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Alejandro Pachón Ramírez

Allá Películas

Mitos remasterizados: Infinity War

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Es evidente que las sagas de cómics y películas Marvel son la mitología de hoy, en la que dioses, héroes y titanes luchan en una Gigantomaquia que se expande por el espacio y el tiempo. Es en la última entrega fílmica de Los Vengadores, “Infinity War”, donde más patente se hace el asunto a causa de su gran cantidad de referentes míticos clásicos y actuales.

Para empezar, el protagonista de esta entrega y el eje de todo el arco argumental es el “malo”, que no es uno de esos megalómanos  habituales en la saga, sino un personaje tridimensional, cuyo propósito es arreglar el cosmos y sus defectos a base de genocidios controlados, imitando al colérico Jehová del Antiguo Testamento. Thanos sufre, ama, llora y se siente sólo. Por supuesto que combate como un demonio, pero bajo un halo shakespeariano que se hace patente desde la primera oscura secuencia en la nave de Thor.

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Su nombre es una mezcla de dos entidades de la mitología griega: Tánatos, que personifica la muerte y Talos, el gigante de bronce que protegía la isla de Creta y los accesos al Mediterráneo y que aparece recreado en “stop motion” en una de aquellas emocionantes fantasías de Ray Harryhausen: “Jasón y los argonautas”. En algunas de las leyendas se cuenta que fué Medea quien lo sedujo y engañó para acabar con su vida, convenciéndole para que se quitara un tornillo de la pierna que era la clave de toda su estructura, por lo que tiene mucho que ver con el famoso tendón de Aquiles. Sea como fuere, la astucia de los guionistas y de Jim Starlin, autor del cómic original, se plasma en la humanización de una iconografía que representa al mismo tiempo la muerte y la soledad de alguien que tiene que sacrificar a quien ama para ser fiel a sus letales principios.

El resto de los Vengadores, como ya es sabido, proceden de la mitología nórdica (Thor, Loki y demás), tecnológica (Iron Man, Spiderman…), africana (Black Panther), totemismo americano (Lobezno, aunque no salga en esta entrega) e incluso “pop” (los Guardianes de la Galaxia y sus canciones de Creedence y Beach Boys) y aún faltan personajes tan significativos como Hércules por aparecer.

La mezcla, después de múltiples éxitos y algún que otro error, sigue aumentando de valor y de complejidad, apoyándose en adecuadas dosis de sentido del humor y la tragedia e incluso de la autoparodia, de manera que para el espectador que no haya seguido la saga, este último capítulo le resultará incomprensible. Es fruto de la serialización imperante en la televisión, pero con un soporte icónico y literario mucho más sólido, proporcionado por la ingente cantidad de publicaciones Marvel desde los años sesenta del pasado siglo hasta hoy.

“Infinity Wars” es la apoteosis de todo lo anterior, culminando con dos batallas paralelas cuyo desenlace sorprende y abre el apetito de los fans para la necesaria segunda parte de esta entrega.

La imagen del melancólico Thanos en un verde planeta desierto, nos introduce en el gran postre musical de este elaborado menú : una elegía de Alan Silvestri, que continúa a modo de suite mahleriana en los títulos de crédito en un alarde de oscuro romanticismo en la orquestación y la melodía. Ni que decir tiene que en la sala seguíamos la mayoría del público sentados oyendo esa larga y cuidada obra sinfónica en espera de la habitual secuencia de epílogo. Los Vengadores ya son, por derecho, una religión, con sus rituales, seguidores, coreografías, cielos e infiernos.  El citado Requiem final no es más que la promesa de un nuevo Génesis.

 

 

Temas

Alan Silvestri, Los Vengadores, Marvel, Ray Harryhausen, Talos, Tánatos, Thanos, “Infinity Wars”

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Sobre el autor

Soy director en Historia del Arte, especializado en Música de Cine, crítico de cine, y director del Festival Ibérico de Cine de Badajoz. Retomo este blog con la intención de ofrecer de forma amena mi experiencia como historiador y crítico de cine y televisión, tanto en lo que respecta a la actualidad audiovisual reciente y futura, como al montón de vivencias relacionadas con el tema que en la segunda mitad del siglo pasado vivimos los de mi generación. No olvidaré aspectos periféricos e inseparables del cine comercial y las series de televisión como los video juegos o los cómics. En resumen, todo ese universo iconográfico que llena nuestros ocios e inquietudes, convirtiéndonos en “fans”, “freaks” o, sencillamente, en espectadores.

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