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Autor: apachon
DE MANDRAKE EL MAGO AL DOCTOR STRANGE: El regreso de la psicodelia
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Alejandro Pachón Ramírez | 04-11-2016 | 11:52| 0

 

Cada vez que veo un cómic llevado al cine y me gusta, me pregunto qué sentiría si esa película hubiera podido verla en el momento en que leía aquellas viñetas. Los cinéfilos y comiqueros de toda la vida no hemos tenido la suerte de ver llevadas a la pantalla con la elegancia y la calidad que exigían las obras de la Edad de Oro, aquellas que nuestros padres (la generación de la guerra civil) conocieron a través de revistas como El Aventurero y nosotros en la colección Héroes Modernos de Editorial Dólar (años sesenta). Me refiero a autores como Alex Raymond, Lee Falk o Harold Foster y personajes como Flash Gordon, El príncipe Valiente o El Hombre Enmascarado. Ninguno de ellos ha tenido una película medio decente, pese a ser el equivalente en cómic a lo que en la historia de la pintura serían Miguel Angel o Leonardo.

 

Esto viene a cuento a raíz del visionado de “Doctor Strange”, que me ha hecho reconciliarme con las películas Marvel, de cuyas últimas entregas salí bastante decepcionado. Y es que este neurocirujano que se transforma en un mago con poderes místicos, me ha hecho recordar a otro héroe de papel de nuestra infancia : “Mandrake el mago”, un prestidigitador de asombrosos poderes, que también hacía incursiones en universos paralelos y tenía escarceos con alienígenas, acompañado de su fiel ayudante Lotario y su prometida la princesa Narda. Incluso Fellini intentó llevarlo al cine encarnado por Marcello Mastroianni. Ahora tiemblo pensando que hay un proyecto en marcha interpretado por un tipo que no me hace mucha gracia: Sacha Baron Cohen.

Volviendo a “Doctor Strange”, una excelente recreación de la psicodelia y  las alucinaciones lisérgicas típicas de la contracultura de inicios de los setenta, ¿qué hubiéramos sentido de haberla visto en aquella época en la que leíamos la obra de Allan Wats, las enseñanzas del Don Juan de Castaneda y a Jack Kerouac?. Si el “viaje de tripping” final de “2001: Una odisea espacial” nos pareció el no va más, ¿qué nos hubieran parecido  estos viajes  astrales en multiuniversos de colores fulgurantes e irreales, estos edificios  de perspectivas imposibles, estos bucles temporales?. Se hubiera convertido en una película de culto o incluso puede que hubiera propiciado la aparición de una nueva religión fomentada, eso sí, por el uso de sustancias psicotrópicas. Creo que incluso hoy en día algún crítico se ha molestado por las referencias “satánicas” de la película.

Al margen de los hallazgos en la dirección de arte y los efectos especiales, la trama sigue el patrón habitual de buenos y malos, de aprendizaje y redención propias de la casa – no olvidemos que Disney está al mando-pero el envoltorio es atractivo y Benedict Cumberbach consigue un buen equilibrio entre la ironía y la evolución del personaje.

La película es consciente de la dimensión “neo hippie” de “Strange” y rinde homenaje a ese entorno cultural en su banda sonora, no sólo incluyendo un tema de Pink Floyd, sino sobre todo con los créditos finales  compuestos, como no, por el gran Michael Giacchino, con evidentes citas al rock sinfónico y psicodélico.

Y es que la Marvel será lo que sea, pero es la única productora que ha sabido darle un sentido global y estético al mundo del cómic en toda la historia del cine, y que me perdonen los de la D.C., pero es que nunca debieron contratar a Ben Affleck para hacer de Supermán.

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LA MOSCA DE HEISENBERG
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Alejandro Pachón Ramírez | 20-10-2016 | 11:59| 0

 

 

Ya están pasando los efectos mediáticos, aunque no económicos, del taquillazo de la temporada, ese que van a ver los que acuden raramente al cine, influidos por las abrumadoras campañas publicitarias de las cadenas comerciales de televisión que lo producen. Ocurrió con “Lo imposible”, con “Ocho apellidos vascos” y con este “monstruo que viene a verme” sobre el que hemos escrito casi todos, de manera que llega un momento en el que ya no se habla de cine, sino de filias, fobias y metafóricas miradas transversales.

