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Malas amistades
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Antonio Tinoco Ardila | 31-01-2018 | 06:33

Quienes sigan esta columna tal vez recuerden que de vez en cuando traigo a ella a Augusto Monterroso, el escritor guatemalteco autor del célebre cuento de siete palabras “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Monterroso odiaba la impostura tanto como amaba la libertad para escribir. En una de sus fábulas cuenta cómo un mono, que era gracioso y rápido de mente, quería ser escritor, para lo cual se relacionaba con todos los animales de la selva con el fin de conocer mejor la naturaleza del alma humana. Fue a muchos cócteles y todo el mundo ponderaba lo ocurrente que era. Cuando ya creyó tener los conocimientos suficientes para escribir con propiedad puso manos a la obra. Un día se le ocurrió escribir en contra de los ladrones y pensó en las urracas. Empezó a escribir cosas de las urracas que le parecieron muy ingeniosas y bien traídas pero pronto cayó en la cuenta de que, entre quienes compartía cócteles, había urracas que le agasajaban. Y decidió no seguir escribiendo sobre las urracas para que no se sintieran aludidas. Le pasó lo mismo cuando quiso escribir sobre los oportunistas y pensó en las serpientes: también las había entre los participantes de las fiestas a las que iba, igual que cuando quiso escribir sobre la laboriosidad compulsiva y pensó en las abejas: también eran sus amigas y también lo habían adulado. Así hasta que finalmente, escribe Monterroso, “elaboró una lista de los defectos humanos y no encontró contra quién dirigir sus baterías, pues todos estaban en los amigos con los que compartía mesa y en él mismo”. La fábula del mono que quería ser escritor acaba cuando, cercado por los amigos, renuncia a serlo.

Recordé esta fábula de Monterroso viendo la película ‘Los archivos del Pentágono’, la última de Steven Spielberg, que cuenta los días vividos en el ‘Washington Post’ cuando, en junio de 1971, se filtraron los papeles secretos sobre la guerra del Vietnam. El tema central de la película es la lucha de los periódicos por difundir un material relevante, nada menos que los informes que ponían de manifiesto que el Gobierno de Estados Unidos sabía, desde el principio, que perdería la guerra del Vietnam, a pesar de lo cual siguió mandando soldados al matadero. Los periódicos ganaron el pulso judicial al gobierno (Nixon era el presidente) y aquel episodio ha quedado para la historia como una de las grandes batallas de las que el periodismo y la libertad de expresión salieron triunfantes. La película tiene, aunque apenas se detiene en él, un momento insuperable cuando la dueña del periódico, (Katherine Graham, interpretada por una colosal Meryl Streep) tiene que sobreponerse al cargo de conciencia que le da publicar esos papeles porque afectan de lleno a Robert McNamara, que además de secretario de Defensa durante Vietnam, era amigo suyo y consejero de su periódico.

Katherine Graham, como el mono que quería ser escritor, se vio frente a la tesitura de escribir mal de sus amigos. Afortunadamente para la opinión pública de su país, la dueña del ‘Post’, a diferencia del personaje de Monterroso, traicionó la amistad por no traicionar su deber. La moraleja de esta fábula es que los periodistas, si quieren ejercer bien su oficio, deberían tener a los poderosos de cualquier clase de poder por malas amistades.

 

Sobre el autor Antonio Tinoco Ardila
Blog personal del periodista Antonio Tinoco.

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