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Autor: apachon
JOSE G. MAESSO (Azuaga, 1920- Madrid, 2016): DE AZUAGA AL WESTERN
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Alejandro Pachón Ramírez | 01-09-2016 | 11:09| 0

No es que fuera el mejor director del cine español, ni el mejor productor, aunque era un primera clase en cuanto a cultura, educación, y “savoir faire” y su producción “Los Tarantos”, fuera nominada al Oscar a la mejor película extranjera. El título del libro de Jesús García de Dueñas – “José G. Maesso. El número 1”- se refiere al hecho académico de que Pepe había sido el primero de su promoción en la extinta Escuela Oficial de Cinematografía. Si quieren  más detalles acerca de su dilatada y variopinta carrera, de sus raíces familiares en Azuaga , Llerena, Portugal y Badajoz, de sus riesgos empresariales y artísticos, de su faceta docente y de su personalidad, ahí tienen el libro, editado por el Departamento de Publicaciones de la Diputación de Badajoz.

Lo que quiero recordar aquí es el homenaje que le hicimos en el Festival Ibérico de Cine de Badajoz. Estuvieron Andrea Bronston (cantante que actuó en la gala e hija del mítico productor Samuel Bronston), el actor Manolo Zarzo,  el montador Pepe Salcedo, el director de fotografía Fernando Arribas y más que se me olvidan, pero sobre todo recuerdo la presencia de Eugenio Martín, autor de la cult movie “Pánico en el Transiberiano” . Maesso le produjo “El precio de un hombre”, un gran western hispano a medio camino entre el spaghetti y el cine cortijero. Luego Mario Camus quiso hacer algo parecido en “La cólera del viento”, pero no le quedó igual. De todas maneras no olvidemos que Pepe, productor de ese “Django” y otros títulos de Corbucci que tanto han influido en la carrera de Quentin Tarentino, está considerado el creador del primer western almeriense de la historia, “Tierra brutal”, también producida por èl.

Y, el colmo de cualquier “freak” de la serie B española,  gracias a este homenaje conocí a la mujer de Eugenio Martín, Lone Fleming, una “scream star” de los setenta, de la época de los terrores de Paul Naschy, Amando de Ossorio, y por supuesto de su marido Eugenio Martín, también chica de Saloon del desierto de Tabernas en más de una película . Luego la he seguido viendo en cortometrajes de gente joven a los que sigue prestándose (gratis et amore) como tantos otros actores y actrices de su generación. Aquel momento, en el vestíbulo del López de Ayala , para mí fue como revivir aquellas furtivas sesiones en cines de Sevilla como el Emperador, o el Palacio Central, donde me escondía  de mis camaradas de los sesudos cineclubs, que automáticamente me hubieran retirado la palabra si hubieran sabido de mis inclinaciones hacia el terror erótico. Creo que Lone ha sido una de las pocas personalidades del cine a las que he conocido, y he conocido a bastantes, a las que les pedido un autógrafo.

(Conversaciones de Salamanca : Juan Antonio Bardem, José Gutiérrez Maesso, Luís García Berlanga, García Escudero y Jose Luís Saenz de Heredia)

Todo esto viene a cuento de lo feliz que fué Maesso aquellos días de primavera del 2003 entre nosotros, de su sereno temperamento plasmado en el documento audiovisual que hicimos de él, de la claridad de sus recuerdos e impagables anécdotas. Para mí, al margen de sus méritos y errores artísticos, Maesso fue un personaje clave en la historia de nuestro cine  –participó activamente en las Conversaciones de Salamanca – y en el inicio del nuevo cine español abanderado por Berlanga y Bardem. Estuvo en momentos y situaciones claves para entender la auténtica historia de aquellos años. Conocedor de una amplia bibliografía cinematográfica en francés e inglés, cuando aquí sólo publicaba libros de cine la editorial Rialp. Profesor recordado por varias generaciones de cineastas ….Un extraño caso de empresario intelectual y académico en aquellos años en los que desarrolló el grueso de su filmografía.

