Hoy

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Autor: Antonio Tinoco
Doctrina
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Antonio Tinoco Ardila | 15-04-2015 | 8:03| 0

 

 

El personal se ha tirado a degüello contra Monago por su rap, un episodio más de su factoría de fantasías animadas. No entro en descalificaciones; sí digo que no me gusta esa canción: el ritmo se atora; la letra, obligada a reproducir frases buscadamente declamativas del presidente, parece caminar por una calle mal empedrada; y sobre todo, al producto le asoma demasiado la mistificación como para hacerlo creíble. Aun así no pienso contribuir al coro de adjetivos descalificativos. Porque no me gustan ni las descalificaciones ni perder el tiempo. Y también porque me da que el candidato pretende con este vídeo justamente eso: que la gente se encele con él y que sirva de distracción. Igual que la triste historia del cándido Curro de Camas y su falso amigo Paco de Zafra: trampas para cazar incautos.

Según el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), las expectativas de voto del Partido Popular en nuestro país entre los menores de 24 años, el segmento social hacia el que iría destinado el rap, es del 4,5%. Es decir, si el cuerpo electoral estuviera constituido solo por personas con un máximo de 24 años, Monago no sería ni diputado porque el PP sería extraparlamentario. No siempre ha sido así: en el 2011, el porcentaje de votantes jóvenes hacia el Partido Popular superaba el 30%. Monago sería tonto y consideraría tontos a esos jóvenes a los que aparentemente se dirige con el rap si quisiera hacernos creer que bastaría para darle la vuelta al desplome de la confianza de los jóvenes hacia el PP a que alguien les cante –además “en extremeño”, en el caso de nuestra comunidad— y que les haga olvidar, por ejemplo, que muchos de ellos tienen que coger una maleta para buscarse la vida fuera porque el desempleo en esa edad alcanza a la mitad de los que la tienen; o que lograr una beca para la Universidad es como dar un puño en el cielo; o que consideran que partidos como el PP –y el PSOE– han alimentado demasiado la corrupción.

Mi opinión es que ni Monago ni los jóvenes son tontos.  Monago no compone el rap pensando en un colectivo para el que el PP es poco menos que un partido marciano, que no va a dejar de serlo simplemente porque les diga que Extremadura es una doctrina al ritmo de una moto con escape libre. No lo hace para ganar apoyo entre los jóvenes; sabe que no basta con guiñarles el ojo en plan colega. Monago compone el rap para epatar, que es uno de los ardides, tan viejos como la pana, para ocupar todo el espacio de la discusión. No es un anzuelo electoral para pescar votos; es un señuelo electoral, un artificio para la confusión y para el olvido. “Nadie hablará de nosotros mientras nos critiquen por un vídeo o por una canción”, parece decirse su Departamento de Entretenimiento. La pregunta es cuántas cortinas de humo como el vídeo o el rap nos esperan antes del 24 de mayo, porque da la impresión de que intentar que no se hable de lo que el gobierno del PP ha hecho en la región durante estos cuatro años es el salvoconducto que han elegido para ganar. Su única doctrina.

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Pioneros
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Antonio Tinoco Ardila | 08-04-2015 | 7:26| 0

 

A los periodistas nos ha dado últimamente por meter el dedo en el ojo a los gobernantes debido a su frenesí inaugurador. Siempre es así cuando vienen elecciones, gobierne quien gobierne, aunque el gobernante de hoy no recuerde cuando era oposición –la memoria es selectiva— lo contento que se ponía porque los periodistas criticaran ese frenesí en su adversario y ahora piense que todo se debe a la inquina de los periodistas. Lo mismo le ocurre, pero al revés, al gobernante de ayer y hoy oposición, que pone a caldo al adversario por hacer lo mismo que él hacía cuando gobernaba, quizás porque, también por los caprichos de la memoria, olvide que incurrió en idéntica frenética pasión por inaugurar cosas, inaugurables o no.  El caso es que en cuanto se barruntan elecciones, a nuestros representantes, de cualquier partido, les entra el síndrome de la primera piedra y allá que van a cumplir con la ceremonia de la urna, los periódicos y las monedas.