El nivel de cultura cinematográfica –incluso podemos borrar lo de “cinematográfica”- ha bajado hasta cotas inimaginables. Que un universitario actual sepa quíenes fueron John Huston o FranÇois Truffaut es impensable, mientras que amigos de mi generación que no estudiaron sí conocen su obra. Si a los espectadores de una película al año les preguntas por sus series de televisión preferidas, te hablarán de “Aguila Roja” y similares, antologías del anacronismo histórico y del concepto tercermundista del cine de aventuras; de sitcoms españolas de humor chabacano y chistes tópicos e incluso de “Juego de tronos”, que dejé de ver, creo que en la tercera temporada, porque me perdía entre tantas tramas argumentales y personajes dispersos, aún reconociendo su lujoso nivel de producción. Por cierto, hay mucha gente que piensa que “Juego de tronos” es una serie histórica. Obviamente en las cadenas que programan estas series hay como unas tres tandas de anuncios por capítulo en las que se publicita su “única película a la que usted y su señora o esposo tienen que ir este año”. Y allá que van.

Así que, como el cine más vanguardista (películas “en las que hay que leer”) está condenado a circuitos privativos de “freaks”, estudiantes de idiomas y profesores jubilados, tres aspectos que suelen fundirse, como la Santísima Trinidad, en una misma persona, queda un potente bastión mediático: el de las buenas series de televisión, reducto de la innovación y la creatividad.

El otro día revisé el capítulo 10 de la tercera temporada de “Breaking Bad”, el de la mosca. En las grandes series se permiten el gustazo de incluir de vez en cuando algún episodio cuyo visionado no exige estar al tanto de todo el arco argumental. Un “tour de force” en el que regalan al adicto y al neófito un ejercicio de estilo y originalidad. Un mediometraje independiente, aunque no del todo, en medio del bien organizado armazón de la trama general. En esta ocasión, el profesor Walter White, alias Heisenberg, enfermo de cáncer, profesor de química en un instituto y el mejor “cocinero” de metanfetamina de Nuevo México y alrededores, se obsesiona con la presencia en su flamante laboratorio de una mosca a la que tratará de matar ayudado por su colega un tanto colgado Jesse Pinkman. Todo el capítulo ocurre en un claustrofóbico interior en el que los diálogos, en la más pura tradición de la buena literatura norteamericana, nos darán pautas sobre el pasado y la futura evolución de los personajes. Aunque el link que adjunto contiene spoilers, lo recomiendo a los que ya hayan visto la serie.

Son la sorpresa en el roscón de Reyes, caprichos de autor que se han dado también en la última temporada de “Fargo”, con la inexplicable aparición de un platillo volante tras un largo tiroteo en un motel, en “Mad Men”, en “American Horror History” y en ese enigmático final en el restaurante de la madre de todas las series actuales: “Los Soprano”.

Un concepto creativo e industrial del que estamos muy lejos, no sólo en España sino en Europa donde, aun con ejemplos notables como “Braquo” (Francia) o “Borgen” (Dinamarca), no se llega a ese grado de refinamiento. Bueno, miento: hay una serie británica, o sea que tampoco es europea, de episodios autoconclusivos, de la que se estrena ahora su tercera temporada: “Black Mirror”.  Absolutamente imprescindible.

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LA LARGA SOMBRA DE SPIELBERG: MONSTRUOS AMABLES
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Alejandro Pachón Ramírez | 08-10-2016 | 12:05| 0

Una de las dinámicas de la filmografía de Steven Spielberg es dar una de cal y otra de arena. Tal es el caso reciente de “El puente de los espías” (la cal) y luego “Mi amigo el gigante” (la arena). Poco tiene que ver la bien contada historia de espías durante la Guerra Fría con la irregular adaptación del cuento de Roald Dahl con gigante amable y niño. Puede que haya también dos tipos de películas de Spielberg: en las que trabaja Tom Hanks y en las que no. Pese a eso, es indudable que ha marcado a más de un cineasta y a varias generaciones de espectadores al crear un estilo en el que el cine familiar se alía con el discurso moral, la acción y la fantasía, sin olvidar una visión del pasado histórico que él siempre lleva a su terreno: la denuncia del antisemitismo y de las desigualdades.

Su influencia llega más allá de la gran pantalla tal como demuestra una de las mejores series televisivas del año: “Stranger things, llena de referencias a “Los Goonies”, “E.T.” o “Encuentros en la tercera fase”, pero también al Stephen King de “Cuenta conmigo” o a “Twin Peaks”. Incluso recientemente se ha programado una antigua miniserie producida por él, “Into the west”, en la que se nos describía la conquista del Oeste y el genocidio de las tribus indias como una metáfora del Holocausto judío.

Todo esto viene a cuento del estreno de “Un monstruo viene a verme”, de J.A. Bayona, que incluye tanto referencias a Guillermo del Toro, pero en plan “light”, como al Spielberg más familiar. No cabe duda de que Bayona sabe dirigir, pero lo que mejor sabe es hacer llorar al público, bueno, a determinado tipo de público entre el que no me incluyo. El gran éxito de “Lo imposible” y el efecto lacrimógeno entre los espectadores de esa familia de la alta burguesía que tras el tsunami son repatriados en un avión de lujo, no sólo no me emocionó sino que llegó a mosquearme.

