Hoy

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Autor: Antonio Tinoco
Miénteme, dime que el futuro será mejor
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Antonio Tinoco Ardila | 24-05-2017 | 8:45| 0

 

 

Julián Carretero, el ya ex secretario de Comisiones Obreras, decía cosas interesantes en la entrevista que publicó este periódico el pasado domingo. Una de las que me llamó la atención es que los extremeños nos mentimos mucho. Carretero se refería a que tenemos complejo de ricos a tenor de lo poco que exigimos (“nos creemos que no necesitamos el tren por la simpleza de tener coche”) y a pesar de que somos una sociedad palmariamente pobre. En este sentido es suficientemente elocuente el dato que daba de que la mitad de las 200.000 pensiones que se pagan en Extremadura tienen que complementarse a través de los Presupuestos del Estado porque con las cotizaciones a la Seguridad Social que habían hecho los beneficiarios en su vida laboral no alcanzarían a la cuantía mínima. Mes a mes y desde que tengo memoria en el periodismo, y van ya 36 años, el Instituto de Estadística constata que las pensiones de los extremeños son las más bajas de España. Podríamos ahora subirnos a la máquina del tiempo para situarnos dentro de otros 36 años: comprobaríamos que el Instituto de Estadística que haya entonces dirá exactamente lo mismo.

Pero también hablaba Carretero de la falta de valentía política –la segunda cara de esta moneda cuya primera cara es la atonía social– para abordar los desafíos que tiene una sociedad envejecida y dispersa como la extremeña. Unos desafíos cada vez más preocupantes porque Extremadura no puede hacerles frente sola y lo que ocurre alrededor no invita al optimismo: formamos parte de un Estado en el que cada vez hay más tensiones disgregadoras (¡madre mía, el delirante borrador de declaración de independencia de Cataluña!), cuya víctima principal es justo lo que necesita esta región: la solidaridad interna. Y, por si fuera poco, España forma parte de una Unión Europea a la que le ocurre exactamente lo mismo y con los mismos resultados.

El futuro, en comparación con lo que tenemos ahora, se presenta, por tanto, comprometido. Si utilizáramos el lenguaje épico de las películas de catástrofes planetarias podríamos decir que, con menos solidaridad del Estado y con pocos o ningún fondo europeo, se acerca a Extremadura un asteroide en trayectoria de colisión. El drama es que mientras tanto nadie, por falta de ese coraje político del que habla Carretero, nos ha dicho todavía que es preciso que dejemos de vivir como si no fuera a pasarnos nada.

Quizás lo prudente sería, antes de que se convierta en inexcusable, empezar a preguntarnos qué futuro nos espera y prepararnos para él si quienes nos podrían echar una mano para al menos desviar la trayectoria de ese asteroide disponen cada vez de menos fuerzas para atender esa misión.

Pero no hay visos de que alguien nos diga la verdad y seguimos como en la película ‘Johnny Guitar’: Johnny pidiéndole a Vienna, su viejo amor, que le mienta y que le diga que todavía lo quiere como él a ella. Y Vienna, hipócritamente compasiva, diciéndole que sí, que es exactamente como él dice, que lo quiere con el mismo amor que él le profesa.

Tal para cual: como nosotros, mintiéndonos.

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Un acontecimiento funesto
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Antonio Tinoco Ardila | 17-05-2017 | 7:58| 0

El escritor norteamericano Adams Johnson distingue entre sucesos y acontecimientos en ‘Huracanes anónimos’, uno de los cuentos que conforman su muy notable ‘George Orwell fue amigo mío’, la obra que le valió el Premio Nacional del Libro del 2015 en los Estados Unidos. Dice Johnson: “La vida está llena de sucesos: pasan y tú te adaptas, te apañas como puedes y sigues adelante, pero de vez en cuando (…) comprendes que hay sucesos que en realidad son acontecimientos. Si alguien deja un chaval en tus manos, acabas de darte de bruces con un acontecimiento. Si tu ex desaparece, no lo puedes ignorar como si nada, eso es un acontecimiento serio. A veces hay cosas que parecen acontecimientos dramáticos –te embargan los ingresos, tu viejo te manga el coche y se larga de la ciudad (…)-, pero con el tiempo te adaptas, encuentras otra forma de hacer lo que venías haciendo y te das cuenta de que en el fondo no te han hecho descarrilar. Que no eran más que sucesos”.