Desde esta tierra extremeña suya y nuestra, también a veces brutal,  como la de su película con Paquita Rico y Richard Basehart (sí, el capitán del Seaview), un recuerdo póstumo y agradecido al primer cineasta que nos enseñó a cabalgar por las ramblas de Almería.

 

 

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Summertime Blues
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Alejandro Pachón Ramírez | 25-08-2016 | 12:24| 0

 

El título de la vieja canción de Eddie Cochran, luego popularizada por The Who, no es más que un eufemismo anglosajón para definir las diarreas estivales. Y es que este verano, que esperemos esté en fase final, con sus altas temperaturas y su triste cartelera, ha sido un largo y viscoso “blues” interpretado por una guitarra desafinada.

Los que ya hemos cumplido los sesenta recordamos que cuando éramos niños prácticamente no existía el cine infantil. Si acaso las puntuales reposiciones de “Blancanieves”, “Pinocho” o “Bambi”, los “festivales” compuestos por cortos de Tom y Jerry, Popeye o el Pájaro Loco y poco más. Las series de televisión tipo “Viaje al fondo del mar” o los dibujos de Hanna Barbera nos cogieron haciendo ya la reválida de cuarto. Sin embargo el otro día conté no menos de ocho películas de animación en pantalla y algunas otras de acción que, como “Tarzán” o “Escuadrón suicida”, van dirigidas a preadolescentes.

Los niños y jóvenes son los que mandan a la hora de elegir película e ir acompañados de sus padres y estos títulos copan la programación de tal manera que impiden el paso de producciones más adultas o minoritarias. Así que de todo lo que se ha pasado este verano por las  salas comerciales me quedo con dos títulos:

“Jason Bourne”: que aunque no sea muy original con respecto a anteriores entregas de la saga, sigue manteniendo un más que aceptable ritmo de acción e interés dramático. Me sigue llamando la atención cómo son capaces de rodar esas secuencias en espacios públicos muy concurridos; cómo consiguen adiestrar a los figurantes y a los actores principales para que todo parezca casi documental. En esta última aventura del personaje interpretado por Matt Damon hay una persecución en medio de una violenta manifestación en Atenas a causa de los recientes episodios políticos, que te deja con la boca abierta: cócteles molotovs, cargas policiales y, entre el caos, el protagonista huyendo de un asesino a sueldo a pié, en coche o en moto. Esa es la marca de la serie Bourne: personajes huyendo y matándose en medio de multitudes y lugares emblemáticos de todo el mundo. Y si además está Alicia Vikander, mejor que mejor.

El segundo título es “Star Trek: más allá, última aventura de la nave Enterprise y que está a la altura de las dos anteriores, aunque en esta ocasión aproximándose más al espíritu de la célebre serie de televisión. Creo que la saga “Star Trek” supera a las últimas películas de superhéroes y, que me perdonen los fans, a la decepcionante última entrega de “Star Wars”. El capitán Kirk y su tripulación tienen más sentido del humor, menos pretensiones filosóficas y más variedad de caracteres que los personajes planos que se nos han propuesto en la resurrección de la Guerra de las Galaxias y no hablemos de cómo Michael Giacchino sigue creando magníficos leitmotivs musicales sin perder de vista materiales procedentes de anteriores entregas.

O sea, que esto funciona a base de sagas, secuelas, remakes y  animalitos de animación que se parecen todos demasiado. También he visto grandes películas este verano, en versión subtitulada, pero en mi casa y, sin citar su procedencia.

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EL OCASO DE LOS DIOSES
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Alejandro Pachón Ramírez | 11-08-2016 | 10:50| 0

 

 

 

Los grandes ciclos mitológicos de nuestros días han sido creados por dos editoriales de cómics: D.C. y Marvel. Es un Olimpo y también un Valhalla – no olvidemos que Thor también juega en esta liga- que empezó a gestarse en 1938 con Supermán, que continuó luego con los superhéroes de la Marvel y que eclosionó a finales del siglo pasado con sus triunfales adaptaciones cinematográficas. Un mundo de Gigantomaquias, Apocalipsis y Mesías, de Odiseas galácticas, de descensos a los Infiernos y de venganzas entre héroes y semidioses. Un “totum revolutum” muy bien diseñado estructural y visualmente que ha ido rebajando sus expectativas a la par que disminuía la edad del público al que va destinado y que tiene mucho que ver con la filosofía de la todopoderosa casa Disney, dueña y señora de todo el tinglado.

