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Autor: Antonio Tinoco
Convivencia
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Antonio Tinoco Ardila | 01-04-2015 | 7:13| 0

 

El pasado viernes este periódico informaba del contenido de la denuncia que el presidente de la Junta presentó ante una juez de Badajoz contra la policía por sospechar que agentes de este cuerpo de seguridad pasan información sobre las salidas y llegadas a su domicilio a las dos mujeres que reclaman una vivienda social ante la urbanización en la que vive. Esta información, sobre la que creo necesario mencionar que iba firmada por el periodista Evaristo Fernández de Vega porque su firma es garantía de rigor –basta recordar sus informaciones sobre el ‘caso Astorga’ o sobre la paliza que sufrió un interno del Marcelo Nessi, que tanto irritó al gobierno de Vara–, incluía párrafos literales de lo que José Antonio Monago declaró en el juzgado. Uno decía: “Estas personas [las dos mujeres] pasean siempre que regreso al domicilio, con un claro ejercicio de coacciones e intimidación (…) algunas veces con carteles, cuando observan que he regresado, a la espera de que salga, como es habitual, a pasear al perro”. Y otro: “La acción de pasear por la puerta, cuando no lo hacen a lo largo de la jornada habitualmente, tras observar la llegada de un vehículo policial al domicilio (que presupone mi llegada), considero que es una actuación claramente de coacción e intimidatoria”.

Si tienen tiempo, vuelvan a leer despacio las dos citas. ¿Son mis ojos o lo que leo es que el responsable de la Junta considera coacción e intimidación que dos personas paseen ante su domicilio “algunas veces con carteles”? Si fuera así y esa actitud provocara habitualmente denuncias judiciales de los políticos contra los que protestan, que es lo que ha hecho nuestro presidente –y no en un arrebato, ya que ha puesto tres en Badajoz, Montijo y Olivenza–, ¿se imaginan qué clase de convivencia habría en España? A Monago se le ha criticado estos días porque al denunciar a la policía no ha mostrado la templanza que se le presupone a persona de su cargo; incluso se le acusa de deslealtad institucional. A mí me preocupa más que el representante de esta región acuda a una juez y le pida que persiga la presencia, por muy contumaz que sea, de dos personas que protestan, según dice él mismo simplemente paseando ante su urbanización. Y ello porque esa conducta –la de Monago— dinamita la Constitución y nos sitúa en una época en la que los deseos de un gobernante podían convertirse en la sentencia de un juzgado.

¿Que le molesta?  Es comprensible. Incluso que su familia esté harta de esas dos mujeres. Pero si el presidente no acepta que por encima de su molestia está el derecho a protestar pacíficamente; si cree que deben prevalecer las ganas que tiene de no ver a esas dos mujeres a la puerta de su urbanización frente a las ganas de esas mujeres de que les vea cuando entre o salga, –ojo: si mira hacia ellas; nadie le obliga–, aquí hay un problema: o él no entiende qué es un Estado de Derecho o quien no lo entiende soy yo. Si soy yo, el problema acaba en mí; pero si es el presidente quien no lo entiende, su problema es nuestro problema.

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Pádel
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Antonio Tinoco Ardila | 25-03-2015 | 6:22| 0

Soy uno de los 195.000 que firmó en contra de que el Anfiteatro de Mérida acogiera la competición de pádel que organiza el World Pádel Tour. Soy también uno de los que firmó a favor de la candidatura del Festival de Teatro Clásico de Mérida a los premios Princesa de Asturias de las Artes. En ambos casos lo he hecho con la esperanza de que mi firma no sea en vano, así que, hasta ahora, estoy contento. Ojalá pueda redondear mi alegría cuando el jurado de esos premios elija al Festival. Si lo hace, hará  justicia.

No me ha cogido por sorpresa que su alcalde, Pedro Acedo, nos haya echado la culpa de que Mérida haya perdido la oportunidad de acoger una competición que habría de traer ingresos para hostelería, comercio, turismo, etc. a los que hemos firmado en contra del emplazamiento elegido: ya se sabe que una de las tentaciones más irresistibles de muchos de nuestros representantes públicos es echarle la culpa de sus fracasos a los demás, en una especie de remedo del párvulo ‘señorita, yo no he sido’.

