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Autor: apachon
TRES GRANDES ACTRICES EN TRES GRANDES PELÍCULAS
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Alejandro Pachón Ramírez | 23-01-2018 | 12:43| 0

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En los ochenta del pasado siglo, cuando publicaba las críticas en la versión impresa del diario HOY, en algún momento escribí que determinada película era “para mujeres”. Sinceramente no recuerdo cuál era (¿”Ghost”? ¿”Pretty Woman”?…). La redactora y amiga Mercedes Barrado me hizo saber que esa muletilla estaba muy fea; lo hizo de palabra, no en publicación y yo le agradecí la observación y la tuve en cuenta a partir de entonces, que era la época de las películas de Schwarzeneger,  Stallone y similares. Bastante han cambiado los tiempos, aunque no lo suficiente, en cuanto al papel de la mujer en el cine, ya sean actrices, directoras o espectadoras.

Esto me ha venido a la memoria a raíz de tres estupendos títulos que coinciden ahora en los cines y que tienen como elemento más importante a sus personajes femeninos, tanto en interpretación como en guión.

En el caso de “Molly’s Game”, Jessica Chastain interpreta el caso real de una mujer que organizaba partidas de poker de alto nivel, cuyos jugadores eran estrellas de Hollywood, deportistas de élite, millonarios y mafiosos. El reputado guionista Aaron Sorkind, ahora también como director, da rienda suelta a todo su magnífico arsenal de recursos de diálogos, para componer un magnífico relato periodístico acerca del ascenso de una mujer en un entorno masculino competitivo y peligroso. La Chastain está inconmensurable como siempre, con esa habilidad que tiene para pasar del frío hieratismo a la tensión o la inseguridad. El único “pero”  que le pongo a la película es el uso de insertos explicativos en las esquinas del encuadre para que los que no entiendan nada de póker. En “El rey del juego”, aquella de Steve Mc Queen haciendo de Cincinatti Kid, no hacían falta tales explicaciones y sigue siendo la mejor película sobre el tema jamás realizada.

En “Tres anuncios en las afueras” está nada menos que Frances Mc Dormand, una actriz que suele renunciar a maquillajes y embellecimientos y cuyo registro interpretativo, pese a estar muy marcado por el trabajo que hizo en “Fargo”, abarca desde la melancolía más concentrada y la frialdad sentimental a un sentido del humor y del sarcasmo inteligente, tal como vimos en la miniserie “Olivia Kitteridge”. El punto de partida de “Tres anuncios…” nos sugiere que vamos a ver cine negro ambientado en la América profunda, pero los giros de guión – aunque algunos bastante inverosímiles- conducen la historia por otros derroteros en los que impera la presencia de esta mujer solitaria, decidida y rotunda.

Y dejo para el final el mejor de los tres títulos: “Los papeles del Pentágono”, otra película-reportaje acerca del veto de Nixon a que se publicara el informe que Robert Mac Namara preparó a L.B. Johnson acerca de la inutilidad de la guerra de Vietnam. Uno de los temas del guión es la sana rivalidad entre el “New York Times” y el “Washington Post” por publicar los documentos y enfrentarse a la administración, pero el que más llama la atención es el proceso de empoderamiento  que experimenta el personaje interpretado por Meryl Streep, un ama de casa viuda que se ha visto obligada a continuar dirigiendo el “Post”, el periódico de su marido, amiga de presidentes y de la alta sociedad y minusvalorada por el consejo de administración de la empresa, pero que se acaba convirtiendo  en una dirigente activa, capaz de tomar decisiones arriesgadas y de enfrentarse al cambio de los tiempos. El talento de Spielberg en cuanto al uso del ritmo y de la composición del plano se enriquece con el valor interpretativo de la Streep y del  siempre eficaz Tom Hanks. Las mejores esencias del cine histórico, político y feminista quedan representadas en la secuencia en la  que la protagonista baja las escaleras del Tribunal Supremo mientras una muchedumbre de mujeres la rodea con admiración.

 

 

 

 

 

 

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EL GRAN SHOWMAN
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Alejandro Pachón Ramírez | 06-01-2018 | 1:18| 0

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Los inicios de la carrera de Barnum, el hombre que utilizó por primera vez la palabra “circo” para designar el conocido espectáculo de funambulistas, payasos y animales y que lo convirtió en el magnate de dicho género escénico, nos sirven para reflexionar acerca del final del mismo.

