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Tauromaquia
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Antonio Tinoco Ardila | 20-09-2017 | 04:59

Michael Moore, uno de los directores de documentales de Estados Unidos más conocidos en el mundo y cuyos trabajos tienen la virtud de crear siempre polémica, hizo un documental en el 2004, –muchos lo recordarán porque tuvo un enorme éxito: se titulaba ‘Fahrenheit 9/11’ y con él logró la Palma de Oro en el Festival de Cannes— sobre las relaciones de amistad y de negocios petroleros del expresidente norteamericano George Bush con la familia real saudí e incluso con la familia de Osama Bin Laden, quien tres años antes se hizo responsable del mayor atentado terrorista de la Historia: el de las Torres Gemelas de Nueva York, el 11 de septiembre del 2001.

De ese documental se ha quedado en mi memoria su impactante y simple inicio: durante los primeros minutos de ‘Fahrenheit 9/11’, lo único que nos muestra Michael Moore es la cara de George Bush cuando se entera de que unos terroristas han estrellado dos aviones contra el Trade World Center. Bush, esa mañana, estaba de visita en una escuela infantil de Florida en la que los niños lo recibieron recitando cuentos y poesías. En un momento, su jefe de gabinete se acercó y le dijo al oído que su país estaban siendo atacado. El presidente reaccionó al mensaje sin hacer ningún gesto ostensible, apenas se mordió los labios y sus ojos adquirieron un tono perdido. Tras unos segundos, alcanzó el libro de cuentos ‘Mi mascota la cabra’ que tenía sobre la mesa, lo abrió y se puso a leerlo como si nada extraordinario ocurriera en la nación de la que era presidente.

Considero que esos minutos (no llega a cuatro) son una cumbre del periodismo: son un retrato implacable de la talla política de George Bush. Las imágenes se conocían desde el mismo 11 de septiembre de 2001, pero ningún periodista supo verlas del modo que las vio el documentalista Moore cuatro años después: en el contexto preciso en que fueron tomadas. Desde entonces, esas imágenes son, para mí, el insistente recordatorio de que uno de los mayores retos del periodista es saber mirar.

Escribo este largo preámbulo porque en los últimos días he tenido la misma sensación que tuve cuando vi ‘Fahrenheit 9/11’ en el año 2004. Y también con un documental. En este caso con ‘Tauromaquia’, del fotoperiodista Jaime Alekos. ‘Tauromaquia’ cuenta lo que le pasa al toro en la fiesta de los toros, desde que sale de los toriles hasta que lo desuellan en la misma plaza tras arrastrarlo las mulillas. Su valor reside en que, como en el caso de la cara de George Bush en la escuela infantil de Florida, Alekos cuenta lo que está a la vista de todos cada vez que hay una corrida y que, hasta ahora, nadie había mostrado. Él lo ha sabido ver. Alekos no juzga, ni siquiera hace un documental antitaurino: sólo expone. Pero puedo asegurarles de que de esa exposición no se sale indemne. Se equivocarían si creen que mi intención al contarles esto es echar mi cuarto a espadas contra las corridas de toros. No. No me apunto a las prohibiciones. Y ni siquiera tengo claro que no me gusten las corridas. Entiendo que puede haber arte en el toreo. Sólo digo que ves ‘Tauromaquia’ y ahí encuentras el dolor del toro que, a tenor de cómo se expresan muchos aficionados, no parece que exista. Existe.

 

Sobre el autor Antonio Tinoco Ardila
Blog personal del periodista Antonio Tinoco.

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