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Antonio Tinoco Ardila

Apenas Tinta

El medio es el chantaje

Seguramente muchos de ustedes han oído o leído la frase ‘el medio es el mensaje’. Su autor, el canadiense Marshall MacLuhan, que es uno de los grandes teóricos de la comunicación de masas y por tanto del periodismo, le debe a ella su fama. Tanta alcanzó que traspasó los límites del ámbito universitario en el que pasó su vida y hasta Woody Allen lo sacó como personaje fugaz en una de sus películas, en un guiño ingenioso a la difusión que había alcanzado su célebre frase y a las discusiones que suscitaba.

Lo que MacLuhan quería decir con ‘el medio es el mensaje’ es que cada medio informativo -en su tiempo eran la prensa, la radio y la televisión porque murió en 1980- condiciona la naturaleza de los mensajes que transmite, aunque sean el mismo (por ejemplo, el mismo accidente de tráfico). Porque cada medio, como representativo de una fase del progreso histórico y, por tanto, del desarrollo tecnológico, ‘crea’ su particular forma de mundo, de realidad. La noticia de ese accidente de tráfico contada a través de la palabra escrita en un periódico (un medio que él denominaba ‘frío’) remite a un mundo en el que cuenta más la reflexión y, aunque los datos sean idénticos, esa noticia contada por la radio y la televisión (medios ‘calientes’) a través de la palabra hablada y de las imágenes son propios de un mundo en el que tienen más peso las emociones. Al final, lo que MacLuhan defendía es que el contenido profundo de la información (es decir, el mensaje) es el de la naturaleza tecnológica del medio que la transmite.

Espero no haberles aburrido con esta larga introducción, pero es que todo esto es lo que se me ha venido a la cabeza durante los últimos días a raíz de la difusión de las conversaciones grabadas por el comisario Villarejo a la ministra de Justicia. Pocas dudas caben de que dar publicidad a esos mensajes forman parte de la estrategia de Villarejo, en prisión acusado de gravísimos delitos relacionados con su conducta traidora hacia el Estado al que debía servir; pocas dudas caben de que esas grabaciones fueron obtenidas sin el conocimiento de los grabados y de que las hizo por si en algún momento podría beneficiarle sacarlas a la luz.

Pero el hecho de que este material se haya convertido en contenido periodístico capaz de hacer tambalear al gobierno (y semanas antes sembrar dudas sobre la Monarquía y quién sabe lo que vendrá) es, por un lado, un triste indicio de la debilidad del periodismo cabal, es decir el que se somete a reglas deontológicas y que busca responder no sólo a lo que ocurre sino a contar sus causas, porque está siendo incapaz de situar en el primer plano del discurso la estrecha cuarentena a que debería someter la opinión pública un material tan severamente defectuoso desde el punto de vista ético y que responde a los exclusivos intereses de un preso preventivo. Pero, más allá de este asunto concreto, es también indicio del tiempo tecnológico en que estamos, que hace posible que surjan ‘sitios’ con apariencia de informativos, que a la vista de cómo trabajan y cuál es su mensaje disfrazado de periodismo, seguramente MacLuhan habría dicho de ellos algo así como ‘el medio es el chantaje’.

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Blog personal del periodista Antonio Tinoco.


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