En “Un monstruo viene a verme”, Bayona intenta la misma maniobra: arrancar lágrimas mediante esas músicas hiperbólicas que le pide a Fernando Velazquez y esos planos sostenidos del niño con problemas y su abuela. No me afectan sus intentos por hacerme llorar  y me rompen el ritmo las secuencias de animación y efectos especiales, todo dentro del típico relato en el que la fantasía se mezcla con el drama no apto para diabéticos.

Desde luego que no dudo de la capacidad comercial de Bayona para llevar al cine y agradar a toda esa gente que se deja guiar por la abrumadora publicidad de las cadenas de televisión, pero la sensación de “dejá vu” (“El laberinto del fauno”) acecha desde el primer momento. La excelente fotografía, la abusiva banda sonora y la composición de personajes están a la altura de cualquier producto norteamericano de características similares, pero no es mi tipo de cine preferido, aunque seguro que arrasará en taquilla.

Para acentuar la deuda de Bayona con Spielberg, el próximo proyecto que estrenará el director español es la segunda entrega de “Jurassic World”, en la que esperamos que los monstruos no sean tan amables y moralistas y se limiten a comer y destripar personas, que es lo suyo. Y que la música sea de John Williams.

 

 

 

 

 

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SAMURAIS Y PISTOLEROS: EL NUMERO NO IMPORTA
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Alejandro Pachón Ramírez | 25-09-2016 | 12:52| 0

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Puede que convenga recordar que dos de los westerns que provocaron un punto de inflexión en el desarrollo del género son adaptaciones de “Yojimbo” y “Los siete samuráis”, ambas del japonés  Akira Kurosawa. Me refiero respectivamente a “Por un puñado de dólares”, de Sergio Leone y “Los siete magníficos” de John Sturges. Adelantaré que la nueva propuesta de Anthony Fuqua tiene mucho de Leone, bastante de Sturges y algo de Peckinpah, por mucho que algunos críticos aludan a lo innecesario de este “magnífico” remake.

La versión de Sturges supuso la aparición de una cantera de actores (James Coburn, Steve Mc Queen, Charles Bronson…) que luego reaparecerían en “La gran evasión”. A esa versión sucedieron unas cuantas secuelas, casi todas rodadas en Almería, y diversos “péplums” hispanos como “Los siete espartanos”, “Los diez gladiadores”, etc; siempre con un número en el título que implicaba la destreza de una minoría especializada en disparar, lanzar cuchillos o dar puñetazos frente a ejércitos de malvados.

Hay un largo camino desde aquellos films japoneses en blanco y negro  hasta la versión actual llena de referencias y homenajes. Muchos pensarán que se trata de obviedades, de que los “magníficos”, que aquí los hay de todos los colores -negros, pieles rojas y orientales incluídos- son estereotipos, pero eso lo sabe el director y por eso apela a nuestra nostalgia y a nuestra capacidad de apreciar cuán lejos hemos llegado en este periodo de renacimiento del “western”.

Sin nada que ver con Tarantino, ni con neowesterns como “The salvation” o “Deuda de honor”, “Los siete magníficos” es cine clásico, casi enciclopédico y, sobre todo, el mejor homenaje que se le puede hacer a Sergio Leone. La dirección artística, la caracterización del malo, los grandiosos exteriores y los duelos con grandes primeros planos y angulaciones, nos remiten al universo del creador del “spaghetti western”. La batalla final, sin embargo, con ametralladora Gatlick de por medio, está tomada claramente del “Grupo salvaje” de Sam Peckinpah y algún personaje, como el caballero sudista interpretado por Ethan Hawke, es un trasunto del que interpretaba Robert Vaughn en la de Sturges.

Y queda lo mejor: la banda sonora. Algunos ritmos de percusión, algunos acordes a lo largo de la película nos evocan el tema de Elmer Bernstein, (pinchar enlace para oir la versión dirigida por Inma Sarah) popularizado por la publicidad de Marlboro y, aunque hay magníficos “leitmotivs”, esperamos que la conocida melodía aparezca en algún momento. Justo cuando acaba la película, James Horner da paso a Bernstein y empieza a sonar en los créditos finales con todo su esplendor y, para mayor deleite de los aficionados, sobre unos títulos con balazos incluídos y fotos viradas al estilo de los “spaghetti western”. ¿Se puede pedir más?.

