No es lo mismo escuchar que oír, ver que mirar

Uno de los males de nuestra época es el ruido. Estamos envueltos de ruidos por todos lados, y, si no tenemos ruidos, salimos, rápidamente, al encuentro de otros, que nos distraigan del vacío en que se halla nuestra vida. He conocido personas que, incluso, para no escuchar su vacío interior, necesitan dormirse oyendo un partido de fútbol o la película que pasen en televisión en ese momento. No es lo mismo escuchar que oír: al cabo del día podemos oír cientos de sonidos de todo tipo, lluvia, viento, maquinaria diversa, radio, televisión, teléfono, personas hablando o vociferando por doquier, pájaros, hojas, etc. De todos estos sonidos, muy pocos recordamos al anochecer; ya que la mayoría de ellos pasaron por un oído y salieron por el otro, como se suele decir, sin que le prestásemos atención. Fueron oídos, porque nuestro aparato auditivo estaba libre de obstáculos, pero no los escuchamos. De igual manera pasa, con nuestro sentido de la vista, ya que hay una diferencia notable entre ver y mirar: a lo largo del día estamos en contacto con una ingente cantidad de información visual, y, ahora, más que nunca, debido a Internet. Gran parte de esta información, pasa, rápidamente, delante de nuestros ojos sin ser retenida; otras veces pasa, y la asimilamos sin más, como el que come sin degustar, y otras, las menos, miramos analíticamente para captar la realidad que encierran o esconden. Esto pasa en cuanto a la percepción que tenemos de los objetos, pero sucede de igual modo, con la información que nos llega por el intercambio de palabras, de unas personas a otras, a través del dialogo. Da la casualidad, más que casualidad se trata de causalidad, que soy una persona muy analítica, y a las deducciones que llegan algunos por intuición o con el paso del tiempo; yo llego, sin demora, por el análisis que hago, psíquico pormenorizado, de las personas que se mueven en mi circulo. De esas observaciones, hace mucho, llegué a la siguiente conclusión: si hombres y mujeres, escuchásemos en lugar de oír, come el que oye llover, muchos problemas se hubiesen evitado; posiblemente, hasta alguna guerra. Esto lo percibo, muy a menudo, en reuniones a las que asisto: en la mayoría de ellas, la gente, no se escucha: se interrumpen unas a las otras, o, bien, hablan con la que está a su lado, sin prestar atención, al que tiene el turno de palabra en ese momento. Cuando uno ha interrumpido a otro en medio de su exposición, sucede, que la respuesta, que se da al interlocutor, se sustenta sobre suposiciones: lo que supongo que quiere decirme, ya que no, lo he dejado terminar. Y, que parte, ni más ni menos, de los prejuicios que yo tengo contra esa persona; que infundados o no, nadie es quién, para entrar en el cofre sagrado de las intenciones del otro. El no escuchar, parte otras veces, las más, del ego: una de sus manifestaciones es el orgullo, no dar mi brazo a torcer; otras, la comodidad, si escucho y me convencen debo cambiar y todo cambio entraña resistencia e incomodidad; otras, mi propio endiosamiento, creerme en posesión de la verdad y, por tanto, debo imponerla; también se interrumpe la palabra, para tratar de justificar las carencias propias o para ocultarlas. Y por último, para hacerse notar o destacar, que  suele darse, con frecuencia, en personas acomplejadas por creer no haber alcanzado el lugar que se merecían en la vida y desde el cual, a ellas, se les podría dar reconocimiento desde su pedestal. Éstas, intentan demostrar su valía, no por sí mismas, sino a costa de menoscabar el prestigio de los otros. Y lo hacen, a cada instante, rebatiendo sus argumentos, con otros, qué, en muchos casos, ni siquiera vienen a cuento de lo que se está ventilando en la reunión. Todo lo anterior me lleva a la conclusión, de que andamos, como, muy despistados; estamos, a cada instante, tratando de llenarnos de ruidos, para no escuchar a nuestros interlocutores o lo que es peor: para tratar, de silenciar, el principal de los ruidos; que no es otro, qué, él que sale de nuestro interior y, clama por llenar el vacío en que se encuentra nuestro espíritu, sin asidero donde sustentarse. Algunos ya lo encontramos, en lo inmutable, en Dios.
Pedro Chaves Rico.

