Hoy

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Autor: Antonio Tinoco
Maquinistas
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Antonio Tinoco Ardila | 23-12-2015 | 7:55| 0

Mientras en la noche del domingo Pablo Iglesias afirmaba con la contundencia del que a pesar de la aritmética se sabe ganador, que las elecciones han parido “una nueva España”, las primeras declaraciones de los flamantes representantes para valorar los resultados demostraban que los hábitos de la vieja España, esa que acababa de morir según el líder de Podemos, gozaban de una excelente salud, como si estuviera inmunizada contra la voluntad que los ciudadanos acababan de depositar en las urnas.

Hemos vivido una época en la que los líderes políticos han desarrollado una muy acabada forma de utilizar las palabras para traicionar la realidad y a uno le hubiera gustado pensar que, de entre las cosas que los españoles tiramos por el desagüe durante las elecciones del domingo, debería haber estado ese lenguaje falso e impostado que se empeña sobre todo en ocultar lo que pasa. Pero, a tenor de lo que oímos, me temo que esa costumbre sobrevivirá, y que en esta España cuatripartidista acabada de estrenar, encontrará nuevas formas de adaptación, como si fuera una especie bien dotada para la selección natural, y seguir así tejiendo los cuentos con que nos mecen la cuna.

¿Cómo interpretar, si no, que el líder del PP, Mariano Rajoy, pegue botes de contento en el balcón de Génova cuando su partido ha perdido un tercio de su representación parlamentaria y las urnas le hayan dejado una victoria tan insuficiente –quién sabe si no termina siendo indeseada–, que para auparle a la Presidencia del Gobierno le va a obligar a buscar apoyos justo allí donde es imposible encontrarlos, en las trincheras enemigas?

¿Cómo interpretar, si no, que el líder del PSOE, Pedro Sánchez, aparezca ante los suyos con una ufanía digna de mejor causa y proclamando que “el Partido Socialista Obrero Español ha hecho historia, compañeros y compañeras,” precisamente el mismo día en que su partido ha registrado, tras perder 20 escaños, el peor resultado de su historia?

¿Cómo interpretar, si no, que aquí, en Extremadura, la flamante diputada por Badajoz Teresa Angulo diga que se ha producido “un empate técnico” (sic) entre su partido, el PP, y el PSOE, cuando lo que ha ocurrido es que ha perdido más de 15 puntos porcentuales y se ha dejado en el camino 114.000 votos y dos escaños, un tercio de la representación que tenía? Chirriaba tanto la mistificación de Teresa Angulo, que de pronto hizo que nos situáramos medio año atrás, en aquel tiempo dominado por las fantasías animadas que, por lo que se ve, todavía la gente del PP extremeño sigue abrazando a pesar de que resultaron ser la tumba de Monago.

Si fue cierto que la nueva España nació el pasado domingo no debería construirse sobre los discursos viejos ni sobre la utilización caduca de una retórica que, en el fondo y bien mirado, ha tomado al pueblo soberano por tonto. Me gustaría creer que los ciudadanos dijeron basta el domingo a esa manera de ejercer la política entendida como una sustancia que debe dejarse en manos de los maquinistas fabricantes de una realidad a conveniencia.

 

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Contraprogramación
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Antonio Tinoco Ardila | 16-12-2015 | 8:28| 0

El pasado viernes, este periódico dedicaba la fotografía de portada a la llegada a los colegios e institutos extremeños de nuevo material tecnológico. La imagen mostraba a dos personas transportando unas cajas que podrían contener grandes pantallas. Dentro de ella iba el titular de la noticia: “Las aulas extremeñas acumulan tecnología”. Me llamó la atención el verbo elegido porque contenía una inequívoca intención editorializante, no muy frecuente en los titulares de este diario. La intención no era accidental, puesto que quedaba reforzada por el subtítulo, que decía: “La reciente llegada de ordenadores, tabletas, pizarras digitales e impresoras 3D causa el desconcierto en los centros educativos”.

