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Antonio Tinoco Ardila

Apenas Tinta

La inercia de una región sin pulso

El pasado martes este periódico abría su portada con un titular que, si tuviéramos que juzgar el interés que suscitó la noticia que encabezaba por los comentarios que los lectores dejaron cuando fue incluida en la versión digital (apenas dos comentarios que, además, no aportaban nada, como por desgracia ocurre con la mayoría de los comentarios a la mayoría de las noticias, pero eso es otra historia) pasó sin pena ni gloria a pesar de ser uno de los asuntos que deberían de ocupar la preocupación de todos. El titular decía así: “Los extremeños recuperan la renta media previa a la crisis por la subida de las pensiones”. El texto de esa información era un preciso análisis de una estadística elaborada por la Agencia Tributaria sobre mercado de trabajo y pensiones. El periodista Juan Soriano, que tiene la habilidad de hacer entendibles los números, explicaba qué nos ha pasado a los extremeños –a nuestra renta, a nuestros salarios, a nuestras prestaciones por desempleo y a nuestras pensiones– desde que estalló la crisis. Y lo que nos ha pasado deja un saldo que desmoraliza y que nos obliga a preguntarnos por qué estamos admitiendo sin que nadie levante la voz –notoriamente los sindicatos– que de aquí y de allá nos vengan con el cuento de que hemos superado la crisis.

Resulta que, como tantas veces ocurre, las cifras son engañosas: es verdad que la renta media de los extremeños, incluyendo aquí a todos, pensionistas, asalariados y parados que cobran el paro, ha mejorado alrededor de 500 euros desde 2012, el peor año de la crisis, pasando de 13.223 a 13.713; es verdad que esta cantidad, como dice Soriano, se acerca al máximo histórico de 13.784 euros que se alcanzaron en 2009. Por tanto, a tenor de estas cifras sería acertado admitir que ya hemos logrado salir del profundo bache en que estuvimos: ¡adiós, crisis!.

Sin embargo, cuando esa cifra se desglosa entre perceptores de prestaciones por desempleo, asalariados y pensionistas, la realidad que muestra es bien distinta, de manera que quien despida la crisis es porque prefiere la adormecedora música de los propagandistas a la realidad. Porque en este tiempo la ayuda media que recibieron quienes perdieron el trabajo bajó de 3.439 euros a 2.804, lo que supone un descenso del 18,5%; y porque la renta media de los asalariados pasó de 14.767 euros de 2009 a 14.099 en 2017, 668 euros menos, una bajada del 4,5% que también resulta ficticia porque además hay que contar con el 8% de inflación habido en este tiempo y con una subida de tres décimas en la presión fiscal: la crisis, por tanto, sigue aquí y muy bien asentada.

Sólo los pensionistas aumentaron  en este tiempo su renta media (que es la más baja de España), pasando de 9.629 euros a 11.672, un 21,2% más. Se trata de un dato que, unido al de que ahora hay en la región 22.000 pensionistas más que en 2009, explica el titular de la noticia y algo más: la inercia languideciente de una región sin pulso. Curiosamente, los pensionistas, los que han salido mejor parados de la crisis, son los únicos que se manifiestan por cómo les ha tratado. Por qué es así también es otra historia.

 

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Blog personal del periodista Antonio Tinoco.


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