Honrarás a tu padre. A la memoria de todos los padres que dieron su vida a cambio de la nuestra.

En este día del padre, quiero honrar la memoria del mío, con esta semblanza de lo que fue su paso por la vida: Para mí fue un gran hombre, con sus defectos como todo el mundo, al cual no podía exigirle más, de lo que podría pedirle a cualquier otro hombre de su época: nacido ocho años después de echar a rodar el siglo XX. Yo vine al mundo, cuando él tenía cincuenta y tres años cumplidos; pero a pesar de su madurez, nunca eché de menos un padre joven: a esa edad trabajaba como uno de treinta, me daba su protección, y aunque no fue especialmente afectuoso; jamás puso su mano sobre mí para castigarme. Al mismo tiempo era sensible: recuerdo haberlo visto llorar en las bodas de mis hermanas y emocionarse ante alguna teleserie o película sensiblera. Ni que decir tiene, que respetaba a mi madre; y de su boca jamás salían palabras hirientes y mal sonantes . Recuerdo con exclusivo cariño, algunas mañanas, que siendo yo, aún, pequeño, me llevaba al campo: salíamos de madrugada, antes de apuntar el sol en el horizonte, montados a lomo de mula; yo iba sentado delante de él, a horcajadas, bajo su mirada vigilante y protectora. Era entonces cuando aprovechaba para cantarme al oído la canción de San Antonio, en la que se relataba el milagro de los pajaritos; me gustaba tanto aquella canción, que se la hacía repetir una y otra vez. Creo que San Antonio se dio cuenta de ello, porque, ya de mayor, cuando pierdo algún objeto y me invoco a él, para que me ayude a encontrarlo, rara es la ocasión en que el objeto no aparece rápidamente. Ya, para concluir con su memoria, quiero recordar también su buen humor: amigo de hacer chistes; de ir cantando, entre dientes, cuando salía a la calle; y de entretejer, ante diferentes situaciones que se prestasen para ello, un humor sutil y fino que arrancaba la sonrisa de las personas que pasaban por casa. Por todo esto y algunas cosas más, fue un hombre bueno y sencillo, que pasó por la vida sin hacer daño a nadie, respetando y haciéndose respetar; un hombre que se conformó con lo que le ofrecía la vida sin grandes pretensiones. El cual necesitaba tan poco para vivir, que los únicos objetos personales que encontré en su mesilla de noche, cuando falleció, fueron: un reloj, de cubierta de plástico, del que se sentía muy orgulloso, una petaca en la que guardaba algunos papeles sin importancia, y seis euros en el interior de la misma. Con esto, unos vasitos de vino, antes de la comida, y poco más, era suficiente para que él se sintiese feliz: por todo ello, nunca le escuché lamentarse por las esquinas o en la mesa camilla; el no haber logrado una posición elevada en la vida: Es más, siempre, me relataba la historia de un hijo, que al igual que en el cuento de la lechera, el chaval le decía al padre todo lo que iría consiguiendo a lo largo de su vida, a lo que el padre siempre contestaba, ¿y después qué más, hijo? Una y otra vez, ¿y después qué más? Hasta situar al chico frente al precipicio de la muerte. Entonces mi padre, al llegar a ese punto del relato, callaba; y yo, entonces, me hacia la interrogación a la que él, mi padre, pretendía llevarme. Ahora se lo agradezco, porque no he llegado a nada de lo que el mundo considera como triunfo o como éxito; sin embargo he llegado al éxito que para Dios y para mi padre, Alfonso, eran suficiente, dormir en mi lecho, al caer la noche, con la conciencia y la certidumbre de estar en paz conmigo mismo y no haber pisoteado a nadie por el camino, al menos, no, conscientemente. Dios te bendiga padre, que Él te tenga en su gloria.
Pedro Chaves Rico.