El desarrollo de la noticia en la página 14 –cuyo titular y subtítulo ahondaba en la sensación de desconcierto, manifestado por varios directores de centro entrevistados– constituía una magnífica oportunidad para conocer la manera con que los partidos que han gobernado Extremadura conciben las nuevas tecnologías en el ámbito educativo. Aludo aquí tanto al PSOE como al PP, aunque en este caso el asunto atañe al anterior gobierno regional puesto que fue el que decidió el concurso que ha desembocado en que nuestros centros ‘acumulen’ equipamiento tecnológico. Lo que contaba la autora de la información –la periodista Ana B. Hernández, la cual nos tiene acostumbrados al trabajo riguroso— es que la llegada de ese material a los centros no obedecía a un plan específico de necesidades, sino a que había que gastar más de 38 millones de euros en ese tipo de material antes del 31 de diciembre para que el 80% de esa cantidad pueda correr a cuenta de los fondos europeos.

El resultado ha sido que unos centros están recibiendo lo que habían pedido –y están contentos por ello–, pero también material inesperado, inexplicable e inexplicado, por lo cual están sorprendidos. Otros centros sencillamente están recibiendo aparatos que no sólo no necesitan, sino a los que nadie encuentra empleo; algunos, incluso, los consideran un engorro que no saben dónde meter.

El caso es que la información del viernes, como todas las buenas, tenía el don de la oportunidad porque aparecía un día de campaña electoral, una circunstancia que otorgaba a su lectura una especie de sorprendente –y saludable para los votantes– contraprogramación sobre las fútiles promesas de maravillosos pactos e históricas leyes educativas “para varias generaciones” que de seguro va a consensuar el próximo gobierno, sea del signo que sea, apenas tome posesión.

El profesor José Antonio Marina –ahora precisamente de actualidad por su estudio de por dónde debería ir el sistema educativo español, y en el que pone el acento en la mejor formación de los profesores–, es autor de una frase que ha hecho fortuna y es repetida con profusión: “Para educar a un solo niño hace falta el concurso de la tribu entera”. Para nuestros responsables políticos, por lo que se ve, la educación no es cosa de la tribu, sino de la acumulación de aparatos. Y que tengan cuantos más botones mejor,  por supuesto.

 

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Gesto
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Antonio Tinoco Ardila | 09-12-2015 | 7:49| 0

No tendrá efecto en la economía local, ni supondrá mejora para los ciudadanos como la de reducir las listas de espera de los servicios sociales o las del paro, pero de cuantos asuntos hubo en los últimos días no encuentro nada más digno de abanderar el buen nombre de la política que el gesto del alcalde de Mérida, Antonio Rodríguez Osuna, de renunciar a renovar el Voto a la Inmaculada, una tradición que, si bien con interrupciones, se ha venido celebrando en la capital extremeña desde el 1620 cada 8 de diciembre en que la iglesia católica conmemora la Inmaculada Concepción. Como se sabe, el Voto a la Inmaculada consiste en que el alcalde de Mérida, por lo común con cabezada incluida, entrega a la Inmaculada –en realidad a las monjas concepcionistas que, hasta que se fueron de la ciudad en el 2009, salían a la reja del convento a recibirla; y desde entonces, ni a ellas siquiera– la vara de mando que simboliza el poder que le han conferido los ciudadanos.

No encuentro que la interpretación amable de que las tradiciones de una ciudad definen su personalidad y que, por ello, deben mantenerse, que es lo que defienden algunos emeritenses notables, deba prevalecer con independencia del propio contenido de la tradición: menudearían los ejemplos de tradiciones que estuvieron arraigadas y que desaparecieron en buena hora por contravenir el signo, cuando no la sensibilidad y aun la ley, de los tiempos. Y esta del Voto a la Inmaculada está a contrapelo del sentido político porque transmite la idea de que el poder civil reconoce su condición vicaria del religioso, representado aquí por la Virgen Inmaculada. Y se mire como se mire, esa simbología, aunque pudiera adaptarse como un guante a otros momentos de nuestra historia, no se atiene a la democracia de hoy, en la que por definición ningún poder, ni de este ni de otro mundo, puede situarse por encima del poder del pueblo soberano que decide quién le gobierna, lo que significa que en los asuntos de ordenanza municipal, hasta la madre de Cristo, de llegar el caso, tendría que sujetarse a ella.