Yo tengo por un genio del teatro aplicado a la política a quien inventó ese rito tan simpático porque invariablemente consigue dibujar un gesto sonriente en las caras de todos los que contemplan el trajín de políticos doblando periódicos y echando monedas a la caja de metacrilato. Pero sin desmerecerlo, tengo por mayor genio aún a quien ha logrado incluir el adjetivo ‘pionero’ en cuanta cosa hace o dice hacer. Porque es como extender el espíritu de la inauguración a toda actividad política y sin necesidad de primeras piedras, a las que al fin y al cabo hay que asistir físicamente, ni de atenerse a los engorrosos plazos que marca la ley electoral. Ser pionero en algo es como abrir un camino, empuñar una bandera, como hollar un territorio inexplorado: ser pionero es la inauguración total. Imagínense a Vasco Núñez de Balboa, el adelantado que vio por primera vez el Pacífico, el único que, por ser pionero, pudo decir: “Queda inaugurado este océano”.

Pues bien, nuestro gobierno regional ha llegado tarde a lo de inaugurar océanos pero hay que reconocerle su pasión por ser pionero en lo que sea. Prueben a escribir la palabra pionero en gobex.es: aparecen más de 600 entradas. Prueben con ‘pionero Extremadura’ en Google y verán cómo, solo en la primera página, aparecen referencias a que nuestra región es pionera en crear un marco normativo de regulación de la lengua de signos; en musicoterapia para personas con deterioro cognitivo; en atención a menores con necesidades pediátricas por discapacidad; en la constitución de un Consejo Asesor de pacientes con carácter abierto y participativo; en la elaboración de un Plan de Fomento y Consolidación del Autoempleo; en la adaptación del Reglamento de la Asamblea a la ley de Gobierno Abierto… ¿Hay quién sienta más pasión en ser pionero?

León Felipe, que se moría por ser aguafiestas, decía: “No  hay que llegar primero/ sino con todos y a tiempo”.  Pero que un poeta reniegue de ser pionero viene a ser, incluso, garantía de que lo pionero, políticamente, mola. Solo hay que ver que los poetas no han ganado nunca las elecciones.

 

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Convivencia
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Antonio Tinoco Ardila | 01-04-2015 | 7:13| 0

 

El pasado viernes este periódico informaba del contenido de la denuncia que el presidente de la Junta presentó ante una juez de Badajoz contra la policía por sospechar que agentes de este cuerpo de seguridad pasan información sobre las salidas y llegadas a su domicilio a las dos mujeres que reclaman una vivienda social ante la urbanización en la que vive. Esta información, sobre la que creo necesario mencionar que iba firmada por el periodista Evaristo Fernández de Vega porque su firma es garantía de rigor –basta recordar sus informaciones sobre el ‘caso Astorga’ o sobre la paliza que sufrió un interno del Marcelo Nessi, que tanto irritó al gobierno de Vara–, incluía párrafos literales de lo que José Antonio Monago declaró en el juzgado. Uno decía: “Estas personas [las dos mujeres] pasean siempre que regreso al domicilio, con un claro ejercicio de coacciones e intimidación (…) algunas veces con carteles, cuando observan que he regresado, a la espera de que salga, como es habitual, a pasear al perro”. Y otro: “La acción de pasear por la puerta, cuando no lo hacen a lo largo de la jornada habitualmente, tras observar la llegada de un vehículo policial al domicilio (que presupone mi llegada), considero que es una actuación claramente de coacción e intimidatoria”.