Pero la megalomanía tiene un precio. Los pequeños cuadernillos de Editorial Novaro y Vértice se transformaron en lujosas ediciones Prestige y en gruesos volúmenes integrales que se ponían a la altura de las costosas películas de Spiderman, Batman, Vengadores, etc. Dicha hipertrofia es algo habitual en los géneros. Recordemos cómo esa gallina de los huevos de oro que era el “spaghetti western”  fue aniquilada por sus propios creadores cuando empezaron a incluir en los rodajes almerienses la comedia disparatada con títulos como “El blanco, el amarillo y el negro”, siendo su certificado de defunción un título más que estimable producido por el propio Sergio Leone : “Mi nombre es ninguno”.

Con las películas de superhéroes ha pasado algo parecido. Mientras que un personaje con el carisma y el sentido del humor como Iron Man se convertía en la última entrega de Los Vengadores en un líder serio y sin ninguna gracia, aparecen otros personajes de comedia de sal gruesa como Deadpool, que hace que los padres se pregunten cómo han llevado al cine a sus hijos para ver a un tipo tan deslenguado y macarra. La D.C. por su parte, y tras la fallida Batman vs. Superman, y aún así parece ser que Ben Affleck amenaza de nuevo con hacer del hombre murciélago, trata de entrar en el terreno de  la incorrección política y del humor con “Escuadrón suicida”, sin conseguirlo tampoco. De hecho, si no es por la presencia de Margot Robbie, la película sería un auténtico fiasco. Los “malos” de todos estos títulos tampoco son lo que eran, de hecho no son ni malos, sino unas víctimas incomprendidas.

El canto de cisne de esos híbridos actuales entre el cómic antiguo y el moderno, entre la ilustración clásica y esos dibujos más redondeados y satinados de ahora (muy influidos por el “manga”) tienen su mejor representación en la película “Guardianes de la Galaxia”,con su banda sonora llena de “hits” ochenteros. “Hits” comerciales de Rolling o Queen que, por cierto, también aparecen en “Escuadrón suicida”.

O puede que el problema esté en los que crecimos leyendo las viñetas de Jack Kirby y Stan Lee en blanco y negro o los Supermanes de Editorial Novaro en color. Puede que los superhéroes necesiten infantilizarse y mezclarse unos con otros lo más posible, hasta que haga falta una guía para entender personajes y subtramas, como ocurre con “Juego de tronos”. Puede que el ocaso no sea el de los semidioses mutantes, ni el de los vengadores atormentados, sino el nuestro. Un crepúsculo como el de Gloria Swanson (“Aún soy grande, son las películas las que se han hecho pequeñas”) en el que el problema es uno mismo y su abigarrado pasado lleno de emociones y recuerdos forjado a base de tebeos y salas de programas dobles.

 

 

 

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Cines de verano: El regreso
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Alejandro Pachón Ramírez | 29-07-2016 | 10:43| 0

CINES DE VERANO: EL REGRESO

 

Creo que dos de los inventos más grandes de nuestra época son el cine y el aire acondicionado. También está Internet, pero creo que ese es más propio de la generación posterior a la mía, aunque también lo disfrutemos, como demuestra este “blog” que retomo con ilusión

Los antiguos coliseos cinematográficos colocaban en su entrada un panel bajo el cartel de la película (pintado a mano sobre un gran lienzo), en el que un pingüino cubierto de escarcha de hielo anunciaba que esa sala tenía “refrigeración Carrier”, cosa que no solía haber en los hogares.