La mayoría de los políticos españoles, y por supuesto extremeños, nacidos de la Constitución del 78 no han tenido el coraje de resistir la tentación de utilizar la representación institucional que ostentan para participar en actos religiosos –quién no recuerda a Monago y a Fernández Vara llevando a hombros a la Virgen de la Montaña–, a pesar de que casi siempre lo que buscaban con ello tenía un sentido oportunista: aprovechar esa representación institucional para su promoción personal. Es decir, para hacer política populista. Por eso, que un político –que además es católico y cofrade en su vida privada, lo cual le otorga mayor credibilidad– haya puesto fin a esa deriva facilona de dejarse llevar por la tradición y, de resultas, colocar al poder democrático y a la religión en el lugar que les corresponde, es digno de feliz reseña. ¿Cundirá el gesto? El viernes pasado, el presidente de la Junta inauguró un belén en Mérida, y otro en Jerez la portavoz de la Junta y la alcaldesa.

 

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Fantochada
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Antonio Tinoco Ardila | 02-12-2015 | 8:11| 0

Desconozco al detalle el fondo del conflicto que ha llevado a que el pasado viernes un grupo de bomberos pertenecientes a la Diputación de Cáceres boicoteara ruidosamente el pleno que se estaba celebrando, y que indujo a la presidenta de la institución a suspenderlo, como nos ha contado el periodista Manuel M. Núñez en estas páginas. Pero, aun desconociéndolo, me atrevo a aventurar que se trata exclusivamente de diferencias laborales y/o salariales con la institución de la que son empleados. Llego a esta conclusión por dos razones: porque tras la devastación que ha provocado la crisis económica en sueldos y derechos laborales sólo cabe esperar una protesta tan enérgica de un colectivo que tiene asegurado su empleo, de modo que no corre peligro por mucho que haga plantes y huelgas -–y que sólo por eso ya se encuentra en una posición de privilegio con respecto a la generalidad de los trabajadores que, o están en el paro o viven con los sueldos recortados y el miedo a acabar en él–; y, en segundo lugar, porque no es frecuente ver en Extremadura manifestaciones tan recias (las de este fin de semana en París ante la Cumbre sobre el Cambio Climático podrían servir de ejemplo), que no tengan que ver directamente con el bolsillo de los manifestantes.

Con todo, lo que más llamó mi atención de lo ocurrido el viernes en la Diputación de Cáceres no fue la contundencia de la protesta ni tampoco la ausencia de una respuesta institucional acorde con la naturaleza de la interrupción de un acto oficial como es un pleno. Lo que más me sorprendió fue que en un momento de la misma uno de los bomberos se paseó por el salón, e incluso trató de dirigirse a los diputados que se habían reunido allí no precisamente para oírle, vestido de modo que pareciera un preso de Guantánamo con su mono naranja, y con las manos y los pies encadenados y con una capucha tapándole la cara y la cabeza, como si también fuera una de las víctimas de las torturas que los soldados estadounidenses infringieron a los prisioneros iraquíes en la tristemente célebre cárcel de Abu Ghraib.

Ante tal representación sólo se me ocurre decir que fantochadas, las precisas, y si quieren protestar por su situación en el trabajo deberían elegir mejor los materiales de los que se sirven, aunque sólo sea por evitar jugar con el fuego de trivializar según qué cosas. Porque ver a un bombero de la Diputación de Cáceres vestirse como si fuera un preso torturado, cuando su problema es simplemente que no le pagan la disponibilidad de estar localizable por si surge una emergencia, es dejar atrás unos cuantos pueblos la raya del respeto a los que sufrieron, y sufren, la barbaridad de una vesania que tan alegremente para ellos les sirve de disfraz.