Si tienen tiempo, vuelvan a leer despacio las dos citas. ¿Son mis ojos o lo que leo es que el responsable de la Junta considera coacción e intimidación que dos personas paseen ante su domicilio “algunas veces con carteles”? Si fuera así y esa actitud provocara habitualmente denuncias judiciales de los políticos contra los que protestan, que es lo que ha hecho nuestro presidente –y no en un arrebato, ya que ha puesto tres en Badajoz, Montijo y Olivenza–, ¿se imaginan qué clase de convivencia habría en España? A Monago se le ha criticado estos días porque al denunciar a la policía no ha mostrado la templanza que se le presupone a persona de su cargo; incluso se le acusa de deslealtad institucional. A mí me preocupa más que el representante de esta región acuda a una juez y le pida que persiga la presencia, por muy contumaz que sea, de dos personas que protestan, según dice él mismo simplemente paseando ante su urbanización. Y ello porque esa conducta –la de Monago— dinamita la Constitución y nos sitúa en una época en la que los deseos de un gobernante podían convertirse en la sentencia de un juzgado.

¿Que le molesta?  Es comprensible. Incluso que su familia esté harta de esas dos mujeres. Pero si el presidente no acepta que por encima de su molestia está el derecho a protestar pacíficamente; si cree que deben prevalecer las ganas que tiene de no ver a esas dos mujeres a la puerta de su urbanización frente a las ganas de esas mujeres de que les vea cuando entre o salga, –ojo: si mira hacia ellas; nadie le obliga–, aquí hay un problema: o él no entiende qué es un Estado de Derecho o quien no lo entiende soy yo. Si soy yo, el problema acaba en mí; pero si es el presidente quien no lo entiende, su problema es nuestro problema.

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Pádel
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Antonio Tinoco Ardila | 25-03-2015 | 6:22| 0

Soy uno de los 195.000 que firmó en contra de que el Anfiteatro de Mérida acogiera la competición de pádel que organiza el World Pádel Tour. Soy también uno de los que firmó a favor de la candidatura del Festival de Teatro Clásico de Mérida a los premios Princesa de Asturias de las Artes. En ambos casos lo he hecho con la esperanza de que mi firma no sea en vano, así que, hasta ahora, estoy contento. Ojalá pueda redondear mi alegría cuando el jurado de esos premios elija al Festival. Si lo hace, hará  justicia.

No me ha cogido por sorpresa que su alcalde, Pedro Acedo, nos haya echado la culpa de que Mérida haya perdido la oportunidad de acoger una competición que habría de traer ingresos para hostelería, comercio, turismo, etc. a los que hemos firmado en contra del emplazamiento elegido: ya se sabe que una de las tentaciones más irresistibles de muchos de nuestros representantes públicos es echarle la culpa de sus fracasos a los demás, en una especie de remedo del párvulo ‘señorita, yo no he sido’.

Siento contrariar al alcalde, pero no me considero culpable de que la organización del torneo haya desistido de celebrarlo en Mérida. Sencillamente porque si Acedo y la Junta han sido incapaces de que esta competición se mantuviera en la ciudad es un asunto que escapa a la capacidad de los 195.000 firmantes, de los que no creo que haya uno solo que estampara su firma en contra del pádel y de sus beneficios económicos y promocionales para Mérida, sino a favor del Anfiteatro. Al mismo tiempo, me cuesta trabajo creer que el requisito innegociable para que el World Pádel Tour recalara en la capital extremeña fuera instalar la pista y las gradas en el Anfiteatro. A tenor de lo que se aprecia en su página web y la información que ofrece sobre las ciudades sede de la competición, sería la primera vez que ese torneo pone la condición de que la pista en la que se juega esté dentro de un enclave de valor patrimonial o histórico. Basta echar un vistazo a los escenarios donde se ha celebrado en los últimos años a través del sitio oficial www.worldpadeltour.com, para comprobar que con la excepción de la plaza Mayor de Cáceres en 2013 –qué casualidad!– los recintos en el que se instala son casi siempre polideportivos similares al pabellón de la Granadilla, en Badajoz, que acogió la competición el año pasado y que poco tiene de monumento Patrimonio de la Humanidad con  dos mil años de historia.

