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Fecha: mayo 10, 2017
Que se comprometan otros
Antonio Tinoco Ardila 10-05-2017 | 8:37 | 0

Hubo un tiempo en que había una izquierda comunista cuya seña de identidad era, por encima incluso de su aspiración a hacer la revolución, su antifascismo. Casi todo podría suceder en aquel tiempo, pero lo que garantizaba esa izquierda que no habría de suceder nunca más mientras tuviera un aliento de vida era el renacer del fascismo: darle una oportunidad, aunque fuera por remota omisión, a que la bota se desperezara era considerado la mayor traición que se podía asestar a su ideología. Era aquella izquierda comunista que llevaba el ‘No pasarán’ en la masa de la sangre.

Me pregunto si ahora existe esa izquierda. Y no es una pregunta retórica. Es, sobre todo, una pregunta dolorosa: el mero hecho de formularla es un indicio, más que de duda, de tribulación. Y es que la respuesta a la pregunta: ‘¿existe una izquierda que se reclama comunista y que, al mismo tiempo, no sea antifascista?’ es, por desgracia, afirmativa: ‘sí, existe. ¿Un ejemplo palmario en los últimos días? La que representa la Francia Insumisa’, el partido de Jean Luc Mélenchon, el político que aglutinó casi el 20% de los votos en la primera vuelta de las Presidenciales de Francia (quedó cuarto, a apenas 2,5 puntos de la segunda posición) y que optó por aconsejar a sus seguidores el voto blanco o nulo en la segunda y definitiva vuelta entre el europeísta Emmanuel Macron y la neofascista Marine Le Pen. Afortunadamente, más del 40% de los votantes de Mélenchon en la primera vuelta no le hicieron caso y optaron por el único voto anti-Le Pen que se podía depositar en las urnas de Francia el pasado domingo: el voto a Macron.

No encuentro ni una sola razón de las esgrimidas por Mélenchon para ponerse de perfil ante la posibilidad cierta de que Francia fuera gobernada por una admiradora de Pinochet y de Trump. Tampoco sé si se sentirá juzgado por la Historia, si es que tiene interés en dar a su posición política en estas últimas semanas una perspectiva histórica, pero es muy difícil que se borre la evidencia de que lo que ha hecho el líder de La Francia Insumisa, que se proclama a la izquierda del partido socialista, es sencillamente un oprobioso ejercicio de equidistancia. Como si fuera lo mismo una Francia abierta a Europa que una Francia que diera un trato distinto a las personas en atención a su nacionalidad o color de piel.

Llega un momento en que los espíritus puros empiezan a dar miedo. Porque su aversión a mancharse con el barro de la realidad los convierte en aliados de los que se atribuyen la condición de heraldos del paraíso que –no falla nunca, la Historia es pródiga— acaban con la convivencia a base de hacerlo obligatorio. La actitud de estos inmaculados es la misma que la del irresponsable: que se comprometan otros. Que sean otros los que se encarguen de impedir el paso a los nuevos fascistas, que yo voto en blanco o no voto. Se trata de un comportamiento, por lo que se ve, pregonadamente muy de izquierdas, pero, mal que les pese a sus adeptos, calcado al del propietario absentista (vulgo, señorito): que trabajen otros. Yo me abstengo.

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Sobre el autor Antonio Tinoco Ardila
Blog personal del periodista Antonio Tinoco.

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