Me pregunto qué clase de realidad están viviendo estos bomberos para que se les pueda ocurrir pensar -–y no a uno, el disfrazado, sino al conjunto de ellos, que lo jalearon– que un hombre torturado representa su conflicto. ¿Por qué rendijas del cerebro se les cuelan esas ideas?

 

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Agua
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Antonio Tinoco Ardila | 25-11-2015 | 7:34| 0

El pasado domingo, el escritor Manuel Rivas se maliciaba en El País Semanal de que Rajoy hubiera arrasado con la cultura, poniendo al frente de sus huestes al inefable ministro José Ignacio Wert, y pedía a los políticos –si bien con una más que evidente endeble esperanza–, que la cultura y lo que quisieran para ella en nuestro país formara parte de sus asuntos en la inminente campaña electoral. Rivas recordaba el memorable discurso que uno de los más reputados escritores estadounidenses, David Foster Wallace, pronunció en el 2005 durante el acto de graduación de los estudiantes de Artes Liberales del Kenyon College de Ohio. Ese discurso, de apenas 22 minutos, se titula ‘Esto es agua’ y desde el mismo día en que lo pronunció se convirtió en un clásico porque está escrito con el desafiante estilo provocador con que se expresa la verdad y sobre todo porque está elaborado con una delicada sencillez, un rasgo excepcional en un autor que se caracteriza por emplear una prosa tan intrincada que exige al lector una atención atosigante si no quiere perder el sentido de la lectura.

Foster Wallace inicia su discurso con esta pequeña historia: “Había una vez dos peces jóvenes que iban nadando y se encontraron por casualidad con un pez mayor que nadaba en dirección contraria. El pez mayor los saludó con la cabeza y les dijo: ‘Buenos días, chicos, ¿cómo está el agua?’. Los dos peces jóvenes siguieron nadando un trecho, por fin uno de ellos miró al otro y preguntó: ‘¿qué demonios es el agua?’”. Manuel Rivas trae a colación la fábula del pez mayor y de los peces jóvenes para reivindicar la cultura como el elemento que da sentido, aunque sea tantas veces invisible, a nuestra existencia. Es decir, el agua para los peces.

Foster Wallace no se refiere específicamente a la cultura en su discurso ante los estudiantes de Ohio, sino a la libertad, que es el elemento fundamental y tan necesario para los seres humanos como el agua para los peces. La libertad que es más fácil de alcanzar, dice, si uno tiene maestros que te enseñen a pensar.

Casualmente, leí el artículo de Manuel Rivas en el que recordaba a Foster Wallace tres días después de que el profesor Víctor Bermúdez fuera entrevistado en el programa ‘Ahora Extremadura’, de Canal Extremadura TV, con ocasión del Día Internacional de la Filosofía, que se celebra cada tercer jueves de noviembre. Bermúdez se quejaba con amargura de que la actual ley de educación –la Lomce de, otra vez, José Ignacio Wert–  ha mutilado la enseñanza de la Filosofía en ESO y Bachillerato. Y dijo una frase que recordaría tres días después, cuando leí a Rivas y a Foster Wallace: “¿Cómo vamos a tener ciudadanos libres si el sistema educativo suprime la Filosofía, que les enseña a pensar?”

Quiero creer que el hecho de que entre el jueves y el domingo me haya topado dos veces con la idea de que la libertad es un don que se conquista a través de los buenos maestros, no sea una simple coincidencia, sino, más poéticamente, la prueba del tesón del agua cuando se empeña en abrirse paso.

 

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Sobre el autor Antonio Tinoco Ardila
Blog personal del periodista Antonio Tinoco.

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