No esteis tristes

No debemos torturarnos con nuestra manera de ser, con el peso de nuestros pecados: torturarnos, entristecernos, no aceptar nuestra limitación y nuestro propio cuerpo, es como ir en contra de la obra por excelencia del Padre, que nos modeló y pensaba en nosotros, incluso, antes de ser concebidos -según reza en la biblia- en el seno de nuestra madre (de ahí la relevancia que tiene para la iglesia el tema del aborto); es ir contra la voluntad de su hijo Jesús, que aceptando la voluntad del Padre Eterno, se dió a sí mismo como único sacrificio agradable para redimirnos de nuestro pecados y así cargar El, con el peso de todas nuestras culpas; y seria, por último, ir en contra del Espíritu Santo, porque, nosotros, somos su templo y Dios no puede hospedarse en un templo abatido, triste, y que quiere ocupar el lugar de Dios mismo al no aceptarse como criatura, como vasija de barro quebradiza; pecadora. Hemos entendido mal o se nos ha explicado mal, en muchos momentos de la historia de la Iglesia, la obra redentora de Jesús. Y, por este motivo, ya, inclusive, la Cuaresma y la Semana Santa deberían ser tiempo de alegría, de canto, de gozo; puesto que no es por nuestros sacrificios, ni por nuestro dolor, por lo que somos salvos. Desde hace más de dos mil años, todos y cada uno de nuestros pecados, están asumidos en la sangre derramada del Cordero. No aceptar esto, sería ir en contra de la propia voluntad del Padre que eligió a su hijo, Jesús, como único sacrificio agradable, para la reconciliación, el amor y la salvación eterna. Por tanto, no estemos tristes, ha llegado la hora de hacer fiesta por todos los rincones de la tierra: toquemos palmas, cantemos exultantes, vitoreemos, bailemos, levantemos nuestras cabezas, alegremos nuestros corazones, vitoreemos a Jesucristo, en cuyo cuerpo reside, únicamente, nuestra Salvación.

Carta a los hebreos 10, 6-10:
6. Holocaustos y sacrificios por el pecado no te agradaron.
7. Entonces dije: ¡He aquí que vengo – pues de mí está escrito en el rollo del libro – a hacer, oh Dios, tu voluntad!
8. Dice primero: Sacrificios y oblaciones y holocaustos y sacrificios por el pecado no los quisiste ni te agradaron – cosas todas ofrecidas conforme a la Ley -
9. entonces – añade -: He aquí que vengo a hacer tu voluntad. Suprime lo primero para establecer el segundo.
10. Y en virtud de esta voluntad somos santificados, merced al sacrificio hecho de una vez para siempre del cuerpo de Jesucristo.

La mujer que no miraba al cielo

La mujer que no miraba al cielo, era una mujer que, poco a poco, fue perdiendo el sentido de trascendencia por la inmensidad del mundo que habitaba: rodeada, como estaba, de amaneceres con soles anaranjados que sembraban, lenta pero firmemente, de múltiples colores a montes, cascadas, trigales y mares de rocíos, suspendidos, sobre valles legendarios. La mujer que no miraba el cielo, tampoco escudriñaba en la claridad de la noche el baile alegre de las estrellas fugaces, ni los caminos que trazaban otras compañeras en galácticas colmenas de nacars, la mujer que no miraba el cielo ya no se acordaba de los suaves algodonales de nubes que surcaban su firmamento, ni los corazones que pintaban cuando dejaban que algún rayo de luz atravesara su aposento, la mujer que no miraba el cielo había olvidado las figuras que las aves al planear formaban sobre el viento. La mujer que no miraba al cielo no podía preguntarse de donde procedía, tanta hermosura, tanto colorido, tanta vida y tanto regalo para deleitar los sentidos de su alma y de su cuerpo. La mujer que no miraba al cielo, olvido su fundamento. La mujer que no miraba al cielo, contemplaba al hombre y le pareció que le faltaba corazón y le faltaba entendimiento. La mujer que no miraba al cielo empezó a contemplarse y olvidó su fundamento. La mujer miró su ombligo y le pareció sol, nube, rocío, estrellas, ave, nácar, galaxia y firmamento. Adornó todo su cuerpo de sedas, perfumes, tintes y un tatuaje en su ombligo que para ella era su centro; y lo fue mostrando a todo el mundo como el tesoro de su firmamento, la mujer se olvidó que no era el ombligo lo que le dio la vida, sino lo que había más adentro, donde residía, por cierto, su fundamento. María, mujer y niña, dijo sí y dio la vida al Señor del Universo.

