Hoy

img
Los desahuciados de la misa
img
Antonio Tinoco Ardila | 22-03-2017 | 07:16

Cuando oí que Podemos había presentado una iniciativa en el Congreso para que La 2 de TVE dejase de emitir misa los domingos tuve una reacción que me sorprendió: no me gustó. Me sorprendió porque no soy precisamente religioso, pero no me gustó porque lo primero que me vino a la cabeza fueron familiares míos oyendo misa por la tele en un momento de sus vidas en que ya no podían ir a la iglesia: esa misa era importante para ellos.

Creo que nuestro país no tiene resuelta la relación del Estado con la Iglesia Católica. La presencia del crucifijo en las tomas de posesión de los ministros; las condecoraciones oficiales a la Virgen, las consideraciones de ‘autoridad’ a los responsables de la Iglesia… son muchos momentos en que demostramos una actitud genuflexa ante la jerarquía católica que tendríamos la obligación de evitar no sólo por respeto al resto de religiones, sino porque deberíamos cumplir las obligaciones inherentes a nuestra condición de Estado aconfesional. Creo que el acuerdo de España con la Santa Sede no resiste un examen a la luz del principio de igualdad que establece nuestra Constitución a pesar de que su última revisión trataba de adecuarse a ella. Creo que les permitimos privilegios que ningún gobierno –y cabe recordar que mucho menos el de Zapatero, que ha sido el más izquierdista hasta ahora– ha tenido el coraje de atajar y que, en ocasiones, desde el púlpito se difunden mensajes inaceptables por ser contrarios a la convivencia y, particularmente, contrarios al respeto que merece cualquier persona, tenga la orientación sexual que tenga.

Pero sería faltar a la verdad si dijera que la Iglesia Católica es sólo eso. Porque la Iglesia es también para muchas personas, no importa de qué creencias ni de qué origen, un sostén de dignidad. Y en ocasiones, su único sostén. Poco tienen que ver los voluntarios de Cáritas o simplemente los miles y miles de fieles que tratan de seguir el Evangelio con –lo cito aquí sólo por ser el último caso—el obispo de Canarias, Francisco Cases, más preocupado por la visión transgresora del Crucificado en la fiesta de ‘drag queen’ del Carnaval de Las Palmas que de las víctimas del accidente de Spanair. Cases, como prelado de una iglesia que predica el amor al prójimo, dejó entrever –aunque después rectificó– una notable impiedad al considerar que hay más dolor por una actuación en el Carnaval, donde toda irreverencia tiene su asiento, que en una tragedia que se saldó con 154 muertos.

Ahora siento también que Podemos, con su propuesta de suprimir la misa dominical de La 2, se conduce con una impiedad muy similar a la del obispo canario. Porque con esa iniciativa, el partido de Pablo Iglesias, que predica la atención preferente a los más vulnerables, fortalece a los fuertes y debilita a los débiles: le regala a la jerarquía católica el papel de víctima por el que siempre suspira –una paradoja que a Cases y compañía le debe parecer como un milagro caído del cielo— y desahucia de la misa dominical a enfermos y ancianos católicos. ¡Qué chollo de izquierda!, debe pensar la derecha.

 

Sobre el autor Antonio Tinoco Ardila
Blog personal del periodista Antonio Tinoco.

Otros Blogs de Autor