El World Pádel Tour celebra una competición en Barcelona a partir de hoy y hasta el próximo domingo. El escenario será el Real Club de Polo. La siguiente, en abril, está prevista en las instalaciones deportivas Bahía Sur, de San Fernando (Cádiz). No se molesten en buscar: ni uno ni otras las encontrarán en el catálogo de Bienes de Interés Cultural del Ministerio de Cultura. Me encantaría que Acedo y la Junta me explicaran por qué el World Pádel Tour nos pone a los extremeños condiciones tan extravagantes como instalar una pista de pádel en un anfiteatro romano, exigencias que no ponen en ningún sitio.

 

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Guadiana
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Antonio Tinoco Ardila | 18-03-2015 | 7:05| 0

Ayer por la mañana, todavía de madrugada, crucé corriendo como muchas otras madrugadas el puente Real. Iba como siempre voy por allí a esas horas: acezando, con el corazón desbocado y con la cabeza a mis cosas. Pero ayer fue diferente y cuando miré el río por encima del pretil vino a mi mente, como si brotara, la canción ‘O Tejo’ (El Tajo), del grupo portugués Madredeus. Y mientras recordaba a Teresa Salgueiro cantando la estrofa inicial de la canción (“Madrugada, me descubres el río que tanto cruzo para nada”), lo que yo descubría no era el Tajo en Lisboa, sino el Guadiana en Badajoz. Mi Guadiana.

Llevo años cruzando ese puente de madrugada, corriendo y mirando el río. Como tal vez usted, sé cosas del Guadiana y el Guadiana, como quizá de usted, sabe muchas cosas de mí. Vivo en Badajoz, tengo más de medio siglo y, por lo tanto, me he bañado en él y he jugado en su orilla. He visto atardecer sobre el espejo del agua, fumando despacio. Me he tumbado sobre la hierba de la orilla, solo y en compañía, con el exclusivo propósito de asistir al espectáculo que se revelaba a esa hora junto al puente Viejo, cuando el juego del contraluz permitía observar el polvo de motas de cuarzo que lo envolvía y que el sol iluminaba fugazmente creando, solo para nuestros ojos, un universo de pequeñas estrellas que parecían nacer y morir, a ras del agua y mecidas por el viento, al son que marcaba la danza de la luz.

Todo eso de pronto me vino a la cabeza ayer por la mañana, cuando iba corriendo por el puente Real y fatigado y pensando en mis cosas miré el Guadiana bajo el influjo de la voz sobrenatural que Teresa Salgueiro tiene por costumbre. Entonces tuve la certeza de que no había lugar en el mundo que en ese momento estuviera mejor que ahí, tocado por la luz naciente que barnizaba el pretil de acero inoxidable del puente Real y formando parte de ese paisaje: era esa figura de un hombre que iba corriendo “de madrugada, cruzando el río para nada”, como en la canción. Y también supe lo que pudo sentir Pedro Ayres Magalhães, el autor de la letra que al Tajo le canta Madredeus, cuando dice que el encanto del río está prendido en un hilo. Porque el Guadiana, calmo, tenuemente oscuro, intensamente misterioso allí donde el agua no mecía el reflejo de los focos del puente, iba hacia el mar a esa hora sostenido apenas por un hilo prendido en mi memoria.

“Hay una ciudad a la que llaman Lisboa, pero sólo el río es verdad”, sigue cantando Teresa Salgueiro mientras corro y me doy cuenta de que, quizá porque esa sea su naturaleza, los ríos crean las ciudades por las que pasan. Así Badajoz solo será una imaginación del Guadiana y ese puente, y los otros tres que lo cruzan, y las nuevas orillas, y los nuevos paseos recién estrenados y tomados al asalto por los pacenses con la dicha con que se abraza a un hermano, no seamos más que una parte del cuento que ha tejido el Guadiana para crear Badajoz –como el Tajo Lisboa–, con la hebra de los siglos. Y sin haberse arrepentido nunca.

 

 

 

 

 

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Sobre el autor Antonio Tinoco Ardila
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