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Fecha: enero, 2018
REGRESO AL TEATRO LOPE DE VEGA . CONCIERTO DE MICHEL LEGRAND
Alejandro Pachón Ramírez 30-01-2018 | 11:24 | 0

Podría poner un título poético, pero no reflejaría  lo que supuso mi primera experiencia de un concierto de música de cine en este teatro de Sevilla , donde lo viscontiniano y el arte barroco colonial se funden.  Aquel año lejano vimos dirigir a George Delerue y Elmer Bernstein. En años posteriores nuestros encuentros, almuerzos , entrevistas y catálogos con Morricone, North o Goldsmith,  con García Abril, Bernaola y José Nieto. Una fastuosa cena en el salón principal del Hotel Alfonso XIII con Maurice Jarre. Un paseo por la calle Betis con Gabriel Yared. Pero sobre todo una foto en la que estamos Pepa y yo en el palco central del teatro en el homenaje a Nino Rota y Fellini junto a Giulietta Massina.

Esa noche de hace un par de semanas me daba angustia volver al Lope de Vega, al lado de mi Facultad, la Fábrica de Tabacos. Demasiadas imágenes y sentimientos concentrados. Demasiadas perspectivas de mi vida que no sé que tienen que ver con las que tengo ahora.  Pero valía la pena porque era el concierto de Michel Legrand Trio, donde el maestro octogenario me ha levantado el espíritu. Ahora hace  gira acompañado por su piano, un bajo y una batería “ad hoc”. Es mejor que nunca con el teclado y tiene la memoria suficiente como para recomponer “Las señoritas de Rochefort” en un “mix” tocándolo y anunciándolo entre los fraseos rápidos e incansables de su dedos.  Los homenajes a Ray Charles, Miles Davis- con el que trabajó en la inconmensurable “Dingo”- e incluso a Dave Grusin, uno de sus discípulos más aventajados, se sucedían.

Legrand, pese a su “cool jazz” a  lo Hollywood,  ha enriquecido su carrera como intérprete, y es más francés que el champagne. La”fuga en menor” de “El Mensajero” era una reconstrucción jazzística de sus esencias basadas en Lully o Rameau.

Camtó tres temas.  Me emocionó “¿Qué vas ha hacer el resto de tu vida”, pero la gente opinaba que cantaba desafinado y casi rapeando. Era como un Tom Waits de la música clásica de cine. La voz a veces no le llegaba, pero eso, para mí, le daba un valor adicional a su trabajo, porque sus carencias vocales las suplía con un dominio virtuoso del piano.

Esa voz de anciano, cantando en inglés temas del repertorio habitual de Sinatra o Streissand, como él mismo comentó, era un sello histórico. Una seña de identidad y de reafirmación de una personalidad artística. Quizás también una elegía al final de una época. En mi facebook adjunto una excelente crítica aparecida en el Correo de Andalucía.

Antes de salir a una noche de niebla en los jardines de Murillo, previo picoteo en el remozado bar España , pensé que sólo por haber oído la multiversión de “Los paraguas de Cherburgo”, tocada a ritmo  de tango, bossa nova y tradicional valía la pena la asistencia.

También descubrí que para mí Sevilla, además de de muchas más cosas, sigue significando la música de cine, aunque sin cine. Y, para no dar lugar a equívocos, añadiré que la la única música que no me gusta son las canciones y bailes por sevillanas. Ni tampoco la Semana Santa.

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TRES GRANDES ACTRICES EN TRES GRANDES PELÍCULAS
Alejandro Pachón Ramírez 23-01-2018 | 12:43 | 0

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En los ochenta del pasado siglo, cuando publicaba las críticas en la versión impresa del diario HOY, en algún momento escribí que determinada película era “para mujeres”. Sinceramente no recuerdo cuál era (¿”Ghost”? ¿”Pretty Woman”?…). La redactora y amiga Mercedes Barrado me hizo saber que esa muletilla estaba muy fea; lo hizo de palabra, no en publicación y yo le agradecí la observación y la tuve en cuenta a partir de entonces, que era la época de las películas de Schwarzeneger,  Stallone y similares. Bastante han cambiado los tiempos, aunque no lo suficiente, en cuanto al papel de la mujer en el cine, ya sean actrices, directoras o espectadoras.

Esto me ha venido a la memoria a raíz de tres estupendos títulos que coinciden ahora en los cines y que tienen como elemento más importante a sus personajes femeninos, tanto en interpretación como en guión.

En el caso de “Molly’s Game”, Jessica Chastain interpreta el caso real de una mujer que organizaba partidas de poker de alto nivel, cuyos jugadores eran estrellas de Hollywood, deportistas de élite, millonarios y mafiosos. El reputado guionista Aaron Sorkind, ahora también como director, da rienda suelta a todo su magnífico arsenal de recursos de diálogos, para componer un magnífico relato periodístico acerca del ascenso de una mujer en un entorno masculino competitivo y peligroso. La Chastain está inconmensurable como siempre, con esa habilidad que tiene para pasar del frío hieratismo a la tensión o la inseguridad. El único “pero”  que le pongo a la película es el uso de insertos explicativos en las esquinas del encuadre para que los que no entiendan nada de póker. En “El rey del juego”, aquella de Steve Mc Queen haciendo de Cincinatti Kid, no hacían falta tales explicaciones y sigue siendo la mejor película sobre el tema jamás realizada.