Una vez prohibida la exhibición de leones y demás animales, inundadas las pistas de Patrullas Caninas, Bobs Esponjas y Spidermans de goma y considerados los tradicionales payasos como perversos monstruos de Stephen King, el Circo puede darse por enterrado. Ese circo que era el mejor espectáculo al que podíamos aspirar en las ferias de nuestra infancia, olor al serrín de la pista y manzanas de caramelo, está en vías de extinción.

Me dirán que el Circo del Sol llena allá donde va, pero eso es otra cosa. Es un sofisticado espectáculo de música, luces y diseño, aunque con los mejores artistas en sus respectivas disciplinas y concebido más para mayores que para niños. El Circo de toda la vida tenía un talante un tanto casposo, marginal, de remiendos cubiertos de parches y cicatrices tapadas con maquillaje barato.

En el cine, el mundo del circo constituía un género en sí mismo. Desde el Zampanó de “La Strada” y los clowns de Fellini a “El mayor espectáculo del mundo”, de Cecil B. de Mille, pasando por “El gran Circo”, en la que Gilbert Roland cruzaba las cataratas del Niágara sobre un cable o “Trapecio”, triángulo amoroso entre Gina Lollobrígida, Burt Lancaster y Tony Curtis, sin olvidar a “Dumbo”, había una serie de elementos imprescindibles en la trama: la rivalidad amorosa, la lucha contra la competencia y una catástrofe, ya fuera accidente de tren o incendio.

En “El fabuloso mundo del circo”, el productor Samuel Bronston nos díó dos catástrofes por el precio de una: el barco que naufragaba en el puerto de Barcelona y un incendio en la carpa.

En “El gran showman”, como no podía ser por menos, también hay un incendio, aunque lo que mantiene la película no sean los números circenses, que prácticamente no hay, sino los musicales. La gracia de este “biopic” reside fundamentalmente en dichos números, con coreografía y canciones muy conseguidas. Lo demás es fácilmente olvidable, ya que la típica moraleja del “self made man” no casa con la personalidad real del personaje histórico, que aquí se nos presenta como un buenazo, amante de la familia y dispuesto a conseguir sus objetivos con un improbable (para su época) discurso de integración de los “freaks” (la mujer barbuda, los siameses, etc) en la sociedad normal. Nada que ver con los auténticos “freaks” de Tod Browning o con la surrealista visión de series como “Carnivale” o “American Horror Story”

Hugh Jackman canta, baila y triunfa en los negocios , pero no tengo muy claro a quien va destinado este musical de Broadway , que aquí en España fue llevado al escenario sin mucho éxito bajo la producción de Emilio Aragón, si al público familiar o a los nostálgicos. Yo hubiera preferido que la película empezara cuando termina, con el número con elefantes.

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LOS ULTIMOS JEDI: “Star Wars” para niños
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Alejandro Pachón Ramírez | 19-12-2017 | 12:28| 0

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Han habido sagas y personajes de largo recorrido que han ido mejorando y enriqueciéndose con el paso del tiempo. Daniel Craig es uno de los mejores James Bond de la historia, con permiso de Sean Connery. “Star Trek” ha crecido y se ha ido haciendo más compleja, apostando en firme por sus seguidores más veteranos.

En “Star Wars”, y me imagino que la casa Disney tendrá que ver con esto, lo han hecho al revés. Se han ido infantilizando y adaptando su temática a las ideologías predominantes en la actualidad. El buen rollo, la multirracialidad, el ecologismo, el empoderamiento femenino, etc… Cosas que están muy bién para educar a los chavales, pero que algunos no buscamos en la ciencia ficción. Las primeras dos imágenes que ilustran estas líneas demuestran cómo el estilo gráfico de sus  cómics se han hecho eco de esta tendencia: de los primeros tiempos épicos de la “space opera”, con profusión de colores y personajes en actitudes agresivas a los actuales en los que el dibujo es casi humorístico, de pegatina para la carpeta del “insti”.