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EL REGRESO DE LOS CLASICOS: BEN-HUR
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Alejandro Pachón Ramírez | 11-09-2016 | 10:28| 0

 

Falto de ideas, el cine actual se nutre de sagas procedentes de la literatura juvenil, de cómics, de adaptaciones de “best sellers” y de “remakes” de clásicos.

Con el estreno de “Ben-Hur 2016“, donde la inclusión de la fecha de producción en el título de la película es bastante significativa, asistimos a a lo que podríamos llamar una  “reinterpretación”. Se le ha achacado a la película algo que para mí es una de sus virtudes: no ser fiel al conocido título interpretado por Charlton Heston…y durar sólo dos horas. Los que esgrimen este argumento puede que ignoren que la película de 1959 dirigida por William Wyler es, ahora sí, un “remake” de la versión muda (1925) de Fred Niblo , interpretada por Ramón Novarro, y  que la versión muda, a su vez, no es en absoluto fiel a  la novela del coronel Lewis Wallace, que participó en la batalla de Shiloh y fue  gobernador en el condado de Lincoln durante la guerra de este nombre y que tuvo su recreación cinematográfica en “Chisum”, la de John Wayne. La novela Ben-Hur, subtitulada “Un relato de los tiempos de Cristo”,  es una gran “novela-río”, concepto aplicable posteriormente a “Lo que el viento se llevó” o a “Cimarrón”, llena de personajes, de situaciones y de subtramas que no aparecen en ninguna de las versiones cinematográficas, incluídas un par de tv movies bastante flojas.

No hay duda de que la versión del 59 es impresionante, que la carrera de cuadrigas es espectacular y que Heston está inconmensurable, sobre todo a los ojos de Stephen Boyd, pero la versión actual no desmerece en absoluto a su ilustre precedente, si exceptuamos el hecho de que la música de Miklos Rosza siempre será insuperable. No estamos ante una compilación de imágenes que ilustran un texto, como en aquellos viejos libros de la colección Historia.

Su mensaje no tiene nada que ver con la venganza entre Ben-Hur y Mesala sino que, curiosamente para los tiempos que corren, es cine cristiano con un mensaje de concordia y perdón que no estaba en la anterior. En aquella, la figura de Cristo era distante, no le veíamos la cara, y el príncipe Judá Ben Hur se limitaba a asistir a un milagro; pero en la que nos ocupa, Cristo es un hombre del pueblo, con un lenguaje y un aspecto normal y cuya presencia puntual provoca cambios incluso en el desenlace del argumento.

Me gusta cómo ese mensaje empareja a la perfección con el eterno conflicto en el Oriente Próximo, aquí representado en la lucha entre los zelotes y el imperio romano. Si a eso unimos el hallazgo de una batalla naval contada desde el punto de vista subjetivo de los galeotes y una carrera de cuadrigas tan eficaz como la de su ilustre antecesora,  (magnífico Morgan Freeman cruzando el interior de la “spina” en plan “coach manager”) comprenderemos las licencias que se ha permitido el director a la hora de eliminar personajes, localizaciones (Roma aquí no aparece) y, por tanto, metraje.

En fín, que esta temporada cinematográfica empieza con una buena “reinterpretación” y creo que va a continuar con un buen “remake”:  el de “Los siete magníficos”, de Anthony Fuqua (ya veremos).

Más allá de “reboots” o sea, volver a filmar una saga desde el principio, normalmente un cómic, y que suelen ser fallidos como en el caso de los Spidermans o Los 4 Fantásticos o de “remakes” oportunistas, prefiero las remasterizaciones con metraje original recuperado. No hay nada más  grande que volver a ver (aunque ya lo hayas hecho tropecientas veces) la versión digitalizada e íntegra de “La Conquista del Oeste”, sin las dos molestas rayas de Cinerama que separaban el encuadre. O las remasterizaciones de “Espartaco”  o “Cleopatra” con su música restaurada. Ese cine resucitado nos ofrece la oportunidad de que nuevas generaciones y viejos espectadores volvamos a disfrutar de aquellos momentos de Hollywood en los que había talento y dinero.

 

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Soy director en Historia del Arte, especializado en Música de Cine, crítico de cine, y director del Festival Ibérico de Cine de Badajoz. Retomo este blog con la intención de ofrecer de forma amena mi experiencia como historiador y crítico de cine y televisión, tanto en lo que respecta a la actualidad audiovisual reciente y futura, como al montón de vivencias relacionadas con el tema que en la segunda mitad del siglo pasado vivimos los de mi generación. No olvidaré aspectos periféricos e inseparables del cine comercial y las series de televisión como los video juegos o los cómics. En resumen, todo ese universo iconográfico que llena nuestros ocios e inquietudes, convirtiéndonos en “fans”, “freaks” o, sencillamente, en espectadores.