En “Tres anuncios en las afueras” está nada menos que Frances Mc Dormand, una actriz que suele renunciar a maquillajes y embellecimientos y cuyo registro interpretativo, pese a estar muy marcado por el trabajo que hizo en “Fargo”, abarca desde la melancolía más concentrada y la frialdad sentimental a un sentido del humor y del sarcasmo inteligente, tal como vimos en la miniserie “Olivia Kitteridge”. El punto de partida de “Tres anuncios…” nos sugiere que vamos a ver cine negro ambientado en la América profunda, pero los giros de guión – aunque algunos bastante inverosímiles- conducen la historia por otros derroteros en los que impera la presencia de esta mujer solitaria, decidida y rotunda.

Y dejo para el final el mejor de los tres títulos: “Los papeles del Pentágono”, otra película-reportaje acerca del veto de Nixon a que se publicara el informe que Robert Mac Namara preparó a L.B. Johnson acerca de la inutilidad de la guerra de Vietnam. Uno de los temas del guión es la sana rivalidad entre el “New York Times” y el “Washington Post” por publicar los documentos y enfrentarse a la administración, pero el que más llama la atención es el proceso de empoderamiento  que experimenta el personaje interpretado por Meryl Streep, un ama de casa viuda que se ha visto obligada a continuar dirigiendo el “Post”, el periódico de su marido, amiga de presidentes y de la alta sociedad y minusvalorada por el consejo de administración de la empresa, pero que se acaba convirtiendo  en una dirigente activa, capaz de tomar decisiones arriesgadas y de enfrentarse al cambio de los tiempos. El talento de Spielberg en cuanto al uso del ritmo y de la composición del plano se enriquece con el valor interpretativo de la Streep y del  siempre eficaz Tom Hanks. Las mejores esencias del cine histórico, político y feminista quedan representadas en la secuencia en la  que la protagonista baja las escaleras del Tribunal Supremo mientras una muchedumbre de mujeres la rodea con admiración.

 

 

 

 

 

 

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EL GRAN SHOWMAN
Alejandro Pachón Ramírez 06-01-2018 | 1:18 | 0

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Los inicios de la carrera de Barnum, el hombre que utilizó por primera vez la palabra “circo” para designar el conocido espectáculo de funambulistas, payasos y animales y que lo convirtió en el magnate de dicho género escénico, nos sirven para reflexionar acerca del final del mismo.

Una vez prohibida la exhibición de leones y demás animales, inundadas las pistas de Patrullas Caninas, Bobs Esponjas y Spidermans de goma y considerados los tradicionales payasos como perversos monstruos de Stephen King, el Circo puede darse por enterrado. Ese circo que era el mejor espectáculo al que podíamos aspirar en las ferias de nuestra infancia, olor al serrín de la pista y manzanas de caramelo, está en vías de extinción.

Me dirán que el Circo del Sol llena allá donde va, pero eso es otra cosa. Es un sofisticado espectáculo de música, luces y diseño, aunque con los mejores artistas en sus respectivas disciplinas y concebido más para mayores que para niños. El Circo de toda la vida tenía un talante un tanto casposo, marginal, de remiendos cubiertos de parches y cicatrices tapadas con maquillaje barato.

En el cine, el mundo del circo constituía un género en sí mismo. Desde el Zampanó de “La Strada” y los clowns de Fellini a “El mayor espectáculo del mundo”, de Cecil B. de Mille, pasando por “El gran Circo”, en la que Gilbert Roland cruzaba las cataratas del Niágara sobre un cable o “Trapecio”, triángulo amoroso entre Gina Lollobrígida, Burt Lancaster y Tony Curtis, sin olvidar a “Dumbo”, había una serie de elementos imprescindibles en la trama: la rivalidad amorosa, la lucha contra la competencia y una catástrofe, ya fuera accidente de tren o incendio.

En “El fabuloso mundo del circo”, el productor Samuel Bronston nos díó dos catástrofes por el precio de una: el barco que naufragaba en el puerto de Barcelona y un incendio en la carpa.

En “El gran showman”, como no podía ser por menos, también hay un incendio, aunque lo que mantiene la película no sean los números circenses, que prácticamente no hay, sino los musicales. La gracia de este “biopic” reside fundamentalmente en dichos números, con coreografía y canciones muy conseguidas. Lo demás es fácilmente olvidable, ya que la típica moraleja del “self made man” no casa con la personalidad real del personaje histórico, que aquí se nos presenta como un buenazo, amante de la familia y dispuesto a conseguir sus objetivos con un improbable (para su época) discurso de integración de los “freaks” (la mujer barbuda, los siameses, etc) en la sociedad normal. Nada que ver con los auténticos “freaks” de Tod Browning o con la surrealista visión de series como “Carnivale” o “American Horror Story”

Hugh Jackman canta, baila y triunfa en los negocios , pero no tengo muy claro a quien va destinado este musical de Broadway , que aquí en España fue llevado al escenario sin mucho éxito bajo la producción de Emilio Aragón, si al público familiar o a los nostálgicos. Yo hubiera preferido que la película empezara cuando termina, con el número con elefantes.

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Soy director en Historia del Arte, especializado en Música de Cine, crítico de cine, y director del Festival Ibérico de Cine de Badajoz. Retomo este blog con la intención de ofrecer de forma amena mi experiencia como historiador y crítico de cine y televisión, tanto en lo que respecta a la actualidad audiovisual reciente y futura, como al montón de vivencias relacionadas con el tema que en la segunda mitad del siglo pasado vivimos los de mi generación. No olvidaré aspectos periféricos e inseparables del cine comercial y las series de televisión como los video juegos o los cómics. En resumen, todo ese universo iconográfico que llena nuestros ocios e inquietudes, convirtiéndonos en “fans”, “freaks” o, sencillamente, en espectadores.