Siento contrariar al alcalde, pero no me considero culpable de que la organización del torneo haya desistido de celebrarlo en Mérida. Sencillamente porque si Acedo y la Junta han sido incapaces de que esta competición se mantuviera en la ciudad es un asunto que escapa a la capacidad de los 195.000 firmantes, de los que no creo que haya uno solo que estampara su firma en contra del pádel y de sus beneficios económicos y promocionales para Mérida, sino a favor del Anfiteatro. Al mismo tiempo, me cuesta trabajo creer que el requisito innegociable para que el World Pádel Tour recalara en la capital extremeña fuera instalar la pista y las gradas en el Anfiteatro. A tenor de lo que se aprecia en su página web y la información que ofrece sobre las ciudades sede de la competición, sería la primera vez que ese torneo pone la condición de que la pista en la que se juega esté dentro de un enclave de valor patrimonial o histórico. Basta echar un vistazo a los escenarios donde se ha celebrado en los últimos años a través del sitio oficial www.worldpadeltour.com, para comprobar que con la excepción de la plaza Mayor de Cáceres en 2013 –qué casualidad!– los recintos en el que se instala son casi siempre polideportivos similares al pabellón de la Granadilla, en Badajoz, que acogió la competición el año pasado y que poco tiene de monumento Patrimonio de la Humanidad con  dos mil años de historia.

El World Pádel Tour celebra una competición en Barcelona a partir de hoy y hasta el próximo domingo. El escenario será el Real Club de Polo. La siguiente, en abril, está prevista en las instalaciones deportivas Bahía Sur, de San Fernando (Cádiz). No se molesten en buscar: ni uno ni otras las encontrarán en el catálogo de Bienes de Interés Cultural del Ministerio de Cultura. Me encantaría que Acedo y la Junta me explicaran por qué el World Pádel Tour nos pone a los extremeños condiciones tan extravagantes como instalar una pista de pádel en un anfiteatro romano, exigencias que no ponen en ningún sitio.

 

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Guadiana
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Antonio Tinoco Ardila | 18-03-2015 | 7:05| 0

Ayer por la mañana, todavía de madrugada, crucé corriendo como muchas otras madrugadas el puente Real. Iba como siempre voy por allí a esas horas: acezando, con el corazón desbocado y con la cabeza a mis cosas. Pero ayer fue diferente y cuando miré el río por encima del pretil vino a mi mente, como si brotara, la canción ‘O Tejo’ (El Tajo), del grupo portugués Madredeus. Y mientras recordaba a Teresa Salgueiro cantando la estrofa inicial de la canción (“Madrugada, me descubres el río que tanto cruzo para nada”), lo que yo descubría no era el Tajo en Lisboa, sino el Guadiana en Badajoz. Mi Guadiana.

Llevo años cruzando ese puente de madrugada, corriendo y mirando el río. Como tal vez usted, sé cosas del Guadiana y el Guadiana, como quizá de usted, sabe muchas cosas de mí. Vivo en Badajoz, tengo más de medio siglo y, por lo tanto, me he bañado en él y he jugado en su orilla. He visto atardecer sobre el espejo del agua, fumando despacio. Me he tumbado sobre la hierba de la orilla, solo y en compañía, con el exclusivo propósito de asistir al espectáculo que se revelaba a esa hora junto al puente Viejo, cuando el juego del contraluz permitía observar el polvo de motas de cuarzo que lo envolvía y que el sol iluminaba fugazmente creando, solo para nuestros ojos, un universo de pequeñas estrellas que parecían nacer y morir, a ras del agua y mecidas por el viento, al son que marcaba la danza de la luz.

Todo eso de pronto me vino a la cabeza ayer por la mañana, cuando iba corriendo por el puente Real y fatigado y pensando en mis cosas miré el Guadiana bajo el influjo de la voz sobrenatural que Teresa Salgueiro tiene por costumbre. Entonces tuve la certeza de que no había lugar en el mundo que en ese momento estuviera mejor que ahí, tocado por la luz naciente que barnizaba el pretil de acero inoxidable del puente Real y formando parte de ese paisaje: era esa figura de un hombre que iba corriendo “de madrugada, cruzando el río para nada”, como en la canción. Y también supe lo que pudo sentir Pedro Ayres Magalhães, el autor de la letra que al Tajo le canta Madredeus, cuando dice que el encanto del río está prendido en un hilo. Porque el Guadiana, calmo, tenuemente oscuro, intensamente misterioso allí donde el agua no mecía el reflejo de los focos del puente, iba hacia el mar a esa hora sostenido apenas por un hilo prendido en mi memoria.