¿EL PROGRESO MATA?

¿Dónde está el progreso? El otro día analizando detalladamente la sociedad posmoderna,  me costaba encontrar el progreso que, dicen, nos ha traído la misma. Nada más que estar atento, a las noticias, para caer en la cuenta que tenemos los índices más altos de delincuencia de la historia reciente, las cárceles están abarrotadas; mientras los jóvenes se inician en el consumo de alcohol, droga y sexo a los 13 años, una edad en la que su físico aún está en proceso de evolución sin haber alcanzado su desarrollo completo;  y, por consiguiente, con consecuencias irreversibles para quedar dañado el cerebro o el resto del cuerpo. Por otro lado, tenemos niños súper protegidos, a los que los padres y la sociedad creen antes, sin llegar a contrastar los hechos, que a profesores, educadores o a agentes del orden; como consecuencia de ello, asistimos al cómputo más alto de absentismo por depresión del profesorado, debido principalmente al acoso laboral por parte de sus alumnos; alcanzando en algunas comunidades autónomas hasta un 40% del total de profesores. Del mismo modo, jamás hubo en la historia de nuestro país un enfrentamiento semejante por violencia familiar, entre sexos o entre géneros -que cada cual se quede con la que más le interese- como en la actualidad: un promedio anual de 65 mujeres asesinadas a manos de sus parejas en nuestro país, y por parte femenina, llama la atención igualmente, la cantidad de denuncias falsas por maltrato, hasta un montante de 350 al día, y un montante, también, nada despreciable con perdón de la expresión, de hombres muertos a manos de sus mujeres silenciado desde la gran mayoría de medios de comunicación; 30 hombres asesinado según recoge el diario ABC de Sevilla en el 2009: El problema no se queda aquí, sino en los efectos colaterales que tiene en los hijos y en la psiquis colectiva, que está llevando a niveles insoportables de enfrentamiento irracional por razón de ideología de género a hombres y mujeres en el terreno laboral y otros ámbitos de la vida cotidiana. Otra consecuencia de la sociedad del progreso tiene que ver con los suicidios; está prácticamente demostrado, que a más progreso mayor número de suicidios: éstos han superado ya de largo a los fallecidos por accidentes de tráfico, y las estadísticas son tan abrumadoras que los propios Gobiernos se niegan a presentar datos de los fallecidos por esta causa. Por último y para no cansar, la sociedad del progreso  ha sustituido lo espiritual por lo material, convirtiendo el consumo y el dinero en el centro del universo: lo que ha llevado a muchos, por el deseo de querer acapararlo todo y estar en todo sitio, a un stress tan intenso, que las enfermedades cardiovasculares son ahora la principal causa de muerte en España; entre ellas tenemos el infarto agudo de miocardio que ha crecido entre jóvenes de 30 a 40 años. Moraleja, el hombre, en su afán de protagonismo, está llevando al mismo hombre a su aniquilación total; especialmente por negar, éste, su dimensión espiritual, aquella que nos reveló Dios, en la persona de su hijo Jesucristo, haciéndonos conscientes, de donde venimos, quiénes somos y para que fuimos creados.

El aborto ¿un derecho o una aberración?

