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Alejandro Pachón Ramírez

Allá Películas

UN LUGAR TRANQUILO: LOS SONIDOS DEL SILENCIO

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Hay muchas personas que nunca han visto una película muda. De hecho nunca el cine fue absolutamente mudo. Los historiadores prefieren usar el término “cine no audible”, porque los actores hablan, aunque no los oímos. Las había con rótulos y textos explicativos y sobre todo musicalizadas en directo y comentadas por un personaje que aquí en España se llamaba “el explicador”, que a veces era el propio pianista que acompañaba con sus melodías a las imágenes y que era imprescindible porque mucha gente no sabía leer. Ni que decir tiene que el explicador actuaba la mayoría de las veces “en plan borde”, haciendo gracias a base de localismos y versos populares  y reinterpretando con bromas los rótulos de los más profundos dramas. Las versiones de los cortos de Charlot, Mack Sennet (aquí llamado Jaimito) o Harold Lloyd que nos pasaban en los cines de los colegios eran copias sonorizadas con la voz de un explicador, efectos de ruidos y música.

Hay muchas películas que tienen demasiado texto, verborreicas, y otras que tienen muy poco o ninguno- recordemos el éxito de “The artist” hace un par de años-, pero no muchas juegan con el sonido como elemento expresivo.

Eso es lo que hace genial a una producción que podría haber sido una más de terror: “Un lugar tranquilo”. Un título en el que prácticamente no hay diálogos ya que la familia protagonista está amenazada por una invasión de monstruos aliénigenas ciegos, pero con el sentido del oído muy desarrollado. Algo parecido a lo que ocurría en “No respires”, donde la amenaza era un excombatiente ciego, pero aquí con un sentido metafórico y plástico más desarrollado.

Cine postapocalíptico y de terror de la mejor clase, de ese que dicen que no es “apto para cardíacos”, aunque no haya vísceras ni sangre, bueno, sólo la imprescindible, pero con hallazgos como el uso de los ruídos y los gestos y, sobre todo de un sentido magistral del ritmo y la composición del plano . Como referentes podríamos citar la secuencia en el sótano de “La guerra de los mundos”, de Spielberg o algún relato de Stephen King, pero hay mucho más en el conjunto y es la evolución de la banda sonora desde el silencio matizado y selectivo, de las pisadas sobre arena, del sonido del agua y el viento, de los gritos ahogados, hasta la entrada sutil de la música, en un principio electrónica, de Marco Beltrami, que acaba convirtiéndose en una bonita suite de esperanza. Y por si fuera poco la canción que baila la pareja protagonista (oída a través de sendos auriculares, por supuesto) es “Harvest Moon”, de Neil Young.

Dudo que los jóvenes espectadores (la mayoría) que estaban en la sala hayan visto alguna película sin diálogos pero allí estaban, callados como muertos, enganchados a un crescendo sonoro y de suspense que hace que uno se reconcilie con el cine de terror actual.

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Sobre el autor

Soy director en Historia del Arte, especializado en Música de Cine, crítico de cine, y director del Festival Ibérico de Cine de Badajoz. Retomo este blog con la intención de ofrecer de forma amena mi experiencia como historiador y crítico de cine y televisión, tanto en lo que respecta a la actualidad audiovisual reciente y futura, como al montón de vivencias relacionadas con el tema que en la segunda mitad del siglo pasado vivimos los de mi generación. No olvidaré aspectos periféricos e inseparables del cine comercial y las series de televisión como los video juegos o los cómics. En resumen, todo ese universo iconográfico que llena nuestros ocios e inquietudes, convirtiéndonos en “fans”, “freaks” o, sencillamente, en espectadores.

abril 2018
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