Esta distinción entre sucesos y acontecimientos y lo conveniente que en muchos momentos de la vida resulta distinguirlos porque es frecuente que se presenten enmascarados unos de otros, la deseché desde un principio para tratar de comprender la elección de secretario general socialista, prevista para el próximo domingo. Creo que acerté: no es necesario para este asunto andar con esas sutilezas y mucho más después de ver ayer [por el lunes 15] el debate entre los tres candidatos. Era imposible no percibir que lo que en aquella habitación se cocía (los tonos rojizos del decorado remitían a una cierta lumbre) era, sobre todo, el afilado afán de que el lunes que viene no llegara la paz a la calle Ferraz, sino la victoria. Por todo eso, es inútil preguntarse si la elección de Susana Díaz o de Pedro Sánchez al frente del partido socialista (descarto la posibilidad de victoria de Patxi López con pesar: es el único de los tres que para mí no desmerece el cargo) será un suceso o será un acontecimiento.

Esa pregunta podría haber sido pertinente en otras circunstancias; y también en otras circunstancias la respuesta obvia hubiera sido que la elección en primarias del secretario socialista es simplemente un suceso, es decir, una de esas cosas que pasan y a las que los militantes, el partido en su conjunto, se adapta sin que nada descarrile. Pero comoquiera que no hay ningún indicio que haga presagiar que después de la elección de Pedro o de Susana ese partido retomará el rumbo sin tensiones internas (al contrario: algunos vaticinan una fractura inminente; y hasta una escisión), la respuesta no puede ser otra que lo que va a ocurrir el domingo será un acontecimiento para el PSOE.

Porque el mal ya está hecho: el problema no es que gane Pedro o gane Susana; el problema es que Pedro y Susana se hayan presentado. Una vez formalizadas sus candidaturas, el resultado será el mismo: si gana Pedro habrá ganado el PSOE de Pedro sobre el de Susana; si gana Susana, será el PSOE de Susana el que haya ganado sobre el de Pedro. Gane uno u otra, el partido socialista perderá y se habrá dado de bruces con un acontecimiento funesto. Cuyas consecuencias no pagará sólo el partido socialista.

 

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Que se comprometan otros
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Antonio Tinoco Ardila | 10-05-2017 | 8:37| 0

Hubo un tiempo en que había una izquierda comunista cuya seña de identidad era, por encima incluso de su aspiración a hacer la revolución, su antifascismo. Casi todo podría suceder en aquel tiempo, pero lo que garantizaba esa izquierda que no habría de suceder nunca más mientras tuviera un aliento de vida era el renacer del fascismo: darle una oportunidad, aunque fuera por remota omisión, a que la bota se desperezara era considerado la mayor traición que se podía asestar a su ideología. Era aquella izquierda comunista que llevaba el ‘No pasarán’ en la masa de la sangre.

Me pregunto si ahora existe esa izquierda. Y no es una pregunta retórica. Es, sobre todo, una pregunta dolorosa: el mero hecho de formularla es un indicio, más que de duda, de tribulación. Y es que la respuesta a la pregunta: ‘¿existe una izquierda que se reclama comunista y que, al mismo tiempo, no sea antifascista?’ es, por desgracia, afirmativa: ‘sí, existe. ¿Un ejemplo palmario en los últimos días? La que representa la Francia Insumisa’, el partido de Jean Luc Mélenchon, el político que aglutinó casi el 20% de los votos en la primera vuelta de las Presidenciales de Francia (quedó cuarto, a apenas 2,5 puntos de la segunda posición) y que optó por aconsejar a sus seguidores el voto blanco o nulo en la segunda y definitiva vuelta entre el europeísta Emmanuel Macron y la neofascista Marine Le Pen. Afortunadamente, más del 40% de los votantes de Mélenchon en la primera vuelta no le hicieron caso y optaron por el único voto anti-Le Pen que se podía depositar en las urnas de Francia el pasado domingo: el voto a Macron.