la mente puede justificarlo todo, cuidaos de vuestra mente

Hola mamá, soy aquí en tu vientre una semillita, como tú misma lo fuiste, hace ya muchos años, dentro del seno de la tuya. Desde aquí, en tu regazo, me siento todo y nada, estoy totalmente a merced de tu libre albedrío; así de indefens@ me encuentro, porque ya nadie cree en lo que no ve, solo cree en lo que le sirve a su provecho, es decir, a su ego. ¡Cuánto poder tienes sobre mí! Puedes reducirme a algo, aún, más deleznable que lo que nunca existió: a cualquier producto para cosmética, edulcorante para refresco o, incluso, para trasplante; que sería lo mismo a vivir sin vivir en mí. No llegas a atisbar, ni por un instante, cuanto me puedes dar y cuanto te puedo ofrecer: puedo ser la niña de tus ojos, tu orgullo, la razón de tu existencia, tu risa, tu canto, y tu puedes ser para mí: guía; espejo donde mirarme; mi baluarte y alcázar; mi confidente; mi refugio en la tormenta; el arco iris y el día que se abre para coger aire y seguir la ruta; puedes ser, también, la llave de mi identidad; así como tus palabras de aliento y refuerzo, un bálsamo para alcanzar todas mis metas. Recuerda, mamá, que en tu ancianidad necesitarás tanta protección, amor y cariño como lo necesito yo ahora de ti, y por eso, mismo, no me niegues ese derecho y, al mismo tiempo, no lo niegues para ti en tus días postreros. Pero no te asustes, no te voy a pedir nada especial, solamente, una sonrisa y poco más; porque tú, bien sabes, que el amor es la fuerza más grande y poderosa del mundo: del cual, aún, queda mucho en los hombres; solo tienes que buscarlo. No te voy a pedir mucho, del mismo modo, porque sabes, bien, que los pobres son la población más numerosa del planeta; sin embargo, a ellos, pocas veces les falta una sonrisa. A qui, del lado de la abundancia, a penas si los hombres sonríen y tienen gestos amables para sus semejantes; cada vez, se parecen más, al mono del que dicen proceder. Puedes pensar que soy un estorbo para que tú puedas vivir la vida o realizarte, ¿pero hay alguna manera más grande de realizarse que dando la vida por otro? Considera, bien, que para todo lo demás puedes ser prescindible o sustituible; pero, en cambio, para darme la vida y ser madre solo cuento con tu amor y tu decisión de dejarme ser y vivir para alcanzar mi meta y destino: mi propio desarrollo, físico, intelectual, afectivo y psicológico; sea, éste, cual sea, ya que la mente humana es maleable para lo bueno y lo mano, y ésta no tiene techo tanto en una cosa como en la otra: los limites están en mi mismo; esos con los que Dios me creó, ya que todo, al fin y al cabo, está en sus manos. Por último decirte madre, que si me abandonas a la muerte, si terminas con mi existencia, algo de ti misma habrá muerto conmigo para siempre, y eso, ya, no será recuperable en ningún otro momento de tu existencia, como puede ocurrir con tus estudios, tú trabajo, el amor, el animo, etc. Es posible que con el tiempo te decidas a tener otro hijo, y puede que lo consigas, pero desde luego, ése, no seré yo, será mi hermano y podrá llenar un lugar pero nunca el que a mi me correspondía: yo, no podré vivir en él, al igual, que él, no podrá vivir en mi. Un beso, te amo madre, aquí o en el cielo nos veremos pronto, la vida no es tan larga, porque has de saber que, como tú, tengo un alma y esa no podrá destruirla nadie, cuídate.

El verdadero sentido de la navidad, el Dios de los brazos abiertos y las oportunidades, Jesús

