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Antonio Tinoco Ardila

Apenas Tinta

Los terroristas reaccionarios

Ramón de Arcos, que además de un pintor como la copa del más alto de los árboles que pinta se está revelando como un excelente viñetista, daba en el clavo el pasado domingo desde la página 2 de este periódico con su descarnada versión del fin de ETA: De Arcos pintaba sentados tras una mesa a unos terroristas con capucha y txapela dispuestos a leer el comunicado de su disolución. Sin embargo, al final se veían obligados a suspenderlo porque, justo en el momento más inoportuno y cuando hubieran deseado que un manto de olvido los cubriera a ellos y a sus fechorías, una cañería de su mundo se rompió y quedaron sumergidos en la sangre que habían hecho derramar durante sus seis décadas de existencia. En las páginas siguientes los periodistas Antonio Armero y Evaristo Fernández de Vega daban cuenta del origen de parte de esa sangre en que los etarras se ahogaban y ponían nombre y cara a los 55 extremeños que habían perdido la vida a manos de los terroristas haciendo hincapié en que los asesinatos de 24 de ellos o están sin resolver o acabaron sin castigo porque algunos de sus autores se beneficiaron de la amnistía que se concedió a los presos políticos del franquismo.

Bajo el necesariamente escueto relato de las circunstancias en que cada uno de ellos murió y los breves datos biográficos que lo acompañaban se daba cuenta del origen y la ocupación de las víctimas, que Armero recogió en el primer párrafo de la información: “Veintiocho guardias civiles, nueve policías nacionales, dos policías municipales, dos obreros, dos amas de casa, dos desempleados, un comerciante, un niño de trece años, un taxista, un peluquero, un miembro de la desaparecida Policía Armada, un militar, un empleado de seguridad, el dueño de un taller mecánico, un conserje de instituto y un chatarrero”. Como se ve, todos sin excepción extremeños -o españoles, qué más da– opresores, oligarcas con extenso pedigrí esclavista, vampiros de la plusvalía, mafiosos, fontaneros especialistas en paraísos fiscales, dueños de los medios de producción a los que había que liquidar para conseguir una patria libre de explotadores que habían nacido en las urbanizaciones más exclusivas de sitios tan ‘chic’ como Villamesías, Ceclavín, Monterrubio de la Serena, Higuera de Vargas, Torrejoncillo, Santibáñez el Alto, Pinofranqueado, Hornachos, Torremegía, Cilleros, Casillas de Coria, Grimaldo, Puebla de Alcocer… nombres que deben parecerle a los terroristas de enclaves de la metrópoli desde la que se ejercía la opresión al pueblo vasco.

No son datos sin importancia porque ellos muestran hasta qué punto fue miserable y mentirosa la ‘lucha de liberación’ que emprendió ETA para tratar de conseguir una Euskadi ‘socialista’. Sólo esos pequeños apuntes bastan para despojar de toda carcasa de ideología igualitaria la verborrea con que envolvieron el terror, y con la que ahora pretenden esconderse para que no se les recuerde como lo que fueron: terroristas reaccionarios que se ensañaron con los pobres, que mataron a mansalva, pero sobre todo a los indefensos, a los débiles. Han sido fuertes con el débil, al más puro estilo fascista.

 

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Blog personal del periodista Antonio Tinoco.

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