que los aguerridos conquistadores utilicen como himno de guerra un tema del cancionero popular del pacense Juan Vásquez  titulado “De los álamos vengo” , que en realidad es para voz femenina y poner luego esa misma melodía cantada por José Mercé para el famoso poema de  Quevedo, (“poderoso caballero es don Dinero”), que es bastante posterior. De hecho, incluso el cante flamenco es mucho más moderno. Lo único entrañable del desbarajuste es la dedicatoria  a Pepe Salcedo, gran persona y maestro de montadores, que no llegó a terminar su trabajo.

 

Soy director en Historia del Arte, especializado en Música de Cine, crítico de cine, y director del Festival Ibérico de Cine de Badajoz. Retomo este blog con la intención de ofrecer de forma amena mi experiencia como historiador y crítico de cine y televisión, tanto en lo que respecta a la actualidad audiovisual reciente y futura, como al montón de vivencias relacionadas con el tema que en la segunda mitad del siglo pasado vivimos los de mi generación. No olvidaré aspectos periféricos e inseparables del cine comercial y las series de televisión como los video juegos o los cómics. En resumen, todo ese universo iconográfico que llena nuestros ocios e inquietudes, convirtiéndonos en “fans”, “freaks” o, sencillamente, en espectadores.