Jesús viene  una vez más esta navidad, a concienciarnos que hay un camino, una salida a la crisis económica; que en el fondo no es otra que una crisis de valores. No nos engañemos: no porque cambien los gobiernos vamos a mejorar  en nuestras relaciones personales y en un avance de la calidad de vida para todos. El hombre está herido en su propia naturaleza, todos y cada uno de nosotros lo experimentamos en el día a día; estamos concernidos, por un lado, por nuestra mente egocéntrica, es decir: por la envidia, los celos, el afán de protagonismo, la vanidad, el miedo al futuro, etc. Y por otro lado, sentimos la limitación y el peso de nuestro cuerpo: la enfermedad, la pereza, la lujuria, la gula, la muerte, etc. Ésta, y no otra, ha sido la historia de la humanidad: si echamos la vista hacia atrás, nos daremos cuenta que ningún gobierno ha resuelto, nunca, los problemas del hombre; incluso en los de mayor bienestar social, el hombre es un problema para el mismo y termina suicidándose. Jesús conocía, bien, nuestra condición y, por eso, en un momento dado llegó a decir: los pobres siempre los tendréis entre vosotros para poder ayudarlos. Jesús, conocía de nuestra condición porque los primeros que le rechazaron fueron sus propios paisanos, eran ciegos para reconocer que en una aldea como Nazaret, y de su propia sangre, pudiese nacer el Mesías, el salvador y sanador de almas y de cuerpos. También sabía, Jesús, que muchos llevados de sus pasiones no estaban dispuestos a ver y entender y, así mismo, dice en las escrituras en Mateo 13, 13-15: Por eso les habló en parábolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden. Y en ellos se cumple la profecía de Isaías que dice: “AL OIR OIREIS, Y NO ENTENDEREIS; Y VIENDO VEREIS, Y NO PERCIBIREIS; PORQUE EL CORAZON DE ESTE PUEBLO SE HA VUELTO INSENSIBLE. Los hombres de hoy, como los de antaño, nos hemos vueltos insensibles para reconocer a Dios en Jesús con su vida y con sus obras: Él, con solo doce hombres, hizo que su vida y muerte, apenas conocida para sus propios coetáneos, se extendiese por todos los continentes de la tierra; nos hemos vuelto insensible para reconocer el cambio que Jesús obró en la vida de muchos hombres a partir del conocimiento de los evangelios, de manera especial, en todos los santos de la iglesia –hombres al fin y al cabo como los demás-; insensibles para ver que, aún hoy, en un mundo que se cree autosuficiente y que intenta suprimir todo vestigio de sus raíces cristianas, hay un gran número de hombres que nadan contracorriente llevando, por un lado, una vida conforme a los valores de la palabra de Dios y, por otro lado, dando testimonio de su fe, sin buscar, a cambio, compensación económica o reconocimiento humano cuando imparten catequesis, trabajan en el tercer mundo o, incluso, apoyan en tareas humanitarias en instituciones públicas o privadas, sin alardear de ello, durante todo el año. Nos hacemos insensibles, igualmente, para ver, que cuando el hombre baja su nivel moral y ético -que no puede venir de otro lado sino de Dios, ya que no es lo mismo seguir a Dios que a otro ser humano expuesto a sus propias pasiones- cae, como está pasando, en una corrupción generalizada, ya sea en su vida privada o en el ámbito de lo público. Insensibles, así mismo, para ver que estamos inmersos en medio un mundo caótico en el que impera la ley del más fuerte (tal vez por qué creyó, a pie juntillas, en la ley de la evolución y si como, ésta, preconiza venimos del mono… tendremos, en consecuencia, que comportándonos) las guerras; secuestros; violaciones; el narcotráfico; la trata de personas; la violación y esclavitud de niños; el acoso laboral; la dictadura de la moda y el endiosamiento del cuerpo (hoy se valora más un kilo de musculo que una carrera) son buena muestra de ello. Si todo lo anterior, no nos hace que pensar -viendo no ven-. Y oyendo… ¿dónde podemos oír? Cojamos la Biblia, cuando el pueblo obedecía los mandatos de Dios y se ponía en sus manos como lo hizo el Rey Salomón, Dios se ponía de su parte, les otorgaba grandes periodos de paz y prosperidad. El Rey Salomón tuvo un sueño, en el que Dios le dijo: pídeme lo que quieras. Salomón contestó, dame, Yavé, un corazón grande y prudente para gobernar a Israel, y poder discernir entre lo malo y lo bueno, porque ¿cómo, si no, se puede gobernar un pueblo tan grande?». ¡Ay, si los gobernantes, actuales, en lugar de escucharse a sí mismos y a sus plauseros, escuchasen la palabra de Dios¡ ¡como cambiaría todo!
Jesús viene pobre y humilde esta navidad como siempre, y el único reto que nos plantea es el del amor, Él estará a nuestro lado para, si tenemos voluntad, ayudarnos en la tarea. No quiere imponerse a nadie, solo pide que le abramos el corazón libre de prejuicios para sanar nuestras miserias y otorgarnos el perdón y la paz. CANTEMOS AL SEÑOR UN CÁNTICO DE ALABANZA PORQUE EL SE HA APIADADO DE NOSOTROS. AMEN.        FELIZ NAVIDAD A TODOS

El libre albedrío: actuar conforme a lo que somos y a nuestro destino.

