Hoy

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Complacidos con el silencio
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Antonio Tinoco Ardila | 06-09-2017 | 10:10

Créanme que busco algo a lo que agarrarme para no admitir que agosto ha sido uno de los meses más aciagos que ha vivido nuestro país. Me esfuerzo en la búsqueda, pero no lo encuentro. Bastaría para considerarlo así los atentados de Barcelona y Cambrils, que se han llevado por delante la vida de 16 personas entre las víctimas y de ocho miembros del comando terrorista, a seis de los cuales mató la policía. Pero no me refiero a los atentados en sí mismos, sino a que han traído consigo daños colaterales de los que hasta ahora nos habíamos salvado. En ese sentido, estos no han sido unos atentados como otros: han sido unos atentados que han provocado heridas nuevas.

Y no son esas heridas nuevas la división después de la matanza o el miserable aprovechamiento que se ha hecho de los muertos, pues ambos son fenómenos conocidos por aquí tan de antiguo que constituyen ya un género al que hay partidos que prestan tanto interés que parecería que por sus cañerías circulan manuales tendentes a lograr el máximo beneficio en el mercado de la infamia. En este sentido, únicamente a los ingenuos de profesión debió sorprenderles que el independentismo –una parte de él activamente y banderas al viento y otra farisaicamente mirando para otro lado y dejando hacer–, interpretara el homenaje a los muertos como una ocasión para hacer patente que hasta el hilo de unión de la solidaridad humana con quienes dejaron su vida en las Ramblas estaba justificado que ardiera en el altar de la futura República de Cataluña. ¿Qué otra cosa podría esperarse de un país tan fértil para el oportunismo rencoroso como el nuestro sino hacer de una marcha contra el terrorismo un ‘spot’ a favor, en este caso, de la independencia?

Cuando digo que estos atentados han provocado heridas nuevas me refiero a que como consecuencia de ellos se ha producido un fenómeno inédito que atañe a la calidad de la democracia y, pido excusas por la redundancia, a la libertad de información. Porque el atentado de Cataluña ha hecho visible, con una crudeza desconocida hasta ahora, la quiebra de lo que los periodistas hemos considerado siempre como la idea que da sentido a esta profesión: los hechos no se ocultan. La difusión, al día siguiente del atentado, de una imagen general de las víctimas esparcidas en las Ramblas (una imagen informativamente impecable puesto que informaba a la sociedad del alcance de la tragedia sin violentar la intimidad de ninguna) y, en los últimos días, el aviso que en mayo hizo la CIA a los Mossos de que podría haber un atentando en ese lugar, han sido contestados, no por los Mossos, por los partidos catalanes o por ciudadanos en las redes, sino ‘desde dentro’ de la profesión periodística. Lo ocurrido tiene importancia. Porque se ha roto el consenso en torno a los hechos. Desde el 17-A hay periodistas que defienden que a la opinión pública hay que proporcionarle, mejor que la realidad, sucedáneos de la realidad, cuando no sencillamente callar. El 17-A ha revelado que hay periodistas no sólo complacidos con el silencio, sino complacientes con quienes lo abanderan.

 

 

 

Sobre el autor Antonio Tinoco Ardila
Blog personal del periodista Antonio Tinoco.

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