No encuentro ni una sola razón de las esgrimidas por Mélenchon para ponerse de perfil ante la posibilidad cierta de que Francia fuera gobernada por una admiradora de Pinochet y de Trump. Tampoco sé si se sentirá juzgado por la Historia, si es que tiene interés en dar a su posición política en estas últimas semanas una perspectiva histórica, pero es muy difícil que se borre la evidencia de que lo que ha hecho el líder de La Francia Insumisa, que se proclama a la izquierda del partido socialista, es sencillamente un oprobioso ejercicio de equidistancia. Como si fuera lo mismo una Francia abierta a Europa que una Francia que diera un trato distinto a las personas en atención a su nacionalidad o color de piel.

Llega un momento en que los espíritus puros empiezan a dar miedo. Porque su aversión a mancharse con el barro de la realidad los convierte en aliados de los que se atribuyen la condición de heraldos del paraíso que –no falla nunca, la Historia es pródiga— acaban con la convivencia a base de hacerlo obligatorio. La actitud de estos inmaculados es la misma que la del irresponsable: que se comprometan otros. Que sean otros los que se encarguen de impedir el paso a los nuevos fascistas, que yo voto en blanco o no voto. Se trata de un comportamiento, por lo que se ve, pregonadamente muy de izquierdas, pero, mal que les pese a sus adeptos, calcado al del propietario absentista (vulgo, señorito): que trabajen otros. Yo me abstengo.

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Aquí, Servicio de información pública
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Antonio Tinoco Ardila | 03-05-2017 | 7:07| 0

Tres o cuatro veces al día, diez en días de intensa contestación ciudadana, el fotógrafo de este periódico en Plasencia Andy Solé y su mujer, la periodista Marian Castillo, del periódico digital ‘PlanVE’, reciben a través de WhatsApp unos mensajes de audio siempre breves: son boletines informativos de no más de dos minutos. Los reciben, muchas veces de madrugada, los oyen, y de inmediato los difunden a sus contactos para que ellos, a su vez, los multipliquen haciendo lo mismo.

Andy Solé y Marian Castillo son un matrimonio que hace alrededor de diez años apilaron lo que tenían, cogieron a sus dos hijos y salieron de Venezuela rumbo a España porque, ya por entonces, se temían lo peor: lo peor para su país –ellos tenían la doble nacionalidad española y venezolana, pero Venezuela era el país en el que trabajaban y en el que nacieron sus hijos–, y también para su oficio periodístico.

Andy y Marian, desgraciadamente, acertaron: lo peor llegó. Y, como tantas veces pasa cuando llega lo peor, es mucho peor de lo que podrían haberse imaginado: hoy Venezuela es un país arruinado sobre sus inmensas riquezas, con sus ciudadanos arruinados, muchos de ellos buscando afanosamente comida, y con un Gobierno que intenta mantenerse sobre la ruina que con tanto denuedo ha creado controlando la información y armando a bandas de encapuchados que, como si fueran los escuadrones de la muerte redivivos, recorren las calles en moto sembrando el terror.

Los boletines informativos que reciben Andy Solé y Marian Castillo, y que ellos inmediatamente difunden después de oírlos, son la respuesta de los periodistas venezolanos al control de la información que ejerce el gobierno de Nicolás Maduro. Oír estos boletines es recibir un golpe en la cara que de inmediato te espabila si sufres de modorra sobre lo que pasa en Venezuela: lo primero que llama la atención es que se trata de textos leídos a gran velocidad que cuentan con apresurada precisión las brutalidades, protestas, saqueos… en que se ha convertido la actualidad de ese país. Lo segundo es que todas y cada una de las noticias que contienen cumplen estrictamente la norma periodística de citar la fuente informativa y el nombre del periodista que la transmite. El nombre del periodista es importante porque va unido a su voz. Así, cuando a través de la red de cooperantes como Andy y Marian llegue a sus destinatarios, los ciudadanos de Venezuela, darán credibilidad a esas noticias al reconocer a su autor por su voz, que es su huella digital, habida cuenta de que quienes se encargan de leerlos son conocidos periodistas de la radio y de la televisión venezolanas que pasan por encima de la lógica competencia entre empresas por participar en el ‘Servicio de información pública’, el obvio nombre que le han puesto a estos boletines.