Pero, pese a ese invento, y debido también a que no todas las salas eran refrigeradas -en el Liceo de Mérida tenían que abrir unos ventanales en la parte superior- la popularidad de los cines de verano era incuestionable: público familiar, cenas que se llevaban de casa o se compraban en la barra, como las famosas berenjenas atravesadas por un palito de hinojo del cine Ferroviario de Mérida, y la posibilidad de fumar y de que los niños jugaran con la arena o los guijarros de río que normalmente alfombraban la terraza. Los cines de verano eran como playas sin agua. Para más detalles sobre el asunto pueden echar un vistazo a mi libro “Cine con los cinco sentidos” (Editora Regional de Extremadura, 1999)

A finales de los setenta empezaron a desaparecer, al igual que las grandes salas. Los únicos reductos por entonces fueron las localidades costeras. El vídeo doméstico provocó una de las más grandes crisis en la historia de la exhibición fílmica, sólo comparable a la que ha supuesto el auge de la piratería internauta en la actualidad.

Pero hete aquí que la crisis económica ha hecho que vuelva el cine al aire libre. Sus precios muy populares, y el hecho de ahorrar energía al no estar la familia en casa, han logrado que regrese una forma de exhibición aparentemente extinguida.

Aquí en Extremadura el arranque se produjo hace unos años a raíz del programa de cine en las plazas de los pueblos creado por las Universidades Populares. Poco a poco nuevos espacios se fueron sumando a esta iniciativa y no hay ciudad que no disponga de su cine de verano. Evidentemente no son tan sofisticados como el del Patio del Cuartel Conde Duque de Madrid, donde incluso se proyecta cine mudo con acompañamiento musical en directo, o el Palacio de Cibeles, en el que te proporcionan unos auriculares para aislarte del sonido ambiente.

También es notable la programación del Patio de la Diputación de Sevilla, con películas de culto y vanguardistas en versión original. O sea, que el cine de verano ya no es sólo una forma de reestrenar películas o de recuperar títulos clásicos, sino también de experimentar nuevas fórmulas. Así por ejemplo, la celebración del Festival Ibérico de Cine de Badajoz en la Terraza del Lopez de Ayala ha supuesto un apabullante incremento de público para un formato aparentemente minoritario como es el cortometraje.

Esa misma Terraza proyecta a lo largo del verano una serie de films clásicos y otros de la pasada temporada de los que me voy a permitir recomendarles especialmente un título: “Slow West”, un magnífico western británico, lleno de homenajes y originalidad, que se une a la actual hornada de títulos del género realizados en lugares tan poco americanos como Noruega, China o Nueva Zelanda. Pero ya trataremos en otra ocasión el fenómeno del “neo western”.

También en Mérida, Cáceres y otros lugares de nuestra sofocante tierra, hay cines de verano en los que ver no importa qué película, y donde prima la intención de pasar un buen rato al fresco. No sé si esto crea afición para que el público vuelva a la pantalla grande, o si supone una feroz competencia con las ya deprimidas salas comerciales. En cualquier caso, la evolución de los formatos digitales ha facilitado el regreso del antiguo espectáculo familiar.

Por mi parte, el mejor cine de verano es el que a veces hago en el patio de mi casita en El Carrascalejo: un proyector de vídeo, una pared blanca como pantalla, y una selecta programación bajo la adelfa y el limonero, tratando de olvidar que al día siguiente las abrasadoras temperaturas de la dehesa me harán recordar un título de mi infancia : “Del infierno a Texas”.

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Soy director en Historia del Arte, especializado en Música de Cine, crítico de cine, y director del Festival Ibérico de Cine de Badajoz. Retomo este blog con la intención de ofrecer de forma amena mi experiencia como historiador y crítico de cine y televisión, tanto en lo que respecta a la actualidad audiovisual reciente y futura, como al montón de vivencias relacionadas con el tema que en la segunda mitad del siglo pasado vivimos los de mi generación. No olvidaré aspectos periféricos e inseparables del cine comercial y las series de televisión como los video juegos o los cómics. En resumen, todo ese universo iconográfico que llena nuestros ocios e inquietudes, convirtiéndonos en “fans”, “freaks” o, sencillamente, en espectadores.