De esta manera, la última entrega no puede por menos que dejarme un poco frío. Si exceptuamos una primera e interesante batalla espacial, un duelo en la cámara roja del “malo” con diversas armas lásers, un divertido casino de juegos y una buena secuencia final en un planeta de sal, lo demás se me hace pesado.

Se habla demasiado de los conceptos morales de la Fuerza y el Lado Oscuro, como explicándoselos a los niños, cuando ya llevamos  un montón de episodios sabiendo de que va y cuáles son la fuentes de dicho sincretismo religioso. Los personajes principales tienen un escaso nivel carismático y el “malo”, aunque también la “jedi buena”, son planos y poco simpáticos. Hasta el buenazo de Cheewacca ha perdido su gracia al compartir el Halcón Milenario con una especie de conejitos que parecen mascotas para “bebés”.

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Y lo peor de todo es que cada vez que sale Luke Skywalker, no puedo evitar acordarme del personaje de la serie “Shameless”, el granuja de Frank Gallagher, que en la última temporada ha pasado de ser un estafador y un consumidor compulsivo de todo tipo de drogas y alcohol a un ciudadano honrado y casi santo. Vamos, que ha dejado el Lado Oscuro. Veremos a ver cuánto le dura.

 

 

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EL NEO-WESTERN EN LAS SERIES: GODLESS
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Alejandro Pachón Ramírez | 11-12-2017 | 12:58| 0

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Creo que fueron las series de televisión las que se adelantaron al western moderno, ofreciendo una nueva aproximación a los personajes, los escenarios y el imaginario en general. No creo equivocarme si digo que la serie “Deadwood”, ya en su quinta temporada, fue una de las primeras en su género. En ella aparecían personajes históricos como Calamity Jane o Wild Bill  Hitcock tratados en un tono bastante diferente al que nos tenían acostumbrado en el western clásico. La épica y los estereotipos dejan lugar a espacios realistas  y personajes tridimensionales.

En cine, y ya en el siglo XXI, el género empezó a buscar nuevos horizontes, rodando en sitios como África del Sur, Australia y los países nórdicos. La violencia se hizo más explícita y las mujeres empezaron a tener papeles importantes como en “La deuda” o “Brimstone”.

Pero las raíces del western siguieron estando ahí, no se deconstruyó su esencia, sino que se renovó y olvidó su condición de serie B de entretenimiento, pasando a presentarse en festivales internacionales y a hacer hibridaciones con otros géneros, como el terror (“Bone Tomahwak”)

Y hete aquí que Netflix se descuelga ahora con una de las series más interesantes de la temporada: “Godless” (que significa “Sin Dios”). Definida como “una joya subversiva y feminista”, el arco temático principal transcurre en  un pueblo de Nuevo México, “La Belle”, habitado principalmente por mujeres, ya que los maridos han perecido todos a causa de una explosión de gas en la mina de plata de la que se sustentaba la economía. Sólo un sheriff que está perdiendo la vista, su joven ayudante y un tipo al que se le ha ido la cabeza e ignora su nombre, son la representación masculina, además de los diversos “buitres humanos” que revolotean en torno a las mujeres y su mina. Hay otras tramas argumentales pero todas confluyen en una idea, presentarnos una visión del western que enganche a un sector del público poco aficionado al género: las mujeres.

Además de la idea de “empoderamiento” y de espíritu de combate femeninos, “Godless“ es una auténtica antología de los mejores antecedentes del género. Evocamos “Horizontes de grandeza” en las secuencias de doma de caballos, “Río Bravo” en lo referente al sheriff, su ayudante y la cárcel del pueblo, “Grupo salvaje”, en la banda del malo, “Infierno de cobardes” y “El jinete pálido” en la subtrama religiosa, “Raices profundas” en cuanto a la relación del niño mestizo y el pistolero solitario…. Descubrimos también aspectos de la Historia poco tratados, como las primeras bandas de “cuáqueros” que se dedicaban a exterminar a los pioneros de otras religiones o los “soldados búfalo”, hombres de color que combatieron en la Guerra de Secesión y que formaron comunidades al margen de los blancos.

Todo ello con una cuidada ambientación y unas espectaculares escenas de acción y con una duración bastante peculiar: siete capítulos de entre una hora y hora y media cada uno.