El 3 de mayo es el día internacional de la Libertad de Prensa. Unirse a la red que difunde el ‘Servicio de información pública’ de Venezuela puede ser una buena manera de honrarla.

 

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Los mercaderes de la rabia
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Antonio Tinoco Ardila | 26-04-2017 | 7:12| 0

Félix de Azúa hablaba estos días de Rafael Sánchez Ferlosio y se maliciaba, porque va a ser el último, de que haya publicado su cuarto libro de memorias. El escritor con casa y querencia en Coria –es quizás su más ilustre, aunque ocasional, vecino y no hace mucho regaló parte de su biblioteca a la de la ciudad-  no quiere escribir más memorias porque, movido como siempre lo ha hecho por la indignación –menos cuando escribió ‘Alfanhuí’ y ‘El Jarama’, que debió hacerlo por darse el placer de dejarnos boquiabiertos–, ahora esa pasión se ha degradado “desde que es materia prima de los mercaderes de la rabia”.

Es fácil identificar ‘los mercaderes de la rabia’ a los que alude Azúa con Podemos, sobre todo a partir de haber ideado el ‘tramabús’, ese vehículo que recorre las calles de Madrid y que amenaza con hacerlo por las del resto de ciudades y al que al menos hay que reconocerle el mérito de haberse hecho un hueco en el muy surtido catálogo español de mobiliario de ajusticiar, porque nadie podrá negar que se trata de un modelo bastante acabado de picota portátil. Se aprecia que su autor está bien dotado para ejercer de verdugo moral, un papel cada vez más disputado y para el que hay lista de espera.

Siempre he pensado que los lectores que compran un determinado periódico para conocer lo que pasa en el mundo –igual valdría para un programa de radio, televisión o de cualquier formato informativo– no hacen un acto de elección. Creo, contra lo que pudiera parecer, que no eligen ellos leer este o aquel periódico, sino al revés: es el periódico el que con sus contenidos diarios, con el enfoque que le da a los asuntos de que se ocupa –por supuesto, también con la decisión de no ocuparse de otros– va construyendo la visión del mundo de quienes lo leen. La conclusión es que, al final, es el periódico el que elige a sus lectores. De igual modo, los ciudadanos no elegimos a un determinado partido político el día de las elecciones, sino que es cada partido el que va creando sus propios electores para que en ese decisivo día voten por él.

Digo esto porque me preocupa el ‘tramabus’ por el evidente mensaje que transmite: el del justicierismo como alternativa a la justicia. Pero sobre todo me preocupa por la idea que su autor quisiera tener de nosotros: que haya un partido al que le parezca una buena operación política ese paseo por las calles de la estampa de determinados políticos, empresarios y periodistas –incursos en delitos de corrupción o no–, es una declaración de intenciones sobre la clase de país que quiere que seamos y sobre el tipo de ciudadanos que a Podemos le gustaría que fuéramos para que, a la postre, nos gustara apoyarles: un país de gente que va detrás del carro del reo, al que se pasea camino del cadalso para que tengamos la oportunidad de tirarle piedras e insultarle. Un país de una gente que ya tenía nombre en las novelas decimonónicas de Galdós: ‘el populacho’.

Podemos nos quiere degradar con el tramabús y, como dice Azúa, convertir la rabia en mercancía electoral. Y va ganando: ya ha conseguido callar a Ferlosio. Paso a paso.

 

 

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Sobre el autor Antonio Tinoco Ardila
Blog personal del periodista Antonio Tinoco.

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