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Antonio Tinoco Ardila

Apenas Tinta

Al ritmo de la rutina

El pasado día 5 dejó de ser director de la Editora Regional de Extremadura y del Plan de Fomento de la Lectura Eduardo Moga, que había llegado al cargo hace dos años después de un proceso de selección al que se presentaron más de veinte candidatos. En declaraciones al periodista de HOY Celestino Vinagre el día anterior a su dimisión, Moga explicaba que la razón por la que abandonó el cargo fue por haberse topado con “un integrismo burocrático atroz” que impedía el normal desempeño de su trabajo. Para ilustrar ese integrismo burocrático del que hablaba puso el ejemplo del contrato de distribución de libros de la editora que, debido a las particulares condiciones de los contratos públicos, ha estado esperando infructuosamente año y medio a que fuera aprobado. “Sé que la Administración es lenta, que la ley de contratos, que conozco bien, es formalista. Pero no es normal que para un concurso de 50.000 euros se tarde un año y medio. Eso es una losa insuperable para un negocio muy delicado y complejo como el editorial”, decía.

El único contacto que he tenido en mi vida con Eduardo Moga fue con ocasión de la entrevista que le hice para este periódico en enero del pasado año. No sabía de él y llegué a ese encuentro únicamente con lo que sobre su trayectoria había en internet. De su rastro en la red saqué la impresión de que se trataba de alguien con un muy respetable currículum literario, particularmente como poeta (ha ganado entre otros grandes premios el Adonáis); de un reputado traductor del catalán, inglés y francés; de un conocedor del oficio de editor por propia experiencia y, sobre todo, de un hombre que ama los libros, acorde con su propia declaración de que aspira a vivir “sumergido en la literatura”. Lo que me quedó tras entrevistarlo no fue sólo el convencimiento de que esa impresión previa era acertada, sino de que se había embarcado en la dirección de la Editora, además de por su amor a los libros, por un cierto sentido de la generosidad (Moga no necesita ese puesto para vivir) y también por gratitud, o como una manera de corresponder con Extremadura, la tierra de su mujer. Casualmente, durante la entrevista mencionó ese dichoso contrato de distribución, en cuya aprobación –que parecía inminente por entonces–, confiaba para que contribuyera  a  colocar los libros de la Editora Regional en las mesas de novedades de las librerías de Madrid y Barcelona, un paso que consideraba decisivo para hacer que volviera a ser “la mejor editorial pública de España”. Esa era, en aquel momento, su ilusionante aspiración.

Ahora imagino a Moga personalmente decepcionado: ha sido derrotado por la burocracia. Si, como dice ese gran conocedor de la naturaleza del poder que es Vladimir Putin, “la burocracia es el verdadero poder que mueve el mundo”, este episodio de la dimisión de Moga, aunque seguramente no haga perder ni un solo voto a Fernández Vara (¿a quién le importa la dimisión del director de una editora pública?), deja sin embargo en el ambiente un amargo olor de hastío, como que la maquinaria de la Administración regional no se mueve al compás de los proyectos; mucho menos de las ilusiones, sino al desganado ritmo que le dicta la rutina.

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Blog personal del periodista Antonio Tinoco.

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