Puede que nos estemos poniendo un poco pesaditos con la importancia que les concedemos a las grandes series de televisión, pero es que no dejan de sorprendernos y, sobre todo, de entretenernos, que es lo que importa a larga en un formato doméstico de calidad.

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LA LIBRERÍA : EL LIBRO COMO PERSONAJE.
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Alejandro Pachón Ramírez | 23-11-2017 | 12:12| 0

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“Una nunca se siente sóla en una librería”, dice la narradora de la película. En mi caso no ocurre eso, porque me siento un espectro cuando voy a Universitas y no está Angelito.

Me pongo en este plan porque la película de Isabel Coixet- nunca pensé que diría esto -me ha tocado algunos puntos claves de mis neuronas sentimentales.  Me refiero a las novelas que aparecen en la trama, la de una viuda de guerra que abre una librería en un pueblo, y que se convierten  en un personaje más.

La primera , “Fahrenheit 451”, no sólo es una precisa aportación al carácter del personaje encarnado por Bill Nighy, sino también es la reivindicación de Ray Bradbury como el escritor que dio a conocer el género de la ciencia ficción y la distopía a varias generaciones del siglo XX, entre las que me incluyo y que además nos llegó vía televisión con las adaptaciones de relatos de Bradbury por parte de Narciso Ibáñez Serrador en sus “Historias para no dormir”.

La otra es “Lolita”, de Nabokov, que representa la literatura como provocación moral y enfrentamiento a lo políticamente correcto. Antes que la película de Kubrick, me aparece en los sensores emocionales uno de los grandes  temas de Morricone para la versión “Lolita” (https://www.youtube.com/watch?v=GBwl_elSEFM) de Adrian Lynne  y que es una de esas músicas que duelen. En ese enlace tenéis una de las mejores versiones para mi gusto.

La tercera es  “Viento en las velas” (“High wind in Jamaica”) , una historia de niños en un barco de piratas, y que dio lugar a una excelente película interpretada por Anthony Quinn y James Coburn  y dirigida por alguien que también filmó con cariño la campiña inglesa: Alexander Mackendrik . Tal novela es la que perfila el carácter de la niña coprotagonista y añade nuevas lecturas a la trama convencional.

En cuanto a la protagonista, maravillosa Emily Mortimer, realmente no sabemos cuál es su libro, ya que los lee todos y su conocimiento es ecléctico, pero de gran sensibilidad e intuición.

Hay muchas películas británicas o americanas ambientadas en esos aparentemente idílicos pueblecitos con pastos oscilando al paso de nubes cambiantes.  Un espacio que ha hecho suyo la Coixet escapando a lo tópico. Bajo la aparente capa de pictoricismo, de distancia entre clases sociales y de la sobrevaloración de la vida en un pueblo, está la fuerza de un guión que, aunque no he leído la novela en la que se basa, juega con los puntos de vista narrativo y con la estructura y cierre de tramas de forma magistral.

Llama la atención su dirección de arte y su fotografía, sin caer en la cursilería de la postal; el ritmo, la sutil y eficaz banda sonora de Alfonso de Vilallonga, en la onda de Alexander Désplat y la forma de usar la voz en “off” y filmar a los personajes. Es el estilo clásico británico (Ivory, Loach) ….sólo que en una producción española que aborda el entorno sin tratar de copiar estereotipos, sino aproximándose íntimamente a los personajes y el escenario y llegando a un nivel artístico y de producción muy alto.

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Soy director en Historia del Arte, especializado en Música de Cine, crítico de cine, y director del Festival Ibérico de Cine de Badajoz. Retomo este blog con la intención de ofrecer de forma amena mi experiencia como historiador y crítico de cine y televisión, tanto en lo que respecta a la actualidad audiovisual reciente y futura, como al montón de vivencias relacionadas con el tema que en la segunda mitad del siglo pasado vivimos los de mi generación. No olvidaré aspectos periféricos e inseparables del cine comercial y las series de televisión como los video juegos o los cómics. En resumen, todo ese universo iconográfico que llena nuestros ocios e inquietudes, convirtiéndonos en “fans”, “freaks” o, sencillamente, en espectadores.