La fe, no es un subterfugio como creen algunos para descargar el peso de la vida. Que si, bien, lo fuese, no solamente la contemplamos en tal manera los creyentes, sino que, también, se manifiesta como una gran tarea, un gran reto y una gran responsabilidad. Ya es un hecho demostrado, incluso empíricamente, que somos seres influenciables y que, por ello mismo, unos pagamos por los infortunios y el mal hacer de otros, sean éstos causados libremente o inconscientemente, pero así como nosotros pagamos por el pecado o la inconsciencia de los demás, también nosotros, a su vez, somos sujetos que podemos causar influjo para bien o para mal, en las personas de nuestro entorno. Dicho esto, y sabiendo la doctrina y la ley, ya no estamos sujetos a la predeterminación de la inconsciencia de nuestros actos, sino a la libertad de elegir entre lo que construye y edifica al prójimo, y lo que lo destruye. Es por eso -mismo- que Jesucristo (Dios) se encarnó: no solo para morir por todos nuestros pecados, sino para hacernos conscientes; por un lado, que la salvación está en el amor y por otro, enseñarnos como amar: dando la vida por los otros, si fuese necesario. Ya, como dice en 1 Pedro cap1. 13-15, no vivís en la ignorancia: Por eso, dispónganse para actuar con inteligencia; tengan dominio propio; pongan su esperanza completamente en la gracia que se les dará cuando se revele Jesucristo. Como hijos obedientes, no se amolden a los malos deseos que tenían antes, cuando vivían en la ignorancia. Más bien, sean ustedes santos en todo lo que hagan, como también es santo quien los llamó. Por otro lado, dice Jesús: la caña cascada no la quebraré. Es decir, no dejará de la mano, a aquél que haya sido quebrantado por otro, pero éste -otro- al ser consciente del nuevo mandamiento de Jesús, no puede revelarse contra su hermano o excusarse en su papel de víctima, para actuar del mismo modo, a causa de que ya no vive en la ignorancia a la nueva ley revelada por Jesucristo: Amaos los unos a los otros como yo os he amado. El libre albedrío, por todo lo dicho anteriormente, no consiste en hacer lo que me venga en gana, como se entiende en el mundo actual. El libre albedrío, tiene que ver más bien, con proyectarse o realizarse conforme a la esencia de uno mismo. Por ejemplo, el átomo estaría faltando a su ser, si se empeñase en prescindir de uno de sus elementos; si así sucediese dejaría de ser átomo para conformarse en otra cosa. El libre albedrío del hombre es, necesariamente, afianzarse y orientarse hacia el bien, porque el hombre es esencia de Dios e imagen suya, que es Bondad Infinita. Y aunque nos influyan y nos marquen las malas acciones de otras personas, nuestra voluntad y nuestro entendimiento quedan intactos para distinguir lo bueno de lo malo, y por tanto, poder elegir en consecuencia. Solo podríamos eceptuar un caso, donde el hombre perdería su libre albedrío, y seria en el caso de una esquizofrenia innata u adquirida en el tiempo, por lo cual quedaría exento de responsabilidad a falta de poder elegir libremente.
En este vídeo el doctor Ricardo Castañón, nos muestra como en el celebro quedan marcadas para siempre, como huellas, las palabras que dirigimos a otros, en determinados contextos: https://www.youtube.com/watch?v=PWlUluBzO2w#t=15

En memoria del Reverendo Don Manuel Leal de la Concha.

