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El sueño de Trump sin Twitter
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Antonio Tinoco Ardila | 08-11-2017 | 07:54

El pasado jueves, la cuenta en Twitter de Donald Trump estuvo desactivada once minutos. Es posible que crean que fue una tontería, una especie de anécdota en la batidora de la actualidad, esa clase de noticias improductivas que sólo tienen importancia para los responsables de las ediciones digitales de los periódicos porque les proporcionan tráfico y después se disuelven sin consecuencias, como burbujas carbónicas que escapan del agua.

Sin embargo a mí me encantó leerlo: me hizo soñar. Me gustó pensar que durante ese tiempo el hombre más poderoso de la Tierra se sintió perdido en el éter, sin asideros, dando tumbos como un neutrón sin albedrío: con masa (en su caso, bastante, y bronceada por lo que parecen interminables sesiones de rayos UVA) pero sin energía. Me gustó pensar que durante ese tiempo, Trump tuvo la certeza de que –aunque formalmente seguía siendo presidente de los Estados Unidos porque ningún funcionario fue a presentarle el documento definitivo en que se le informaba de su incapacitación y ningún policía lo había conducido hasta la puerta de la Casa Blanca–, tuvo la certeza, digo, de que ya no tenía sentido ser presidente de nada porque a partir de ese momento dejaría de haber gente al otro lado riéndole las gracias de sus tuits, jaleándole sus admoniciones, aplaudiendo sus vejaciones a cualquier persona que tenga la condición de víctima y multiplicando hasta el infinito sus ocurrencias de matón de la Gran Manzana.

Me gustó pensar que durante esos once minutos Trump tuvo que beberse el vaso de la Justicia y estuvo solo ante su espejo y lo que en él vio fue su ser verdadero: el zafio inmaduro incontinente de boca, el impetuoso racista que sólo es capaz de establecer relaciones de dominación con sus congéneres. Me hizo soñar que tras esa experiencia Donald Trump sintió un abandono cósmico, que notó que bajo sus pies se abría un agujero negro de silencio del que no podría escapar ya nunca más ninguno de esos siniestros trinos suyos a los que se ha encomendado para gobernar la nave de su país y de buena parte del mundo. Y que Trump, el hombre que encarna la mayor amenaza para el futuro del planeta y de los que lo habitamos, había dejado de existir. Porque, al cabo, pensé: ¿que es Trump sino su cuenta de Twitter?

Me sentí bien pensando todo esto, imaginando lo bonito que sería que fuera verdad, pero al mismo tiempo no pude dejar de sentir pena porque no fuimos conscientes de que durante esos once minutos la Humanidad tuvo la oportunidad de inaugurar una nueva era. Y la dejamos escapar. No supimos interpretar el gesto del empleado de Twitter que desactivó la cuenta de Trump: dimos por buena la versión de la empresa, que vino a decir que apagar la cuenta de Twitter del presidente Donald Trump fue su último gesto y el modo de protestar por su despido, cuando en realidad era la señal viva que inauguraba nuestra liberación: una especie de ‘Grândola Vila Morena’ en versión cibernética.

Ojalá se repita. Ojalá la aprovechemos y podamos empezar a vivir la venturosa realidad de Trump sin Twitter: es decir, la venturosa realidad sin Trump.

Sobre el autor Antonio Tinoco Ardila
Blog personal del periodista Antonio Tinoco.

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