“Hay una ciudad a la que llaman Lisboa, pero sólo el río es verdad”, sigue cantando Teresa Salgueiro mientras corro y me doy cuenta de que, quizá porque esa sea su naturaleza, los ríos crean las ciudades por las que pasan. Así Badajoz solo será una imaginación del Guadiana y ese puente, y los otros tres que lo cruzan, y las nuevas orillas, y los nuevos paseos recién estrenados y tomados al asalto por los pacenses con la dicha con que se abraza a un hermano, no seamos más que una parte del cuento que ha tejido el Guadiana para crear Badajoz –como el Tajo Lisboa–, con la hebra de los siglos. Y sin haberse arrepentido nunca.

 

 

 

 

 

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Politiqueo
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Antonio Tinoco Ardila | 11-03-2015 | 6:00| 0

Lo que me ha parecido más triste del tristemente famoso vídeo de Paco de Zafra y Curro de Camas no es su zafiedad; ni el gazpacho de imágenes tópicas y no solamente andaluzas –hasta Lorca (Murcia) ha llegado la onda expansiva porque la Virgen de la localidad sale en él sin ton ni son– con que los guionistas de esa pretendida ‘South Park’ de pacotilla le han decorado la casa a Curro; ni ese rancio arquetipo de extremeño y andaluz que presenta el narrador cuando muy saleroso los califica de “carnavaleros, capillitas, taurinos”, como si la bibliografía (es un decir) que hayan manejado para inspirarse en la caracterización de los personajes se redujera a las obras completas de don Joaquín y don Serafín Álvarez Quintero; ni el puntito de suficiencia con la que se dirige a Curro de Camas (el payaso tonto) su amigo Paco de Zafra (el payaso listo), tan rubio, tan informalmente atildado con su camisa de cuadros y en el pecho la chapita con la bandera de Extremadura, un detalle este de la bandera redonda que como ya es de todos conocido se ha difundido a partir de la aportación que hizo José Antonio Monago a la cultura pop, o ‘mod’, o ‘indie’ al ser el primero que entró en la Asamblea con ella en la solapa, lo cual inmediatamente le dio al gesto dimensión histórica.

Lo que me ha parecido más triste del tristemente famoso vídeo de Paco de Zafra y Curro de Camas no es todo eso, ni siquiera los argumentos dados en la mañana de ayer por el comité de campaña para rechazar por unanimidad –inmune a las dudas, el comité– las peticiones de que se retire. Lo más triste es cuando, al principio del vídeo, nuestro paisano le afea a Curro que lo que a ambos les separa “es el politiqueo”. No la política, ni las ideas políticas, ni la concepción de la política, ni la militancia política: el politiqueo.

Que un material propagandístico como este, hecho y revisado hasta el milímetro por pretendidos políticos, hable de la actividad política en términos de ‘politiqueo’ es suficiente para que decaiga el estupor que causa esta torpe farsa y deje el paso libre al estupor que causa el toparse de bruces con lo que entiende por política el partido que nos gobierna: la política es… el politiqueo.

No he entendido nunca que demasiados políticos no importa de qué partido –muchos, además, con nómina por su trabajo institucional o representativo–, presenten la política como un ejercicio que echarse en cara, como si fuera un barullo al que solo le prestan atención los desoficiados y quienes buscan en ella un beneficio personal.  Como si el interés por la política debiera estar a la misma altura que el interés por esos programas de televisión cuyos participantes se ponen como un trapo, con la diferencia de que el escenario no es un plató sino un hemiciclo.

Lo más triste del vídeo de Paco y Curro es ver que, para sus autores, la actividad por la que, según Aristóteles, una persona adquiere la condición de ciudadano parece no tener valor. Bien mirado,  ¿por qué habría de tenerlo si no es más que politiqueo?

 

 

 

 

 

 

 

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Sobre el autor Antonio Tinoco Ardila
Blog personal del periodista Antonio Tinoco.

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