Carta actualizada que ya hice pública en su día en este mismo periódico.
¿Que puedo yo decir de Don Manuel que no conozca todo Fontanés desde el más joven hasta el más anciano? Más que su bondad de sobra conocida por todos, querría hacer hincapié en su constancia. No lo hizo doblegar la enfermedad amiga de su cuerpo hasta el ultimo día; ni el frío ni el calor (en verano a más de 40º enfundado en su sotana) cuando iba a ver a los enfermos de los que extraía una sonrisa cuando menos; ni el trabajo, porque las 24 horas del día estaba dispuesto para atender a cualquiera que se lo solicitase.Tampoco lo hizo cambiar el poder en los tiempos que la Iglesia ocupó un puesto de relevancia en la vida civil, ni sucumbió a las críticas sobre su pesadez o a las humillaciones a que fue sometido por parte de dos personas, muy cercanas a él, en los últimos años de su vida: de lo cual, el mismo, me hizo confidencia . No se doblegó a la tentación del dinero o el lujo, si no que por el contrario puso el suyo propio a disposición de los Fontaneses más necesitados. No se sometió al poder con los cambios políticos; antes bien, siempre mantuvo una misma línea de pensamiento: la que, según él, era acorde con el Evangelio y la Iglesia de la que fue fiel servidor; por cierto, no muy alejada de la visión que de ella tenia San Francisco de Asís. De esta manera, podría seguir dando pinceladas de don Manuel que antes de ser escuchado quiso oír, antes de ser servido dar, antes de hacerse entender comprender, antes de juzgar perdonar, antes de separar y diferenciar a sus feligreses los reunió a todos en nombre de Jesucristo; para el que solo existe una clase, el género humano.
De su muerte hace ya años y desde entonces pocas veces falta una flor en el monumento que el pueblo erigió en su memoria. Por cierto… este no es un caso aislado, a poco más de 18 kilómetros tuvimos otro sacerdote ejemplar, Don Jesús Nuñez Mancera; además de otros muchos repartidos por la geografía española y mundial. Aunque en los telediarios venden más los casos de pederastas infiltrados en el seno de la iglesia, que no el de vidas ejemplares como estas, u otros temas como: la doctrina social de la iglesia, la ingente cantidad de voluntarios católicos que trabajan día a día en Cáritas o la de muchos, más, que contribuyen con su dinero para sostener las misiones sin esperar a que lo arreglen los gobiernos de países ricos; ya que el hambre no tiene espera. Bien podían tomar nota sindicatos y políticos para hacer lo mismo y sumar voluntades en estos tiempos difíciles. Al final si gana el pueblo ellos también ganarán y de esta forma podrán lavar la imagen tan denostada que, en los últimos años, ellos mismos se han labrado a base de corrupción, privilegios y de acoso y derribo al oponente político.

La verdad ¿dónde está la verdad?

Sé el cambio que quieras ver en el mundo

¡Bajo esta palabra hemos cometido tantos atropellos…! Se han gaseado personas, se ha torturado, electrocutado, quemado, ahorcado, dilapidado, flagelado, crucificado, injuriado, marginado, esclavizado. La verdad… cuantas veces hemos creído estar en posesión de la verdad y cuantas otras nos hemos dado cuenta que estábamos errados; cuantísimo daño hemos hecho en honor a la verdad, a nuestra verdad. La verdad… una excusa, más, para humillar que para despertar e iluminar al que tuerce el camino. La verdad, pretexto para el chismorreo, para matar el tiempo, para buscar una coartada dejándome llevar por mis instintos poniendo el mal proceder de otros por delante. La verdad… ¡cuántos atropellos en su nombre! ¡Cuántos crucificados en honor a la verdad! La verdad, nuestra verdad, que hace prisionera al hombre para el cambio, lo ata a la imagen que otros, como en el cuento del patito feo, le han falseado de sí mismo. ¿Cuántas veces hemos estigmatizado a una persona, impidiéndole que crezca, que cambie o que avance, en la medida de sus posibilidades? ¿Cuántas veces hemos clavado espadas, como estas, en el alma de las personas que más nos querían, diciéndole: eres torpe, eres un perro, no vales, no tendrás éxito, estás acabado, eres una mujercita, nunca llegarás a ningún sitio, eres un cerdo, fracasarás, eres una puta, eres un inadaptado, eso que haces que dices no vale no interesa a nadie, etc.? ¿Cuántas veces, muchas de las personas han dejado su camino porque otros las han desinflado a causa de la envidia, los celos, o por arrojar y proyectar su propia mediocridad, inseguridad, e ignorancia sobre los otros, generalmente sobre las personas más cercanas que deberían ser las más queridas y las más apoyadas? La verdad, en honor a la verdad… ¿A cuántas personas hemos puesto en guardia de una sola; cuántas barreras, cuantos prejuicios, cuantos muros, cuantos cercos hemos levantado, por una equivocación del pasado, por un error que cometió generalmente a causa de su, propia, ignorancia o inducido por una sociedad acusadora y acosadora? ¿A cuántas personas hemos puesto en contra de una sola… con aquello que es, aún, más grave y execrable: un enjuiciamiento falso, un bulo, una suposición, un rumor, etc.? Jesús, comía con publicanos y pecadores (las apariencias). Él, mismo, que pronunció estas palabras si queremos saber, quien conoce, posee y tiene la Verdad; Juan 14, 6. Le dice Jesús: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí.

Hoy.es

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