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Las enseñanzas del hombre de Cromañón
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Antonio Tinoco Ardila | 09-03-2017 | 18:14

El pasado jueves, los periódicos de nuestro país se hicieron eco, muchos de ellos en sus portadas, del premio Pritzker otorgado al estudio de arquitectura RCR, de la localidad gerundense de Olot. El asunto bien merecía ese despliegue informativo toda vez que el Pritzker es considerado el premio Nobel de Arquitectura. Sólo un español lo ha conseguido desde que se instituyera en 1979: Rafael Moneo, autor entre otras obras magníficas del Museo Nacional de Arte Romano de Mérida. El estudio premiado se llama RCR porque responde a las iniciales de los nombres de los tres arquitectos que lo forman: Ramon Vilalta, Carme Pigem y Rafael Aranda. Todas las informaciones hacían referencia a las razones que había tenido el jurado para otorgar el premio a RCR: “por hacer una arquitectura emocional y vivencial en la que conviven lo local y lo universal”. Precisamente este periódico tituló la información del premio utilizando esas mismas palabras: ‘Pritzker español, local y universal’. El diario ‘El País’, por su parte, titulaba:  ‘Pritzker a tres cosmopolitas de pueblo’.

Seguí la información con atención no sólo por comprobar cómo en los tres arquitectos olotianos se hacía realidad lo que sabiamente decía Juan Ramón Jiménez sobre el lugar de uno en el mundo –“si quieres ser universal, habla de tu pueblo”–, sino por unas frases de Carme Pigem a raíz del premio, que eran una declaración de principios: “No creemos ni en fronteras ni en purezas. El hombre de Cromañón no era de ningún sitio. No podemos retroceder”.

El caso es que el sábado, dos días después de leer lo del premio Pritzker  al estudio RCR, fui a la fiesta-manifestación convocada por Amnistía Internacional para exigir que Badajoz se convierta en una ciudad que acoja a algunos de los miles de refugiados que aguardan a que Europa se atreva a estar a la altura del concepto que tiene de sí misma. Estuvimos allí unas 200 personas con música, versos, discursos improvisados y también con el sinsabor de que, incomprensiblemente, nadie del equipo municipal de gobierno se sintiera concernido por la convocatoria. Y cuando volvía para casa recordé de pronto las palabras de Pigem.

La memoria no es tonta. Ni arbitraria. La memoria sabe que justamente esas tres frases concisas dichas por una arquitecta para hablar de su trabajo (“No creemos ni en fronteras ni en purezas. El hombre de Cromañón no era de ningún sitio. No podemos retroceder”) bastaban también para dar consistencia intelectual y moral a la exigencia de que Badajoz y cualquier otra ciudad europea sea un sitio de acogida para los refugiados que nos esperan. Porque no acogerlos es creer en las fronteras y en la afilada maldad de los que quieren imponer las razas puras. No acogerlos es despreciar las enseñanzas de los cromañones, que vivieron en Europa hace 40.000 años y que para muchos –notoriamente para muchos de nuestros gobernantes— parece ser que fueron un ‘homo sapiens’ insoportablemente cosmopolita.

No podemos retroceder. Porque no acoger a los refugiados es permitir que los cromañones nos miren por encima del hombro.

Sobre el autor Antonio Tinoco Ardila
Blog personal del periodista Antonio Tinoco.

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